La directora de Proimágenes Colombia analiza en Iberseries & Platino Industria el crecimiento de la producción audiovisual del país, la fortaleza de su modelo de financiación, el auge de la animación y una paradoja cada vez más evidente: Colombia produce más cine, pero cada película tiene más dificultades para encontrar a su público.

Colombia produce hoy casi diez veces más películas que hace dos décadas. El salto es evidente: de unas ocho películas al año se ha pasado a 79. Pero hay una cifra que obliga a mirar el crecimiento desde otro ángulo. En 2006, una película colombiana reunía de media unos 226.000 espectadores. Ahora, según Claudia Triana de Vargas, directora de Proimágenes Colombia, el promedio está entre 10.000 y 15.000. «Está saliendo un promedio de 4 películas por semana a las salas de cine. Que se compiten entre ellas», explica.

Triana abordó esta paradoja durante Iberseries & Platino Industria, celebrado en Madrid del 29 de septiembre al 2 de octubre, donde Colombia acudió con una delegación de cerca de 50 empresas. El encuentro sirvió para presentar proyectos, buscar socios y reforzar las conexiones entre la industria colombiana y los mercados europeos. Para Triana, estos espacios tienen un valor especial. «Yo soy fan de los puntos de encuentro», asegura, y considera que Iberseries ha conseguido convertirse en uno de ellos para el audiovisual colombiano. «Iberseries cada vez más ha convocado a empresas colombianas que quieren venir, que encuentran aquí un espacio para conversar con más europeos, con más españoles, que vienen canales de televisión buscando producciones».

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La delegación colombiana llegó con una misión amplia: vender proyectos, películas y series, pero también mostrar las posibilidades de un sector que ha ido ganando capacidad para producir en el país y exportar servicios.

Un incentivo para traer producción extranjera

Una de las herramientas que ha contribuido a ese crecimiento es el Certificado de Inversión Audiovisual, CINA, creado en 2020. Se trata de un incentivo fiscal destinado a producciones internacionales que realizan un gasto mínimo en Colombia. «Es una ayuda vía impuestos para que internacionales vengan a filmar en Colombia, vengan a hacer su postproducción, no importa si son series, si son películas, si son videojuegos, si son videos musicales, si es publicidad».

Según los datos aportados por Triana, el sistema ha respaldado alrededor de 190 proyectos audiovisuales durante sus seis años de funcionamiento. «Ha sido muy exitoso, ha irrigado muchos recursos a la economía porque el dinero tiene que venir de fuera y tiene que gastarlo en Colombia». El beneficio, explica, no se queda en los números de inversión. Las producciones internacionales han contribuido a profesionalizar a los equipos técnicos colombianos. «La mayoría de los proyectos han venido de Estados Unidos, han aprendido a trabajar con unas crews mucho más competitivas. Ahora en Colombia hay crews que no le envidian nada, una crew norteamericana».

El reto siguiente es formar más profesionales. Parte de los recursos aportados por las producciones internacionales se destina a planes de formación y entrenamiento de nuevos equipos técnicos. La intención es que cada producción deje capacidades que permanezcan en el país una vez terminado el rodaje.

La financiación que no depende del calendario electoral

Triana defiende también la estructura del sistema de financiación cinematográfica colombiano, que busca reducir la dependencia de los presupuestos generales del Estado. «El sistema que hemos hecho con la legislación colombiana no depende del gobierno de turno tanto». La pieza fundamental es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, financiado principalmente por recursos procedentes de la propia actividad cinematográfica.

«Es la industria alimentando la misma industria. No viene de recursos del presupuesto general de la nación ni del Ministerio de Cultura». Para Triana, esta fórmula permite que los proyectos tengan continuidad aunque cambie el Gobierno. La estructura de Proimágenes también juega un papel en esa estabilidad. La entidad es privada, sin ánimo de lucro y de participación mixta, con presencia tanto de organismos públicos como de representantes del sector audiovisual.

«Por eso es que podemos entregar estímulos que duran cuatro años haciendo su película y no es hacer cosas a 31 de diciembre cuando cambia la vigencia». El modelo se completa con el cash rebate, la devolución en efectivo vigente desde 2012 y gestionada por Proimágenes mediante un convenio con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Annecy prepara una gran ventana para la animación

La animación será uno de los grandes escaparates internacionales de Colombia en 2027. El país fue elegido invitado de honor en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy y su mercado MIFA. La selección, sostiene Triana, reconoce el crecimiento de un sector que durante los últimos diez años ha ido construyendo empresas, profesionales y capacidad de coproducción.

«Han encontrado en Colombia un trabajo emergente en la animación que se ha visto creciendo en los últimos diez años». El cambio ya se refleja en compañías que exportan servicios y estudios que cuentan con equipos estables. «Ya tenemos estudios que tienen 70, 50 personas trabajando todo el año».

