Buenos Aires, Argentina. AFP

El inédito superclásico argentino entre Boca Juniors y River Plate por la primera final de la Copa Libertadores, se juega este domingo tras suspenderse ayer por las fuertes lluvias en Buenos Aires, extendiendo el suspenso y la ansiedad de millones de argentinos pendientes del histórico duelo.

Todo estaba listo para “el partido de los sueños”, como lo definió el ex seleccionador argentino y entrenador de Leeds United de Inglaterra, Marcelo Bielsa, pero la lluvia que se abatió desde el amanecer del sábado sobre Buenos Aires obligó a la suspensión del encuentro en el estadio de Boca, la mítica Bombonera.

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“Por motivos de fuerza mayor el partido queda suspendido para este domingo 11 a las 16:00”, señaló la máxima autoridad de fútbol sudamericano en su cuenta en Twitter, pese a que el pronóstico meteorológico anuncia lluvias hasta el próximo martes.

El anuncio al público fue hecho 95 minutos antes de la hora prevista para el encuentro (17:00) por los altoparlantes del estadio, que ya tenía casi sus 53.000 plazas ocupadas y donde la hinchada no cesaba de cantar bajo la tormenta. En un rato, las tribunas quedaron vacías.

Pese a las dudas, las puertas de la Bombonera se abrieron pasadas las 13:00 locales. Horas más tarde, y sin parar de alentar, los hinchas xeneizes se retiraron empapados y resignados, sin saber aún que deberían regresar al día siguiente.

Las idas y venidas incluyeron hasta el mismo plantel de Boca, ya que a la hora programada los jugadores de Guillermo Barros Schelotto subieron al bus que los iba a trasladar a la Bombonera y diez minutos después descendieron sin moverse del lugar.

Del mismo modo, en el estadio Monumental, en el norte de la ciudad, miles de hinchas ‘millonarios’ cantaron y alentaron a su equipo, ante la imposibilidad de asistir a la Bombonera por cuestiones de seguridad, una veda vigente para el fútbol argentino desde el 2013.

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