- POR PEDRO GÓMEZ ZORRILLA
- Periodista
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Cuando un equipo perdona mucho al rival, generalmente eso te pasa la factura. Ocurrió con San Lorenzo, fue superior a Capiatá en gran parte del compromiso, anotó por intermedio de Cristian Paredes, luego desaprovechó bastante, hasta que apareció el emblema de los escoberos, Jorge Paredes, en lo que sabe, de cabeza, para establecer la paridad.
Otra gran presentación de Luis Cáceres, quien manejó los hilos de los rayaditos, pero no tuvo la eficaz colaboración de los atacantes Alex Cáceres y Sebastián Fernández porque, de lo contrario, otra iba a ser la historia. Cristian Paredes aprovechó un rebote del disparo de “Lucho” Cáceres para darle la alegría a los “Santos”, pero luego, producto de los nervios al no poder conseguir el segundo tanto, protestó airadamente al discreto juez Rodrigo Serafini, incluso le dio un pequeño empujón, y vio la roja.
El árbitro Rodrigo Serafini tuvo la ocasión de dirigir y se aplazó. Anuló un gol legítimo a Capiatá, inventó un falta de Néstor González. Se le protestó bastante, demostrando muy poca autoridad. Si ponemos al tapete los diferentes árbitros de la categoría profesional, nadie se salva de la mediocridad.

