• Por Ireneo Acosta Romero
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La espera silenciosa y ansiosa por varios tiempos de recibir una llamada fue eterna para Lorenzo Melgarejo, quien a pesar de los títulos y gran nivel futbolístico, ningún técnico de la selección lo convocó ni siquiera para jugar amistosos. "Por poco no lloraba, siempre estaba triste", pinta su ánimo el futbolista. Ahora la sensación ya es diferente disfrutando de sus logros en Europa. Admitió que la presión del Olimpia lo superó y no pudo alcanzar allí su nivel por falta de madurez.

Abordó estos y otros temas imperdibles en entrevista exclusiva con La Nación y el el programa "A la Pelota", que se emite por La Deportiva 1120 AM.

–¿Cómo te sentís al ser ignorado por cada técnico de la selección nacional?

–Bastante difícil, yo hago bien mi trabajo en Europa, con casi siete años, creo que no se fijan en lo que estoy haciendo. O sea, pienso que mi trabajo no les gusta. No sé qué es lo que piensan y me duele no ser tenido en cuenta, como paraguayo. Que a todo el mundo le llaman, pero menos a mí. Eso duele y ojalá que algún día pueda estar en la selección.

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–¿Alguna vez te llamó alguien para saber algo de vos?

–No, eso es lo peor de todo. No se acuerdan de mí y me pone nervioso. A veces le digo a mi señora que no me tienen en cuenta, no me llaman, a veces pasa por mi cabeza renunciar a la selección, de no estar más ahí, de olvidarme de eso, y enfocarme solamente a mi club, donde me dan todas las atenciones, pero sigo esperando. No pierdo la esperanza

–¿Cuál es tu pecado?

–Yo siempre pienso que no les gusta mi juego, solo eso pienso. Con tantas veces que no fui convocado, estaba esperando el llamado, ya no pienso en eso, para no quedarme mal, solamente me mentalicé en seguir jugando con mi equipo. Si me llaman voy a estar dispuesto. No lloré, pero quede triste siempre. Uno siempre sueña jugar por su selección, pero en mi caso, no me llaman nunca y uno se siente mal. Ojalá pueda volver a la selección, para defenderla con garra, con fuerza.

–¿Te sondearon para jugar por Rusia?

–Yo había averiguado si se podría jugar en otras selecciones, pero ya no podía porque jugué el Mundial Sub 20 organizado por la FIFA en el 2009 en Egipto. De esa camada de compañeros, casi nada de contacto tengo, solamente con el Copenhague una vez jugamos amistoso y me encontré con Federico Santander.

Si tuvieras que elegir salir campeón con el Spartak o jugar un Mundial con la selección de Paraguay, ¿cuál elegirías?

Jugar con la selección un Mundial, obviamente.

–¿Cuáles son tus dos deseos?

–Un sueño es ser campeón de Champions y otro ayudar a la gente necesitada.

–¿Cómo es tu día a día en Rusia, desde que llegaste?

–Desde que llegue a Rusia, en Moscú, siempre me han dado mi lugar, el respeto que uno se merece. Siempre me recibieron con muy buena vibra. Me costó casi un año adaptarme el fútbol, al clima que es bastante frío por acá, pero por suerte pude superar con esfuerzo. Uno debe aguantar todo cuando sale de su país para trabajar, por su familia, por si mismo, por una vida mejor. Vine a Rusia mentalizado en triunfar y pensar en el futuro. Todo el tiempo libre disfruto con mi esposa y mi pequeña hija, porque uno recarga energía ahí para ir al entrenamiento o al partido.

–¿Qué extrañas de Paraguay?

–Extraño la vida que siempre tenemos ahí, tomar tereré con los perros, con los vecinos, con los amigos, con la familia misma, disfrutar con ellos, hacer el asado, extraño mucho pero ya llegará el momento de volver a mi país, de jugar de vuelta ahí, disfrutar con amigos y familiares.

–¿Cuáles son los objetivos que te has trazado como profesional?

–Uno de mis objetivos es llegar lo más alto que pueda, de seguir triunfando futbolísticamente y además, personalmente. Sigo con el Spartak, me gusta estar aquí, me gusta el club, la ciudad, la gente, tienen objetivos que queremos conseguir, como el bicampeonato, jugar la Champions y estamos con expectativas para encarar todo lo que se viene.

–¿Volver a la Champions, te genera algo especial?

–En verdad, aquella primera vez con el Benfica fue inolvidable. Fue algo impresionante, indescriptible, porque cuando entré a la cancha la piel se me erizó todo, fue contra el Celtic en Escocia, es algo que nunca desaparecerá de mi cabeza. Siempre llevo en el recuerdo eso. Era una multitud de gente, fue mi primer partido de Champions, por esa razón, estoy feliz de vuelta porque voy a jugar ese torneo de nuevo y esta vez con el campeón de Rusia.

–Si volvieras a Paraguay para jugar, ¿qué equipo elegirías?

–Eso me pregunté mil veces ya. Como profesional creo que no importaría jugar en Olimpia, Cerro Porteño o Libertad o el mismo Independiente, pero ahí quiero cerrar mi carrera.

–¿Qué hiciste con el primer dinero grande que ganaste?

–Está todo guardado (risas), invirtiendo en cosas y haciendo buenas obras. Soy de ayudar a mi familia, a la gente que necesite, a la gente de mi ciudad le brindo cosas, pequeñas, pero que ayudan a la gente.

–¿Recordás tu infancia?

–Solamente entrenaba y estudiaba. Mi padre se sacrificaba todos los días para darme la mejor educación, para comprarme un botín, para que no necesite nada, para darme para el pasaje, por eso llegué al objetivo de ser futbolista. Era un tiempo que todo era hendy. Mi papá se esforzaba para darme todo (emocionado y un largo suspiro).

Siempre viaje de Loma Grande a Itauguá o de Loma a Inde, porque entrenábamos de mañana y yo debía salir a las 3:00 para llegar a hora. Salía del colegio a la mañana otras veces y me iba a casa a comer algo y de ahí a la práctica. Casi no disfrute de mi infancia, solamente me dediqué al fútbol, al objetivo de llegar a ser jugador profesional. Quizás por eso, Dios me premió y ahora soy lo que soy.

Con el Spartak de Moscú, Melgarejo hace goles y los festeja.

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