Las autoridades griegas hicieron pública una aplicación que permite a los internautas visitar virtualmente la antigua Olimpia, cuna de los Juegos Olímpicos y uno de los principales tesoros arqueológicos de Grecia.
Cerca de 30 de los edificios de Olimpia se pueden recorrer ahora en 3D, entre ellos el estadio, el templo de Hera, donde se enciende la llama olímpica, y el taller del escultor Fidias, autor del Partenón en Atenas.
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El ministerio griego de Cultura, que involucró a Microsoft en el proyecto, declaró en un comunicado que los monumentos eran “tan fieles a su forma original cómo fue posible”. Cámaras y drones fueron usados para tomar miles de fotos del lugar y crear modelos digitales, precisó el ministerio.
Entre los atractivos de la aplicación (https://olympiacommongrounds.gr/explore y también en smartphone) está la legendaria estatua de oro y marfil de Zeus, creada por Fidias. Considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, la estatua se perdió o fue destruida en el siglo V antes de Jesucristo.
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Olimpia acogió los Juegos Olímpicos, uno de los Juegos Panhelénicos de la Grecia Antigua durante siglos. Las competiciones incluían pugilato, lucha, salto, carreras a pie y a caballo, lanzamiento de disco y de jabalina.
Los Juegos Olímpicos se llevaron a cabo del siglo VIII antes de Jesucristo al siglo IV de la actual era y después fueron relanzados a Atenas en 1896. Cerca de 150.000 personas visitan cada año Olimpia, situada a unos 265 km de Atenas, según la agencia griega de estadísticas.
Fuente: AFP.
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Victoria con un golazo
Diego Gómez anotó el único gol en el segundo tiempo mediante un potente y esquinado tiro libre.
En Atenas, la mundialista selección absoluta de Paraguay venció ayer viernes por 1-0 a Grecia, en el primero de los dos amistosos programados en Europa como parte de los preparativos para la Copa Mundial de FIFA 2026 de los Estados Unidos, México y Canadá.
El volante Diego Gómez, en el día de su cumpleaños 23, festejó por partida doble, ya que en el segundo tiempo marcó un golazo con potente remate de tiro libre.
La falta previa le cometieron a Julio Enciso, quien fue uno de los más punzantes de la ofensiva albirroja durante el tiempo que estuvo en el campo de juego. La Albirroja tuvo un buen arranque, aunque rápidamente se replegó en su campo ante la presión del conjunto local, que tampoco mostró gran cosa.
Lo mejor de Paraguay pasó por la insistencia de Julio Enciso. El ofensivo del Racing de Estrasburgo francés trató de mostrar el camino haciendo gala de repertorio en el uno contra uno, pudiendo quebrar líneas en un par de ocasiones. Hubo ganas de generar peligro, pero costó construir. Grecia apretó en las salidas, tuvo sus opciones frente al arco defendido por Gastón Olveira, otro debutante.
También se estrenó oficialmente con la Albirroja Maurício del Palmeiras, quien mostró su calidad y visión de juego. Buscó el balón y tuvo algunas chances. El volante Lucas Romero mordió en el mediocampo y no desentonó.
El último amistoso de la presente fecha FIFA será el próximo martes 31 de marzo, desde las 15:00 de Paraguay en Lens, Francia, ante el combinado de Marruecos.
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Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Martínez figura en la lista de Alfaro
Ronaldo Martínez, delantero del argentino Talleres de Córdoba, ha sido convocado a la selección de Paraguay, que jugará amistosamente el 27 de marzo ante Grecia en Atenas (16:00 de Paraguay), y el 31 del mismo mes frente a Marruecos en Lens, Francia (15:00).
La citación fue celebrada desde el club cordobés. En esta gira, Paraguay ajustará sus preparativos para participar de la Copa del Mundo 2026, a jugarse entre los meses de junio y julio en los Estados Unidos, Canadá y México.
La convocatoria llega en un momento importante para Martínez, que en la actualidad busca afianzarse dentro de la estructura del equipo cordobés. Otro nombre que aparece en el radar de la Albirroja absoluta es Alcides Benítez, exlateral de Guaraní, actualmente en el argentino Belgrano de Córdoba.
