• POR MARTÍN VILLAGRA
  • Periodista
  • martin.villagra@gruponacion.com.py

Laura Romero es hija de Cipriano Romero, nada más y nada menos que sobrina de Julio César Romero "Romerito". Lleva al fútbol en la sangre, juega prácticamente desde que empezó a caminar. A los 8 años, su papá la llevó a la escuela de fútbol del Bal­derrama de Luque. Su tío, Jorge Daniel Jara, también ex jugador de Luqueño, la llevó al Olimpia, donde debutó en primera.

"Soy veloz y aguerrida. Tengo buen pie derecho, mucha movilidad con y sin balón", así se describe.

Hoy es figura de River Plate de la Argentina y fue cam­peona del torneo de la AFA (2016/2017). Siempre se cruza con los jugadores del plantel superior del "Millo­nario". Comparten el esta­dio Monumental, pero no le interesa hablarles. Ase­gura que fue para competir y trabajar.

De cariño, le dicen "la para­gua". Se destaca como golea­dora desde su llegada. Recien­temente estuvo jugando la Copa Libertadores en Para­guay. Volvió de Buenos Aires para unas breves vacaciones, hizo un paréntesis y charló con La Nación.

–¿Cómo fue tu inicio?

–Siempre jugábamos con mi hermano en el patio de la casa. Mi papá me compró un botin­cito y para mi pelota. Nos lle­vaba a la cancha de Luqueño, o al Balderrama, donde nos enseñaba. También siempre jugaba con mis primos.

–¿Cómo se dio tu transfe­rencia a River?

–El técnico Diego Guacci que dirigía en el 2015, me pidió algunos videos. Al reci­birlo, me envió un mensaje diciéndome que me esperaba para firmar contrato y ser parte del plantel. Soy juga­dora definitiva de River. No tengo empresario, siempre me manejé sola.

–¿Tu familia te apoya, que tal pagan?

–Mi familia me apoya y ayuda siempre 100%. No me falta nada, gracias a Dios. Hay un sueldo con el cual se puede subsistir. No cobramos como los hombres todavía, injusta­mente por el machismo que se apodera y la desigualdad, que estoy segura que algún día va a cambiar. Depende tam­bién de nosotras y de todas las jugadoras, que se respete el fútbol femenino para que pueda ser totalmente profe­sional. En algunos países ya lo es, pero en muy pocos.

–¿Se puede comparar al fútbol argentino con el paraguayo?

–El fútbol argentino es mucho más de contacto, como sucede en masculino. Lo confirmé más en la Copa Libertadores, donde nos dirigió una árbi­tra paraguaya. Nos cobraba todo. En Argentina, es más intenso, aguerrido y las arbi­tras te dejan jugar. El entre­namiento físico es más exi­gente, profesional, como ocurre con los dirigentes y las mismas jugadoras.

–¿Cuál es tu rutina?

–En River nos manejamos como tiene que ser un plan­tel de primera. Entrenamos todos los días, de lunes a vier­nes, a veces a doble turno y jugamos los domingos.

–Hablános de tus logros en la Argentina.

–El campeonato que me marcó fue el torneo de Argen­tina (2016/2017), que costó un montón. Nos esforzamos muchísimo, es hermoso salir campeona con este club tan grande, más aún porque nos abrió las puertas para dispu­tar la Copa Libertadores.

–¿Lo mejor que te pasó hasta ahora?

–Fue subirme al podio y tener la medalla de bronce en la Copa Libertadores.

–¿Y con la selección para­guaya?

–Ahora se viene la revancha, en abril se juega la Copa Ame­rica en Chile. Si Dios quiere, me encantaría luchar y salir en los primeros lugares para conseguir la clasificación al Mundial.

–¿Quién fue tu mejor entre­nador?

–Mi papá. Cuando era chica, me enseñó un montón de téc­nicas y tácticas. A mi y a un hermano nos enseñaba, tam­bién jugaba siempre con mis primos.

–¿Alguna vez te ofendieron por ser futbolista?

–Me habrán dicho machona en la escuela cuando era chica, pero ahora ya no.

–¿Por qué no hay tanto apoyo a las mujeres?

–Por el machismo que existe. El fútbol femenino está cre­ciendo, pero muy lentamente. Necesitamos más el apoyo de la prensa, los clubes, la Aso­ciación Paraguaya de Fút­bol, Conmebol y de empre­sas patrocinadoras.

–¿Tuviste alguna lesión importante?

–Ninguna, gracias a Dios. Este año me rompí la muñeca y perdí como tres partidos. Sufrí pequeños golpes o con­tracturas normales como todo deportista.

–¿Qué viene para vos des­pués del fútbol?

–Voy a seguir hasta que Dios quiera. Estudié periodismo en Paraguay y en Argentina estaba estudiando el profeso­rado de educación física. Más que todo eso, me gustaría ser director técnico.

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