El descanso después del mediodía es una práctica muy común para recuperarse del sueño insuficiente por la noche e, incluso, reposar el “estómago” a la hora de realizar la digestión. No obstante, lejos de lo que se cree, tomar una siesta podrían no ser tan beneficioso para la salud como se cree, especialmente cuando son de larga duración.
Según investigación publicada en la revista científica “Obesity”, las siestas de duración superior a 30 minutos están relacionadas con una serie de indicadores negativos para la salud como el aumento del índice de masa corporal, la presión arterial alta y otras condiciones cardiovascularmente peligrosas, además de la diabetes tipo 2.
Todo parece indicar que quienes duermen siestas prolongadas padecen de índices de glucosa elevados y presiones arteriales más altas. Las siestas extensas también se asocian con prácticas como acostarse tarde por las noches, cenar tarde y excesos en el almuerzo y el consumo de tabaco, cada uno con sus propias connotaciones negativas para la salud.
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Las siestas pueden influir igualmente en los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. El cortisol aumenta al levantarse de la siesta, más si se trata de una pausa de larga duración. De modo que, al momento de descansar por la noche, el sueño no llega y aumente el estrés.
Los efectos de la siesta sobre la salud dependen principalmente de su duración. Los descansos breves, de no más de 30 minutos, podrían aportar a la productividad laboral y al bienestar general, a diferencia de las siestas más largas, relacionadas con una serie de complicaciones para la salud.
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El estrés crónico: un enemigo silencioso que deteriora la salud física y mental
En una sociedad que suele romantizar el exceso de trabajo y la falta de descanso, el estrés se ha consolidado como una condición cotidiana peligrosamente normalizada. Personas comprometidas y altamente exigidas postergan el autocuidado y viven en piloto automático, ignorando que el organismo requiere un equilibrio indispensable para funcionar de manera óptima. La licenciada Liz Aguiar, psicóloga del Hospital IPS Ingavi, advierte cómo hábitos como el uso desmedido del teléfono celular o patrones inadecuados de alimentación repercuten directamente sobre el sistema nervioso.
Cuando el individuo permanece expuesto a tensiones continuas, el cuerpo entra en un estado de alerta permanente que desencadena una liberación sostenida de cortisol. Si bien esta hormona cumple una función protectora inicial, su presencia desmedida y prolongada genera un impacto profundamente dañino a nivel biológico. La especialista señala que el estrés crónico debilita el sistema inmunológico, incrementa la inflamación sistémica y altera el ciclo del sueño, proceso fundamental e insustituible para la reparación celular y el equilibrio orgánico.
Las consecuencias de mantener este ritmo de sobreexigencia trascienden el plano emocional para manifestarse en trastornos físicos concretos. La desregulación hormonal generada por el estrés crónico favorece la aparición de ansiedad, depresión y problemas digestivos, al tiempo que eleva el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, al debilitar la capacidad de respuesta del organismo, crea un entorno favorable para el desarrollo o el agravamiento de diversas patologías.
El cuerpo emite señales claras antes de sufrir un colapso, aunque en muchos casos estas alertas suelen ser pasadas por alto por imperativos laborales o sociales. Síntomas como el cansancio persistente, la irritabilidad, las dificultades para conciliar el sueño, los dolores musculares y la falta de concentración son indicadores de que el sistema nervioso se encuentra al límite. La acumulación de esta tensión demuestra que el trabajo sin pausas no constituye un signo de compromiso, sino una dinámica acelerada de desgaste físico y mental.
Frente a este escenario, recuperar la salud requiere comprender que el bienestar no es un lujo, sino una necesidad biológica prioritaria. Establecer límites, aprender a decir “no” y moderar la autoexigencia resultan pasos fundamentales para interrumpir el ciclo del agotamiento. Dormir entre 7 y 8 horas diarias, mantener una alimentación consciente y realizar actividad física de forma regular son medidas concretas para devolverle al organismo su capacidad de autorregulación.
Finalmente, la profesional del IPS Ingavi enfatiza la importancia de la prevención y el autocuidado como prácticas continuas y no como recursos de emergencia. “La salud no es solo ausencia de enfermedad, sino equilibrio físico, emocional y mental”, concluyó Aguiar, al recordar que la búsqueda de metas personales o profesionales no debe concretarse a costa del deterioro de la propia calidad de vida.
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Asocian consumo de colorantes alimentarios con mayores riesgos para la salud
Consumir alimentos con algunos colorantes o conservantes está asociado a un mayor riesgo de cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares e hipertensión, según se desprende de tres estudios franceses publicados este jueves, que aportan más datos sobre los efectos de la comida ultraprocesada. Las investigaciones se centran en el consumo de ciertos aditivos, colorantes alimentarios (E100 a E199) y conservantes y antioxidantes (E200 a E299 y E300 a E399) y en ellos participaron más de 100.000 personas.
Fueron realizados por Sanam Shah y Anaïs Hasenböhler, y supervisados por la epidemióloga Mathilde Touvier, directora de investigación en el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica francés (Inserm). Los estudios han sido publicados por las revistas Diabetes Care, European Journal of Epidemiology y European Heart Journal, y buscan “orientar las políticas públicas”, según un comunicado del Inserm.
Por primera vez, se han confirmado asociaciones entre el consumo de colorantes alimentarios y un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y de cáncer; y entre el consumo de conservantes y el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Así, los mayores consumidores de colorantes alimentarios tienen, en comparación con las personas menos expuestas, un riesgo superior a sufrir diabetes tipo 2 (+38 %), un cáncer (+14 %) y un cáncer de mama (+21 % e incluso +32 % en mujeres posmenopáusicas).
