Buscando que el amor de los hinchas por sus equipos y el fútbol los impulsen a vacunarse, la Conmebol y los clubes clasificados a cuartos de final de sus torneos lanzan una campaña de concientización.
Carteles y zócalos en las transmisiones televisivas y acciones similares forman parte de la campaña, que apunta al regreso de los hinchas a los estadios.
El fútbol volvió hace varios meses luego de la suspensión obligada por la pandemia del covid-19, pero las tribunas continúan casi vacías.
La Conmebol ha impulsado una campaña masiva de vacunación de jugadores, jugadoras, árbitros, técnicos y asistentes. Ahora toca a los hinchas, para que todos vuelvan a juntarse en los estadios.
Los protocolos sanitarios implementados han demostrado un altísimo nivel de efectividad, con más del 99% de las pruebas de detección del virus con resultados negativos.
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Reapareció “el Chapo” y pide a las autoridades de EE. UU. que le transfieran a México
El excapo mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán ha enviado cartas a las autoridades judiciales estadounidenses para pedir el traslado a su país de nacimiento porque considera que su juicio fue irregular y su condena de cadena perpetua “cruel”.
Extraditado en 2017, tras dos fugas de prisiones mexicanas, el Chapo cumple condena en una cárcel de máxima seguridad en Colorado.
La AFP pudo consultar tres cartas manuscritas del cofundador del cártel de Sinaloa, registradas en el sistema de información judicial federal este lunes.
“Esta es una carta cortés sobre (...) las evidencias, que no fueron probadas”, explica el Chapo en un inglés con faltas gramaticales y de sintaxis.
El Chapo pide en la misiva, dirigida al tribunal del distrito este de Nueva York, que le reconozca su “derecho a volver” a su país, sin aclarar si su solicitud es para cumplir el resto de su condena en México.
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En otra misiva del 20 de abril el Chapo se queja de que ha solicitado sin éxito los documentos que llevaron a su condena.
Esos documentos “no probarán (sic) mi cruel castigo” añade. “El veredicto de mi juicio no fue justo”, asegura.
El Chapo asegura además que está a la espera desde hace tres años de una apelación.
Joaquín Guzmán invoca además la protección de “la primera a la quinta enmienda” de la Constitución estadounidense.
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El Chapo se ha quejado en varias ocasiones mediante cartas manuscritas de las condiciones de su encarcelamiento, el aislamiento y la falta de visitas familiares.
Fuente: AFP
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Sociedad de Pediatría apoya la protección de la población infantil contra infecciones respiratorias
Como respaldo a la estrategia nacional de inmunización 2026 del Ministerio de Salud, la Sociedad Paraguaya de Pediatría (SPP) lanza la campaña “Vacunarse es poder”. Esta campaña hace hincapié en la protección de bebés menores de un año contra el virus respiratorio sincicial (VRS), responsable de llenar las salas de pediatría cada invierno.
El virus respiratorio sincicial (VRS) es la principal causa de bronquiolitis y neumonía en bebés menores de 1 año —con mayor riesgo en los menores de 6 meses—, y anualmente genera un alto número de consultas, hospitalizaciones y complicaciones, informaron desde la nucleación médica.
Los especialistas señalan que los niños menores de un año tienen 16 veces más probabilidades de ser hospitalizados por VRS que por influenza. Se estima, además, que entre el 50 % y el 90 % de las internaciones por bronquiolitis en lactantes están asociadas a este virus.
De acuerdo con datos del Ministerio de Salud, solo en 2024 se registraron más de 800 hospitalizaciones y 12 fallecimientos en niños menores de dos años, a causa del VRS. Sin embargo, esta situación cambió radicalmente el año pasado, cuando Paraguay se convirtió en el segundo país de Latinoamérica en implementar la inmunización universal contra el VRS, siguiendo a Chile, referente regional en esta estrategia.
Gracias a esta estrategia, el país alcanzó un hito sanitario histórico en salud pública en 2025: no se registraron muertes por VRS en los bebés que recibieron esta protección. La intención en este 2026 es fortalecer la iniciativa con la inmunización de 60.000 niñas y niños, 20.000 más que el año pasado.
“Gracias a esta inmunización de vanguardia, el 2025 cerró con un logro sin precedentes: cero muertes por VRS en bebés protegidos”, expresó de manera institucional la doctora Julia Acuña, presidenta de la Sociedad Paraguaya de Pediatría.
