El documental “Kuarahy Ára – El tiempo del sol”, dirigido por el cineasta paraguayo Hugo Gamarra E., alcanza un nuevo hito internacional al ser consagrado como Mejor Documental en la 22.ª edición del Utopia Film Festival, celebrada en Greenbelt, Maryland, Estados Unidos. Este certamen, fundado en 2005, se distingue por reunir obras independientes que invitan a reflexionar sobre la diversidad cultural, la construcción de comunidad y los valores esenciales que unen a la humanidad.
La trama de “Kuarahy Ára – El tiempo del sol” se articula en torno a la búsqueda de una obra que impactó a Gamarra durante su adolescencia: el cortometraje “Cuarahy Ohecha” (1968), filmado por el realizador francés Dominique Dubosc durante la dictadura de Alfredo Stroessner.
A partir de este disparador, la producción se desarrolló a lo largo de un periplo rodado entre Paraguay, Argentina y Francia, reuniendo tras cuatro décadas a Dubosc con los integrantes de la familia Cabral Pereira. El proceso teje un diálogo audiovisual entre el pasado y el presente, reflexionando sobre la ausencia, la identidad y el lenguaje cinematográfico como preservador de la historia.
Cine, memoria e identidad
El recorrido internacional de la película da cuenta de un cálido recibimiento en diversos continentes y contextos cinematográficos. El documental paraguayo se consagró con el premio a Mejor Largometraje Internacional en el Arjuntala International Film Festival (India), una Mención de Honor en el Festival de Cine de Oberursel (Alemania) y formó parte de la Sección Contemporánea - Mundo Latino del 40° Festival Ibero-Latinoamericano de Trieste (Italia).
Hugo Alberto Gamarra Etcheverry (Asunción, 1955) es un director, guionista, productor e investigador de destacada trayectoria en el audiovisual paraguayo. Formado en universidades de Estados Unidos (Kent State University y University of Texas at Austin), es fundador del Festival Internacional de Cine del Paraguay y presidente de la Fundación Cinemateca del Paraguay. Su filmografía incluye documentales centrados en la memoria y la cultura paraguaya, tales como “El portón de los sueños” (1998, enfocado en la figura de Augusto Roa Bastos) y “Profesión Cinero” (2007), además de coescribir y coproducir el largometraje de ficción “El toque del oboe” (1998). Más información en sus redes sociales oficiales en Instagram (kuarahyarafilm) y Facebook (KuarahyAra).
Dejanos tu comentario
Gala de premiación del 17.° Concurso de Cortos Acesip será el viernes 30
La Asociación de Colegios y Escuelas de la Compañía de Jesús en el Paraguay (Acesip) presenta la gala de premiación de la 17.ª edición del Concurso de Cortos Acesip, un espacio consolidado que rinde homenaje a la destacada trayectoria del Premio P. Jesús Montero Tirado, sj. La cita está marcada para este viernes 30 de octubre de 2026, a partir de las 19:00 horas, en las instalaciones del imponente Teatro del Colegio Cristo Rey, con entrada libre y gratuita.
Este prestigioso evento cinematográfico convoca a estudiantes, familias y amantes del séptimo arte para ser testigos del esfuerzo, la creatividad y la visión de jóvenes realizadores. Cada cortometraje refleja una mirada única y transformadora sobre diversas realidades, demostrando el enorme potencial artístico que se gesta dentro de las aulas y los colegios jesuitas.
El Concurso de Cortos Acesip nació como una plataforma de expresión juvenil impulsada por la asociación integrada por destacadas instituciones como el Colegio Cristo Rey, el Colegio Técnico Javier y el Colegio San Roque González de Santa Cruz de Paraguarí. El certamen compite en tres categorías de participación: escolar (6.° a 9.° grado), educación media (1.° a 3.° curso) e independiente (para mayores de 18 años).
Bautizado bajo el lema conceptual “Contanos una historia que nos haga crecer”, este espacio fomenta la reflexión social y el abordaje de realidades locales a través de la mirada creativa de estudiantes y realizadores emergentes. Para su 17ª edición (2026), el concurso reafirma su enfoque hacia el género documental, incentivando la exploración del entorno, acontecimientos históricos o comunitarios mediante imágenes, testimonios y sonidos reales.
