Olimpia, con once puntos en su cuenta, y River Plate con seis, se enfrentan esta noche en el estadio Manuel Ferreira con ansias de volver a cosechar triunfos en pos de llegar entre los ocho equipos al final de esta etapa primera del torneo Clausura.
Los franjeados, con el DT argentino Néstor Gorosito al frente, empataron (2-2) la fecha anterior ante el Sportivo Luqueño, en un partido donde no convenció la propuesta de juego. Dos goles de Roque Santa Cruz en ese encuentro salvaron de la derrota al Franjeado.
Hoy sin Iván Torres como lateral izquierdo, Gorosito recupera al uruguayo Robert Ergas, quien se había lesionado y estuvo ausente en anteriores encuentros. El juvenil Diego Torres podría perder su puesto, ante la vuelta de Richard Ortiz en el mediocampo. Es una duda que tiene el entrenador, pero es lo más probable que regrese el experimentado jugador. En las otras líneas, el elenco olimpista no tendrá variantes.
Por el lado de los riveristas, el español Aitor García tendrá a Richar Salinas como uno de los que retornan al equipo después de cumplir la sanción que le impuso el Tribunal por haber sido expulsado. Con pocos puntos cosechados en el torneo, se complica su ingreso a la liguilla entre los ocho mejores. El Kelito debe comenzar a ganar puntos y esta noche sale en pos de ese objetivo. Dirige el árbitro Arnaldo Samaniego y se espera un buen compromiso.
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Presentaron el libro “Derecho Procesal Civil II” con la presencia de cinco ministros de la Corte
El decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, profesor doctor Carlos Gustavo González Morel, y el profesor doctor Horacio Pettit, presentaron su libro de Derecho Procesal Civil II. El acto contó con la presencia de autoridades de la Corte Suprema de Justicia. Luego de la presentación se realizó un reconocimiento honorífico a destacados docentes jurídicos.
El Salón Auditorio “Dra. Serafina Dávalos” del Palacio de Justicia fue escenario del lanzamiento oficial de la obra. El acto contó con la presencia del presidente de la Corte Suprema de Justicia, César Diesel, y de los ministros profesores Luis María Benítez Riera, Manuel Dejesús Ramírez Candia, Alberto Joaquín Martínez Simón y Víctor Ríos Ojeda, además de autoridades del Consejo de la Magistratura, del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y representantes del sistema de justicia.
Durante la presentación, el doctor Joel Melgarejo Allegretto ofreció un análisis crítico de la obra, destacando su rigor conceptual, su estructura acorde al programa oficial de la Cátedra de Derecho Procesal Civil II y su aporte a la consolidación doctrinaria del proceso civil en el Paraguay.
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El libro aborda el proceso ordinario, las medidas cautelares, el juicio ejecutivo y los procesos especiales, incorporando además herramientas prácticas, modelos, referencias al expediente electrónico y regulación de honorarios, constituyéndose en un manual integral para estudiantes y profesionales.
En sus palabras, el doctor Carlos Gustavo González Morel agradeció el acompañamiento de su familia y colegas, y señaló que la obra busca combinar la práctica judicial con los avances tecnológicos contemporáneos, garantizando que el proceso civil mantenga como eje central una justicia humana y equitativa.
Como parte central de la jornada, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNA procedió a la entrega de placas honoríficas en reconocimiento a la trayectoria de maestros del Derecho Procesal Civil, reafirmando el valor de la continuidad académica y el legado doctrinario.
Fueron distinguidos destacados docentes y juristas, incluyendo un homenaje póstumo, en un emotivo momento que puso en relieve la importancia de honrar las raíces sobre las cuales se edifica la ciencia jurídica nacional.
El evento no solo celebró la presentación de una nueva publicación académica, sino que reafirmó el compromiso institucional de la FDCS-UNA con la excelencia, la investigación jurídica y el fortalecimiento del pensamiento procesal en el país.
