Ameliano, que busca hacer historia, medirá a Olimpia por la final de la Supercopa, mérito que obtuvo por ser ganador de la Copa Paraguay 2022. Para ello, la V Azulada se reforzó con 17 futbolistas, teniendo en cuenta que a parte de la final, el cuadro de Barrio Jara intentará mantenerse en Primera.
La principal baja para Humberto García es Diego Duarte, de buen rendimiento en los amistosos y que no podrá estar el miércoles por un tema contractual.
“Es fácil salir campeón con los clubes grandes, pero es difícil con los clubes como Ameliano. Son los títulos que perduran y los que más se recuerdan”, mencionó, Héctor Melgarejo, presidente del club.
“Estamos ilusionados en poder dar la talla en este compromiso. Los muchachos están mentalizados y saben lo que es jugar una final”, agregó.
En cuanto al inicio del campeonato, la V Azulada visitará a Cerro Porteño el domingo a las 19:30, en La Nueva Olla. Mientras que en la segunda jornada deberá ir hasta Dos Bocas para enfrentar a Guaraní.
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“Murió por la Patria” revive historia de 5.100 soldados caídos en la Guerra del Chaco
Por Lourdes Torres - Periodista - lourdes.torres@nacionmedia.com
En un esfuerzo por rescatar del silencio y el olvido los nombres de los paraguayos que dieron su vida en defensa del Chaco paraguayo, el historiador Fabián Chamorro y el actual director del Registro del Estado Civil, Maximiliano Ayala, presentaron esta semana el libro titulado “Murió por la Patria”.
Una obra literaria que recopila datos de más de 5.100 soldados fallecidos durante la contienda, rescatando la memoria de quienes dieron su vida por la Patria.
El material bibliográfico se presenta como un acto de patriotismo y gratitud con esos héroes, en su mayoría jóvenes de entre 17 y 25 años que dieron sus vidas defendiendo el suelo chaqueño.
La investigación, que arrancó allá por el año 2016, llevó casi 10 años hurgando actas de defunción que guarda el Registro Civil de las personas y registros olvidados como los obituarios. Para ello, se recurrió a las hemerotecas de la Biblioteca Nacional y del Congreso Nacional, así como al testimonio de algunos pocos familiares que facilitaron algunos documentos como cartas.
En una entrevista exclusiva con La Nación/Nación Media, los autores destacaron que lograron documentar no solo los nombres, sino las historias truncadas de miles de paraguayos que dieron su vida defendiendo la soberanía.
Tanto Ayala, como Chamorro coincidieron en señalar que este trabajo no busca ser solo un registro frío para engrosar las estadísticas; sino que sobre todo busca rescatar esas historias de los hombres que en su mayoría no dejaron descendencia, y que con el tiempo quedaron olvidados.
“Este es un acto de patriotismo por sobre todas las cosas, un homenaje a quienes dieron la vida por la patria en la Guerra del Chaco. Devolver la dignidad que el olvido les arrebató. Cada uno de esos nombres representa una vida que amó, trabajó y soñó; una historia truncada, pero no borrada. Honrarlos es abrazar su memoria y reconocer el precio que pagaron por nuestro presente y por la soberanía nacional", expresó Maxi Ayala.
Recopilar es hacer justicia
Igualmente, el historiador Fabián Chamorro indicó que el libro “Murió por la Patria”, surgió con la idea de recuperar los nombres de los paraguayos que murieron durante la conflagración chaqueña.
Además, señaló que buscan lograr tener números más exacto con respecto a la cantidad de baja que tuvo Paraguay durante la contienda. Explicó que siempre se tuvo mucha dificultad con respecto a lograr esos datos por los archivos dispersos o muy incompletos.
“Recopilar es hacer justicia, en especial con estos más de 5.000 hombres que dieron sus vidas por la patria. Creo que no hay ideal más sublime que dar la vida para mantener la soberanía y la libertad de nuestro país. Estos hombres dieron sus vidas; y vidas muy jóvenes, porque fueron a la guerra a corta edad y no volvieron nunca más", expresó Chamorro.
