El uso del protector solar dentro de la rutina diaria de cuidado de la piel es fundamental. Además de brindar una defensa eficaz contra las quemaduras solares, el protector solar juega un papel crucial en la prevención de enfermedades de la piel.

El riesgo de exponerse al sol sin la protección adecuada radica en los efectos de los rayos UV (ultravioletas), una radiación emitida por el sol y otras fuentes artificiales, que puede provocar cáncer de piel. La aplicación regular de protector solar con un factor de protección solar mayor a 40 es esencial para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de piel, según estudios médicos.

Hay otras enfermedades dermatológicas crónicas como el envejecimiento prematuro y las lesiones cutáneas que se producen por la exposición prolongada y sin protección al sol. Al igual que la formación de arrugas, también está presente el riesgo de la aparición de manchas solares y otros signos de envejecimiento prematuro de la piel. La radiación UV también puede desencadenar la aparición de enfermedades cutáneas preexistentes como el lupus eritematoso y la psoriasis.

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De ahí que el protector solar se debe utilizar no solo en los días despejados, sino también en aquellos lluviosos e, incluso, durante el invierno para así evitar los efectos negativos de la radiación solar. Al comprar protección solar, se deben tener en cuenta sus componentes en la etiqueta.

El producto debe contar con FPS (factor de protección solar) de 30 o superior y proteger tanto contra los rayos UV como contra los rayos UVB (los rayos ultravioletas de “amplio espectro”). El protector solar debe ser además resistente al agua. La presentación a escoger, ya sea en crema o aerosol, dependerá del tipo de piel.

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