La sed es la señal más común cuando el cuerpo se queda sin agua. No obstante, no todos eligen tomar agua para saciar esta necesidad. Para todas las edades y géneros, este líquido es esencial para mantener el cuerpo sano y funcionando correctamente. Sepa qué ocurre en el organismo cuando no se toma la cantidad de agua necesaria.
Además de ser la única bebida capaz de calmar la sed e hidratar el cuerpo, sin sumar calorías, el agua cumple muchas funciones. Es la encargada de restaurar aquellos líquidos que se pierden a través de los metabolismos del organismo, como la respiración, la eliminación de desechos o la sudoración, según la revista científica Harvard Nutrition.
Además, el líquido vital lubrica los tejidos y las articulaciones, ayuda a evitar el sobrecalentamiento y mantiene la piel sana. La importancia de beber agua se debe principalmente a que se encarga de llevar nutrientes y oxígeno a las células, normalizar la presión arterial y proteger órganos y tejidos.
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La cantidad mínima de agua que se debe consumir por día son 8 vasos diarios. No obstante, la cantidad de la bebida que debe a ingerir en el día varía según distintos factores: se debe tener en cuenta aspectos como la edad, el peso y las actividades que se realizan en el día, al igual que el tipo de alimentación.
Cuando el cuerpo no tiene suficiente agua para llevar a cabo sus funciones normales, se podría sufrir deshidratación. Algunos signos de la deshidratación pueden ser la sed, tener la piel seca y fría, calambre musculares y dolor de cabeza, al igual que la fatiga, confusión o cambios de humor. La deshidratación puede ser igualmente causa de repercusiones más severas, entre ellas infecciones y más.
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Unos USD 15.175 millones se necesitan para cerrar brechas
Carencia en sectores clave como transporte, agua y saneamiento, electricidad y telecomunicaciones.
Paraguay requiere inversiones por USD 15.175 millones entre 2025 y 2030 para cerrar las brechas de infraestructura en sectores clave como transporte, agua y saneamiento, electricidad y telecomunicaciones. Así lo señala un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que advierte sobre las necesidades de recursos para mejorar la cobertura y la calidad de los servicios.
El sector transporte concentra la mayor demanda de inversión, con USD 6.170 millones, seguido de agua y saneamiento, con USD 4.194 millones. Por su parte, electricidad requiere USD 2.450 millones y telecomunicaciones, USD 2.361 millones. En conjunto, transporte y agua y saneamiento representan cerca del 68 % del monto total estimado.
Dentro del área de transporte, la infraestructura vial representa la mayor parte de los recursos necesarios, con USD 5.299 millones. Estas inversiones contemplan la ampliación, el mantenimiento y el reemplazo de estructuras existentes, con el objetivo de avanzar en las metas de acceso y calidad de los servicios.
DESAFÍOS PENDIENTES
El documento también destaca los desafíos pendientes en materia de cobertura de agua, ya que el acceso gestionado de manera segura alcanzaba el 64,4 % de la población paraguaya. En este contexto, el fortalecimiento de la infraestructura resulta fundamental para mejorar la conectividad y acompañar el desarrollo productivo.
En cuanto a las perspectivas fiscales, el estudio prevé una recuperación gradual de la inversión pública, cuya adquisición neta de activos no financieros pasaría del 1,6 % del producto interno bruto (PIB) en 2025 al 1,8 % en 2026.
Las estimaciones nacionales y regionales sitúan las necesidades de inversión en infraestructura entre el 4,6 % y el 6 % del PIB anual. Alcanzar estos niveles supone desafíos de financiamiento y asignación de recursos, por lo que el BID plantea priorizar proyectos, mejorar la eficiencia de la inversión pública y recurrir a mecanismos complementarios de financiamiento.
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El joven que encontró un negocio en el agua
Bruno Da Silva tenía 16 años cuando se acercó al mundo rural. Hoy, con 22, lidera proyectos vinculados al riego y ve en la tecnología, los datos y los problemas del campo una cantera de oportunidades para emprender.
Nació y creció en San Cristóbal, en el Este del país, pero el campo no formaba parte de su historia familiar. A los 16 años, Bruno se mudó a Santa Rita para terminar el colegio y comenzó a trabajar en un estudio de arquitectura. Dos años después llegó a Asunción para estudiar la misma carrera en la Universidad Nacional de Asunción (UNA).
