Los hechos de violencia contra la mujer y los feminicidios parecen no tener fin en nuestro país, solo este martes 5 de diciembre se conocieron dos casos de muerte de mujeres y las sospechas de que sus parejas habrían sido los responsables.

Esta realidad, sumada a los resultados de un informe que reveló que una de cada tres víctimas de feminicidio había denunciado a su agresor sin haber logrado la protección del Estado, motivó el desarrollo del material “Feminicidios y violencia de alto riesgo contra mujeres. Protocolo de actuación interinstitucional para casos de muerte violenta de mujeres” (PROMUVI-Mujer 2023) que será presentado mañana.

Este documento, desarrollado por el Ministerio de la Mujer y las instituciones que integran la Mesa de Prevención de la Violencia contra la Mujer (Previm), es considerado estratégico porque establece lineamientos y criterios comunes de intervención interinstitucional en casos de tentativa de muerte, violencia de alto riesgo contra las mujeres y feminicidios.

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Para toda mujer es de vital importancia reconocer las fases de la violencia y saber dónde denunciarlo. Desde la cartera de la mujer explican que la violencia tiene tres fases y que las interacciones violentas dentro de la pareja están directamente vinculadas con el aumento de la tensión en las relaciones de poder establecidas; seguidamente se tiene la explosión, donde se da violencia física y finalmente el agresor pide perdón y promete que no volverá a suceder, dando lugar a un circulo sin fin y a un posible desenlace fatal.

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Fase 1 “De acumulación de tensión”: cuando se suceden episodios, algunos pequeños, como roces permanentes que se van naturalizando en la pareja. Esta fase puede durar años. En esta fase se puede ayudar a la víctima y prevenir la fase siguiente.

Fase 2 “De explosión y golpe”: esta es la etapa donde la mujer enfrenta el golpe, hay empujones contra la pared o muebles y decide denunciar, llama al 911 o al 137, llama a su hermana/o, amigas/os, pide ayuda. La violencia física es un detonante. Hay que asistir, proteger y ponerle fin a la condición de violencia, solicitando ayuda en las instituciones que asisten a las víctimas.

Fase 3 “De luna de miel”: tras la intervención policial, fiscal y judicial se produce el arrepentimiento del agresor. La mujer lo perdona, cree en él una vez más, que va a cambiar y que ella es la culpable de lo que pasó, que la Fiscalía y la Policía “pusieron mal lo que dijo” y lo perdona finalmente.

Las víctimas muchas veces lloran cuando saben que no pueden retirar la denuncia, entonces se retractan, pueden volver a declarar o no comparecen a las citaciones del Ministerio Público ni del Poder Judicial, salen a defenderlo públicamente por las redes, diciendo que no es su caso, y así el ciclo vuelve a empezar.

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Naturalización

La violencia se transforma en algo habitual y se naturaliza. La víctima permanece con su agresor aunque no quiera, no puede salir del círculo o ciclo de la violencia, por ello es importante detectar las señales y ofrecer ayuda.

Las fases no son necesariamente lineales y estables y el periodo de tiempo en que se manifiestan varía, pudiendo darse en lapsos muy cortos. Es importante considerar que aun cuando la mujer haya solicitado ayuda y se encuentre dentro de un sistema de protección, un albergue transitorio o con medidas de protección, no significa que el ciclo se haya cortado, por lo que es indispensable dar seguimiento al proceso.

¿Dónde denunciarlo?

Los hechos de violencia contra la mujer pueden y deben denunciarse en la comisaría más cercana (Policía Nacional), el Ministerio Público (Fiscalía), el Poder Judicial (Juzgado de Paz), que forman parte de las instituciones que tienen el deber de proteger.

El Ministerio de la Mujer colabora asistiendo y direccionando a las víctimas para que las instituciones involucradas brinden atención, cada una en su rol. Se destaca que el Ministerio de la Defensa Pública, a través de las Defensorías Especializadas en la Ley n.° 5777/16, ofrece patrocinio legal a las mujeres en situación de violencia.

Es muy importante identificar la violencia, acudir a los servicios de atención, el apoyo emocional y el asesoramiento pueden ser fundamentales para superar las secuelas psicológicas de la violencia.

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