Dejanos tu comentario
“Wildwood”: la épica en stop-motion de Laika que tomó 16 años en llegar al cine
Luego de que una bandada de cuervos secuestra a su hermano, una joven se adentra en un bosque encantado, habitado por animales que hablan y humanos, y en donde se cierne una guerra que decidirá el destino de todos. Así comienza la épica “Wildwood”, del estudio de animación de stop-motion Laika, que demoró 16 años para llegar a la pantalla grande.
“Para ponerlo en perspectiva, hace 16 años, Barack Obama era un nuevo rostro que llegaba a su primer mandato en la presidencia. Eran tiempos mejores, amigos”, dijo con una sonrisa el director Travis Knight en una proyección en Los Ángeles. “Esta película existe porque cientos de personas dedicaron años de sus vidas a tratar de contar la más hermosa historia que podían usando sus manos y su imaginación”, comentó Knight en entrevista con AFP.
“Es algo que las computadoras no pueden hacer”, agregó el también director ejecutivo de Laika, el estudio estadounidense detrás de “Coraline”. En la era de la inteligencia artificial, Knight ensalzó el laborioso trabajo del stop-motion, técnica que requiere capturar la acción de diminutos objetos en fotos, con movimientos minúsculos.
“Es una celebración de la humanidad, porque lo que ves en esta película es creatividad, el arte y el esfuerzo humano a gran escala”, afirmó Knight, hijo del cofundador de Nike, Phil Knight. El realizador reconoció que las computadoras pueden emular las vivencias humanas, pero defendió que solo los humanos pueden hablar de emociones “de forma auténtica y significativa” porque las computadoras “jamás han sentido alegría, no se han enamorado, no les han roto el corazón”.
“Universal”
“Wildwood” narra la historia de Prue McKeel (Peyton Elizabeth Lee) en su intento de rescatar a su hermanito llevado por cuervos hacia lo profundo de la Mancomunidad Impasable, un bosque encantado a las afueras de Portland, en Oregón, escondido a la vista de los mortales. Junto a su amigo Curtis (Jacob Tremblay), Prue descubre un mundo fantástico, pero en el que la ambición y el duelo alimentan un inminente conflicto.
“Es una gran historia de fantasía épica”, comentó Knight. “Pero también explora temas maduros y emociones profundas”. Lee consideró que el proceso de Prue es muy similar al que ella misma atravesó durante la adolescencia. “No fui a un bosque mágico”, dijo sonriendo, “pero sí viví algo parecido a esa experiencia de ser una persona joven que se siente muy madura, muy adulta, que cree tener una comprensión muy sólida del mundo y de la realidad, y de pronto todo eso se pone en duda, y tiene que replanteárselo todo”.
Tremblay también se sintió identificado con el personaje de Curtis, quien intenta encontrar en la vida real el coraje de sus juegos e historietas. El trabajo de los actores que le dan la voz en inglés a la cinta moldeó a sus personajes. El estudio filmó sus gestos y movimientos mientras leían sus líneas en el estudio de grabación, y utilizó sus ademanes en el proceso de animación.
Para su equipo técnico, “Wildwood” fue un hito gracias a las expresiones logradas, y a su elenco de animales con bandadas de aves y personajes peludos. “Cada película que hemos hecho ha sido una fase de investigación y desarrollo para la siguiente”, señaló el supervisor de animación, Brad Schiff, quien destacó que las sutilezas en las interpretaciones de “Wildwood” les eran inalcanzables apenas unos años atrás.
La cinta, inspirada en el libro homónimo de Colin Meloy, es además una oda a Portland, la sede del estudio y el hogar de Knight. “Es un lugar muy específico”, dijo el director. “Pero he descubierto que, cuanto más específico e íntimo haces algo, más universal termina siendo”.
Fuente: AFP.
Dejanos tu comentario
El presidente de Fipresci repasa desde El Gouna la evolución global del cine árabe
- Por David Sánchez, desde El Gouna (Egipto), X: @tegustamuchoelc (*).
El presidente de Fipresci y responsable de CineGouna Funding analiza desde Egipto cómo los fondos de financiación, la cooperación regional y los mercados internacionales han transformado la presencia del cine árabe en el mundo.
