POR ÓSCAR GÓMEZ, periodista, oscar.gomez@gruponacion.com.py

La Copa Libertadores del 2013 habrá sido la última vez en la que el particular estilo de juego que pregonan los equipos de Éver Almeida, a Olimpia no le dio dolores de cabeza, especialmente a la hinchada.

Posterior a aquella Copa, donde fue subcampeón, la idea de Almeida le trajo más situaciones amargas que dulces, ya sea dirigiendo a Olimpia o enfrentándolo.

Una novena posición en el Clausura 2013, una victoria en Para Uno dirigiendo a Trinidense, una irregularidad en cuanto a resultados en su último ciclo en el 2017 y ayer, volvió a enfrentarlo y encontrarle la vuelta para frenar a un equipo que buscaba su séptima victoria consecutiva.

Una línea de cinco en el fondo, cuatro volantes y un solo delantero. Eso fue todo lo que necesitó el Sol de América de Almeida para poder derrotar a un Olimpia que no tuvo su mejor tarde y el trámite del partido desnudó el nerviosismo del equipo en búsqueda del empate.

Dos contragolpes letales, uno a los 2’ del primer tiempo y el otro en el mismo minuto pero de la complementaria, fueron suficientes para un Sol de América que luego de esto no se sonrojó en colocar la muralla frente al arco de Gerardo Ortiz y sacar todo lo que caía en el área.

Olimpia volvió a mostrar desesperación y complicaciones para penetrar a un equipo bien cerrado. Además, las falencias defensivas, que siempre existieron, quedaron aún más expuestas. Se cortó la racha y el responsable es uno solo: Éver Hugo Almeida.