POR CHRISTIAN PÉREZ
Sol ganó con todos los merecimientos y Cerro Porteño perdió como tenía que ser. El Danzarín le dio una dura estocada a otro candidato y nuevamente en Ciudad del Este, que se convierte en el escenario de la caída de los aspirantes al título.
Con la misma inteligencia, prácticamente con el planteamiento calcado y ante un rival apático. El equipo de Éver Almeida fue sereno, nunca se desesperó, ni cuando le anularon el gol lícito, tampoco cuando estuvieron con marcador abajo.
Una línea defensiva durísima, casi sin fisuras, un mediocampo movido al ritmo de Vera y Salcedo y dos volantes por fuera, que taparon las subidas de los laterales de Cerro, fueron demasiado para el equipo de Fernando Jubero, que no le encuentra lugar ni solución a algunos futbolistas de muy bajo rendimiento.
Adrián Martínez se las ingenió para tirarse sobre Saiz, al que le costó mucho la falta de ritmo.
Cerro fue un equipo demasiado cuadrado, predecible y sin la rebeldía de un equipo que aspira a ser campeón. El Azulgrana carece de un líder rebelde que lo rescate de momentos críticos. Rodrigo Rojas no es el indicado para la creación y Novick se nubla en situaciones adversas, a pesar del gol inicial que anotó.
Cerro se fue con ventaja con una gran definición del volante uruguayo Novick, pero siempre dejó dudas por su inseguridad defensiva. Sol de América no atacó bien los espacios y al principio le faltó más calma para decidir mejor.
En la complementaria, el Danzarín empató demasiado rápido. Apenas a los 5 minutos, Adrián Martínez cerró un centro rasante de César Villagra ante la tremenda pasividad de Juan Camilo Saiz.
A partir de ahí, Sol comenzó a jugar con la desesperación de Cerro a favor. Aldo Vera se adelantó unos metros y ganó las espaldas de Juan Aguilar, el más retrasado del Ciclón. Desde ahí tuvo una visión clara para habilitar en profundidad.
Novick, perdido; Rojas, solo; Ruiz decidiendo siempre mal y Churín, frustrado, fueron el reflejo de todo lo malo del equipo de Jubero.
El equipo unicolor sentenció el encuentro a los 78 minutos. En una transición rápida, Sol encontró mal parado a Cerro. Aldo Vera cedió para el chico Guido Chávez, recién ingresado y este con un zurdazo terminó con la ilusión azulgrana en el Este.
Sin rebeldía moral ni futbolística, Cerro terminó dando pena en el estadio Antonio Aranda. Frustrado, sin rumbo y con un año que está oliendo a fracaso.
Quedó muy distanciado del líder y hoy firmó lo peor: no depender de sí mismo.

