Cuando un equipo per­dona mucho al rival, generalmente eso te pasa la factura. Ocurrió con San Lorenzo, fue superior a Capiatá en gran parte del com­promiso, anotó por interme­dio de Cristian Paredes, luego desaprovechó bastante, hasta que apareció el emblema de los escoberos, Jorge Paredes, en lo que sabe, de cabeza, para establecer la paridad.

Otra gran presentación de Luis Cáceres, quien manejó los hilos de los rayaditos, pero no tuvo la eficaz colaboración de los atacantes Alex Cáceres y Sebastián Fernández por­que, de lo contrario, otra iba a ser la historia. Cristian Pare­des aprovechó un rebote del disparo de “Lucho” Cáceres para darle la alegría a los “San­tos”, pero luego, producto de los nervios al no poder con­seguir el segundo tanto, pro­testó airadamente al discreto juez Rodrigo Serafini, incluso le dio un pequeño empujón, y vio la roja.

El árbitro Rodrigo Serafini tuvo la ocasión de dirigir y se aplazó. Anuló un gol legítimo a Capiatá, inventó un falta de Néstor Gonzá­lez. Se le protestó bastante, demostrando muy poca auto­ridad. Si ponemos al tapete los diferentes árbitros de la cate­goría profesional, nadie se salva de la mediocridad.

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