- Por Martín Villagra
Literalmente, Luqueño casi “cocinó” el campeonato Clausura. Dio un batacazo por partida doble. Un resultado que resuelve la parte de arriba y abajo, lo que más le importa. El Auriazul respira aliviado con relación al descenso de categoría, casi se salva. De paso, da una gran mano a Olimpia, pues con su triunfo deja al Decano con la inmejorable chance de rematar el campeonato. El Decano está a nueve puntos de distancia de Cerro con ocho puntos por jugar, en cuanto a la hoy desigual pelea por el título de campeón.
Luqueño se cuidó siempre atrás. No hizo locuras, ni se desordenó. Con serenidad salió de contragolpe en busca del gol. Los auriazules cortaron los escasos intentos de un Cerro Porteño exageradamente pasivo, falto de generación de fútbol, nulos desbordes e improductivos toques lateralizados.
El primer tiempo fue malo, muy aburrido. Demasiado pobre para las necesidades de cada equipo. Parecía un partido de mero cumplimiento, a ritmo cansino y de práctica. Con solo un remate desviado por el golero luqueño Bernardo Medina, quien así trabajó más que su colega Antony Silva de Cerro Porteño.
Poca lectura del DT de Cerro Porteño, Fernando Jubero, quien mantuvo mucho tiempo al juvenil Ovelar, a quien no se lo vio. Hombres de las mismas características como Candia, Aguilar, Palau no generaron y hasta se estorbaron en el medio. El ingreso de Rodrigo Rojas no fue solución. La incursión de Nelson Haedo en ofensiva no pesó. Jorge Rojas estuvo en lo suyo: nada positivo.
Luqueño reforzó su retaguardia con Marcos Miers, quien se lanzó y bajó de cabeza para que sobre los 74 defina muy solo Miguel Godoy. El gol destruyó a Cerro. Se agrandó Luqueño, que hizo fiesta y “cocinó” al local en su propia Olla. Pelotazos iban, pelotazos venían sin cesar. Un remate de Novick provocó otro lucimiento del golero Bernardo Medina, antes que el pitazo final con las dos caras de la misma moneda.