El cine árabe ha dejado de ocupar una posición marginal en los grandes festivales internacionales. Su creciente presencia en las programaciones de Cannes, Berlín, Venecia y otros certámenes responde, en parte, a una transformación de sus mecanismos de producción y financiación. Ahmed Shawky, responsable de CineGouna Funding y presidente de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci), analiza este cambio durante una entrevista realizada en la novena edición del Festival de Cine de El Gouna, celebrado del 15 al 23 de octubre de 2026 en esta ciudad egipcia situada a orillas del mar Rojo.
«Si observamos la programación de cualquier gran festival internacional, probablemente encontraremos varias películas árabes. Hace veinte años no sucedía lo mismo», afirma Shawky, quien considera que el desarrollo de los mercados de coproducción ha sido determinante para abrir nuevas oportunidades. Sin embargo, rechaza atribuir el mérito exclusivamente a El Gouna: «No diría que CineGouna haya sido la principal fuerza impulsora, pero sí una de las más importantes».
La plataforma comenzó en 2017, coincidiendo con la fundación del festival, y actualmente selecciona proyectos cinematográficos árabes en desarrollo y posproducción. En 2026 participan diecinueve proyectos, trece en desarrollo y seis en posproducción. «Buscamos los mejores proyectos árabes e intentamos ayudarlos y apoyarlos», explica Shawky, cuya responsabilidad comprende desde la selección hasta las sesiones de formación, mentorías y contactos con posibles financiadores.
El crecimiento del cine árabe tampoco puede entenderse sin la colaboración entre festivales. Abu Dabi y Dubái impulsaron anteriormente mercados de coproducción, mientras que El Cairo, Marrakech y otros certámenes desarrollaron iniciativas similares. «Colectivamente hemos tenido un impacto en cómo se hacen las películas, cómo se desarrollan y cómo se presentan al mundo para conseguir coproducciones, distribución y ventas internacionales», sostiene.
Fondos, cooperación y nuevas oportunidades
La financiación constituye uno de los principales objetivos de CineGouna. El Red Sea Fund, vinculado al Festival Internacional de Cine del Mar Rojo de Arabia Saudí, participa por tercer año consecutivo concediendo un premio a uno de los proyectos seleccionados. También asisten representantes de otros festivales regionales, como El Cairo y Cartago.
«Existe cierta competencia por los estrenos o por algunos invitados, pero eso forma parte del juego. Colectivamente estamos trabajando juntos para apoyar a las películas y a los cineastas árabes», señala Shawky.
La plataforma ha ampliado progresivamente sus actividades. CineGouna Emerge está dirigido a nuevos talentos, CineGouna Funding acompaña proyectos que necesitan financiación y CineGouna Forum organiza encuentros, conferencias y talleres profesionales. A ellos se suman CineGouna Market y el recién incorporado CineGouna Series, dedicado a proyectos televisivos.
«Nuestra situación ideal sería que todas las personas que trabajan o desean trabajar en esta industria pudieran encontrar algo beneficioso en CineGouna», explica sobre el futuro del programa. Su objetivo es ampliar su alcance internacional sin esperar necesariamente otros diez años.
La independencia de la crítica cinematográfica
Su responsabilidad en CineGouna convive con la presidencia de Fipresci, circunstancia que plantea interrogantes sobre la independencia de la crítica frente a los intereses económicos de la industria. Shawky insiste en separar ambas funciones.
«Mi trabajo en CineGouna Funding no consiste en ser parte interesada de ningún proyecto. Intentamos ayudar a esas películas, pero cuando escribo como crítico lo hago de manera completamente independiente».
El presidente de Fipresci asegura que incluso ha publicado valoraciones negativas sobre películas que anteriormente participaron en CineGouna. También recuerda que los premios de la plataforma son decididos por jurados independientes o entidades patrocinadoras, sin que su cargo implique intervenir directamente en esas decisiones.
La situación económica de los críticos constituye otra preocupación. «Cada vez resulta más difícil mantener un nivel de vida adecuado dedicándose exclusivamente a la crítica cinematográfica», reconoce. Muchos profesionales necesitan trabajar también en universidades, festivales o instituciones culturales, una realidad que obliga a establecer reglas para evitar conflictos de intereses.
Shawky explica que quienes participan activamente en la producción, distribución o promoción de películas no pueden integrar jurados Fipresci. «Si existe alguna relación con una película seleccionada, debes comunicarlo. Yo solicitaría ser reemplazado porque existiría un conflicto de intereses», afirma.