Rescatarlos del olvido
El historiador explicó que el contacto con familiares de estos más de 5000 nombres, realmente fue muy escaso, justamente, porque al tratarse de personas muy jóvenes que murieron en combate, la gran mayoría no dejó descendencia.
“Con el tiempo, solo sus padres y hermanos mantuvieron viva su memoria hasta hace unos años, pero muchos de ellos ya fallecidos a este tiempo, por lo que esos nombre fueron quedando aún más en el olvido. Cuando se pierde la memoria de la gente que los conoció, ahí esos nombres se pierde. Entonces, este trabajo lo que busca es rescatarlos de ese olvido", acotó.
Chamorro destacó que este trabajo de investigación, más que recopilar los nombres y apellidos de los combatientes caídos en el frente de batalla; lo que se buscó es recuperar el sentimiento de aquellos padres, hermanos, tíos y padrinos, de esos jóvenes que ya no volvieron a sus hogares, y que fueron publicados en los diarios de aquel entonces en la sección de los obituarios.
Al respecto, señaló que la recopilación arrancó en el 2016 y está viendo hoy la luz. Indicó que han encontrado historias muy interesante, señalando la canción 13 Tuyutí, de Emiliano R. Fernández, que estuvo en esa batalla de la Unidad de Aká Karajá, que con machete desalojaron una trinchera.
“En ese desalojo murió el comandante de Aká Karajá, que se llama Víctor Rodríguez, y logramos rescatar su historia, gracias a las cartas de su señora, las cartas que le envió a ella. También rescatamos la historia del soldado paraguayo que pidió ser enterrado con su par boliviano, que conoció en combate, recuperamos su nombre. Bueno y así hay muchísimas historias que logramos recuperar", resaltó el historiador.
Material de estudio y difusión nacional
En otro momento, el director del Registro Civil, Maximiliano Ayala destacó que este libro de 800 páginas que fue lanzado recientemente tiene por objetivo que este trabajo de recopilación sea utilizado como objeto de estudio en universidades y colegios de todo el país.
Indicó que apunta a una distribución en todo el país, llegando a cada ciudad, sobre todo de donde fueron oriundos estos más de 5.000 combatientes paraguayos; de tal modo sus comunidades locales le puedan honrar. Presentar el libro en universidades, en colegios y municipios de donde fueron oriundos estos compatriotas.
“La mayor parte de la vida de estos héroes que quedaron en el olvido y que hoy son reivindicados después de tantos años. Mucha gente desconoce, que fueron jóvenes de 16, 17, 18 años que fallecieron en combate; y que casi nadie conoce, ni conoció su historia. La idea de esto es presentar ante la sociedad primero en Asunción y luego llevar a las diferentes ciudades de donde fueron algunos de estos 5.000 héroes", expresó Ayala.
Finalizó resaltando que les llena de emoción personal muy gratificante este trabajo realizado junto con el historiado. “Este trabajo lo hicimos con honor y gratitud a los soldados caídos. Realmente para nosotros es cumplir una deuda de gratitud y mantener viva la lección para futuras generaciones, eso es lo que realmente se busca con este trabajo", concluyó.
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“Murió por la patria” revive la historia de 5.100 soldados olvidados
- Lourdes Torres
- lourdes.torres@nacionmedia.com
- Periodista
- Fotos: Gentileza
Una obra histórica recopila los nombres de miles de combatientes jóvenes olvidados de la guerra del Chaco. El trabajo busca honrar su memoria y visibilizar el sacrificio de una generación. Sus autores, Fabián Chamorro y Maximiliano Ayala, cuentan cómo fue el proceso de investigación para la elaboración de este material, que más allá de una simple recopilación de nombres pretende sobre todo ser un acto de patriotismo y gratitud hacia los héroes que dieron la vida en defensa de la soberanía nacional.
