Así como generan alegría, las fiestas pueden ser motivo de conflicto, más en el último mes del año, cuando todos enfrentan altos niveles de estrés y cansancio. Según una guía elaborada por la Universidad de Harvard, la propuesta es utilizar el silencio y la cortesía como armas para neutralizar los problemas en estas fechas tan importantes.
El estrés generalmente es una respuesta adaptativa a la incertidumbre y al aumento de demanda, que se da en este momento del año. De ahí que surgió el término “síndrome de diciembre”. Con frecuencia, las personas se sienten más alertas o nerviosas en esta época del año, lo que repercute en el bienestar.
Más allá de todas estas circunstancias, a quienes se muestran agresivos hay que ponerles límites y evitar que sus comentarios o preguntas arruinen el estado de ánimo durante las fiestas, según la guía. Hay técnicas para minimizar los conflictos. Desde desviar una conversación o estar en desacuerdo de manera productiva hasta defenderse, si es necesario.
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El mayor poder que puede tener una persona es demostrar que los comentarios negativos no tienen poder y no son capaces de arruinar un momento festivo. Otra de las estrategias es realizar una pregunta corta a quien lanza los comentarios negativos, una interpelación capaz de poner a los “desubicados” en su lugar, sin agredir: ¿Estás bien?
Esas dos palabras pueden indicar que no se toman los comentarios como algo personal. Así como el contenido, también es importante el tono. No es necesario ser brusco. Cuando la pregunta viene desde un lugar de cuidado, generalmente se logra poner a la otra persona en su lugar. Lo fundamental siempre es mantener el control y no permitir que se arruine el ambiente.
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Las formas del silencio: escribir bajo censura
- José Ignacio Sánchez Durán
- Foto: Óleo de Fidel Fernández
En el marco de la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se realizó el conversatorio “Las formas del silencio: escribir bajo censura”, una actividad organizada por el área cultural de la Embajada de la República del Paraguay en la capital argentina, que reunió a escritores, lingüistas y referentes indígenas paraguayos para reflexionar sobre la censura, la resistencia cultural y la vigencia de las lenguas originarias en América Latina.
La charla, desarrollada en español y guaraní, contó con la participación del poeta y comunicador indígena Brígido Bogado, la lingüista Ladislaa Alcaraz, y la escritora y traductora Lilian Aliente. A lo largo del encuentro, los expositores abordaron las políticas de silenciamiento ejercidas históricamente sobre las lenguas indígenas, la censura durante la dictadura de Alfredo Stroessner y el papel de la escritura como herramienta de identidad, denuncia y resistencia cultural.
El conversatorio fue un espacio de memoria colectiva. Allí se discutieron las múltiples formas del silenciamiento: desde la represión estatal hasta las formas más sutiles de marginación cultural y autocensura que aún pesan sobre las comunidades indígenas y sus producciones literarias.
La apertura estuvo a cargo de Lilian Aliente, quien destacó la importancia de abrir espacios para la literatura digital en guaraní y en lenguas indígenas, subrayando la necesidad de ampliar los circuitos de circulación y publicación para estas producciones culturales históricamente relegadas.
Luego tomó la palabra Brígido Bogado, quien reconstruyó parte de su experiencia personal y relató cómo la palabra se convirtió en refugio y resistencia. Contó que durante su infancia fue adoptado por una familia paraguaya ajena a su comunidad y que, durante años, vivió alejado de su cultura y de su lengua originaria.
“Durante mucho tiempo estuve muy mal porque había perdido mi identidad y mi idioma”, recordó. “Cuando regresé a mi comunidad me dijeron: ‘No te preocupes, nosotros te vamos a enseñar todo otra vez para que te quedes con nosotros’”.
CENSURA Y AUTOCENSURA
Su relato atravesó el problema de la censura y de la autocensura. Bogado reconoció que la represión sobre la escritura en guaraní durante el estronismo dejó marcas profundas que aún persisten. Sin embargo, señaló que muchas veces las barreras también aparecen como formas internas de inseguridad y silenciamiento.
“Yo mismo me preguntaba si lo que tenía para decir iba a valer”, expresó. “¿Van a querer escucharme los demás?”.