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Un triunfo para cada conjunto
San Lorenzo y Sportivo Luqueño disputaron en la mañana de ayer dos encuentros amistosos de preparación, en el estadio Gunther Vogel, con miras al estreno del torneo Apertura, que arrancará el viernes 23 de enero.
En el primer duelo el cuadro Rayadito derrotó al cuadro luqueño por 3 a 1, con goles de José Barrios y un doblete de Alex Álvarez, una de las nuevas contrataciones del cuadro sanlorenzano. El descuento fue obra del ofensivo argentino Lautaro Comas.
El segundo encuentro fue ganado por Luqueño con anotación del defensor argentino, Facundo Wiechniak. Para San Lorenzo fue el segundo amistoso de la temporada, luego de empatar (0-0) y perder (4-1) frente a Olimpia. Mientras que Luqueño realizó su primer cotejo de práctica luego de la pretemporada.
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Volver de la Antártida
- Ricardo Rivas
- Periodista – Enviado especial
El Hércules C130 TC 64 sobrevoló el aeródromo de Marambio lenta y pesadamente. Lo escuchamos claramente. No conseguimos verlo. Cerca de un centenar y medio de ojos lo buscaron en el cielo gris muy oscuro.
“Nubosidad baja”, desde un par de días atrás anuncian las plataformas meteorológicas globales. Pronóstico cumplido. La invisibilidad de aquella máquina transformó el ánimo colectivo. Pero no fue suficiente para abandonar la esperanza, aunque la misma expectativa construimos justamente un día atrás cuando un intento de regreso se frustró. Pienso en ayer.
Que fue tan raro como este hoy porque en ningún momento fue de noche. ¡Qué extraño es todo esto! Decir que es como “un atardecer permanente” –como poéticamente lo describe Juan Gómez, vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, jefe de la Base Marambio– no parece suficiente para bajar el telón de cada día. Los motores de la enorme aeronave vuelven a escucharse.
El rugido mecánico parece llegar desde el invisible Mar de Weddel oculto por debajo del “mar de nubes”, como aquí se llama a esta condición climática. Una vez más el centenar y medio de ojos se clavan en el cielo. Lo patrullan. Silencio. Parece eterno. “Allá viene... lo veo!”. Parece suspendido en el aire.
Una estela de humo negro se desprende de cada uno de sus motores. La imagen crece vertiginosamente. Casi a ras del piso sobrevuela los primeros 400 metros de la pista cubierta por una fina capa de hielo y unos 4 centímetros de nieve. En el mismo tiempo que se posa sus motores rebajan al máximo sus revoluciones.
El comandante lo deja correr hasta cerca de los 900 metros. Se detiene. Advierto que detrás de mí, bajo la Bandera, al pie del mástil que la sostiene y le permite flamear, un grupo de jóvenes que finalizan la “invernada” se empujan y revuelcan sobre la nieve como algunos años antes lo habrán hecho en el momento en que finalizaron sus viajes cuando egresaron de la secundaria. Los percibo alegres, aunque no me parece que esa presunta alegría sea por partir. Son y se sienten antárticos y antárticas.
La aeronave no se mueve. El comandante procura saber si puede girar y transitar sobre piso firme. Con cuidado extremo gira para llegar hasta donde se detendrá para que desciendan algunas personas y subamos otras. Debemos hacerlo con rapidez.
La compuerta trasera se abre. Nos acomodamos lo mejor posible en el interior de un avión carguero. Los motores continúan encendidos. Silencio profundo. Respiraciones lentas. Ritmos cardíacos acelerados y ruidosos. Las pibas y los pibes se recuestan (acurrucan) sobre sus mamis. Miro y me pregunto... ¿por qué los traen para invernar en la Antártida en familia?.
EN VUELO
Los cuatro motores turbohélices aceleran al mango. El fuselaje vibra intensamente. Los SKUAS (como apodan a la y los pilotos de helicópteros con los que almorcé y cené cada uno de mis días siempre diurnos en la Base Marambio) me enseñaron que “cuando el vuelo se inicia todo está chequeado varias veces”.