En un esfuerzo de rescatar del silencio y el olvido los nombres de los paraguayos que dieron su vida en defensa del Chaco paraguayo, el historiador Fabián Chamorro y el actual director del Registro del Estado Civil, Maximiliano Ayala, presentaron esta semana el libro titulado “Murió por la patria. Identidad y recuerdo de los paraguayos que murieron sirviendo en la guerra del Chaco”.
La obra recopila datos de más de 5.100 soldados fallecidos durante la contienda, rescatando la memoria de quienes dieron su vida por la patria.
El material bibliográfico se presenta como un acto de patriotismo y gratitud con esos héroes, en su mayoría jóvenes de entre 17 y 25 años que dieron sus vidas defendiendo el suelo chaqueño.
La investigación, que arrancó allá por el año 2016, llevó casi 10 años hurgando actas de defunción que guarda el Registro Civil de las personas y registros olvidados como los obituarios. Para ello se recurrió a las hemerotecas de la Biblioteca Nacional y del Congreso Nacional, así como el testimonio de algunos pocos familiares que facilitaron algún que otro documento como cartas.
HISTORIAS TRUNCADAS
En una entrevista con La Nación/Nación Media, los autores destacaron que documentan no solo los nombres, sino las historias truncadas de miles de paraguayos que dieron su vida defendiendo la soberanía.
Tanto Ayala como Chamorro coincidieron en señalar que este trabajo no busca ser solo un registro frío para engrosar las estadísticas, sino que sobre todo busca rescatar esas historias de hombres que en su mayoría no dejaron descendencia y que con el tiempo quedaron olvidados.
“Este es un acto de patriotismo por sobre todas las cosas, un homenaje a quienes dieron la vida por la patria en la guerra del Chaco. Devolver la dignidad que el olvido les arrebató. Cada uno de esos nombres representa una vida que amó, trabajó y soñó; una historia truncada pero no borrada. Honrarlos es abrazar su memoria y reconocer el precio que pagaron por nuestro presente y por la soberanía nacional”, expresó Maxi Ayala.
RECOPILAR ES HACER JUSTICIA
Por su parte, Chamorro indicó que el libro surgió con la idea de recuperar los nombres de los paraguayos que murieron durante la conflagración chaqueña.
Además, señaló que buscan lograr tener números más exactos con respecto a la cantidad de bajas que tuvo Paraguay durante la contienda. Explicó que siempre se tuvo mucha dificultad con respecto a obtener esos datos por los archivos dispersos o muy incompletos.
“Recopilar es hacer justicia, en especial con estos más de 5.000 hombres que dieron sus vidas por la patria. Creo que no hay ideal más sublime que dar la vida para mantener la soberanía y la libertad de nuestro país. Estos hombres dieron sus vidas; y vidas muy jóvenes, porque fueron a la guerra a corta edad y no volvieron nunca más”, expresó Chamorro.
RESCATARLOS DEL OLVIDO
El historiador explicó que el contacto con familiares de estos más de 5.000 nombres realmente fue muy escaso, justamente porque al tratarse de personas muy jóvenes que murieron en combate la gran mayoría no dejó descendencia.
“Con el tiempo, solo sus padres y hermanos mantuvieron viva su memoria hasta hace unos años, pero muchos de ellos ya fallecieron, por lo que esos nombres fueron quedando aún más en el olvido. Cuando se pierde la memoria de la gente que los conoció, ahí esos nombres se pierden. Entonces, este trabajo lo que busca es rescatarlos de ese olvido”, acotó.
Chamorro destacó que este trabajo de investigación, más que recopilar los nombres y apellidos de los combatientes caídos en el frente de batalla, lo que buscó es recuperar el sentimiento de aquellos padres, hermanos, tíos y padrinos, de esos jóvenes que ya no volvieron a sus hogares y que fueron publicados en los diarios de aquel entonces en la sección de los obituarios.