El giro llegó cuando volvió a conectarse con su padre, vinculado al agronegocio. Después de varias conversaciones, decidió probar suerte en las empresas familiares. Y según contó nuestro protagonista fue la mejor decisión que tomó en su vida.
A partir de ahí, su formación dejó de estar solamente en las aulas. Pasó por administración, marketing, proyección, ventas e IT dentro de la firma Irrigar, y posteriormente asumió responsabilidades en AgroRiego y AgroInvest. Esto le llevó a conocer cada área, entender dónde podía generar mayor impacto y convertir ese conocimiento en resultados. “Los resultados generan respeto y comunican valor”, sostuvo.
Hoy, uno de sus principales focos está puesto en el riego, un negocio que combina agricultura, ingeniería, tecnología y gestión. Reveló que con Irrigar ya fueron instalados más de 120 pivotes en Paraguay, unos 25 en Brasil y 16 en Bolivia.
Pero lo más interesante de su historia no es solamente la cantidad de equipos instalados sino la forma en que convierte los desafíos del agro oportunidades de negocio.
Como muestra compartió cinco datos que cambian la mirada sobre el riego. 1) El agua puede multiplicar la productividad: Según la base de datos de Irrigar, construida a partir de más de 15 años de experiencia, incorporar riego puede elevar entre 30 % y 50 % la producción de soja y entre 60% y 100% la de maíz; 2) La ganadería también puede cambiar de escala: En sistemas extensivos, la capacidad puede pasar de entre 0,5 y 2 unidades animales por hectárea a 8-12 cuando se combina pasto irrigado con rotación. Es decir, el riego no solo permite producir más: puede modificar completamente el modelo productivo; 3) El próximo gran territorio puede estar en el Chaco: Existe un potencial particularmente grande en el oeste paraguayo por la disponibilidad de agua dulce subterránea. Brasil, mientras tanto, es el referente regional por su escala y densidad de implementación; 4) Un pivote ya no es simplemente un sistema para llevar agua: La tecnología permite controlar equipos desde el teléfono, incorporar fertilización, trabajar con tasa variable, conectarse con sistemas meteorológicos y utilizar tecnología Corner. Irrigar instaló los dos primeros pivotes Corner de Paraguay. Su particularidad está en que pueden incrementar hasta 20 % el área irrigada en terrenos irregulares, atacando uno de los límites tradicionales de estos sistemas; 5) El verdadero diferencial está en gestionar los datos: El futuro del agro no pasa únicamente por sumar máquinas. Hay oportunidades en conectar tecnología, información y gestión para resolver problemas concretos del productor.
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Arquitectura sostenible busca ahorrar agua y energía desde el diseño
Este miércoles comienza en la FADA-UNA el XV Congreso Regional de Tecnología en Arquitectura (CRETA), con una propuesta que apunta a demostrar que cuidar el agua y reducir el consumo energético también puede traducirse en importantes ahorros. La arquitectura sostenible será uno de los ejes del encuentro, con alternativas que pueden disminuir significativamente los costos de operación de los edificios.
Entre las soluciones planteadas se encuentran:
- la captación y reutilización del agua de lluvia
- sistemas que favorecen la infiltración al suelo
- y dispositivos que permiten reducir el caudal utilizado en las actividades cotidianas.
El arquitecto Luis Silvio Ríos, docente de la FADA-UNA, advirtió que la abundancia de recursos hídricos en Paraguay no debe llevar a considerar al agua como un recurso inagotable.
Desde el diseño de las edificaciones también es posible incorporar mecanismos para retener temporalmente el agua durante las lluvias y facilitar posteriormente su ingreso al suelo, contribuyendo a la recarga de los acuíferos. A esto se suman tecnologías sencillas, como griferías que incorporan aire al flujo para disminuir el volumen utilizado sin afectar su funcionalidad.
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Ventaja económica
La sostenibilidad, además, puede representar una ventaja económica. La ingeniera Gabriela Mesquita explicó que este tipo de construcciones puede demandar cerca de 4 % más de inversión inicial, pero permitir ahorros de entre 40 % y 60 % en energía y de hasta 60% en agua. Según el proyecto, el desembolso adicional podría recuperarse en un plazo de dos a cinco años, reduciendo luego los costos de funcionamiento durante la vida útil del inmueble.
