El documental “I Am Greta”, dirigido por el sueco Nathan Grossman, quien siguió durante meses a la joven activista del medio ambiente Greta Thunberg en todos sus viajes, y reunió muchísimas horas de metraje para armar lo más cercano a un perfil suyo; se estreno en la Mostra de Venecia. Greta, que ya ha concluido su año sabático para retomar el colegio, también continúa con su huelga de los viernes en Estocolmo, así como todo comenzó.
Solamente Grossman y su cámara acompañaban a la adolescente y su familia. Incluso Greta, quién apareció por videoconferencia el Festival de Venecia, admitió haber pensado que no “se veía muy profesional”. “Llegué a dudar de la seriedad del proyecto. En algún momento me preocupé. Tenía tanto material que podía contar la historia de una manera que no reflejase lo que soy. Pero ha conseguido retratarme tal como soy, y no a esa niña colérica e ingenua que grita a los líderes mundiales. Porque yo no soy esa persona”, señaló.
El documental, que para algunos críticos peca de benevolente con su protagonista, logra dar una visión más humana y cercana que las noticias cortas que puedan salir en el mundo. La acompaña en sus visitas a líderes mundiales, la muestra cuidada por sus padres que se preocupan de que coma a hora, y así también muestra un leve atisbo de su autismo, lo único que quizás se anima a mostrar pero que es vital para comprenderla también.
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Venecia tembló con la nueva apuesta política de Kathryn Bigelow
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
La Mostra volvió a convertirse en epicentro del debate político con la presentación de “A House of Dynamite”, la nueva película de Kathryn Bigelow para Netflix. La directora estadounidense, primera mujer en ganar el Óscar a mejor dirección, regresa a la gran pantalla con un thriller nuclear que ha provocado inquietud y aplausos a partes iguales.
La cinta, protagonizada por Idris Elba, plantea un escenario tan concreto como estremecedor: el presidente de Estados Unidos dispone de apenas 18 minutos para decidir si responde a un ataque nuclear. Un tiempo que, como recuerda Bigelow, “no es solo el enemigo, sino la prueba definitiva de lo imposible”.
Un presidente humano, no un Trump ficticio
Lejos de la caricatura, Idris Elba defendió en rueda de prensa la necesidad de construir un personaje más cercano y vulnerable: “No queríamos imitar a ningún presidente real. Eso habría distraído. El mío es un hombre del pueblo, con un pasado civil, que de repente debe cargar con la decisión más terrible. Ese momento en que mira por la ventana y piensa ‘ojalá no tuviera que decidir’ me parecía profundamente humano.”
El actor británico subrayó la fragilidad del sistema político estadounidense, donde un solo individuo concentra la decisión nuclear: “Es aterrador que algo tan complejo dependa de una sola persona con minutos para pensar.”
“El cine puede devolvernos el debate nuclear”
Bigelow, que en la última década ha firmado títulos como The Hurt Locker o Zero Dark Thirty, defendió que este proyecto nace de la necesidad de reabrir un debate olvidado: “Durante décadas apenas se ha hablado de la amenaza nuclear. Mi generación lo recordaba con la crisis de los misiles en Cuba, cuando nos escondían bajo los pupitres en la escuela. Hoy parece un recuerdo lejano, pero el riesgo sigue presente. El cine puede ser un espacio para recuperar ese diálogo.”
La directora reconoció la complejidad técnica del rodaje, que combinó diferentes escenarios y personajes en tiempo real: “Fue como filmar ajedrez tridimensional. Los actores no estaban juntos, pero la tensión debía sentirse continua. Montar todo eso fue el mayor desafío.”
Entre arte, periodismo y geopolítica
La película se apoya en un guion del periodista Noah Oppenheim, con información obtenida de fuentes abiertas. Bigelow defendió esa hibridación entre entretenimiento y documento: “El cine puede ser un sistema de transmisión de información. Todo lo que mostramos está publicado, aunque pocas veces se conecta en un relato tan claro. El objetivo es invitar al espectador a la sala de decisiones y mostrar qué está en juego.”