Al respecto, señaló que la recopilación arrancó en 2016 y está viendo hoy la luz. Indicó que han encontrado historias muy interesantes, señalando la canción “13 Tuyutí”, de Emiliano R. Fernández, que estuvo en esa batalla de la Unidad de Akã Karaja, que con machete desalojaron una trinchera.
“En ese desalojo murió el comandante de Akã Karaja, que se llama Víctor Rodríguez, y logramos rescatar su historia gracias a las cartas que le envió a su señora. También rescatamos la historia del soldado paraguayo que pidió ser enterrado con su par boliviano que conoció en combate, recuperamos su nombre. Bueno, y así hay muchísimas historias que logramos recuperar”, resaltó el historiador.
MATERIAL DE ESTUDIO Y DIFUSIÓN NACIONAL
En otro momento, Ayala destacó que este libro de 800 páginas que fue lanzado recientemente, tiene por objetivo que este trabajo de recopilación sea utilizado como objeto de estudio en universidades y colegios de todo el país.
Indicó que apunta a una distribución en todo el país, llegando a cada ciudad, sobre todo de donde fueron oriundos estos más de 5.000 combatientes paraguayos. El objetivo es presentar el libro en universidades, colegios y municipios de donde fueron oriundos estos compatriotas para que sus comunidades los puedan honrar.
“La mayor parte de estos héroes quedaron en el olvido y hoy son reivindicados después de tantos años. Mucha gente desconoce que fueron jóvenes de 16, 17, 18 años que fallecieron en combate y casi nadie conoce ni conoció su historia. La idea de esto es presentar ante la sociedad primero en Asunción y luego llevar a las diferentes ciudades de donde fueron algunos de estos 5.000 héroes”, expresó Ayala.
Finalizó resaltando la emoción personal y lo gratificante que fue realizar este trabajo junto con un historiador. “Este trabajo lo hicimos con honor y gratitud a los soldados caídos. Realmente para nosotros es cumplir una deuda de gratitud y mantener viva la lección para futuras generaciones, eso es lo que realmente se busca con este trabajo”, concluyó.
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San Joaquín apuesta al turismo para diversificar su economía
Situada a 242 kilómetros de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty, San Joaquín empieza a abrirse paso como un nuevo destino turístico en el departamento de Caaguazú, con una apuesta clara, convertir su riqueza natural e histórica en una oportunidad económica para su gente.
Así lo explicó a La Nación/Nación Media, la secretaria de Turismo departamental, Romina Zacarías, quien destacó que el distrito, tradicionalmente agrícola, busca hoy diversificar su desarrollo a través del turismo.
La base económica de San Joaquín sigue siendo el trabajo en el campo. La agricultura, la ganadería, así como la producción avícola y porcina, sostienen a gran parte de la población. Sin embargo, el distrito comienza a mirar más allá de su matriz productiva tradicional.
“Los pobladores trabajan la tierra, pero hoy se está proyectando como un destino turístico”, señaló Zacarías, al explicar el giro que se busca impulsar en la zona.
Atractivos
Este cambio no es casual. San Joaquín cuenta con atractivos que combinan historia, cultura y naturaleza, lo que lo posiciona como una opción diferente dentro del turismo interno. Uno de los principales puntos de interés es la iglesia de adobe de San Joaquín y Santa Ana, restaurada recientemente por la Secretaría Nacional de Cultura.
Se trata de una construcción con más de 200 años de historia, cuyo interior conserva un retablo con reminiscencias jesuíticas, reflejo del pasado del distrito como parte de las antiguas reducciones.
A este valor histórico se suma el cerro de San Joaquín, que ofrece una vista panorámica única de la zona. Actualmente, el lugar está en proceso de puesta en valor con la reinstalación de su mirador.
La comunidad local se ha organizado para mejorar el acceso, incluyendo la instalación de una escalera y una nueva cruz, que será elaborada por el escultor Hugo Pistilli. Esta participación ciudadana muestra cómo el turismo también genera identidad y compromiso local, indicó la secretaria de Turismo.