El CRETA reunirá hasta el viernes 21 de agosto a docentes, investigadores, profesionales y estudiantes para debatir sobre tecnología, arquitectura y respuestas frente al cambio climático. El programa incluye seis conferencias magistrales, unas 80 ponencias, talleres y charlas técnicas, con especial atención a la eficiencia de los recursos, la reducción de la huella de carbono y el desarrollo de ciudades más sostenibles.
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La nueva inflación del agua amenaza con encarecer servicios y presionar a las economías
El cambio climático empieza a convertirse en un factor de costos para gobiernos, empresas y hogares. Las inversiones necesarias para garantizar agua segura podrían trasladarse a las tarifas y generar una nueva presión inflacionaria.
Durante décadas, el agua fue considerada un servicio básico de bajo costo relativo y con una disponibilidad que parecía garantizada. Sin embargo, el cambio climático está modificando esa ecuación económica. En un planeta en el que los extremos climáticos se vuelven más frecuentes —con regiones que enfrentan sequías prolongadas y otras que soportan inundaciones históricas— el acceso al agua comienza a transformarse en un factor de presión sobre las finanzas públicas, las empresas de servicios y el bolsillo de los consumidores.
Un reciente estudio de la Universidad de Stanford advierte que varias ciudades de Estados Unidos podrían duplicar sus tarifas de agua hacia mediados de siglo debido a la combinación de tres factores: menor disponibilidad del recurso, infraestructura envejecida y la necesidad de ejecutar grandes inversiones para adaptar los sistemas de abastecimiento al nuevo escenario climático.
La investigación, publicada en la revista Nature Sustainability, revela una tendencia que podría repetirse en distintas economías: el cambio climático genera nuevos costos de producción y esos costos terminan trasladándose a los usuarios mediante mayores tarifas de servicios públicos.
El fenómeno representa una nueva forma de presión inflacionaria. Así como el aumento del precio del petróleo encarece el transporte y los alimentos, el incremento del costo del agua puede impactar en múltiples sectores productivos, desde la industria y la agricultura hasta los servicios urbanos.
En Estados Unidos, el valor promedio del agua potable ya aumentó durante las últimas décadas a un ritmo superior al de la inflación, debido principalmente al deterioro de las redes y a la necesidad de renovar una infraestructura que requiere inversiones multimillonarias. Ahora, el factor climático agrega una nueva capa de costos.
El caso analizado por los científicos en Santa Cruz, California, muestra el desafío que enfrentan muchas ciudades: después de aplicar medidas de ahorro y eficiencia, las autoridades deben recurrir a soluciones más costosas, como plantas de reutilización de aguas residuales, nuevos sistemas de almacenamiento y obras para garantizar el suministro en períodos de sequía.
La consecuencia económica es directa: las inversiones necesarias para asegurar la disponibilidad del recurso terminan reflejándose en las facturas de los consumidores.
Paraguay frente al desafío de administrar su ventaja hídrica: Aunque Paraguay posee una posición privilegiada por sus abundantes recursos hídricos, con una de las mayores disponibilidades de agua dulce per cápita de la región, el país tampoco está aislado de esta nueva realidad económica.
Los ciclos de sequías severas y bajantes extraordinarias de los ríos Paraguay y Paraná demostraron en los últimos años que la disponibilidad del agua puede tener efectos directos sobre la economía nacional. La reducción del calado afectó la logística fluvial, elevó costos de transporte y generó impactos sobre sectores estratégicos como la exportación agrícola y energética.
Al mismo tiempo, las inundaciones recurrentes exigen mayores inversiones en infraestructura urbana, sistemas de drenaje, protección de comunidades vulnerables y mantenimiento de caminos, recursos que compiten con otras prioridades del presupuesto público.
Para Paraguay, el desafío económico no pasa únicamente por disponer del recurso, sino por desarrollar infraestructura suficiente para administrarlo de manera eficiente. La expansión urbana, el crecimiento industrial y la llegada de nuevas inversiones aumentarán la demanda sobre los sistemas de agua potable y saneamiento.
En este contexto, la gestión del agua comienza a formar parte de la agenda de competitividad de los países. Las naciones que logren anticiparse con inversiones inteligentes en infraestructura resiliente tendrán mejores condiciones para atraer capital, sostener su producción y reducir los impactos económicos de los eventos climáticos extremos.
El cambio climático dejó de ser solamente un problema ambiental. Se convirtió en una variable económica que afecta costos, inversiones, inflación y planificación empresarial. La próxima gran discusión mundial no será solo quién tiene agua, sino quién tiene la capacidad financiera y tecnológica para garantizarla.