Una nueva etapa para Fipresci
Elegido presidente en septiembre de 2025, Shawky se convirtió en el primer dirigente de Fipresci procedente de fuera de Europa y Norteamérica. Considera que su elección refleja una transformación internacional más amplia: «El mundo está cambiando para ofrecer más oportunidades a personas que no proceden del centro occidental que dirigió durante décadas muchas organizaciones».
La federación, fundada en 1925, reúne, según sus cifras, a más de 1.600 profesionales de ochenta países. Su nueva dirección ha sustituido el antiguo modelo concentrado en la figura de Klaus Eder por una estructura colegiada y electa, formada por Shawky y tres vicepresidentas.
La organización también amplía su presidencia internacional. Tras el centenario de 2025, festivales como Doha y Sundance han mostrado interés por incorporar sus jurados. Sundance contará con su primer jurado Fipresci en enero de 2027.
«Mientras se trate de un festival serio, nuestros críticos puedan descubrir películas nuevas y se respete nuestra profesión, podemos incorporar más jurados», concluye Shawky. Una expansión que pretende acompañar los cambios de una industria donde el cine árabe reclama cada vez mayor protagonismo.
(*) David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
Dejanos tu comentario
Mitología y humor filipino: así se gestó “La isla olvidada”, la nueva joya animada de DreamWorks
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Joel Crawford y Januel P. Mercado, directores de “La isla olvidada”, explican en entrevista exclusiva con La Nación cómo combinaron el humor, la pérdida de memoria y la mitología filipina en una película que recibió una ovación de cinco minutos en el Festival de Annecy.
Cinco minutos de aplausos en uno de los festivales de animación más importantes del mundo se convirtieron en uno de los recuerdos más especiales para Joel Crawford y Januel P. Mercado. La presentación de “Forgotten Island” (“La isla olvidada”), la producción de DreamWorks inspirada en las tradiciones filipinas, despertó una entusiasta reacción durante el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, en Francia. Para sus responsables, aquella acogida representó algo más que un reconocimiento artístico: confirmó que una historia vinculada a una cultura concreta podía emocionar a espectadores de diferentes países.
En entrevista exclusiva con La Nación, los dos cineastas hablaron sobre los desafíos de trasladar la mitología filipina a una gran producción de Hollywood, la importancia de la amistad en el argumento y las dificultades técnicas de combinar diferentes estilos de animación. También recordaron la reacción del público en Annecy, donde comprobaron que los temas centrales de la película, especialmente la memoria y las relaciones personales, podían conectar con espectadores de distintas procedencias.
«La historia y sus temas, la amistad y los recuerdos, realmente estaban conectando a escala mundial», explicaron al recordar aquella proyección. Los directores habían acudido al festival con especial interés por conocer la opinión de un público familiarizado con las técnicas de animación, pero la respuesta emocional superó sus expectativas.
Detrás de esta producción se encuentran dos cineastas que mantienen una amistad de casi veinte años y que han trasladado parte de esa experiencia personal a la pantalla. Crawford y Mercado construyeron una aventura protagonizada por Jo y Raissa, dos amigas que acaban de graduarse del instituto y se encuentran ante la perspectiva de emprender caminos diferentes. Su relación constituye el centro de una historia que combina situaciones cómicas, criaturas fantásticas y momentos de considerable intensidad emocional.
Una amistad que nació mucho antes de la película
La relación entre los dos directores constituye una de las principales fuentes de inspiración de “Forgotten Island”. Ambos han compartido proyectos profesionales y experiencias personales durante casi dos décadas, hasta el punto de que parte de la dinámica entre las protagonistas reproduce sus propias bromas y su manera de relacionarse.
«Toda esta película trata sobre dos jóvenes y su amistad. El espíritu de esta película tiene mucho de nuestra propia amistad», explicaron durante la entrevista. Los cineastas reconocieron que la energía de los personajes, su complicidad y la forma en que se animan mutuamente están directamente relacionadas con sus propias experiencias.
Esa cercanía también explica por qué decidieron situar la amistad en el centro de una gran producción de animación. En lugar de construir una historia alrededor de una amenaza que pudiera destruir el mundo, optaron por un conflicto mucho más personal: la posibilidad de perder los recuerdos que dan sentido a una relación.