Colombia prepara ahora su presencia en Annecy. «Estamos trabajando a todo motor para tener una representación bien nutrida en Annecy y para dar a conocer nuestro país y las posibilidades que tiene dentro de la animación». Triana espera que la cita tenga «sabor, música, animación y muchísima gente colombiana» en la ciudad francesa.

El cortometraje como semillero

El cortometraje ocupa otro espacio relevante dentro de la política audiovisual colombiana. El país mantiene convocatorias que apoyan al menos 50 cortos cada año, con especial atención a proyectos regionales, étnicos e infantiles. «Entonces hay una apuesta enorme por el corto». También existe un incentivo para favorecer la exhibición de cortometrajes colombianos en las salas de cine, además del trabajo desarrollado por festivales especializados.

Triana destaca especialmente BOGOSHORTS, que ha convertido el formato en un espacio de formación, circulación y desarrollo de proyectos a través de su BOGOSHORTS Film Market. «Creo que hay una apuesta importante en Colombia por él». La apuesta tiene una dimensión industrial, pero también de renovación del talento. Para muchos cineastas, el cortometraje es el primer espacio en el que pueden experimentar, construir una voz propia y entrar en contacto con la industria.

Que las comunidades puedan contar sus propias historias

Otro de los procesos que Triana reivindica es el cine comunitario. En el último Bogotá Audiovisual Market, BAM, se puso el foco en distintos proyectos desarrollados durante años por comunidades de todo el país. La iniciativa parte de una idea: que las historias no tengan que llegar siempre desde los grandes centros de producción.

«Estamos viendo historias súper interesantes que han salido en las comunidades indígenas, en las comunidades afro, que antes pensaban que no eran parte». El cine comunitario, explica, permite que esas comunidades tengan un espacio propio para trabajar sus relatos. «Donde pueden contar sus propias experiencias. Empoderarse más. Y hacer esos desarrollos tan necesarios. De las historias. De los guiones. De los desarrollos. De cómo hacerlo mejor».

Triana espera que el proceso desemboque también en nuevos profesionales. «Yo creo que vamos a tener una cosecha importante de jóvenes talentos que van surgiendo de las comunidades».

El problema no es contar las historias, sino encontrar a quien las vea

La conversación termina en uno de los asuntos más delicados del cine colombiano: la representación de la violencia. Ante la posibilidad de que películas sobre los falsos positivos, el conflicto armado o la memoria reciente puedan contribuir a procesar esas heridas, Triana parte de una premisa constitucional. «En Colombia la Constitución prohíbe que haya censura. O sea, en Colombia no hay censura». La directora introduce, eso sí, una diferencia: «Hay censores, que es distinto. Pero no hay censura».

En otras palabras, los cineastas pueden abordar cualquier tema. La dificultad aparece en el mercado. «A veces hay que dejar un tiempo de duelo. Las películas colombianas normalmente duelen». Triana recuerda que el país arrastra décadas de conflicto y que todavía convive con el narcotráfico, las extorsiones, las disidencias, los asesinatos de líderes sociales y la violencia contra las mujeres. «Entonces, tienes que contar un país. Y no vamos a tapar el sol con los ojos. Ni con la mano».

Pero esas historias no siempre son fáciles de vender. «En Colombia puedes contar cualquier historia. El tema es que el público, que está tan adolorido también, no la reciba tan bien». Las series de televisión han demostrado que existe una audiencia para relatos sobre narcotráfico, secuestro o sicariato. El cine, sin embargo, se enfrenta a una fragmentación mayor. «Nuestras películas, cuando están muy concentradas en esos temas, son películas que tienen un nicho. Pero no son películas para todos los públicos».

Y ahí aparece la otra gran batalla del audiovisual colombiano: hacerse visible. El aumento de la producción ha generado una competencia interna mucho mayor. Si antes se estrenaban unas pocas películas al año, ahora llegan varias cada mes. «Una de las obsesiones y de las dificultades más grandes que tiene Colombia. Pero también todos los países. Es que hay sobre oferta de películas».

La consecuencia es una lucha cada vez más dura por la atención del espectador. Y, en esa lucha, el marketing se convierte en una herramienta esencial. «Si seguimos teniendo desde hace 20 años el mismo problema de que no hacen un mercadeo. Ni le destinan dinero al mercadeo de la película. Y al no hacer eso. Es muy difícil que te puedas hacer visible».

La intervención de Triana en Iberseries deja así una fotografía con dos caras. Por un lado, una industria colombiana que ha crecido, atrae inversión internacional, forma profesionales, exporta servicios y prepara su desembarco en grandes escaparates como Annecy. Por otro, un mercado en el que cada vez hay más películas peleando por un número limitado de espectadores.

El reto ya no es únicamente producir. Es conseguir que, entre todas esas historias, el público encuentre una que quiera ver.

* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.

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