El escritor recordó que ganó su primer concurso literario a los quince años, aunque incluso entonces debió enfrentar prejuicios y desconfianza.
“Ahí sentí la censura porque muchos no creían que yo hubiera escrito esos poemas”, señaló.
Con el tiempo, este escritor de la comunidad mbyá-guaraní fue construyendo una voz propia y logrando reconocimiento entre lectores y editoriales. Sin embargo, todavía existen muy pocos escritores indígenas en Paraguay y en gran parte de las comunidades originarias continúan luchando por hacer visibles sus saberes y sus formas de narrar el mundo.
RECORRIDO HISTÓRICO
Por su parte, Ladislaa Alcaraz, docente universitaria, investigadora y exministra de la Secretaría de Políticas Lingüísticas, realizó un recorrido histórico por las políticas de silenciamiento que afectaron a las lenguas indígenas desde la colonia hasta las dictaduras del siglo XX.
La lingüista analizó las distintas políticas de exclusión lingüística desarrolladas desde la colonización española. Explicó que las lenguas indígenas fueron consideradas “lenguas ágrafas” y que la escritura funcionó históricamente como un instrumento de control cultural.
Para profundizar esta reflexión, recurrió a los aportes de la investigadora brasileña Eni Puccinelli Orlandi y a su obra “As formas do silêncio”, donde distingue entre el “silencio fundante” –aquel que produce sentido– y las “políticas de silencio”, entendidas como mecanismos de poder destinados a excluir determinadas voces del espacio público.
En esa línea, Alcaraz sostuvo que el guaraní continúa siendo una lengua “minorizada”, no por la cantidad de hablantes, sino por las relaciones de poder que históricamente condicionaron su legitimidad social y cultural.
La investigadora repasó distintos momentos históricos en los que el guaraní fue prohibido o marginado de las instituciones educativas y de los espacios públicos, desde el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia hasta las disposiciones posteriores a la guerra contra la Triple Alianza.
DIARIOS DE TRINCHERA
Sin embargo, remarcó que durante la Guerra Guasu (1864 - 1870), el guaraní encontró un espacio singular en la prensa y en la propaganda bélica a través de periódicos de trinchera como El Cabichuí, El Centinela y Cacique Lambaré, publicaciones que incorporaban textos en guaraní y grabados xilográficos destinados a los soldados en el frente de batalla.
Alcaraz señaló que, tras el final de la guerra, el idioma volvió a ser desplazado del ámbito educativo y académico, replegándose nuevamente hacia la oralidad. Ese proceso, sostuvo, implicó también el silenciamiento de las memorias y cosmovisiones indígenas.
Como parte de una tarea de rescate, la lingüista destacó los trabajos antropológicos de Curt Unkel Nimuendajú y León Cadogan en la recopilación de relatos y tradiciones guaraníes, aunque posteriormente insistió en la necesidad de distinguir entre la “literatura en guaraní” y la “literatura guaraní”, escrita por integrantes de los propios pueblos indígenas.
En otro tramo de su exposición, abordó las formas de censura ejercidas durante los gobiernos autoritarios de Higinio Morínigo y, especialmente, durante la dictadura de Alfredo Stroessner, periodo marcado por el exilio de escritores, la persecución intelectual y la censura a la prensa.
POLÍTICAS PÚBLICAS
Más allá de las referencias históricas, el conversatorio dejó planteada una discusión contemporánea: la fragilidad actual de las lenguas indígenas y la necesidad de políticas públicas sostenidas para su preservación. En ese sentido, Alcaraz valoró iniciativas vinculadas a la publicación de diccionarios bilingües, la producción literaria indígena y el registro audiovisual para el resguardo de los relatos orales.
El encuentro concluyó con una reflexión compartida por los expositores: la escritura y la memoria funcionan hoy como herramientas fundamentales de resistencia frente al olvido y la homogeneización cultural.
Con los nuevos desafíos de la actualidad, la lucha por la defensa de las lenguas indígenas en Latinoamérica también es una disputa por la memoria, por la identidad, por el derecho a narrar la propia historia o por salvaguardar las cosmovisiones ancestrales.