El entorno natural es otro de los grandes diferenciales. Los paisajes que rodean a San Joaquín, especialmente en el trayecto desde la ciudad de Simón Bolívar, ofrecen vistas de cerros y vegetación que se convierten en un atractivo en sí mismo. A esto se suma el Salto Virgen del Carmen, un sitio ideal para quienes buscan experiencias al aire libre, con opciones de camping y contacto directo con la naturaleza.
Hospedajes
En cuanto a infraestructura, el desarrollo aún es incipiente. Actualmente, el distrito cuenta con dos hospedajes y espacios para acampar, mientras que la oferta de alojamiento se complementa con ciudades cercanas como Coronel Oviedo, Simón Bolívar y Cecilio Báez. “Desde Coronel Oviedo, por ejemplo, el acceso toma aproximadamente 80 minutos, lo que permite articular circuitos turísticos en la zona”, señaló.
Zacarías explicó que uno de los desafíos es justamente fortalecer la hospitalidad. En esa línea, se realizaron capacitaciones con apoyo de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), buscando mejorar la calidad de los servicios y preparar al distrito para recibir más visitantes. Reiteró que el objetivo es que el turismo se convierta en una nueva fuente de empleo y dinamismo económico.
“A medida que se desarrolla el turismo, se busca generar nuevas fuentes de trabajo”, indicó, destacando que esta actividad puede complementar los ingresos de las familias, sin reemplazar su vínculo con la producción.
El departamento
A nivel departamental, Caaguazú también muestra un perfil económico diverso. La industria y la producción agrícola son los principales motores, con rubros como el tomate y la cebolla que abastecen al mercado nacional, incluso programas como Hambre Cero. A esto se suma la producción de banana en distritos como Tembiaporã, que ya alcanza mercados internacionales.
En paralelo, el turismo empieza a consolidarse como un eje estratégico. El departamento impulsa el plan Caaguazú Rape, bajo la marca “Disfrutar Caaguazú histórico y natural”, con acciones en los 22 distritos para posicionar sus atractivos. Actualmente, siete destinos ya están en proceso de desarrollo turístico.
Entre ellos destacan parques temáticos como Aqualandia Delfines Park, experiencias rurales como el tour de la miel en San José, espacios naturales como el lago La O en Raúl Arsenio Oviedo y propuestas recreativas en Mariscal López. Coronel Oviedo, por su parte, se posiciona como un centro de eventos, lo que también aporta al movimiento económico del sector.
Aunque el desarrollo turístico aún es inicial, las autoridades ven en este sector una oportunidad concreta. San Joaquín, con su mezcla de historia, naturaleza y participación comunitaria, se perfila como uno de los puntos clave en ese proceso, apostando a que el turismo no solo atraiga visitantes, sino también genere ingresos y oportunidades para su gente.
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Lo que nunca conté cuando desapareció el submarino ARA San Juan
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
“Reza por ellos y ella”, respondió aquel submarinista cuando lo llamé para preguntarle sobre “el San Juan”. No voy a escribir su nombre. No. Lo llamaré como aludimos a él entre amigos cuando comparte sus historias bajo el agua.
Marko es un tipo increíble. Es un hombre de mar, aunque desde algunas décadas dejó atrás sus tiempos de intensa actividad embarcado. Alguna vez, junto a él abordé un submarino. Tampoco diré en qué puerto fue. Quiero cuidar su presente porque aquello que dejó atrás, su historia personal como “marino de guerra”, pese al paso del tiempo, siempre vuelve. ¿Qué recuerdo de aquel ingreso subrepticio al sumergible? No mucho. Aunque admito que la estrechez de los lugares comunes me impresionó. Pero aquella impresión fue como supe cómo se respira en un submarino.
“Es muy necesario ahorrar el consumo de oxígeno y de aire comprimido…”, comenzó a explicar un veterano. Voz suave y pausada. “La respiración debe ser profunda, con un ritmo constante y lenta. El aire es preciso gestionarlo con el diafragma.
