Con la llegada del verano y el inicio de la temporada de sandías en todo el país, profesionales del Departamento de Alimentación y Dietoterapia del Hospital de Clínicas emitieron una recomendación clave: disfrutar de la fruta estrella del calor, pero sin excesos, ya que su consumo desmedido puede provocar efectos no deseados en la salud.
Aunque la sandía es refrescante, hidratante y baja en calorías, los especialistas advierten que ingerir grandes cantidades en una sola vez puede generar picos de azúcar en sangre y causar malestar digestivo por la incapacidad del estómago de procesar altas porciones de forma inmediata.
Desde Clínicas recuerdan que el tamaño adecuado de consumo es de aproximadamente 150 gramos, equivalente a una taza. Superar esa cantidad, especialmente llegando a comer “media sandía de una vez”, puede provocar aumento repentino de la glucosa; sensación de pesadez; malestar gastrointestinal; dificultad en la digestión por exceso de volumen acuoso y fibra.
Si bien la sandía es una fruta altamente beneficiosa, rica en agua, vitaminas y antioxidantes, su consumo debe mantenerse dentro de porciones razonables para evitar estos efectos.
Cómo consumirla de forma segura
Los nutricionistas recomiendan acompañar la sandía con otros alimentos que ayuden a equilibrar la carga glucémica y mejorar la digestión. Además, sugieren evitar ingerirla en grandes volúmenes inmediatamente después de comidas principales.
En un país donde la fruta se convierte en protagonista durante los días de altas temperaturas, la recomendación apunta a que la ciudadanía disfrute de sus beneficios con responsabilidad y moderación.
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Registran exitosa producción de sandía en Itapúa
En el departamento de Itapúa, específicamente en el distrito de San Pedro del Paraná, productores de las comunidades de Timbo’i y Pindoyú apostaron por la producción de sandía durante la temporada de verano, y obtuvieron frutas de buena calidad y con perspectivas comerciales favorables.
Este trabajo contó con el acompañamiento técnico del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), que brindó asistencia permanente a las familias dedicadas al rubro.
La campaña se desarrolló en un contexto climático complejo. Los agricultores debieron enfrentar sequía, aparición de plagas y enfermedades propias del verano, situaciones que suelen afectar el rendimiento de los cultivos.
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Sin embargo, la aplicación de tecnología productiva permitió sostener la producción. Entre las prácticas utilizadas se destacan el sistema de riego, la fertilización planificada, el manejo sanitario y el uso de abejas polinizadoras para mejorar la formación de frutos.
Desde el punto de vista económico, la diversificación productiva fue clave. Tradicionalmente la sandía se concentra en determinados meses, generando sobreoferta y caída de precios. Con el seguimiento técnico y la planificación del MAG, los productores lograron extender el período de disponibilidad, lo que permitió colocar la fruta en el mercado con valores más favorables y mayor estabilidad de ingresos.
Además, la producción genera movimiento en la economía local: contratación de mano de obra, transporte, comercialización en ferias y provisión a comercios regionales. Para las familias rurales, la sandía se convirtió en una alternativa rentable dentro de la agricultura familiar, complementando otros cultivos y reduciendo la dependencia de un solo rubro.
El buen resultado obtenido refleja el esfuerzo de los agricultores y su compromiso con la calidad del producto. También evidencia la importancia de la asistencia técnica para mejorar la productividad y responder a la demanda del mercado.
Desde el MAG señalaron que la experiencia de Timbo’i y Pindoyú demuestra el potencial de la horticultura en la zona sur del país. La meta es consolidar a los productores como referentes regionales del rubro y seguir impulsando tecnologías que permitan producir de manera sostenida, con mejores precios y mayor competitividad dentro del mercado nacional.
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Estos son los 10 alimentos que conviene evitar, según nutricionista
En un contexto donde la alimentación influye directamente en la calidad de vida, especialistas insisten en la importancia de revisar los hábitos diarios.
La nutricionista Magali Alvarenga advierte que varios productos de consumo masivo pueden afectar la salud cuando se ingieren con frecuencia, principalmente por su alto contenido de azúcares, sodio, grasas saturadas y aditivos.
La profesional aclara que no se trata de eliminarlos por completo, sino de fomentar un consumo ocasional dentro de una dieta equilibrada.
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1. Bebidas alcohólicas
Su consumo excesivo se vincula con enfermedades hepáticas, cardiovasculares y trastornos metabólicos.