También me aseguraron que “en 800 metros” el avión ganará altura “para volver a casa”. Cierro los ojos. Daniel Bertagno –hermano amigo, colega periodista y académico– gran compañero de viaje me codea. Hace un par de selfies.
El comandante suelta los frenos. Por las pequeñas ventanillas solo se ve el gris oscuro del cielo. Se escucha claramente cuando el hielo en la pista se quiebra y vuela en pedazos. Algo de nieve, también. Silencio extremo. La nariz del Hércules C130 TC 64 le apunta de lleno al cielo. Comienza a ganar altura. Estable. Solemne. Épico.
El piberío estalla en ovación. Alguna mamá lagrimea. Un chiquilín de 11 años deja su lugar. Me invita a choca puñitos. “¿Lo voy a volver a ver señor?”, me pregunta mirándome fijamente. Creo que la Antártida, tal vez, comienza a quedar atrás. ¿Será así?
En las entrañas de Heracles (Hércules) hijo de Zeus –dios supremo de los dioses el Olimpo, senior del cielo, del trueno y la justicia, también llamado “Padre de dioses y hombres”– regresa el silencio. Los cuatro motores ronronean parejos. Adormezco. En alguna dimensión transito la Antigua Grecia. Valoro a Hércules. Lo asumo como un rescatista de altísima gama como los que seguramente impulsan a los que vi entrenando en Marambio con clima extremo.
Tengo la convicción de que el nieto de Cronos y Rea nos llevará hasta Río Grande, donde el 15 de noviembre comenzó esta misión académica que devino en aventura tan inesperada como inevitable. T
al vez de eso también se trate vivir. Hasta unas pocas horas atrás los interrogantes iban por otros senderos. ¿Con quiénes y dónde brindaremos en las medianoches del 24 y el 31 de diciembre próximos? Sé que muchos y muchas de aquellas y aquellos que nos vieron partir porque finalizaron sus invernadas todavía piensan en ello.
Gera Gómez –el YD (yanki delta, en código de la Organización de Aviación Civil Internacional-OASI)–, jefe del aeródromo Marambio, deberá esperar para desayunar con su hija en Córdoba, Argentina. La niña y su papá entristecerán. Otros muchos y muchas también tendrán que esperar.
Las proyecciones climáticas pronostican que “no serán posibles las operaciones aéreas” por varios días. ¡Qué bajón! Daniel me despierta. Poco más de tres horas estuve en situación de ausencia. Llueve cadenciosamente en Río Grande. Una brisa helada obliga a recordar la Antártida. Aun así, nos reciben calidez.
“Bienvenidos, antárticos”, nos dice el comodoro Rober Romero. Nos abraza y ofrece acompañarlo con café caliente recién hecho. Se agradece y disfruta. Todavía deberemos volar unos 3 mil kilómetros para llegar a El Palomar (un aeropuerto militar en los alrededores de Buenos Aires) a bordo de otro Hércules.
LOS REGRESOS
Los regresos –vaya a saber por qué– siempre me parecen mucho más largos que los viajes de ida. Volver, siempre es incierto. Vivir es un viaje de ida permanente. El profe don Édgar Morin –palabra más, palabra menos– suele reivindicar la incertidumbre como una suerte de motor vital. Lo pienso y re-pienso.
Llega Maximiliano Magiaterra, el comandante conjunto antártico a bordo de otro Hércules. Nos abraza después de recibir los honores protocolares que corresponden a su cargo y jerarquía militar. “¡Bienvenidos, antárticos!”, repite como momentos antes lo hiciera su camarada dirigiéndose a nosotros.
