“Gorriones bajo la lluvia”, uno de los últimos libros publicados por la escritora paraguaya Milia Gayoso, será editada próximamente en castellano por Iliada Ediciones, en Alemania, abriendo una nueva vidriera para su prolífica producción y para la literatura nacional. Con décadas de vigencia en el periodismo, Milia dio un paso al costado a ese oficio al iniciarse la pandemia, hoy a solo meses de haber tomado esa gran decisión cosecha un reconocimiento a toda una vida de producción literaria.

La Nación la sentó del otro lado de la mesa y la entrevistó como creadora y como guía para la nueva generación de escritoras que viene.

–¿Podrías comentarnos sobre el libro tuyo que se editará en Europa?

–Es un libro de relatos que publica Iliada Ediciones, una editorial alemana, con asiento en Berlín, publicado en castellano. ¿Cómo llego hasta allí? El director de la editorial es el escritor y periodista cubano Amir Valle, un antiguo amigo a quien conocí en Madrid en 1999. Amir Valle y su equipo editorial consideraron viable la publicación de este compendio de relatos, convirtiéndose el hecho en una maravillosa experiencia para mí.

–¿Esta edición fue una meta en tu vida como escritora?

–Pienso que todo escritor paraguayo (y seguramente, latinoamericano) sueña con ver una obra suya publicada en Europa. Allá se encuentran las grandes editoriales y hay una enorme cantidad de público al que se podría llegar con nuestras historias. Todos quienes escribimos anhelamos salir de nuestras fronteras y ganar lectores más allá del Océano Atlántico. Solo unos pocos como Augusto Roa Bastos y Robin Wood lograron que sus obras sean reconocidas en el Viejo Mundo. En mi caso, no sueño con oropeles, sí con lectores que disfruten de mi trabajo.

–¿En qué momento de tu vida o por qué decidiste aventurarte en la producción literaria?

–Desde siempre fui una niña contadora de historias, de manera oral. Cuando fui a vivir a Buenos Aires, fue de la mano de mis maestras cuando comencé a darle forma a mis historias. Escribí mi primer texto a los nueve años, y desde entonces no he parado. En mi primer trabajo como periodista, en el diario Hoy de Asunción, publiqué mis primeros relatos y cuentos, y luego en 1990 salió a luz mi primer libro. “Ronda en las olas” (Intercontinental-Ñandutí Vive-Don Bosco).

–¿Cómo se hace una escritora? ¿Cuál es la escuela más importante para llegar a ser una escritora?

–Ante todo, pienso que nace dentro de cada uno, es algo innato, necesidad/catarsis de sacar hacia afuera las historias que bullen dentro de una. Pero se fomenta leyendo, leyendo mucho. En mi caso, desde muy chica. Empezando por el primer libro infantil comprado por mi madre (“Barba azul”), pasando por todas las obras de autores que mis maestras del tercero al séptimo grado, en la Argentina, pusieron ante mis ojos: José Mauro de Vasconcellos, Luisa May Alcott, Edmundo de Amicis, María Granata, Juana de Ibarbourou, Emilio Salgari, Mark Twain, Federico García Lorca, Antonio Machado, Rubén Darío, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, y muchísimos más que luego se enlazaron con mis lecturas de adolescente y luego adulta.

–Producís constantemente. ¿Cuántos títulos tenés ya editados?

–La inspiración es como el tiempo, a veces llueve y por tiempos hay sequía. Tuve épocas de mucha productividad, como a finales del 2019 cuando escribí tres libros seguidos, entre ellos, “Gorriones bajo la lluvia”. Sin embargo, en ocasiones, me siento vacía de ideas, como ocurrió al principio de esta pandemia. Me superó la situación, sumado a mi salida del diario donde trabajé durante 24 años. Hice un duelo largo que no me permitió durante dos o tres meses enhebrar palabras. Pero como soy una eterna resiliente, me sacudí las cenizas y comencé a llenar de historias agendas, cuadernos y la computadora. Hasta el momento llevo publicados veintiséis libros, con cuentos, relatos y novelas.

–¿Tuviste alguna vez miedo de publicar y eso te estancó o siempre creíste en eso de que la producción no debe parar?

–Siempre tengo miedo de publicar. Incluso, a veces, cuando el libro ya está en imprenta, me asalta la duda si esos textos valen la pena. ¿A quién le puede importar?, me cuestiono a veces. Y luego voy a los colegios y los niños y/o jóvenes enriquecen mi sencilla historia y la convierten en algo magnífico, entonces respiro y sonrío.

–¿Cuánto tuvo que pasar de tu primera publicación para que puedas sentir satisfacción personal por tu trabajo, y cuánto para que eso se transforme en beneficio económico? ¿Van de la mano?

–Creo que al publicar mi quinto libro, el primero para niños, que sentí alegría por la devolución que tuve, primero de mis hijas, primeras oyentes de esos cuentos, y luego de los pequeños lectores. En Paraguay es muy difícil hablar de beneficio económico para la gran mayoría de los escritores, excepto para dos o tres que editan y distribuyen sus propias creaciones. Como la tirada es baja (500/100), el porcentaje que se gana es bien poco. En los últimos tiempos, algunas editoriales apuestan a tiradas mayores, de 2.000 o 3.000 ejemplares, entonces el porcentaje que se cobra se vuelve más interesante. Todos los escritores paraguayos nos dedicamos a otra actividad que solvente nuestra vida, ya sea el periodismo, el derecho o la docencia, entre otros. Vivir del 10% que se cobra por las obras publicadas es totalmente imposible.

–¿Cuál es tu fuente de inspiración para la creación permanente?

–La vida cotidiana, todo lo que veo a mi alrededor. Soy como una esponja que absorbe todo, luego lo proceso, le doy vida.

–En estos días presentás un nuevo trabajo, ¿podrías comentarnos algo de eso?

–Es un libro que se conforma de veintiún relatos, breves, como es casi siempre todo lo que escribo. Es un viaje por diversos temas como el amor, el desamor, la soledad, los estragos (y la belleza) que provoca el Alzheimer en las familias donde uno de los miembros lo contrae, los problemas sociales y el diálogo interior de seres cotidianos que a veces pasan a nuestro lado e ignoramos el dolor que pueden llevan dentro.

PERIODISMO Y LITERATURA

“En mi caso, el periodismo y la literatura siempre fueron de la mano, alimentándose uno de la otra y viceversa. Haciendo periodismo conocí a una inmensidad de personas, con sus historias detrás, sus situaciones de vulnerabilidad, de alegrías y tristezas. Todo eso pasó a formar parte de mi reserva de temas para escribir mis cuentos, relatos y novelas”, explica Gayoso.

Trabajadora de medios impresos como Hoy, Crónica y La Nación, Milia supo durante muchos años nutrirse del periodismo para poner luz en sus trabajos literarios. “Y a veces, le daba un vuelo literario a mis entrevistas periodísticas para lograr una atmósfera más conmovedora o alegre”, recuerda.

Portada de “Gorriones bajo la lluvia”.

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