Pasar gran parte de la semana sentado y realizar de manera repentina actividades de alta intensidad durante el fin de semana es un patrón de ejercicio conocido como el “guerrero de fin de semana”, señala un reporte del Instituto de Previsión Social (IPS). Esta práctica puede generar una sobrecarga importante en músculos y tendones, especialmente cuando no existe una preparación física previa.
La doctora Mercedes Medina Villate, traumatóloga cirujana de pie y tobillo del Hospital de Especialidades Quirúrgicas IPS Ingavi, explica que el tendón de Aquiles necesita estímulos regulares para conservar su elasticidad y capacidad de soportar cargas. Cuando una persona permanece inactiva durante varios días y luego realiza carreras, saltos, giros o cambios bruscos de dirección, el tendón puede quedar expuesto a una exigencia para la que no está preparado.
El tendón de Aquiles es el más grande y resistente del cuerpo humano. Une los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón y cumple una función fundamental para caminar, correr y saltar. Sus lesiones pueden producirse por sobrecarga, incrementos repentinos de la intensidad del ejercicio, traumatismos directos o por un proceso degenerativo progresivo.
Según la especialista, el problema no está necesariamente en realizar actividad física durante el fin de semana, sino en concentrar esfuerzos explosivos sin una adaptación previa. En personas sedentarias, la falta de entrenamiento puede disminuir la capacidad del músculo y del tendón para responder adecuadamente a cargas elevadas. Por ello, un esfuerzo intenso y repentino puede incrementar el riesgo de una lesión, incluida la rotura del tendón de Aquiles.
Las lesiones también pueden estar relacionadas con otros factores. Una musculatura de la pantorrilla débil o poco flexible, la falta de entrada en calor y un aumento brusco de la intensidad o del volumen de entrenamiento pueden favorecer la aparición de molestias o lesiones. El uso de calzado inadecuado o desgastado, con poco soporte para el talón y el arco, así como los cambios repentinos de calzado o de superficie de entrenamiento, también pueden aumentar la exigencia sobre el sistema musculotendinoso.
La identificación correcta del tipo de lesión es fundamental para determinar el tratamiento más adecuado. El diagnóstico comienza con una evaluación clínica y, cuando es necesario, se complementa con estudios de diagnóstico por imágenes para establecer el tipo y el grado de compromiso del tendón.
Para reducir riesgos, la recomendación es evitar pasar de una rutina sedentaria a ejercicios de alta intensidad de manera repentina. Incorporar actividad física de forma progresiva, realizar una adecuada entrada en calor, fortalecer la musculatura de las piernas y utilizar calzado apropiado son medidas que pueden contribuir a una práctica deportiva más segura.
Ante dolor persistente, inflamación, dificultad para caminar o una sensación repentina de golpe en la parte posterior del tobillo durante la actividad física, es importante consultar con un profesional de salud para una evaluación oportuna. Una atención adecuada permite identificar la lesión y definir el tratamiento según las necesidades de cada paciente.