Reacciones y futuro
La crítica en Venecia ha coincidido en señalar la película como uno de los títulos más tensos de la temporada, un retrato realista que provoca angustia sin necesidad de efectos grandilocuentes. El público aplaudió largamente al equipo, aunque algunos medios italianos destacaron el riesgo de que la película “nazca demasiado norteamericana” pese a tratar un problema global.
Preguntada por la posibilidad de regresar a proyectos más ligeros, Bigelow dejó la puerta abierta: “Quizá vuelva al género puro, nunca digo nunca. Pero ahora siento que el cine tiene un poder que no quiero desaprovechar.”
Con “A House of Dynamite”, Bigelow consolida una etapa de cine político y urgente, donde las ficciones sirven de catalizador para reflexionar sobre un presente cada vez más inestable. Y lo hace recordando que, a veces, 18 minutos pueden decidir el destino del planeta.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Gus Van Sant recibió un premio a la audacia creativa en Venecia
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Por octavo año consecutivo, Campari reafirma su papel como Main Sponsor de la 82ª Mostra Internacional de Arte Cinematográfico – Biennale Cinema 2025, que se celebró del 27 de agosto al 6 de septiembre en el Lido de Venecia. El icónico aperitivo italiano vuelve a iluminar la Laguna con su inconfundible “Red Passion”, transformando el Festival en un cruce cultural de intriga, creatividad y seducción cinematográfica.
Uno de los momentos más destacados del Festival fue la entrega del Campari Passion for Film Award al director estadounidense Gus Van Sant, reconocido por títulos como “Good Will Hunting”, “My Own Private Idaho”, “Elephant” y “Milk”. La ceremonia se celebró el 2 de septiembre en la Sala Grande del Palazzo del Cinema, en vísperas de la proyección fuera de concurso de su nueva película, el thriller “Dead Man’s Wire”, presentada en estreno mundial.
El film revive el tenso caso real de Anthony Kiritsis, quien en 1977 tomó como rehén a un agente inmobiliario sujetando un rifle a su cuello con un mecanismo de “dead man’s switch”, exigiendo 5 millones de dólares y total inmunidad legal. El elenco está encabezado por Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Colman Domingo, Cary Elwes, Myha’la y Al Pacino.
Durante su discurso de agradecimiento, Van Sant declaró: “Estoy realmente honrado de recibir el Passion for Film Award. Agradezco de corazón a Campari por este reconocimiento… Es un privilegio ser parte de esta tradición y valoro profundamente la pasión que dedican al cine”.
Un premio a la audacia creativa
El director de la Mostra, Alberto Barbera, destacó que Van Sant ha sabido tender un puente entre el cine independiente y la gran industria, sin renunciar a una mirada personal y arriesgada, capaz de reflejar las inquietudes generacionales e impulsar nuevos talentos.
El galardón, creado en colaboración con la dirección artística de la Biennale, no busca premiar trayectorias completas, sino reconocer la visión artística audaz y la capacidad de transformar la pasión en lenguaje cinematográfico.
Desde su creación en 2018, el Campari Passion for Film Award ha distinguido a figuras clave de la cinematografía contemporánea como Bob Murawski, Luca Bigazzi, Terence Blanchard, Marcus Rowland, Arianne Phillips, Tonino Zera y Paola Comencini.
El corazón del encuentro
El epicentro de la experiencia es la ya célebre Campari Lounge, instalada en la Terrazza Biennale frente al Palazzo del Casinò. Este espacio se ha consolidado como punto de encuentro para estrellas, artistas emergentes y amantes del séptimo arte. Allí, entre conversaciones inspiradoras e intercambio de ideas, se respira el pulso creativo de la Mostra.
El ambiente se completa con un menú de cócteles firmado por Camparino in Galleria, el legendario bar milanés fundado en 1915 por Davide Campari, que aporta un toque de estilo y tradición al encuentro veneciano.