Añadió que este éxito impulsa a ir por más. “Que ningún niño menor de seis meses quede sin esta protección que salva vidas. No queremos más bebés en terapia intensiva por un virus que se puede prevenir“, subrayó.
La protección contra el VRS consiste en la aplicación inyectable de una sola dosis, generalmente en el muslo.
Está indicada para niñas y niños nacidos entre noviembre de 2025 y julio de 2026; menores de 12 meses con factores de riesgo (prematuridad, enfermedad pulmonar crónica, cardiopatías o necesidad de tratamiento respiratorio reciente); e infantes de hasta 2 años con cardiopatía congénita que cumplan criterios específicos.
Puede aplicarse junto con las vacunas del esquema regular, sin interferir en su eficacia ni en la respuesta del sistema inmunológico. Esto permite aprovechar las visitas al servicio de salud y facilitar el acceso a la protección, sin necesidad de consultas adicionales.
La temporada de vacunación 2026 ya inició y finalizará en julio de este año, abarcando el periodo de mayor circulación de este virus. En Paraguay, el VRS circula generalmente entre abril y agosto y es importante proteger a los bebés antes de la temporada de mayor circulación.
Instamos a madres, padres y familias a acudir a los centros de salud para inmunizar a sus bebés. La prevención es el poder de proteger y salvar vidas. “Protejamos a nuestros hijos”, recordó la presidenta de la SPP.
La vacuna está disponible en hospitales maternoinfantiles, unidades neonatales, vacunatorios públicos y centros privados en convenio con el Ministerio de Salud. Para más información, consultar el listado de vacunatorios en www.vacunate.gov.py.
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Paraguay concretó el envío de 4 millones de vacunas antiaftosa a Uruguay
Paraguay continúa consolidándose como un referente en la producción de biotecnología veterinaria de alta calidad, logrando posicionar sus productos en mercados internacionales. Esto, teniendo en cuenta que este viernes se concretó la exportación de 4.000.000 de dosis de vacuna antiaftosa a Uruguay, según informó el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa).
El organismo veterinario comunicó que la empresa de industria nacional concretó el envío de las dosis denominadas “Oleolauda bivalente” con destino al mercado uruguayo, en el marco de una licitación pública internacional convocada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de ese país.
La vacuna exportada será utilizada en el programa sanitario del Uruguay, contribuyendo al control y prevención de la fiebre aftosa, una de las enfermedades más relevantes para el sector ganadero en la región. “De esta manera, la industria veterinaria nacional marca presencia en el exterior, con biológicos de alta calidad que serán utilizados en el programa sanitario de ese país”, resaltó la institución.
Con este paso quedó evidenciado el fortalecimiento del sector biotecnológico local, que no solo abastece el mercado interno, sino que también logra posicionarse con éxito en el exterior, reforzando la capacidad competitiva de Paraguay en el desarrollo de productos veterinarios y el cumplimiento de estándares internacionales.
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El año pasado la firma había logrado concretar la exportación de 2.000.000 de dosis de la vacuna al mismo país, con lo cual este envío vuelve a reforzar la credibilidad en la producción veterinaria nacional ya que se logró duplicar la carga para este año. Asimismo, en 2024 había inaugurado un laboratorio de bioseguridad de nivel 3, siendo el único de este tipo en el país dedicado a la producción de vacunas contra la brucelosis con capacidad de producción de 350.000 dosis mensuales y con posibilidad de exportación.
A nivel local, el periodo de vacunación contra la fiebre aftosa de este año fue extendido hasta el 1 de abril de este 2026, mientras que el registro podrá realizarse hasta el 8 de abril, según informó Senacsa. En su primera etapa, la inmunización del hato nacional ya lleva un avance del 93 % con 10.805.090 de bovinos vacunados, de acuerdo a los datos más actualizados proveídos por el organismo veterinario a La Nación/Nación Media.
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Volver de la Antártida
- Ricardo Rivas
- Periodista – Enviado especial
El Hércules C130 TC 64 sobrevoló el aeródromo de Marambio lenta y pesadamente. Lo escuchamos claramente. No conseguimos verlo. Cerca de un centenar y medio de ojos lo buscaron en el cielo gris muy oscuro.
“Nubosidad baja”, desde un par de días atrás anuncian las plataformas meteorológicas globales. Pronóstico cumplido. La invisibilidad de aquella máquina transformó el ánimo colectivo. Pero no fue suficiente para abandonar la esperanza, aunque la misma expectativa construimos justamente un día atrás cuando un intento de regreso se frustró. Pienso en ayer.