Por su parte, los mayores consumidores de conservantes -principalmente sorbato de potasio E202 y ácido cítrico E330- tienen un 24 % más de riesgo de sufrir hipertensión que los menos expuestos, y un riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares un 16 % mayor.
Aunque estos estudios no prueben por sí mismo una relación causa-efecto, se suman a muchos otros que prueban lo nocivos que son los alimentos ultraprocesados, recordó a la AFP Mathilde Touvier.
A nivel mundial, “de 104 estudios que tratan los vínculos entre los alimentos ultraprocesados y la salud, 93 muestran esos efectos nocivos de forma muy coherente”, afirmó. “El volumen de argumentos es bastante fuerte para decir que hay que actuar en el plano de la salud pública”.
La ONG Foodwatch apuntó que estos estudios “deben provocar un electroshock político” y recordó que lleva “años” exigiendo la prohibición de nitritos, por la relación “claramente demostrada” que guardan con el cáncer de colon, y también del aspartamo, otro posible carcinógeno. En enero, dos estudios del mismo equipo demostraron una asociación entre el consumo de conservantes y una mayor frecuencia de cánceres y de diabetes tipo 2.
Fuente: AFP.
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Lo que comés también influye en cómo te sentís
¿Cuál es la conexión entre la comida y el estado de ánimo? Para responder a esta pregunta, La Nación/Nación Media conversó con la psicóloga Laura Cáceres, quien reveló la intrínseca relación entre ambos y adelantó que está ligada a varios factores.
“Los alimentos que resultan más apetecibles, a causa de su sabor, dan mayor sensación de felicidad. El aspecto hormonal también cobra protagonismo, ya que la serotonina y noradrenalina, llamadas “hormonas de la felicidad”, pueden verse aumentadas a través de la alimentación”, explicó la profesional.
Cáceres aclaró que no hay problemas cuando se tratan de alimentos sanos, que contienen nutrientes como las vitaminas, minerales, antioxidantes, proteínas, grasas saludables y carbohidratos de bajo índice glucémico, ya que estos ayudan a mantener un buen estado de las funciones vitales, favoreciendo el bienestar físico y emocional.
Sin embargo, cuando se tratan de alimentos industrializados, hay que tener cuidado, ya que estos elevan la glucosa en la sangre, disparando la insulina, que cuando está elevada se relaciona con la diabetes y el sobrepeso.
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“Esto produce una sensación de placer momentánea, que dura poco tiempo, ya que cesa cuando la insulina baja. Después se necesita volver a ingerir este tipo de alimentos para obtener la misma sensación, que hace que se pase a tener un estado de culpa y malestar emocional”, detalló.
En este escenario entra a jugar un papel protagónico “el cortisol, la hormona del estrés, que en situaciones de angustia suprime el apetito a corto plazo, pero puede tener un efecto contrario si permanece elevado de manera crónica”.
Para la psicóloga es esencial que cada persona aprenda a identificar cuándo tiene hambre emocional y cuándo el hambre es físico, conociendo los detonantes y teniendo un plan para aprender a controlar los momentos de ansiedad.
“Cuando uno se da cuenta de que no puede solo u sola, debe acudir a psicoterapia para obtener estrategias que le ayuden a tener una alimentación más sana”, recomendó Cáceres.
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Siete pasatiempos que reducen el estrés y prolongan la vida
Ismael Cala, reconocido comunicador, autor bestseller y conferencista internacional en desarrollo humano y liderazgo, comparte algunos hobbies respaldados por estudios que ayudan a reducir el estrés hasta en un 50% y pueden sumar entre cinco y siete años a tu esperanza de vida. Prácticas simples, al alcance de todos, para vivir con mayor bienestar y plenitud.
- Escribir un diario: Escribir sobre tus emociones durante 15 minutos diarios reduce el estrés en un 40 % y mejora considerablemente la función inmunitaria. Llevar un diario baja la presión arterial, mejora la calidad del sueño y ayuda a procesar el trauma. Pero esto no es lo más interesante, las personas que escriben un diario tienen una mayor autoconciencia, toman mejores decisiones y reportan un 30 % más de satisfacción vital.
- Cocinar: Esto involucra a la creatividad y proporciona estimulación sensorial. Obtienes atención plena a través del proceso, una mejor calidad de la dieta y una menor dependencia de los restaurantes. Entonces, las personas que cocinan regularmente tienen tasas de depresión un 25% más bajas y una mejor salud metabólica.
- Bailar: El New England Journal of Medicine descubrió que bailar reduce el riesgo de demencia en un 76 %, baja el cortisol, mejora el equilibrio y mantiene la independencia por más tiempo.
- Caminar en la naturaleza: Tan solo 90 minutos de caminata en la naturaleza reducen la actividad de la corteza prefrontal asociada con la ansiedad. Las personas que caminan en la naturaleza tres veces por semana tienen una mortalidad por todas las causas un 20 % menor.
- Tocar instrumentos musicales: Los músicos tienen niveles de estrés un 40 % más bajos y mantienen la agudeza mental 10 años más. Aprender una canción a la semana crea beneficios cerebrales mensurales.
- Jardinería: La jardinería reduce el cortisol en un 30 % la hormona del estrés y mejora el estado de ánimo más que el ejercicio en interiores. Obtienes vitamina D, refuerzas la función inmunológica y la satisfacción de cultivar algo.
- Leer: Leer 30 minutos al día reduce el estrés en un 68 % según una investigación de la Universidad de Sussex. Tu ritmo cardíaco se ralentiza, la tensión muscular disminuye y tu cerebro entra en un estado de concentración que bloquea las hormonas del estrés.