Pasión, creatividad y cine
Con esta edición, Campari consolida su profundo vínculo con el cine no solo como patrocinador, sino como motor cultural que enciende la imaginación y da vida a nuevas historias. A través de su programa de encuentros, diálogos y celebraciones, la marca demuestra que cuando la Pasión se encuentra con el Arte, surge un espacio único donde lo inesperado cobra forma.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Guillermo del Toro deslumbró en Venecia con “Frankenstein”
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
El Festival de Cine de Venecia vivió una de sus jornadas más vibrantes y memorables con la llegada de Guillermo del Toro. El director mexicano presentó su esperadísima versión de “Frankenstein”, un proyecto que llevaba soñando desde la infancia, y que finalmente ha podido materializar con la libertad creativa y la escala que siempre consideró necesarias. La proyección se saldó con una ovación de pie de 13 minutos, y para Guillermo el festival alcanzó un punto histórico cuando recibió el León de Oro honorífico a los logros de una vida, reconocimiento a su trayectoria y a la huella imborrable que ha dejado en el cine contemporáneo.
La locura en la alfombra roja
La expectación era máxima. En el Lido, cientos de seguidores se agolparon a la espera de ver al cineasta y al elenco de la película, encabezado por Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Felix Hammer y Guo. El fervor se desató cuando apareció Del Toro en la alfombra roja. Aunque el protocolo de seguridad le impedía detenerse, el realizador no dudó en pedir a uno de los guardias que recogiera los pósters y fotografías que la multitud le tendía, con la promesa de firmarlos después. Un gesto sencillo, pero cargado de complicidad, que desató la locura entre los presentes y demostró una vez más la cercanía del director con su público.
“Frankenstein” como religión
En la rueda de prensa, Del Toro habló de la profunda conexión que lo une desde niño a la obra de Mary Shelley. “Para mí “Frankenstein” no era solo un sueño, era casi una religión desde que lo vi de pequeño. Crecí en un ambiente muy católico y nunca entendí a los santos… hasta que vi a Boris Karloff en pantalla. Entonces comprendí lo que era un mesías. Desde entonces sigo al monstruo como si fuera un santo propio”, confesó con emoción.
Explicó que había esperado décadas para rodar esta historia en condiciones adecuadas: “Todo lo que hice desde Cronos hasta ahora fue prepararme para esta película. Necesitaba la escala suficiente para reconstruir un mundo entero y hacerla diferente. Ahora que la terminé, estoy en depresión posparto”, bromeó.
El banquete de Guillermo
Oscar Isaac, que da vida a Víctor “Frankenstein”, describió la experiencia de trabajar con Del Toro como un verdadero regalo: “No podía creerlo cuando me dijo que quería que fuera Víctor. Me entregó un banquete: solo tenía que sentarme a la mesa. Con Guillermo es un proceso de rendirse al material y enamorarse de él por completo”.
Jacob Elordi, que interpreta a la criatura, relató que llegó al rodaje con apenas unas semanas de preparación, pero encontró un espacio cálido y creativo: “Llegué tarde, pero la mesa ya estaba servida. Lo único que tuve que hacer fue sentarme y dejarme llevar. Fue un sueño hecho realidad”.
Del Toro insistió en que no quería repetir el icono clásico del monstruo con cicatrices y grapas. “No quería un accidente andante. Víctor es un artista, y si ha soñado con esto durante veinte años, iba a crear algo hermoso, casi como una estatua de marfil o alabastro. Cada etapa de la criatura refleja su evolución, como si fuera un ser humano en crecimiento”, explicó.
Escenarios de carne y hueso
Uno de los aspectos más destacados de la producción fue la construcción de decorados reales, minimizando el uso del CGI. Del Toro lo defendió con convicción: “No es lo mismo pedirle a un actor que mire una bola en un fondo verde que ponerlo en un laboratorio real con máquinas gigantes. Eso alimenta la actuación. No busco eye candy, lo bonito superficial, sino eye protein: que cada elemento sirva para contar la historia”.
