Si la noche de Copa Libertadores fue una de terror para Olim­pia, la de ayer fue la peor de la temporada por lejos. Libertad lo superó como hace mucho no lo hacía, ocho partidos para ser más específicos, dando un golpe de autoridad en el Clausura, aprovechó para subirse a la punta en soli­tario con efectividad total de puntos y cortarle el invicto de 25 partidos a nivel local al equipo de Garnero.

Jugadores claves estuvieron ausentes en Olimpia y quedó evidenciada la ultradepen­dencia que tiene este equipo de Roque Santa Cruz y Sergio Otálvaro para poder lastimar al rival.

Habría que recurrir a muchí­simos partidos atrás para encontrar uno en el que el Franjeado no haya generado situaciones claras de peligro para el rival. Sin vértigo ni velocidad en la recta final del campo, el Franjeado estuvo ausente en ataque y Martín Silva tuvo una noche inespe­radamente tranquila.

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Ordenado y con criterio, el equipo de Chamot se adueñó del partido. Mejía bloqueó el mediocampo y Libertad se movió al ritmo vertiginoso de Blas Cáceres e Iván Franco.

El DT gumarelo eligió una manera distinta para cada tiempo. En el primero, fue el que manejó los hilos del partido y el que propuso juego. Mientras que en el segundo, ya teniendo la ventaja a su favor, cedió la posesión al rival y apostó a las salidas rápidas. Así consiguió el segundo y defi­nitivo gol de la noche, tras un gran desborde de Blas Cáce­res en el costado izquierdo. ­

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