Que fue tan raro como este hoy porque en ningún momento fue de noche. ¡Qué extraño es todo esto! Decir que es como “un atardecer permanente” –como poéticamente lo describe Juan Gómez, vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, jefe de la Base Marambio– no parece suficiente para bajar el telón de cada día. Los motores de la enorme aeronave vuelven a escucharse.
El rugido mecánico parece llegar desde el invisible Mar de Weddel oculto por debajo del “mar de nubes”, como aquí se llama a esta condición climática. Una vez más el centenar y medio de ojos se clavan en el cielo. Lo patrullan. Silencio. Parece eterno. “Allá viene... lo veo!”. Parece suspendido en el aire.
Una estela de humo negro se desprende de cada uno de sus motores. La imagen crece vertiginosamente. Casi a ras del piso sobrevuela los primeros 400 metros de la pista cubierta por una fina capa de hielo y unos 4 centímetros de nieve. En el mismo tiempo que se posa sus motores rebajan al máximo sus revoluciones.
El comandante lo deja correr hasta cerca de los 900 metros. Se detiene. Advierto que detrás de mí, bajo la Bandera, al pie del mástil que la sostiene y le permite flamear, un grupo de jóvenes que finalizan la “invernada” se empujan y revuelcan sobre la nieve como algunos años antes lo habrán hecho en el momento en que finalizaron sus viajes cuando egresaron de la secundaria. Los percibo alegres, aunque no me parece que esa presunta alegría sea por partir. Son y se sienten antárticos y antárticas.
La aeronave no se mueve. El comandante procura saber si puede girar y transitar sobre piso firme. Con cuidado extremo gira para llegar hasta donde se detendrá para que desciendan algunas personas y subamos otras. Debemos hacerlo con rapidez.
La compuerta trasera se abre. Nos acomodamos lo mejor posible en el interior de un avión carguero. Los motores continúan encendidos. Silencio profundo. Respiraciones lentas. Ritmos cardíacos acelerados y ruidosos. Las pibas y los pibes se recuestan (acurrucan) sobre sus mamis. Miro y me pregunto... ¿por qué los traen para invernar en la Antártida en familia?.
EN VUELO
Los cuatro motores turbohélices aceleran al mango. El fuselaje vibra intensamente. Los SKUAS (como apodan a la y los pilotos de helicópteros con los que almorcé y cené cada uno de mis días siempre diurnos en la Base Marambio) me enseñaron que “cuando el vuelo se inicia todo está chequeado varias veces”.
También me aseguraron que “en 800 metros” el avión ganará altura “para volver a casa”. Cierro los ojos. Daniel Bertagno –hermano amigo, colega periodista y académico– gran compañero de viaje me codea. Hace un par de selfies.
El comandante suelta los frenos. Por las pequeñas ventanillas solo se ve el gris oscuro del cielo. Se escucha claramente cuando el hielo en la pista se quiebra y vuela en pedazos. Algo de nieve, también. Silencio extremo. La nariz del Hércules C130 TC 64 le apunta de lleno al cielo. Comienza a ganar altura. Estable. Solemne. Épico.
El piberío estalla en ovación. Alguna mamá lagrimea. Un chiquilín de 11 años deja su lugar. Me invita a choca puñitos. “¿Lo voy a volver a ver señor?”, me pregunta mirándome fijamente. Creo que la Antártida, tal vez, comienza a quedar atrás. ¿Será así?
En las entrañas de Heracles (Hércules) hijo de Zeus –dios supremo de los dioses el Olimpo, senior del cielo, del trueno y la justicia, también llamado “Padre de dioses y hombres”– regresa el silencio. Los cuatro motores ronronean parejos. Adormezco. En alguna dimensión transito la Antigua Grecia. Valoro a Hércules. Lo asumo como un rescatista de altísima gama como los que seguramente impulsan a los que vi entrenando en Marambio con clima extremo.
Tengo la convicción de que el nieto de Cronos y Rea nos llevará hasta Río Grande, donde el 15 de noviembre comenzó esta misión académica que devino en aventura tan inesperada como inevitable. T
al vez de eso también se trate vivir. Hasta unas pocas horas atrás los interrogantes iban por otros senderos. ¿Con quiénes y dónde brindaremos en las medianoches del 24 y el 31 de diciembre próximos? Sé que muchos y muchas de aquellas y aquellos que nos vieron partir porque finalizaron sus invernadas todavía piensan en ello.