Como un homenaje a la libertad y a la resistencia de la palabra, los expositores coincidieron en que la literatura guaraní y el resguardo de las lenguas indígenas en forma escrita no solo preservan la memoria, sino que constituyen un acto de justicia frente a la homogeneización cultural y al silenciamiento histórico de las voces indígenas, censuradas y excluidas desde tiempos de la colonia hasta el presente.
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Bradbury y Zamiatin: la libertad se pierde en silencio
- Gonzalo Cáceres
- Periodista
- Fotos: Gentileza
La libertad no es un grito ni una bandera. Es un hábito, una práctica constante. Y como todo hábito, tiende a olvidarse. Las novelas “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, y “Nosotros”, de Yevgueni Zamiatin, advierten sobre el peligro que no está en los regímenes que queman libros o vigilan a través de las paredes de cristal, sino en nuestra propia comodidad y apatía ante los asuntos que exigen acción.
Vigilancia digital, algoritmos que vaticinan nuestros deseos, información irrelevante hasta en la sopa y la cultura del scroll. Más de un siglo después de “Nosotros” (1924) y 73 años de “Fahrenheit 451” (1953), se confirma que Zamiatin y Bradbury no estaban solo describiendo futuros distópicos, sino adelantándose a su tiempo.
Hablamos de un paisaje casi invisible del que debemos preocuparnos y ocuparnos, porque se ajusta a nuestros días. O, cuando finalmente nos demos cuenta, podría ser muy tarde.
CONTEXTO
Zamiatin escribió “Nosotros” en los primeros años de la Rusia soviética, cuando la Revolución prometía un futuro pujante, pero que rápidamente derivó en represión. Se imaginó una ciudad de cristal, donde las paredes son transparentes y el Estado puede estudiar cada gesto de sus ciudadanos. No hay intimidad, tampoco secretos. Todo está regulado por horarios y fórmulas que buscan la perfección colectiva.
Los habitantes de “Nosotros” entienden la vigilancia como si fuera natural. Se acostumbran a que el amor sea un privilegio controlado, que la imaginación sea síntoma de enfermedad. Poco a poco dejan de reclamar lo que alguna vez fue suyo: el derecho a ser distintos. La transparencia absoluta, que en teoría debería garantizar justicia, se convierte en un mecanismo de control asfixiante (se refleja en la obsesión contemporánea por la exposición en redes sociales, donde la intimidad se convierte en espectáculo).
Tal crítica convirtió a Zamiatin en enemigo de los soviets y su obra fue prohibida (Orwell reconocería más tarde que “Nosotros” fue una influencia directa para “1984”).
Por su lado, Bradbury concibió “Fahrenheit 451” en plena era de la televisión y el macartismo (persecución anticomunista en EE. UU.). Su preocupación era la idea de que la gente, por comodidad, renunciara a la lectura y al pensamiento crítico. En este mundo, los bomberos no apagan incendios, porque su trabajo es quemar libros (objetos incómodos que contienen preguntas, dudas y contradicciones).
El fuego se traduce en la avalancha de información basura que amenaza con purgar nuestra capacidad de prestar atención a lo verdaderamente importante. Y lo notable es la indiferencia del pueblo (nadie procura por sus bibliotecas, no hay quien se arriesgue a salvar un volumen). La gente está demasiado ocupada con las pantallas, con la televisión que entretiene (Bradbury nos muestra que la censura más eficaz no es la que se impone a la fuerza).
Leer exige esfuerzo y el esfuerzo cuesta tiempo para el ocio, lo que no resulta placentero. Pensar a través de un libro implica enfrentarse a ideas que pueden contradecir nuestras propias convicciones, como lo plantea Bradbury.
Lo que une a Bradbury y Zamiatin es la idea de que la libertad no se apaga de golpe. En “Fahrenheit 451”, se diluye en la comodidad del entretenimiento. En “Nosotros”, se duerme en la costumbre (lo que no debía, pero fue normalizado) y la vigilancia constante.
EL INDIVIDUO CONTRA EL SISTEMA
Montag (el bombero de Bradbury) y D-503 (el ingeniero de Zamiatin) encarnan la tensión entre obediencia y libertad. Montag despierta su conciencia gracias a una joven que le recuerda la belleza de la curiosidad, por lo que descubre el valor de los libros y pasa a ser un fugitivo que intenta rescatar la memoria cultural de las llamas.
