- Por David Sánchez, desde Karlovy Vary (República Checa), X: @tegustamuchoelc (*).
Desde el Festival de Karlovy Vary, el director mexicano defiende que el aumento de los incentivos públicos ha fortalecido la producción nacional, niega que exista censura institucional y advierte de un riesgo mayor: la autocensura de los propios creadores.
En un momento en el que buena parte de la industria audiovisual debate sobre la financiación, las plataformas o la libertad creativa, Michel Franco se desmarca del pesimismo. El cineasta mexicano, uno de los nombres más reconocidos internacionalmente del cine de autor de su país, considera que México atraviesa una etapa favorable para la producción cinematográfica y cree que existe una nueva generación de realizadores con capacidad para mantener ese impulso.
Durante su paso por el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, donde regresó invitado por el 60.º aniversario del certamen, Franco sostiene que las principales herramientas públicas de financiación atraviesan una situación más sólida que hace unos años.
“El EFICINE es la principal fuente de financiación para las películas y el monto aumentó de 20 a 25 millones de pesos. Era una actualización necesaria y es una buena señal”, explica. A ello suma nuevos incentivos destinados a atraer producciones internacionales. “Yo creo que las cosas van bien. Hay muchos directores y directoras jóvenes haciendo un trabajo interesante. Soy positivo.”
Ese optimismo contrasta con el discurso habitual de una industria que durante años denunció la reducción de apoyos públicos y las dificultades para levantar proyectos independientes. Franco, sin embargo, evita dramatizar la situación y tampoco comparte la idea de que exista censura institucional en México.
“Llevo casi veinte años haciendo largometrajes y hemos producido unas 27 películas. No diría que haya censura”, afirma. Para el director, muchas veces las negativas a determinados proyectos terminan interpretándose automáticamente como un acto de censura cuando, según su experiencia, no responde a esa realidad.
Donde sí identifica un problema creciente es en la autocensura.
“A veces compartes una idea con tu propio equipo y son ellos quienes empiezan a preocuparse porque alguien pueda sentirse ofendido. Ese es el mayor peligro.”
Franco considera que el cine debe conservar la libertad para explorar cualquier conflicto social o político.
“La ficción tiene que ser un espacio donde podamos atrevernos a todo”, sostiene.
Una carrera internacional sin abandonar México
Aunque en la última década ha trabajado con figuras como Tim Roth, Jessica Chastain, Charlotte Gainsbourg o Emma Suárez, el director rechaza que su objetivo haya sido acercarse a Hollywood.
Según explica, todo ocurrió de forma natural tras el éxito de Después de Lucía, cuando Tim Roth le propuso colaborar en Chronic. A partir de ahí comenzaron los rodajes internacionales, pero nunca cambiaron sus prioridades.
“No planeo mis películas pensando en Hollywood. Lo atractivo es trabajar con grandes actores.”
Franco insiste en que su identidad cinematográfica sigue siendo la misma, independientemente del idioma o del país donde ruede. Si su cine ha evolucionado, dice, es porque él mismo ha cambiado con el paso del tiempo.
Sin concesiones al mercado
El director también reivindica una forma de entender el cine alejada de los cálculos comerciales. Recuerda que recibió presiones para modificar el desenlace de Nuevo orden y hacerla más accesible para el público.
“Mucha gente me decía que salvara a la protagonista. Pero entonces la película perdía todo su sentido.”
La misma situación, asegura, se produjo con Dreams y con otras obras de su filmografía. En ningún caso aceptó modificar el final para buscar una mayor taquilla.
Su objetivo nunca ha sido incomodar por provocar, aclara, sino construir películas que obliguen al espectador a enfrentarse a preguntas difíciles.
México, siempre como punto de partida
Pese a haber rodado en Estados Unidos y Europa, Franco no contempla abandonar definitivamente México. Aunque reconoce que le gustan ciudades como Madrid, Buenos Aires o Nueva York, asegura que sigue sintiendo una vinculación especial con Ciudad de México.
“Nací ahí y es donde he construido toda mi vida. Como México, no hay dos.”
Esa relación también se refleja en su manera de entender el cine. Aunque su carrera sea cada vez más internacional, continúa observando la realidad mexicana y participando en el desarrollo de nuevos realizadores desde su propia productora.
Un festival que sigue siendo referencia
Karlovy Vary ocupa también un lugar especial en esa trayectoria. El director mexicano considera que el certamen checo mantiene un nivel de exigencia poco habitual dentro del circuito internacional.
“Es uno de los festivales serios, de los buenos”, afirma.
Durante esta edición, además de asistir como invitado del aniversario, dedicó parte de su estancia a participar en un programa de apoyo para cineastas que preparan su primer largometraje, una forma de contribuir al relevo generacional que, según él, vive actualmente el cine mexicano.
Mientras continúa escribiendo un nuevo proyecto que todavía prefiere mantener en secreto, Michel Franco mira hacia el futuro con una convicción poco frecuente entre los cineastas independientes de su país: pese a las incertidumbres del sector, cree que el cine mexicano dispone hoy de mejores herramientas para seguir creciendo.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.