«Lo que está en juego es la amistad y los recuerdos de esa amistad», señaló uno de los realizadores. La decisión les permitió explorar emociones que habitualmente quedan relegadas a un segundo plano en las grandes aventuras animadas, donde los conflictos suelen resolverse mediante enfrentamientos espectaculares.
Para Crawford y Mercado, la comedia también desempeña una función narrativa. Las situaciones divertidas permiten que el espectador conozca a los personajes y establezca una relación emocional con ellos. De esta manera, cuando aparecen los momentos dramáticos, la pérdida de memoria adquiere una dimensión mucho más significativa.
Entre «Resacón en Las Vegas» y «¡Olvídate de mí!»
Las referencias cinematográficas que utilizaron los directores para desarrollar “Forgotten Island” resultan tan diferentes como reveladoras. Por un lado, “The Hangover” («Resacón en Las Vegas»), una comedia que convierte los recuerdos perdidos después de una noche de fiesta en el motor de su argumento. Por otro, “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” («¡Olvídate de mí!»), que aborda la memoria desde una perspectiva mucho más dramática y psicológica.
Ambas películas ofrecieron a los realizadores dos maneras de aproximarse a una misma cuestión. La primera demostraba que olvidar podía generar situaciones absurdas y divertidas, mientras que la segunda planteaba las consecuencias emocionales de perder experiencias que forman parte de nuestra identidad.
«Nos encantan las películas que te llevan por una montaña rusa emocional, que tienen una comedia que te hace reír a carcajadas, pero también momentos muy tranquilos y conmovedores que te hacen llorar», explicaron.
La intención era combinar esas dos dimensiones sin que parecieran historias independientes. Los directores insistieron en que los momentos cómicos contribuyen a reforzar el vínculo entre las protagonistas, mientras que los pasajes dramáticos permiten comprender la importancia de preservar las relaciones personales.
El resultado es una película que utiliza los recursos habituales de la comedia de aventuras para abordar cuestiones como la identidad, los recuerdos compartidos y el temor a que desaparezcan las experiencias que nos unen a otras personas.
Las criaturas filipinas encuentran su lugar en DreamWorks
Otro de los elementos fundamentales de la producción es su vinculación con la mitología filipina. Los directores exploraron diferentes criaturas del folclore del país antes de seleccionar aquellas que consideraban más interesantes para trasladarlas a una película de animación destinada al público internacional.
Entre ellas destaca el manananggal, una figura femenina de características vampíricas que, según las leyendas tradicionales, puede separar su cuerpo en dos partes. Su apariencia y sus capacidades ofrecían a los realizadores la posibilidad de construir una antagonista diferente de las que habitualmente aparecen en las grandes producciones del género.
«La descripción de una mujer parecida a un vampiro que podía dividirse por la mitad nos resultaba emocionante», recordaron los cineastas, que también destacaron las posibilidades visuales de un personaje poco habitual en el cine de animación comercial.
Para darle voz recurrieron a Lea Salonga, una de las artistas filipinas de mayor reconocimiento internacional, conocida por sus interpretaciones musicales en películas de Disney como “Aladdín” y “Mulán”. En esta ocasión, la cantante asumió un personaje alejado de aquellas princesas con las que se había asociado su trayectoria cinematográfica.
Los directores celebraron especialmente esa transformación, que les permitió contar con una figura emblemática de la música filipina para interpretar a una villana de DreamWorks. La presencia de Salonga también reforzó la dimensión cultural de una producción que incorpora numerosos elementos reconocibles para el público del país asiático.
Una banda sonora que nació de la implicación del reparto
La música adquirió un protagonismo especial durante el desarrollo de la película. Además del trabajo del compositor Nathan Matthew David, los directores contaron con la participación de artistas que se involucraron personalmente en la creación de nuevas canciones.
Uno de los ejemplos más destacados fue el de H.E.R., quien conoció el proyecto cuando todavía se encontraba en una fase temprana de desarrollo, con secuencias representadas mediante dibujos preparatorios. Después de descubrir la historia, la artista propuso escribir una canción inspirada en sus personajes y en los temas que abordaba.
Posteriormente sugirió que Liza Soberano participara también en la interpretación. La iniciativa dio lugar a una composición que emocionó a los realizadores desde la primera vez que la escucharon y que terminó convirtiéndose en una expresión musical de la relación entre amistad, identidad y cultura.
