Con la llegada del verano siempre se busca disfrutar de espacios al aire libre, aunque es importante tener cuidado con los mosquitos y otros insectos. Algunas plantas aromáticas pueden ser grandes aliadas a la hora de combatirlos, ahuyentándolos de manera natural y sin necesidad de recurrir a productos químicos.
Colocadas estratégicamente cerca de puertas y ventanas, las plantas crean un escudo invisible que impide la entrada de los insectos, además de aportar un toque aromático y estético. Por ejemplo, la lavanda no solo es capaz de perfumar el espacio, sino que también ahuyenta a moscas y mosquitos. Se adapta tanto a jardines como balcones y espacios interiores debido a que no requiere de mucho riego.
Sin dudas, la planta antimosquitos por excelencia es la citronela, que se destaca por su distintivo aroma a limón y sus propiedades para repeler insectos. Requiere pocos cuidados y ofrece una protección duradera. También se puede encontrar fácilmente en otras presentaciones como repelentes y otros productos industrializados.
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A su vez, la albahaca no solo ahuyenta moscas y mosquitos, sino que también puede resultar tóxica para sus larvas. Al colocar una maceta cerca de puertas o ventanas se puede aprovechar al máximo su efectividad. Otra de las alternativas es la menta, que funciona como repelente y paralelamente alivia las molestias de las picaduras. Los aceites a base de esta planta cumplen con este propósito.
Aunque todas estas plantas pueden ayudar a combatir los mosquitos, también es importante emplear otras medidas preventivas para evitar las picaduras y, por ende, la transmisión de enfermedades como el dengue, zika y chikungunya. Resulta fundamental utilizar repelentes, espirales y mosquiteros, además de la limpieza en las casas para evitar los criaderos.
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¿Por qué los mosquitos pican más a algunas personas?
¿Por qué algunas personas son como “imanes” para los mosquitos mientras otras parecen librarse de ellos? Según los científicos, que aún trabajan en descifrar sus mecanismos, en el fondo de esta atracción -a veces fatal- se encuentra una mezcla química compleja y cambiante. “De las poco más de 3.500 especies de mosquitos conocidas, un centenar pica a los humanos y media docena son vectores de enfermedades” como malaria, dengue, fiebre amarilla, chikunguña, zika o el virus del Nilo Occidental, explica a la AFP Frédéric Simard, director de estudios del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), en el sureste de Francia.
Y "no es un mito: no todos somos iguales ante el apetito de los mosquitos. Pero tampoco somos imanes todo el tiempo", añadió este entomólogo médico. Los seres humanos atraen a estos diminutos vampiros, entre los que se encuentra el ya famoso mosquito tigre, mediante múltiples señales sensoriales, principalmente los olores corporales, el dióxido de carbono del aliento y el calor, coinciden en señalar los expertos.
Las hembras de los mosquitos -las únicas que pican- las detectan mediante receptores especializados y es así como eligen su objetivo. “Sabemos desde hace más de 100 años que los mosquitos se sienten atraídos por el dióxido de carbono que exhalamos: es la primera señal que desencadena su comportamiento, a varias decenas de metros”, explicó a la AFP Rickard Ignell, autor en un estudio reciente sobre los fundamentos químicos de la atracción diferencial de esos insectos por el aliento humano.
A unos 10 metros, “los mosquitos comienzan a detectar nuestro olor que, combinado con el CO2, los atrae aún más”, añadió este científico sueco.
Creencias populares
Varias creencias populares sobre lo que atrae a estos dípteros han quedado desmentidas, sin embargo. “La diferencia entre los grupos sanguíneos no tiene una base científica sólida: se han realizado algunos estudios, pero con muy pocas personas. Tampoco está relacionado con el color de la piel, los ojos o el cabello”, enumeró Simard, del IRD.
Un factor clave de atracción es, sin duda, el olor, “una mezcla de moléculas producida por nuestra microbiota y más o menos atractiva para los mosquitos”, coincidió el entomólogo.
Los seres humanos emiten entre 300 y 1.000 compuestos olorosos diferentes, según han demostrado diversos estudios, pero los científicos apenas están comenzando a identificar mejor cuáles atraen a estos pequeños animales chupadores de sangre.
Para la investigación en la que participó Ignell, se evaluó en el laboratorio la diferencia de atractivo de 42 mujeres para los mosquitos “Aedes aegypti”, vectores de la fiebre amarilla o el dengue, entre otras enfermedades, en amplias regiones de América Latina.
“Hemos demostrado que una mezcla de compuestos olorosos -hemos identificado 27 que estos mosquitos pueden detectar- influye en el grado de atracción”, según el científico.
“Las mujeres más atractivas para los mosquitos, especialmente aquellas en el segundo trimestre de embarazo, producían un poco más de un compuesto derivado de la degradación del sebo”, consideró.