Como quienes practican el yoga, se debe combinar la respiración abdominal con la torácica y la clavicular para maximizar la oxigenación”, añadió con serenidad. “Solo así podrás dejar atrás –en el muelle– el estrés, aumentarás tu capacidad pulmonar y conseguirás centrarte sobre tu eje para que tu mente esté en total equilibrio con tu cuerpo”, indicó.
Viajé con la memoria hasta una lejana clase de asanas. Tal vez hubiera poco más de siete metros entre un lado y el otro de la embarcación diseñada para que no pueda ser detectada. Hacia el frente y a mis espaldas me pareció estar en un largo tubo interrumpido por una sucesión de pesadas puertas.
“La respiración yóguica que les propongo, para quienes quieren saber más, tiene como objetivo maximizar el intercambio de gases dentro de la nave para reducir la acumulación de dióxido de carbono en este espacio, no solo disminuir el estrés, como ya les dije, sino reducir la frecuencia cardíaca para bajar al mínimo el consumo de aire”.
LA PRUEBA
Aquellas palabras aún resuenan una y otra vez en mis oídos. “El estado actual de la unidad es operativo con una profundidad limitada a 100 metros, una velocidad autoimpuesta a máxima etapa 3 y como importante la indiscreción del ruido de la línea de eje al momento de parar máquinas”. La voz sonó clara. La sala de audiencias se conmovió. El silencio devino en murmullo.
El comandante Pedro Martín Fernández –con esas treinta y nueve palabras– describió ante sus superiores cuál era el estado operativo del submarino ARA San Juan un día de abril de 2017, siete meses antes de que la nave desapareciera de los radares.
Los familiares del comandante Fernández se estremecieron cuando escucharon esa voz que –aunque lo desean como nunca antes– ya no pueden escuchar. Desconocían de esa grabación cuya escucha, como elemento de prueba, fue presentada por la defensa del capitán de navío Claudio Villamide, excomandante de la Fuerza de Submarinos que, en esta causa, está imputado junto con el exjefe del Comando de Adiestramiento, Luis López Mazzeo; el exjefe del Estado Mayor del Comando Submarinos, Héctor Alonso, y el exjefe de Operaciones Hugo Correa.
Tres informantes muy sólidos me aseguran que estos tres últimos acusados tampoco sabían. A los cuatro la Fiscalía los acusa porque, al parecer, “incumplieron y omitieron sus deberes para con el alistamiento, mantenimiento y control operativo del submarino y, justamente por esas conductas, se produjo un estrago culposo agravado”.
Los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Alberto Giménez y Enrique Baronetto, integrantes del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos –que deberán decidir– recibieron las objeciones de fiscales y querellantes por la inesperada escucha. “Las familias no fueron advertidas”, argumentan. “Fueron emocionalmente afectadas”. También denunciaron que “no se preservó debidamente la información militar sensible que la prueba contiene”.
¿Estaba en condiciones de navegar el ARA San Juan? Aquel viernes 17 de noviembre de 2017, en el inicio de la nocturnidad, como rumor, en Mar del Plata –poco más de 1.720 kilómetros al sur de mi querida Asunción– se escuchó por primera vez que “desapareció el ARA San Juan”. En un par de horas aquella inquietante novedad comenzó a circular desde el puerto. Aunque en voz baja, el ARA San Juan estaba en boca de todos y todas. Sin embargo, en la tele o en la radio no se decía nada.
El cielo estaba color gris plomo. Clima inclemente. Tempestad. Pese a que la finalización del invierno estaba a la vuelta de la esquina, la meteorología era severa con la ciudad enclavada en la costa bonaerense. El Atlántico Sur, cuando sopla rugiente la sudestada, es de temer. Mar del Plata estaba en silencio profundo. El celu estallaba. Colegas periodistas desde países vecinos y redacciones lejanas querían saber, saber y saber. No tenía para responder.