El compositor Alexandre Desplat, responsable de la partitura junto a Alexander Dela, señaló que la música no debía enfocarse en el horror sino en la emoción: “Pensamos en “Frankenstein” y uno imagina terror, pero aquí se trata de amor. La música debía ser lírica, profunda, casi como una elegía”. Del Toro añadió divertido: “Tenemos un pacto: si la música no me hace llorar, no está lista. Y como mexicano, me cuesta llorar”.
“Frankenstein” es, al mismo tiempo, un espectáculo visual majestuoso y una obra íntima. Del Toro construye un universo gótico minucioso, donde cada set es una pieza artesanal cargada de simbolismo. Pero lo más sorprendente es cómo logra humanizar el relato: la criatura no es un monstruo, sino un espejo de soledad, vulnerabilidad y deseo de pertenecer.
Oscar Isaac ofrece un Víctor atormentado por la obsesión y la culpa. Jacob Elordi sorprende con una interpretación física y sensible, aportando frescura a un papel tantas veces interpretado. Mia Goth, Felix Hammer y Christoph Waltz completan un reparto coral que brilla gracias a la dirección inclusiva de Del Toro.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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“The Smashing Machine”: una brutal historia de redención
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Presentada en el Festival de Venecia, “The Smashing Machine” de Benny Safdie es una película sorprendente por varios motivos, pero sobre todo por la interpretación absolutamente transformadora de Dwayne Johnson, quien deja atrás su imagen de héroe de acción para encarnar con dolor y humanidad al luchador Mark Kerr. Es, sin duda, la mejor interpretación de su carrera: vulnerable, intensa y emocionalmente sincera. Johnson conmueve en un registro donde rara vez lo habíamos visto.
La película, basada en hechos reales, trata sobre la caída y redención de Kerr, un hombre destruido por la adicción, las exigencias del deporte extremo y una relación de pareja profundamente tóxica. El relato se centra en cómo el trabajo, lejos de ser una vía de escape, a veces amplifica el caos personal, pero también puede convertirse en el camino hacia la recuperación cuando se combina con el apoyo —o la presión— familiar.
Uno de los aspectos más interesantes de la cinta es la constante comparación cultural entre Estados Unidos y Japón. En EE. UU., la lucha se muestra como un espectáculo salvaje, sin límites ni reparos: golpes sangrientos, destrucción, cuerpos chocando como en una feria grotesca. En contraste, el mundo japonés, donde también compite Kerr, está regido por normas estrictas, contención emocional y respeto por el orden. Esta dualidad sirve como metáfora de los dos estados internos del protagonista: el descontrol y la disciplina.
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La relación con su pareja (interpretada con solvencia por Emily Blunt) es otro de los pilares del drama. Se mueve entre la dependencia emocional y el chantaje: no se sabe si ella lo ama o simplemente teme perder la estabilidad económica que él representa. En medio de este caos, pequeños gestos —entrenar juntos, ir a la feria, o una inyección que alivia los espasmos del entrenador— adquieren gran carga simbólica. No son solo anécdotas: revelan una humanidad desgarradora y crean un vínculo genuino con el espectador.
La dirección de Safdie opta por un estilo casi documental, con cámara cercana y textura sucia que recuerda a sus anteriores trabajos, sumergiéndonos en un mundo físico y emocionalmente asfixiante. El maquillaje prostético, que transforma a Johnson en Kerr, se aplica con extremo detalle (más de 4 horas diarias), contribuyendo a borrar al ídolo y mostrar al hombre herido.
En definitiva, The Smashing Machine es una película poderosa, que no se limita al mundo de las artes marciales mixtas, sino que habla de adicción, soledad, presión social y redención. Una historia de sudor, sangre, familia y lucha interna. Johnson brilla, y Benny Safdie confirma que es uno de los autores más interesantes del cine actual.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.