Los perros podrían tener una forma mucho más sutil de responder a las personas de lo que se creía. Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Parma, en Italia, encontró que los animales parpadean con mayor frecuencia cuando observan a un ser humano que también pestañea, un comportamiento que se intensifica cuando quien aparece frente a ellos es su propio dueño, según revela este miércoles la agencia RT.

La investigación buscó analizar pequeños gestos que podrían formar parte de la comunicación social entre perros y humanos. Para ello, los científicos trabajaron inicialmente con 38 perros, aunque finalmente 35 fueron incluidos en el análisis debido a que cumplían con los criterios establecidos.

Las pruebas

Los animales fueron expuestos a grabaciones breves de tres personas diferentes: su propietario y dos desconocidos, un hombre y una mujer. Las imágenes mostraban dos escenarios. En uno, las personas parpadeaban repetidamente, aproximadamente cada tres segundos. En el otro, mantenían los ojos abiertos, la mirada fija y una expresión neutral.

El comportamiento observado llamó la atención de los investigadores. En términos generales, los perros parpadearon más al contemplar rostros que también pestañeaban que cuando veían una mirada inmóvil. Sin embargo, la reacción fue todavía más evidente cuando en la pantalla aparecía su cuidador.

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El hallazgo abre una nueva puerta para comprender cómo los perros perciben las señales humanas, aunque los científicos advierten que todavía no puede hablarse de una verdadera sincronización del parpadeo. Foto: Archivo

Dueñas provocan mayor reacción

Otro resultado del estudio mostró una diferencia llamativa vinculada al sexo de los propietarios. Los perros incrementaron especialmente su parpadeo al observar a sus dueñas, en comparación con las demás situaciones analizadas.

Los científicos, sin embargo, evitaron sacar conclusiones definitivas. Según explicaron, el experimento no permite determinar si esa diferencia está directamente relacionada con el sexo de la persona o si responde a otros elementos, como el tiempo de convivencia, las experiencias compartidas o la intensidad del vínculo entre el animal y su cuidador.

Y hay un detalle clave: los perros no necesariamente estaban imitando el parpadeo humano.

Cuando los investigadores analizaron si los animales pestañeaban durante los 1,5 segundos posteriores al parpadeo de una persona, no encontraron una frecuencia superior a la que podría producirse de manera aleatoria. Por eso, el fenómeno observado no puede ser considerado, por ahora, una sincronización directa.

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Además, existe otra limitación importante. Los perros observaron videos y no interactuaron cara a cara con seres humanos. Esto significa que todavía queda por descubrir qué ocurre durante una interacción real y si el parpadeo cumple efectivamente una función comunicativa.

Según la publicación, el hallazgo, de todos modos, suma una nueva pieza al complejo vínculo entre perros y humanos y plantea una pregunta fascinante: ¿Cuántas señales intercambian nuestros animales de compañía sin que nos demos cuenta?

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