2. Panchos
Se consideran ultraprocesados y suelen contener altos niveles de sodio, conservantes y grasas.
3. Mortadela
Al igual que otros embutidos, puede aportar grandes cantidades de sal y grasas saturadas.
4. Nuggets
Frecuentemente elaborados con carnes procesadas y fritos, lo que incrementa su densidad calórica.
5. Fideos instantáneos
Destacan por su elevado contenido de sodio y saborizantes artificiales.
6. Papas fritas de paquete
Ricas en grasas y sal, su consumo habitual puede favorecer el aumento de peso.
7. Galletitas rellenas
Combinan harinas refinadas, azúcares y grasas, con bajo aporte nutricional.
8. Helados industrializados
Suelen contener azúcares añadidos, colorantes y grasas.
9. Cremas de cacao untables
Muy calóricas y con alto contenido de azúcar, por lo que se recomienda moderación.
10. Gaseosas
Aportan grandes cantidades de azúcar sin valor nutricional relevante y se asocian al riesgo de enfermedades metabólicas.
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Equilibrio antes que prohibición
Alvarenga enfatiza que el problema no es un alimento aislado, sino la frecuencia con la que se consume. “La clave está en el equilibrio y en priorizar productos frescos y mínimamente procesados”, señala.
Adoptar hábitos más saludables no implica renunciar por completo a ciertos gustos, sino aprender a integrarlos de manera responsable dentro de una alimentación variada.
En tiempos donde predominan las opciones rápidas, la información nutricional se vuelve una herramienta esencial para tomar decisiones que impacten positivamente en la salud a largo plazo.
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Cultivo de sandía se consolida como rubro de renta en la agricultura familiar en 11 distritos
El cultivo de sandía se posiciona como una alternativa rentable para la agricultura familiar, con presencia en 11 distritos y la participación de más de 603 productores, que cultivaron una superficie alrededor de 328 hectáreas, según explicó el ingeniero Diosnel Bareiro, de la Dirección de Extensión Agraria (DEAg) del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).
Principales zonas de producción
De acuerdo con la información, se comercializaron 374.055 unidades de sandía en la temporada 2025, generando ingresos por más de G. 4.389 millones, lo que confirma su importancia como rubro de renta dentro del sector productivo familiar.
En cuanto a los precios, Bareiro explicó en conversación con La Nación/Nación Media que los productores venden por unidad, con un precio promedio de G. 20.000 a 30.000 por sandía de unos 20 kilogramos, lo que equivale a alrededor de 1.000 guaraníes por kilo.
Itapúa, es el segundo departamento más grande en producción, y en cuanto a distrito, se ubica San Pedro del Paraná, con 255 hectáreas, seguido por Trinidad (30 ha), Leandro Oviedo (10 ha) y Coronel Bogado (8 ha), entre otros. El departamento que lidera en área cultivada es Caaguazú, con rendimientos entre 30.000 y 40.000 kg/ha.
En cuanto a infraestructura, Bareiro señaló que el 80 % de los productores realiza el cultivo sin sistema de riego, lo que evidencia la dependencia de las condiciones climáticas.
Variedades y manejo de cultivo
La sandía (Citrullus lanatus) es una planta originaria del África tropical, una de las más cultivadas, y es muy sensible a las heladas, se desarrolla mejor en climas cálidos, con temperaturas medias cercanas a los 20 °C, y requiere agua suficiente durante la formación y maduración del fruto para garantizar rentabilidad, señaló Bareiro.
También entre las variedades más utilizadas se destaca Crimson sweet, que produce frutos de entre 10 y 25 kilogramos, con pulpa roja intensa y buena tolerancia a enfermedades como antracnosis y fusariosis. La siembra se realiza entre julio y diciembre, y para adelantar la producción es necesario contar con estructuras de protección ante el frío.
El manejo del cultivo incluye la selección de frutos entre los 60 y 70 días posteriores al trasplante, priorizando calidad o cantidad según el objetivo comercial. La cosecha se determina por indicadores como el secado del zarcillo, el cambio de color de la base del fruto y un periodo de 40 a 45 días desde la fecundación de la flor.
Principales enfermedades
Bareiro advirtió sobre las principales plagas que afectan al cultivo, como la oruga del fruto, ácaro rayado y la mosca blanca, que pueden generar pérdidas significativas si no se aplican controles adecuados.