D-503, en cambio, se debate entre su lealtad al Estado y su deseo de amar. Su despertar es más lento y doloroso, con un final trágico (es sometido a una operación que elimina su capacidad de imaginar).
Si bien Bradbury ofrece un atisbo de esperanza (la resistencia cultural puede sobrevivir en pequeños grupos marginales), Zamiatin es más pesimista: su protagonista es derrotado y el Estado único se reafirma invencible.
Lo notorio es que estas novelas no hablan solo de futuros distópicos, sino de nosotros, acá y ahora. La libertad se apaga día a día, con gestos pequeños: en el clic que entrega nuestros datos, en la tarde que dejamos pasar sin cuestionar nada, en la conversación que evitamos porque aburre y/o incomoda, o a través de las situaciones en las que pretendemos no confrontar.
Porque siempre hay un instante en el que podemos despertar, pero es frágil. Si lo dejamos pasar, el fuego seguirá ardiendo y el cristal seguirá vigilando. La lección es clara: la libertad se pierde en el silencio, en la rutina. Y recuperarla, si alguna vez la dejamos escapar, será siempre más difícil que cuidarla desde el principio.
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Comando del Ejército refuerza el acompañamiento al personal en fechas de fin de año
En el marco de un viaje de inspección a las Unidades de la Región Occidental, el comandante del Ejército, general de Ejército Manuel Rodríguez, arribó al Regimiento de Caballería N° 1 “Cnel. Valois Rivarola”, ubicado en la ciudad de Pozo Colorado, departamento de Presidente Hayes.
Durante la visita, el comandante realizó la entrega de panes navideños al personal que se encuentra prestando servicio en dicha unidad militar. Asimismo, dirigió palabras de reconocimiento y agradecimiento por el esfuerzo, la vocación de servicio y la entrega permanente demostradas en el cumplimiento de la misión constitucional, especialmente en estas fechas de profundo significado para las familias paraguayas.
En otro momento de la jornada, y en el marco de las celebraciones de fin de año, el jefe de Estado Mayor de la 3ª División de Infantería “Carandayty”, coronel Fredy Enrique Galván Samaniego, hizo entrega de presentes al personal de conscriptos, en representación de la Gran Unidad.
Igualmente, se informó sobre el otorgamiento de permisos especiales a los conscriptos con motivo de las fiestas de fin de año. Esta medida tiene como finalidad permitir que los efectivos puedan compartir con sus familias, fortaleciendo los lazos afectivos y contribuyendo al bienestar moral y emocional del personal, sin afectar la continuidad de las tareas y servicios establecidos.
Las actividades desarrolladas reflejan el acompañamiento permanente del Comando del Ejército al personal desplegado en el territorio nacional, reafirmando el compromiso institucional con el bienestar y la motivación de sus efectivos.
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Ministro de Defensa destaca avances logrados gracias al compromiso del personal castrense
El ministro de Defensa Nacional, Óscar González, resaltó que gracias al esfuerzo conjunto demostrado se han logrado importantes avances en materia de seguridad interna. “Agradecemos el compromiso y dedicación puesto en todas las tareas designadas por el Ejecutivo. Gracias al esfuerzo conjunto de cada uno de ustedes, hemos logrado avances significativos en la defensa y la seguridad de nuestra Nación”, expresó.
El alto funcionario del Estado destacó igualmente el alto nivel de compromiso y dedicación del personal civil y militar del Ministerio de Defensa, en todas las funciones y tareas encomendadas por el presidente de la República, Santiago Peña, en su carácter de Comandante en jefe, durante todo este año 2025.
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El ministro González brindó un mensaje de agradecimiento a todos los funcionarios de la institución castrense, tanto personal civil como militar, por su valiosa entrega y patriotismo, que ha permitido lograr avances significativos en la defensa y la seguridad de la Nación. Fue en el marco del saludo por las fiestas de fin de año.
Además, dijo que el profesionalismo y entrega demostrado por el personal del Ministerio de Defensa, se ha constituido en los pilares fundamentales para el bienestar de la Nación. “Sigamos trabajando con lealtad a la Patria, unidos en el esfuerzo del resurgir de un Gigante. Felices fiestas”, concluyó.