Precisamente, que un aumento tan pequeño de la dosis liberada de 1-octen-3-ol, conocido también como alcohol de hongos, cambie el comportamiento de estos insectos fue una de las sorpresas, reveló Ignell, al añadir que “los mosquitos son criaturas fascinantes”.
Cuidado con el alcohol
Beber cerveza, lo que aumenta la temperatura corporal, la cantidad de CO2 exhalado y modifica los olores cutáneos, también puede contribuir a atraerlos más, según algunos estudios.
Uno de ellos, estandarizado, realizado en Burkina Faso con voluntarios que bebieron una cerveza local y, unos días después, la misma cantidad de agua, demostró que el mosquito Anopheles, principal vector de la malaria, se dirigía más hacia los olores de aquellos que habían tomado esa bebida alcohólica.
Estos mecanismos alimentan una creciente investigación a medida que se extiende la amenaza sanitaria relacionada con ciertos de estos insectos.
El mosquito tigre, en particular, se está expandiendo en zonas donde no era endémico, debido al calentamiento global, la urbanización y la globalización.
“El riesgo afecta cada vez a más personas, y también a más países donde hay dinero para protegerse, por lo que esto genera financiamiento y resultados de investigación”, aseguró Simard. Cuando los mosquitos merodean, se recomienda protegerse de las picaduras con ropa larga y holgada, mosquiteros o repelente. “Y trate de comer ligero y consumir alcohol con moderación”, añadió el científico.
Fuente: AFP.
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Brasil: implementarán el mosquito antidengue en 70 municipios este año
Casi con amor, el científico brasileño Luciano Moreira sostiene una caja de vidrio donde se arremolinan mosquitos antidengue: una apuesta que ha resultado eficaz contra la enfermedad, pero que muestra sus límites para extenderse en Brasil. Para que nadie descubra secretos del método, los asesores de Moreira piden no fotografiar equipos de esta biofábrica en Curitiba, en el sur de Brasil, donde funciona el mayor criadero de “wolbitos” del mundo.
Así llama este reputado entomólogo, de 59 años, a los Aedes aegypti inoculados con Wolbachia, una bacteria que les impide desarrollar dengue. “Estamos en un momento decisivo para lograr expandirnos en Brasil”, dice a la AFP Moreira, reconocido por su trabajo en 2025 entre los diez científicos más destacados del mundo por la revista Nature y este año entre las 100 personas más influyentes de Time.
El método consiste en liberar “wolbitos” en zonas urbanas, donde en cuestión de meses sustituyen por transmisión generacional a los mosquitos que contagian dengue. Aunque la técnica funciona en 15 países, en ninguno protegió a tantas personas como en Brasil desde que Moreira empezó a probarla en 2011: un total de seis millones. Pero aún quedan 207 millones de ciudadanos en este país de tamaño continental, el más golpeado por el dengue en 2024, con más de 6.000 muertes, aunque el año pasado la incidencia fue mucho menor.
Cien millones de huevos semanales
La biofábrica se inauguró en 2025 con apoyo del instituto público Fiocruz y la ONG internacional World Mosquito Program (WMP). En su sala de reproducción, algunos de sus 70 empleados se limpian el sudor. La calefacción está regulada a gusto de los mosquitos, encerrados en grandes e iluminadas jaulas de tela traslúcida. La sala huele a su alimento: sangre caliente de caballo y agua con azúcar.
Las hembras pueden dar cien millones de huevos por semana infectados con Wolbachia, que se transmite a las crías. Embalados en cápsulas, los huevos se despachan a centros municipales, donde los eclosionan y liberan. En dos ciudades con estudios científicos sobre el método, Niterói -cerca de Rio de Janeiro- y Campo Grande (centro-oeste), los resultados fueron espectaculares: caídas de 89 % y 63 % del dengue, respectivamente.
“Antes no había dengue”
Pero la cura no avanza más rápido que la enfermedad. Primeramente, el cambio climático “aumenta la diseminación del virus. En el sur del país, que era mucho más frío, antes no había dengue” y ahora sí, alerta Moreira, fundador de la biofábrica y hoy asesor del WMP. Además, aunque el gobierno de izquierda de Luiz Inácio Lula da Silva reconoció al método Wolbachia como una medida de salud pública, los tiempos del Estado no van a a la par con la procreación de mosquitos.
Los huevos producidos en Curitiba se distribuyen a otras ciudades siguiendo órdenes de las autoridades sanitarias. Pero la fábrica tuvo que reducir la producción porque la demanda (del ministerio de Salud) no estaba tan alta, dice Moreira. Según la bióloga y epidemióloga Ludimila Raupp, profesora de la Pontificia Universidad Católica de Rio, hay “urgencia” en expandir el método Wolbachia para luchar contra el dengue en Brasil.