Gera Gómez –el YD (yanki delta, en código de la Organización de Aviación Civil Internacional-OASI)–, jefe del aeródromo Marambio, deberá esperar para desayunar con su hija en Córdoba, Argentina. La niña y su papá entristecerán. Otros muchos y muchas también tendrán que esperar.
Las proyecciones climáticas pronostican que “no serán posibles las operaciones aéreas” por varios días. ¡Qué bajón! Daniel me despierta. Poco más de tres horas estuve en situación de ausencia. Llueve cadenciosamente en Río Grande. Una brisa helada obliga a recordar la Antártida. Aun así, nos reciben calidez.
“Bienvenidos, antárticos”, nos dice el comodoro Rober Romero. Nos abraza y ofrece acompañarlo con café caliente recién hecho. Se agradece y disfruta. Todavía deberemos volar unos 3 mil kilómetros para llegar a El Palomar (un aeropuerto militar en los alrededores de Buenos Aires) a bordo de otro Hércules.
LOS REGRESOS
Los regresos –vaya a saber por qué– siempre me parecen mucho más largos que los viajes de ida. Volver, siempre es incierto. Vivir es un viaje de ida permanente. El profe don Édgar Morin –palabra más, palabra menos– suele reivindicar la incertidumbre como una suerte de motor vital. Lo pienso y re-pienso.
Llega Maximiliano Magiaterra, el comandante conjunto antártico a bordo de otro Hércules. Nos abraza después de recibir los honores protocolares que corresponden a su cargo y jerarquía militar. “¡Bienvenidos, antárticos!”, repite como momentos antes lo hiciera su camarada dirigiéndose a nosotros.
Nos despedimos con el compromiso de reunirnos para cenar “el año que viene”. De nuevo estamos en la panza del Hércules. Nos sorprende que avanza la nocturnidad. En treinta y cinco días cerca del Polo Sur nos desacostumbramos a la noche que sigue a cada día. Ganamos altura. Entrecierro los ojos. Vuelvo a la Antigua Grecia.
El hijo de Hipnos y Pasitea –corporizado– avanza sobre mí irremediablemente. Morfeo se me acerca. Me atrapa. No resisto. Sé que cuenta con el respaldo de los Oneiros que obedecían fielmente a su madre.
Tal vez hayan pasado casi cinco horas de vuelo suave. En el momento que bajé del TC 66, es noche cerrada. Puse mis ojos en el cielo. Después de 36 días volví a la nocturnidad. Caminamos juntos hasta un recinto desprovisto de toda comodidad. Solo lo justo. Austero. Militares –hombres y mujeres– compañeros de viaje y de muchos de nuestros 35 días en la Antártida esperan órdenes. Un niño de unos 11 años se me acerca.
“Lo voy a extrañar, señor”, me dice mientras me abraza con fuerza. Me hace lagrimear. No puedo pensar con claridad. Mucho para recordar. Mucho para procesar… Para revisar. En el Cabify viajo en silencio. Mañana temprano avisaré a La Nación que estoy de regreso.
Es tarde. Cerca del mediodía más próximo volaré a nuestra casa... Hoy hace ocho días que regresé. La inmanencia antártica me invade. Las noches me quedan largas. Muy largas. No consigo dormir con continuidad. Con cada insomnio los recuerdos recientes me atropellan. Las consultas médicas, varias, solo tienen una respuesta coincidente. “Síndrome posantártico”, diagnostican. Es demoledor. Cansa. Confunde. Agobia.
Tengo la convicción y la necesidad de llamar a mi querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos. Debo advertirle que muchas de las respuestas que le di cuando me entrevistó a distancia para “Expresso” no fueron las más adecuadas. Carecieron de precisión. Vestir de antártico como lo estaba entonces no fue suficiente para contestar con suficiencia.
No pocas veces la ignorancia nos induce a creer que sabemos de aquello que desconocemos. También quiero que sepa que hasta el pasado 15 de noviembre –cuando llegué a la Antártida– aquel continente para mí era un sueño más entre muchos que, como tantos otros, ya lo tenía en el largo listado de los incumplidos.
Por esa razón, querido Augusto, siento que antes de responderte debiera haberte advertido que como dicen que alguna vez dijo Woody Allen, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
Es posible también que Woody nunca lo haya dicho. Pese a todo, para este caso siento que con esa frase podría haber respondido a todas tus preguntas cuando quisiste saber qué hacía allí. Espero sepas comprender que, como vos y tu curiosidad natural devenida en oficio, tampoco lo tenía claro.