El videoclip de “BRB”, rodado en Filipinas, prolongó esa conexión cultural. Los directores explicaron que el proyecto musical surgió de manera natural, gracias a la implicación de unos intérpretes que encontraron en la historia elementos con los que se identificaban personalmente.
El reparto de voces también incluye a Dave Franco, quien interpreta a Raww, y Manny Jacinto, dentro de una producción que buscó integrar la interpretación y la música en una misma propuesta artística.
El desafío de combinar dos mundos de la animación
La realización de “Forgotten Island” también supuso importantes dificultades técnicas. Crawford y Mercado querían desarrollar una estética inspirada en el anime de los años noventa, pero utilizando las herramientas de una gran producción contemporánea de animación digital.
Para conseguirlo, el equipo combinó elementos bidimensionales y tridimensionales, una decisión que obligó a encontrar soluciones tecnológicas específicas y a coordinar el trabajo de numerosos departamentos artísticos.
Los directores explicaron que uno de los principales desafíos consistió en conseguir que todos los profesionales implicados compartieran una misma visión visual. La dificultad no residía únicamente en crear nuevas herramientas, sino en trasladar a la pantalla una propuesta artística que requería la colaboración de cientos de personas.
«Creo que es la película más difícil en la que hemos trabajado y también la más gratificante», reconoció uno de los cineastas al recordar el proceso de producción.
Los realizadores destacaron que el resultado final no habría sido posible sin la participación de los artistas que contribuyeron con sus conocimientos y experiencias. Para ellos, la película terminó convirtiéndose también en una celebración del propio cine de animación y de sus posibilidades expresivas.
La combinación de técnicas fue precisamente uno de los aspectos que más interés despertaba entre los cineastas antes de presentar la producción en Annecy, donde esperaban encontrar un público especialmente atento a las innovaciones visuales.
La emoción de los filipinos al reconocerse en la pantalla
Más allá de los aspectos técnicos y narrativos, Crawford y Mercado destacaron la importancia de la representación cultural. La película incorpora numerosos elementos de la vida cotidiana y de las tradiciones filipinas, desde símbolos nacionales hasta vehículos característicos del país.
Entre esos detalles aparecen el sol filipino y los jeepneys, los populares medios de transporte que forman parte del paisaje urbano de Filipinas. Aunque pueden parecer elementos secundarios dentro de una gran producción cinematográfica, su presencia provocó reacciones especialmente emotivas entre algunos espectadores.
Los directores recordaron que las primeras imágenes promocionales ya habían generado comentarios de filipinos emocionados al reconocer aspectos de su propia cultura en una película de DreamWorks. Para ellos, aquellas respuestas confirmaron que la representación podía tener una importancia mucho mayor de la que habían imaginado.
Uno de los cineastas explicó que esa experiencia le hizo reflexionar sobre su propia relación con el cine durante la infancia. Había crecido admirando películas, actores y personajes sin detenerse a pensar en lo significativo que podía resultar encontrar referentes culturales cercanos a su propia identidad.
La producción le permitió comprender esa dimensión de una manera diferente. No se trataba únicamente de introducir elementos filipinos en una historia internacional, sino de ofrecer a los espectadores la posibilidad de reconocerse en personajes y escenarios que habitualmente não ocupan el centro de las grandes producciones de Hollywood.
«Importas, mereces ser visto y mereces compartir tus historias personales, con las que la gente puede conectar y conectará», afirmó uno de los directores al explicar la importancia de esa representación.
Aunque durante la entrevista no confirmaron haber recibido comentarios específicos del Gobierno filipino, ambos concedieron especial importancia a las reacciones de los espectadores. Consideran que esos testimonios constituyen una de las mayores satisfacciones del proyecto, precisamente porque demuestran que los pequeños detalles culturales pueden despertar emociones profundas.
Con “Forgotten Island”, Joel Crawford y Januel P. Mercado han reunido dos objetivos que recorren toda la película: explorar nuevas posibilidades para el cine de animación y contar una historia personal capaz de conectar con espectadores de diferentes países. La ovación que, según relataron, recibieron en Annecy y las reacciones del público filipino representan dos manifestaciones de una misma idea: que las historias vinculadas a una cultura concreta pueden encontrar un lenguaje emocional compartido mucho más allá de sus fronteras.
(*) David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.