Nos despedimos con el compromiso de reunirnos para cenar “el año que viene”. De nuevo estamos en la panza del Hércules. Nos sorprende que avanza la nocturnidad. En treinta y cinco días cerca del Polo Sur nos desacostumbramos a la noche que sigue a cada día. Ganamos altura. Entrecierro los ojos. Vuelvo a la Antigua Grecia.
El hijo de Hipnos y Pasitea –corporizado– avanza sobre mí irremediablemente. Morfeo se me acerca. Me atrapa. No resisto. Sé que cuenta con el respaldo de los Oneiros que obedecían fielmente a su madre.
Tal vez hayan pasado casi cinco horas de vuelo suave. En el momento que bajé del TC 66, es noche cerrada. Puse mis ojos en el cielo. Después de 36 días volví a la nocturnidad. Caminamos juntos hasta un recinto desprovisto de toda comodidad. Solo lo justo. Austero. Militares –hombres y mujeres– compañeros de viaje y de muchos de nuestros 35 días en la Antártida esperan órdenes. Un niño de unos 11 años se me acerca.
“Lo voy a extrañar, señor”, me dice mientras me abraza con fuerza. Me hace lagrimear. No puedo pensar con claridad. Mucho para recordar. Mucho para procesar… Para revisar. En el Cabify viajo en silencio. Mañana temprano avisaré a La Nación que estoy de regreso.
Es tarde. Cerca del mediodía más próximo volaré a nuestra casa... Hoy hace ocho días que regresé. La inmanencia antártica me invade. Las noches me quedan largas. Muy largas. No consigo dormir con continuidad. Con cada insomnio los recuerdos recientes me atropellan. Las consultas médicas, varias, solo tienen una respuesta coincidente. “Síndrome posantártico”, diagnostican. Es demoledor. Cansa. Confunde. Agobia.
Tengo la convicción y la necesidad de llamar a mi querido amigo-hermano, colega periodista y maestro Augusto dos Santos. Debo advertirle que muchas de las respuestas que le di cuando me entrevistó a distancia para “Expresso” no fueron las más adecuadas. Carecieron de precisión. Vestir de antártico como lo estaba entonces no fue suficiente para contestar con suficiencia.
No pocas veces la ignorancia nos induce a creer que sabemos de aquello que desconocemos. También quiero que sepa que hasta el pasado 15 de noviembre –cuando llegué a la Antártida– aquel continente para mí era un sueño más entre muchos que, como tantos otros, ya lo tenía en el largo listado de los incumplidos.
Por esa razón, querido Augusto, siento que antes de responderte debiera haberte advertido que como dicen que alguna vez dijo Woody Allen, “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.
Es posible también que Woody nunca lo haya dicho. Pese a todo, para este caso siento que con esa frase podría haber respondido a todas tus preguntas cuando quisiste saber qué hacía allí. Espero sepas comprender que, como vos y tu curiosidad natural devenida en oficio, tampoco lo tenía claro.
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Flamengo todavía no arregló con DT
Lo que parecía ‘un mero trámite’ se ha convertido en una pesadilla. Según información del sitio UOL, la renovación de Filipe Luis con Flamengo habría entrado en un serio impasse.
La dirección deportiva, encabezada por José Boto, se planta ante las exigencias y demandas del técnico. Tras una temporada de ensueño, con el doblete de la Libertadores y Brasileirão bajo el brazo, el Maracaná estaría a punto de vivir un cisma sin parangón.
Según la propia información del medio, el club habría remitido hasta cinco ofertas de renovación al entorno del técnico hasta la fecha desde principios de año, la última justamente antes de enfrentar al PSG, pero las negociaciones siguen en punto cero.
El técnico exige ganar más (es el que menos cobra en todo el Brasileirão), ciertos puntos en la cláusula de rescisión, primas y reconocimientos por objetivos, entre otras cosas.
Para ello contrató al superagente Jorge Mendes para manejar su caso. “Mi realidad es que estoy aquí, después veremos qué pasa”, había declarado el técnico tras la final de la Copa Intercontinental perdida ante el PSG en Doha, Catar.