• Por Carlos Giménez. carlos.gimenez@gruponacion.com.py

Con puntualidad inglesa, a las 21:30, y sin ninguna grandilocuencia, los cuatro integrantes de Keane ingresaron tranquilamente al escenario, con todas las luces encendidas. Parecía una fraternal cita de ensayo; una despojada escenografía y la cercanía, incitaban al reencuentro: más que público, la banda acogió a los fans paraguayos como un quinto integrante, de 15 mil almas.

Hace 7 años, un día antes de su primer show en el continente, los ingleses veían con desilusión que solo se vendieron 3 mil entradas… al día siguiente, les sorprendió un coro de casi 20 mil personas. Por la noche del miércoles pasado, en el Jockey Club, las emociones estuvieron lejos de ser inferiores.

Tras abrir con “Disconnected”, el cantante Tom Chaplin saludó en guaraní: “Mba’eichapa” (¿cómo están?) y dijo que se sintieron como los Rolling Stones desde el recibimiento en el aeropuerto. A continuación, la multitud vibró con “Bend and Break”. Una hora más tarde pronunciaría también: “Rohayhu” (les quiero), afirmándose a sí mismo: “I speak guaraní”.

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Aunque Chaplin fue comunicativo, la auténtica comunión se percibía cuando los artistas observaban al público y los conectaba una intimista ovación. Además, el prolijo sonido y las canciones de Keane no conducían al pogo ni el descontrol, más bien a un disfrute interior y rítmicamente coreográfico.

“Este fue un show mágico para mí”, terminaría admitiendo Chaplin, tras recordar la noche de agosto del 2012, y agradecer la apertura de Deliverans.

En los casi 140 minutos que Keane estuvo en el escenario fluyeron 25 canciones, incluyendo 6 de su quinto y último disco, “Cause and Effect”, publicado en setiembre pasado. No faltaron sentidas baladas, hasta esperados hits como “Everybody’s Changing”, “Is It Any Wonder?” o “Somewhere Only We Know”. Para el sensacional bis, “Crystal Ball” y “Sovereign Light Café”.

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