Fuentes gubernamentales, navales y de la sociedad civil relacionadas con la Armada no aportaron nada. Pero… algo ocultaban o, peor aún, no sabían cómo decir lo que no querían que estuviera pasando o que... hubiera pasado. ¿Se perdió contacto con el ARA San Juan? ¿Emitió una llamada de emergencia? ¿Está desaparecido? “No tengo nada para decirte”.
¿El submarino está en una misión de patrullaje? “No puedo responder a esa pregunta. Se trata de información sensible, secreta. ¡Podría afectar la seguridad nacional!”, escuché una y otra vez. Misterio de Estado. Un grupo de personas en el portón de acceso a la Base Naval Mar del Plata, donde se aloja la fuerza de submarinos, también querían saber. Un oficial naval se acercó para invitarlos a pasar. “Solo familiares”.
Quedé con mis ojos clavados en las espaldas de quienes, sumidos en la angustia, con paso apresurado, silenciosos, marchaban en procura de respuestas. Las luces en el interior de la capilla Stella Maris, a unos pocos metros del acceso a esa unidad militar, estaban encendidas. Después de varios intentos vuelvo a dar con Marko. “Comenzó el operativo de búsqueda”, me dice.
OTROS SUBMARINOS
Por varios pescadores sabemos que la meteorología en el mar es pésima. Los que todo lo saben y lo recuerdan –apostados allí solo como curiosos– parlotean. Las angustias crecen con cada recuerdo. “El 12 de agosto de 2000 el submarino Kurks, de la armada rusa, durante un ejercicio de combate en el mar de Barents, después de dos explosiones se hundió con 118 tripulantes…”. Alguien sollozaba.
La vigilia se extendía. Otro recordó que el 22 de mayo de 1968, el submarino nuclear norteamericano Scorpion, con 99 submarinistas a bordo, dejó de comunicarse con su base. Un día antes fue el último contacto registrado cuando se encontraba en inmersión a unos 90 kilómetros de las Islas Azores. El memorioso charlatán hizo silencio.
Un informante clave, horas más tarde, me confidenció que varios sensores hidroacústicos reportaron anomalías desde las Islas Canarias, desde Terranova y desde la Argentina. Luego supe que, en abril de 2021, cincuenta y tres marinos a bordo del KRI Nanggala-402 se perdieron para siempre a unos 100 kilómetros de la costa de Bali. Alguien que salió del interior de la Base Naval Mar del Plata para mezclarse entre quienes buscábamos información. Lo rodeamos. Dejó trascender, en voz muy baja, que a las 7:15 del 15 de noviembre, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, mientras navegaban sumergidos a 432 kilómetros de la costa, a la altura del Golfo de San Jorge reportó que el “ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías n.° 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”.
Ocho días antes habían zarpado desde el puerto de Ushuaia. “No me comprometan”, pidió el portavoz anónimo con los ojos vidriosos. ¿Dónde está el San Juan?, era el interrogante único en una ciudad que sabe de qué se trata el mar. Lo ama y respeta. Navegantes, pescadores, buzos, nadadores, surfers… El 25 de octubre de 2017 el submarino San Juan con sus cuarenta y cuatro tripulantes dejó este puerto por última vez. Despedidas, adioses, promesas de regreso, de volver pronto… Como viajero que siempre gusta de viajar sé que partir no siempre es irse. Tampoco es querer y poder volver. Mucho menos, decir adiós.
El ARA San Juan, como cada vez que se lanzaba al mar, las primeras millas las navegó en la superficie. Quienes estábamos entonces cerca de la costa lo vimos pasar frente al Cabo Corrientes. Algunos pescadores saludaban. La falta de dragado obligaba a los buques a navegar cerca de la costa hasta donde las avenidas Colón o Pedro Luro se sumergen. Allí viran a estribor en busca de aguas profundas. Esa derrota cumplió el sumergible.
A OCHO AÑOS
¿Qué se sabe del San Juan, dónde está… qué pasó, Marko?, pregunté una vez más al submarinista amigo. “Reza por ellos y ella”, repitió. Como en el primer momento me quedó la convicción de que sabía más de lo que podía (o quería) decir. La consulta era a la vez la pregunta que –consternados– se hacían en la entrada de la Base Naval Mar del Plata familiares, amigos, amigas de los tripulantes de la embarcación desparecida.
