El herpes labial en niños es una afección frecuente y recurrente, especialmente durante los primeros años de vida. En esta etapa, marcada por nuevas experiencias, como el contacto con otros niños, aumenta el riesgo de exposición a infecciones comunes.

Según explica el Dr. Ronald López, pediatra del Hospital de Especialidades Quirúrgicas IPS Ingavi, el primer episodio suele aparecer alrededor de los 5 años de edad y es causado principalmente por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). La transmisión ocurre por contacto directo con lesiones activas o saliva, a través de besos o utensilios compartidos.

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¿Qué es el herpes labial?

El herpes labial, también conocido como ampolla febril o herpes oral, se manifiesta inicialmente con pequeñas ampollas alrededor de los labios y la boca. En algunos casos, también puede afectar el mentón, las mejillas y la nariz.

Con el paso de los días, estas ampollas pueden romperse, supurar y formar costras, resolviéndose generalmente en un período de una a dos semanas.

El cuadro clínico puede incluir fiebre alta, irritabilidad, dolor al tragar (odinofagia), rechazo alimentario, así como la aparición de vesículas y úlceras dolorosas en labios, lengua y mucosa oral, además de ganglios inflamados en el cuello (adenopatías cervicales).

El especialista advierte sobre complicaciones poco frecuentes pero importantes, como la deshidratación por dolor oral, la sobreinfección bacteriana, el herpes ocular (considerado grave) y, en casos excepcionales, la encefalitis herpética, que puede ser crítica.

Ante estos síntomas, se recomienda acudir al pediatra para una evaluación adecuada. El tratamiento incluye mantener una correcta hidratación, administrar analgésicos, evitar alimentos ácidos o salados y conservar una higiene oral suave.

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El herpes labial, también conocido como ampolla febril o herpes oral, se manifiesta inicialmente con pequeñas ampollas alrededor de los labios y la boca. En algunos casos, también puede afectar el mentón, las mejillas y la nariz.

Recomendaciones para prevenir el contagio

El Dr. López aconseja a los padres no besar al niño si presentan lesiones activas y evitar compartir vasos, cubiertos o toallas. También recomienda no manipular las costras, mantener los labios hidratados y optar por alimentos fríos y blandos, evitando cítricos, comidas saladas o picantes.

Se debe consultar de inmediato si el niño no ingiere líquidos, presenta signos de deshidratación, o manifiesta compromiso ocular (ojo rojo o dolor), somnolencia, convulsiones o fiebre persistente.

Finalmente, el especialista recalca que un diagnóstico y tratamiento oportunos requieren siempre la evaluación médica en consultorio, a fin de evitar complicaciones y garantizar una adecuada recuperación.

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