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El Festival de Tesalónica coronó a la sudanesa “Cotton Queen” como gran ganadora
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
En una emotiva ceremonia celebrada en el Almacén C del puerto de Tesalónica, el 66.º Festival Internacional de Cine de Tesalónica (TIFF) entregó sus premios principales este domingo, consolidándose una vez más como una de las plataformas más importantes de Europa para el cine de autor emergente y las cinematografías del sureste europeo, el Mediterráneo y Oriente Medio.
Tres películas se alzaron con los máximos galardones:
- Golden Alexander “Theo Angelopoulos” (sección Competencia Internacional – mejor ópera prima o segunda película, 10.000 €): Cotton Queen, de la directora sudanesa Suzannah Mirghani. La cinta, rodada con actores desplazados por la guerra en Sudán y refugiados en Egipto, fue elogiada por el jurado (presidido por Elegance Bratton) como “un recordatorio de lo que realmente importa en un mundo de genocidios y guerras: nuestras familias y comunidades”. Mirghani dedicó el premio a su equipo sudanés y a su mentora, la palestina Annemarie Jacir.
- Golden Alexander “Michel Demopoulos” (sección Meet the Neighbors+): The Last One for the Road, del italiano Francesco Sossai.Un viaje nostálgico y melancólico por el norte de Italia que celebra la vida en un mundo que desaparece.
- Golden Alexander Film Forward (sección de cine más experimental): 1001 Frames, de la iraní Mehrnoush Alia (8.000 €).La directora, visiblemente emocionada, dedicó el premio “a todas las mujeres de Irán que siguen luchando por la libertad y la igualdad”.
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Presencia hispanoamericana destacada
Hay representación latinoamericana relevante:
- La chilena Manuela Martelli logró el premio a Mejor Actriz en Meet the Neighbors+ por su interpretación en God Will Not Help (Hana Jušić, Croacia).
- El proyecto español LA FORMA ANIMAL (Isa Luengo y Sofía Esteve) obtuvo una beca completa del Mediterranean Film Institute.
- La coproducción con participación española TONIGHT IS FOREVER (Fernando Souza) ganó servicios de posproducción de sonido.
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Otros premios relevantes
- Silver Alexander (Competencia Internacional): Beachcomber, del griego Aristotelis Maragkos (5.000 €).
- Mejor Dirección Meet the Neighbors+: Roqia, del argelino Yanis Koussim.
- Mejor Dirección Film Forward: Before / After, del francés Manoël Dupont.
- Premio del Público Fischer (las votaciones más altas del festival):– Competencia Internacional: Karla (Christina Tournatzès)– Film Forward: 1001 Frames (Mehrnoush Alia)– Sección griega: Life in a Beat (Amerissa Basta)
El fenómeno “Bearcave”
La película griega Bearcave (Krysianna B. Papadakis y Stergios Dinopoulos), una historia de amor lésbico en un pueblo de montaña, se convirtió en la gran triunfadora del cine heleno:
- Premio FIPRESCI a mejor película griega
- Premio ERT
- Premio Hellenic Film Center – Creative Greece
- Premio WIFT GR (mejor contribución femenina)
- Mención Especial Jurado Joven
- Un total de cinco distinciones que la posicionan como una de las revelaciones del año.
Mensaje político y social
En un festival marcado por los conflictos en Gaza, Ucrania y Sudán, muchos discursos hicieron referencia directa a la guerra y al refugio que supone el cine. Suzannah Mirghani (Cotton Queen) y Mehrnoush Alia (1001 Frames) fueron las voces más potentes al recordar que “aún en tiempos oscuros es posible hacer arte y recibir reconocimiento”.
Con más de 22.000 espectadores votando los premios del público y una programación valiente, el 66º TIFF cierra sus puertas reafirmando su compromiso con el cine joven, las cinematografías periféricas y las historias que, en palabras de su colaborador Vasilis Terzopoulos, “intentan hacer del mundo un lugar un poco mejor”.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.