También era la demanda de las y los periodistas que cubríamos la tragedia que nadie confirmaba formalmente. “Buscar un sumergible es muy difícil. Muy complejo”, dijo un experto en el uso del sonar (sigla en inglés de Sound Navigation And Ranging) destinado en un buque de superficie con muchos años de servicio.
“Los submarinos están diseñados para no ser detectados. Son cazadores invisibles”, precisó. Un pescador, en la triste madrugada del día después de la desaparición del ARA San Juan, a tres periodistas nos contó, con lágrimas en los ojos, que “Comando, como cada vez que Eliana (Krawczyk, primera oficial naval y submarinista en Latinoamérica) y sus compañeros partían, la acompañó hasta el muelle primero, hasta la planchada después y, con los primeros movimientos de los remolcadores con los que los prácticos guiaban aquel barco de guerra hasta el canal para salir del puerto marplatense, con sus ojos fijos en el caso del sumergible. Te partía el alma…”, agregó.
¿Comando? Sí, un perro callejero que se encariñó con la submarinista del San Juan. “Algunas veces se zambullía y con esfuerzo, nadaba a la par de la embarcación, intentaba abordarla para luego emprender el regreso al muelle donde se quedaba hasta el regreso. Seguro que está allá, en el muelle…”, especuló. Imposible verificarlo. Nadie podía ingresar en la Base Naval Mar del Plata.
Dos fuentes del más alto nivel que aún se desempeñan en organismos multilaterales –en la madrugada del 18 de noviembre, unas pocas horas después de la desaparición del ARA San Juan– que trabajan en la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), por WhatsApp off the record, me informaron que se había registrado “una explosión en la zona donde navegaba” el submarino argentino. ¿Hay certezas? “Sí.
Los sensores desplegados en las Islas Crozet, de Francia; en la Isla Ascensión; y, en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte lo reportaron. Algunos analistas estiman que la anomalía registrada se produjo aproximadamente a un kilómetro de profundad”. Con esa información consulté numerosas fuentes locales. Civiles y militares. Negaron. Desmintieron.
“¡Es imposible!”, enfáticamente respondieron algunos de los consultados. El 23 de noviembre, el capitán de fragata Enrique Balbi confirmó formalmente que aquella organización detectó “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión” en la zona por donde se encontraba el sumergible. Tiempo después el instrumental instalado en el buque Seabed Constructor (cinco Autonomous Underwater Vehicle - AUV) confirmó aquellos datos off the record que recibí desde Viena.
Los restos del ARA San Juan estaban (y están todavía) “unos veinte kilómetros al norte del punto estimado donde se produjo la explosión/implosión a unos 900 metros de profundidad”. ¿Por qué no se informó antes? “Comunicar en tiempos de crisis y de angustias sociales, bajo presión, no es sencillo”, argumenta este miércoles una fuente sólida y confiable. ¿Y, por qué se demora tanto el juicio oral para establecer responsabilidades y sancionar a los culpables cuando todo parece estar tan claro? “La justicia tiene sus tiempos”, responde.
Ocho años pasaron desde la tragedia. Volví al puerto cuando el juicio se inició en Río Gallegos. Un viejo suboficial retirado de la marina de guerra me contó que “en noviembre de 2018, murió Comando. Se quedó en el muelle esperando a la capitana Eliana…”, dijo con angustia. Sentí que no hablaba conmigo.
“Dicen que un tumor en el estómago lo mató. Pero algunos pescadores supersticiosos precisan que expiró cuando los AUV del Seabed Constructor encontró al San Juan en el fondo del mar. En un bar cercano al puerto se comenta que un tal Julián Trejo, oficial de la Fuerza Aérea que conoció de cerca la historia de amor entre Eliana y Comando, discretamente, lo enterró en algún lugar con honores militares”.