Por Christian Pérez
Por esta vez, la victoria le fue muy fácil a Cerro Porteño, que no sufrió en ningún momento ante un Independiente que fue construido con retazos y que nunca tuvo en la mente ganar.
El equipo de Álvarez fue muy superior, creó innumerables oportunidades, pero tuvo el gran defecto de la ineficacia en ataque, algo que no pagó caro solamente por poca jerarquía del rival.
El Ciclón comienza a solidificar un equipo base, que comienza a entenderse, pero que le falta demasiado para garantizar y tendrá que hacerlo ante rivales de peso.
El 4-4-2 le viene bien a los atacantes, porque además de los volantes, los laterales apoyan constantemente.
Cerro se apoyó en el Rodrigo Rojas que hace rato extrañaba. El capitán empujó, trasladó y fue el todoterreno de siempre. Josué fue intermitente como casi siempre y el otro creador, Insaurralde, se peleó toda la noche consigo mismo y con su simpleza, que roza lo displicente y que enerva a la gente.
Los atacantes pelearon mucho, pero como siempre, el más claro fue Churín, quien aprovechó un penal para ser el hombre del triunfo una vez más.
Independiente fue diseñado claramente para no perder. "Chitó" intentó remendar un equipo con hombres que casi nunca juegan. Casi una decena de hombres de confianza estuvieron ausente por diferentes motivos.
Su esquema fue muy flexible para defender, pero en su mayor parte lo hizo con una línea de cinco.
Atacar fue una palabra del que se olvidó Inde. Ferreira solo arriba, sin aliados y sin pelota, fue el resumen de la ambición visitante.
Cerro pudo golear, pero fue demasiado ineficiente para sentenciar, aunque el 1-0 que nunca corrió peligro real. Ruiz se cansó de desperdiciar al igual que Haedo.
Álvarez cambió al 4-1-4-1 en la última media hora para no sufrir temblores.
Ganó sin problemas por la mínima, pero cualquier equipo más ambicioso no le hará tantos favores ni le perdonará al equipo de Leonel.

