OPINIÓN

Hace once años Simone Her­drich hizo una fiesta de inaugu­ración del que iba a ser su atelier de pintura y mientras todo pasaba se dio cuenta de que era un extraordinario sitio para mostrar obras de arte. “Le había pedido a los amigos artistas que cada uno trajera una obra para colgar y así quedó como una galería”, cuenta hoy mientras se prepara todo para un evento más de estos 11 años de Fotomonocromo y su “Sopa de Pescado”.

Literalmente es un evento en el que se degusta una sopa de pes­cado y se accede a la muestra de un artista plástico o fotógrafo. La primera de ellas fue durante la inauguración de la muestra “El Ojo Salvaje”, un momento que se fija en la memoria de la anfitriona mientras hace el recuento.

Se hacen 10 exposiciones por año en las que pasaron también esculturas, cerámicas y otras expresiones del arte.

Con 19 años en el país, esta alemana que es también la directora del Instituto Cultural Paraguayo Alemán, abre así las puertas de un apartamento con una privilegiada vista a la ciudad, como una ceremonia especial que se disfruta cada primer miércoles de mes.

“Hay muy buenos artistas jóvenes que hay que valorar”, destaca señalando que hace falta infraestructura pública para exponer. “El Museo del Barro es buenísimo, pero hacen falta espacios públi­cos; en Alemania cada ciudad tiene su museo público”, compara.

MUCHO COLOR

“La pintura paraguaya es muy colorida y me gusta, aunque mis primeros trabajos fueron en blanco y negro. Lo fundamental es hacer el arte que uno quiere y no lo que piensa que va a vender. O sino uno se hace esclavo del gusto ajeno. Uno adquiere las obras que le llegan al corazón”.

Herdrich hasta pudo tender un pequeño puente artístico entre Alemania y Paraguay. “Hice varias exposiciones allá y vinieron los paraguayos, que están en todos lados (risas)”, comenta mientras llega la fenomenal sopa de pescado para alegría de los concurrentes.

Esta con una particularidad, hecha como en Salvador de Bahía, con camarones, cuenta Nelson Martinessi, el chef y a la vez expo­sitor de la noche. Multicolor y potente como su obra.

Grabador exquisito, alumno de Livio Abramo, Martinesi muestra contemporáneos y una retrospectiva que permiten ver la evolu­ción de su obra y también un hilo común, una personalidad que se muestra vital, abierta al descubrir.

Están sus palimpestos, un cruce de ideas en una plataforma, sus politipias, sus pinturas, sus dibujos de una ciudad imaginaria, un universo particular como ese que la neblina viene a posar sobre las terrazas de Asunción en una noche de octubre.

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