Pero ampliar la cobertura nacional “no es fácil” y cita el caso de Rio de Janeiro donde la implementación tuvo “graves fallas” y una “descoordinación institucional”, dice a la AFP. Según esta experta, la ciudad registró resultados modestos porque los equipos sanitarios hicieron un uso intensivo de larvicidas perjudiciales para los “wolbitos”. La violencia del crimen organizado también complicó la implementación en favelas cariocas, según Moreira.
Desafíos
La expansión del método tiene desafíos “técnicos, operacionales, logísticos y financieros”, admite a la AFP el ministro de Salud, Alexandre Padilha. Sin embargo, defiende los avances: solo en 2026 este se implementará en 54 municipios de Brasil, para totalizar 70 a finales de año. Moreira explica que la técnica demora unos dos años para mostrar resultados y avisa que no es una fórmula “mágica”, sino una estrategia “complementaria” a otras como la vacuna.
Los “wolbitos” de Moreira descienden de Aedes aegypti inoculados con Wolbachia casi dos décadas atrás en Australia, donde el científico hizo su posdoctorado en entomología. El equipo que integraba descubrió en 2008 que esa bacteria común en otros insectos bloquea el dengue, el zika y la chikunguña.
Fuente: AFP.
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Estudiantes de Medicina UNA realizan minga ambiental ante aumento de casos de dengue
Estudiantes del noveno semestre de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNA realizaron una minga ambiental eliminando criaderos de mosquitos a fin de evitar la propagación de transmisores del dengue.
Las tareas de limpieza, que se realizaron en el sector de Pediatría y otras áreas del Hospital de Clínicas, se llevaron a cabo en el marco de Responsabilidad Social de los universitarios.
La actividad fue coordinada por la Dra. Gloria Díaz, encargada de Pregrado de la Cátedra y Servicio de Pediatría, quien mencionó que la iniciativa forma parte de una serie de intervenciones ya realizadas previamente, reforzadas actualmente ante el aumento de casos de dengue y la proliferación de mosquitos.
“Con los estudiantes, estamos impulsando estas mingas para eliminar criaderos de mosquitos en el entorno del hospital. La limpieza de patios y espacios comunes permite reducir la presencia del vector y, en consecuencia, disminuir la transmisión de enfermedades como el dengue, que hoy nos preocupa especialmente”, señaló de manera institucional.
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Durante la jornada, el grupo correspondiente al turno jueves desarrolló tareas de limpieza y eliminación de potenciales criaderos. Asimismo, se prevé la realización de una segunda minga en el mes con el grupo del turno martes, completando así dos intervenciones en el semestre. La iniciativa será replicada en la segunda mitad del año con otros cursos.
El proyecto cuenta con el respaldo del jefe de la Cátedra y Servicio de Pediatría, Prof. Dr. Hassel Jimmy Jiménez, y el acompañamiento de docentes.
Además de las acciones de limpieza, la actividad busca promover la concienciación sobre la prevención de enfermedades transmitidas por vectores, fortaleciendo el compromiso social de los futuros profesionales de la salud.
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Itapúa: amplían control larvario ante riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos
El Servicio Nacional de Erradicación del Paludismo (Senepa) intensifica los trabajos de levantamiento de índices larvarios en el departamento de Itapúa, ampliando la cobertura a un total de 15 distritos considerados de alta prioridad.
El operativo tendrá una duración 30 días, con foco en la prevención de brotes de dengue, zika y chikungunya mediante vigilancia y participación ciudadana.
La selección de estas zonas responde principalmente a su elevada densidad poblacional y al constante flujo turístico, factores que incrementan el riesgo de proliferación de mosquitos, según expresiones del doctor Miguel Ruiz, director regional de Senepa en Itapúa.
Las tareas permiten identificar la presencia de criaderos y medir los niveles de infestación, lo que resulta clave para diseñar estrategias de control más efectivas.
“El levantamiento de índices larvarios es fundamental para anticiparnos y reducir posibles brotes”, señaló a medios locales.
Durante un mes, brigadas técnicas recorrerán viviendas y espacios comunitarios, realizando inspecciones y brindando recomendaciones a la ciudadanía sobre la eliminación de recipientes que acumulen agua.
Desde la institución instan a la población a colaborar con los equipos de trabajo, permitiendo el acceso a sus hogares y adoptando medidas preventivas.
La participación comunitaria es considerada un pilar esencial en la lucha contra las enfermedades transmitidas por vectores.
Con esta ampliación, Senepa busca fortalecer las acciones de vigilancia y control, especialmente en zonas donde el riesgo sanitario es mayor.
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