No obstante, el manejo de las enfermedades puede variar de acuerdo al tipo, con fungicidas o químicos registrados para el cultivo, ya que pueden ser debido a hongos, bacterias y virus, según explicó el técnico.
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Tras dejar fármacos adelgazantes se podría cuadriplicar el peso, según estudio
Cuando se dejan de tomar los nuevos fármacos para adelgazar, la recuperación de peso es cuatro veces más rápida de lo que sucedería si se suspende un programa de dieta y ejercicio, revela un estudio británico publicado el jueves. En estos últimos años, la nueva generación de tratamientos contra la diabetes y la obesidad, que aumentan la acción de una hormona para actuar sobre la secreción de insulina (GLP-1, péptido similar al glucagón tipo 1) y la sensación de saciedad, está haciendo furor, sobre todo en los países ricos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluso los agregó en septiembre a su lista de medicamentos esenciales, pero pidió versiones genéricas, más baratas, para los países más desfavorecidos. Se ha demostrado que estos tratamientos ayudan a perder entre un 15% y un 20% de peso.
“Todo esto parece una buena noticia”, afirma Susan Jebb, especialista en nutrición pública en la Universidad de Oxford y coautora de este estudio publicado en la revista médica BMJ. Pero datos recientes apuntan a que “aproximadamente la mitad de las personas dejan estos medicamentos en el plazo de un año”, agrega.
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Precios elevados
Esta interrupción podría explicarse por los frecuentes efectos secundarios, como las náuseas, o por sus elevados precios, que pueden superar los 1.000 dólares al mes en Estados Unidos, aunque estas tarifas están disminuyendo. Tras analizar 37 estudios sobre la interrupción de distintos tratamientos para adelgazar, los investigadores constataron que los participantes recuperaban aproximadamente 0,4 kg al mes.
Seis de los ensayos clínicos se centraron en la semaglutida, el principio activo del Ozempic, indicado para la diabetes tipo 2, y del fármaco contra la obesidad Wegovy del gigante danés Novo Nordisk, así como en la tirzepatida, utilizada en el Mounjaro de Eli Lilly.
Durante la administración de estas dos moléculas, los participantes en estos ensayos perdieron cerca de 15 kg de media. Tras la suspensión del tratamiento, recuperaron 10 kg en un año, el periodo de seguimiento más largo para estos medicamentos recientes.
Y, según una proyección de los investigadores, los pacientes volverán a su peso inicial en un promedio de 18 meses. Los indicadores cardiovasculares, como la presión arterial y el nivel de colesterol, recuperaron sus valores de origen en 1,4 años.
En cambio, las personas que siguieron programas que incluían una dieta y actividad física, sin tomar fármacos, adelgazaron mucho menos. Pero tardaron de media cuatro años en recuperar el peso perdido. Esto quiere decir que los usuarios de medicamentos adelgazantes recuperaron su peso cuatro veces más rápido.
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“Un punto de partida”
Por lo general, “una pérdida de peso importante tiende a conllevar una recuperación del peso más rápida”, explica Sam West, autor principal del estudio, de la Universidad de Oxford. Según otro análisis, el aumento de peso es “sistemáticamente más rápido tras la toma de medicamentos, independientemente del peso perdido al principio”, añade.
Una posible explicación es que las personas que se acostumbraron a comer de forma más saludable y a hacer más ejercicio continúan haciéndolo incluso cuando recuperan peso. Aunque los medicamentos de tipo GLP-1 “son una herramienta valiosa en el tratamiento de la obesidad, la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente”, señala Susan Jebb. Y cabe esperar que “estos tratamientos tienen que mantenerse de por vida, como los fármacos contra la hipertensión”.
De ser así, esto influiría en la manera en que los sistemas nacionales de salud establecen si estos fármacos son rentables, advierten los científicos. “Estos nuevos datos muestran claramente que son un punto de partida, no una cura”, reacciona Garron Dodd, investigador en neurociencia metabólica en la Universidad de Melbourne, que no participó en el estudio.
“Un tratamiento sostenible probablemente requerirá enfoques combinados, estrategias más a largo plazo y terapias que revisen la manera en que el cerebro interpreta el equilibrio energético, y no solo la cantidad de alimentos ingeridos”, asegura al Science Media Centre.
Fuente: AFP.