- Por David Sánchez, desde Karlovy Vary (República Checa), X: @tegustamuchoelc (*).
Karlovy Vary se caracteriza por esa atmósfera única de los festivales de Europa del Este, donde la devoción por el cine de autor convive con una arquitectura imperial de balneario. En ese escenario se encuentra el danés Mads Mengel, quien experimenta la mezcla exacta de tranquilidad por el trabajo bien hecho y el inevitable nerviosismo de estrenar su primer largometraje. Su ópera prima, The Guest, compite en la sección oficial del festival internacional de la ciudad checa, un logro que consolida una trayectoria construida previamente en el cortometraje y la televisión de su país.
“Nunca había estado en Karlovy Vary, pero todos los que han venido me dicen que es un lugar y un festival maravillosos”, admite el cineasta con la timidez propia de la cultura nórdica. “A nivel personal, estoy emocionado y, por qué no decirlo, un poco nervioso. Pero sobre todo, inmensamente agradecido de que mi primera película haya sido elegida para la competición principal”.
Del rodaje rápido a sostener la magia
Dar el paso hacia el largometraje suele desestabilizar a muchos directores por las exigencias de presupuesto y escala, pero Mengel enfoca el reto desde la raíz del oficio: “La escala es muy diferente, conseguir la financiación es una batalla distinta, pero el núcleo de todo sigue siendo el mismo: hacer que una escena funcione. En un corto haces un par de escenas y listo; en un largometraje tienes que sostener esa magia durante mucho más tiempo”. En ese sentido, valora sus cimientos: cuatro años de formación en la escuela de cine de Dinamarca y la agilidad que le aportó trabajar en televisión. “Al final, todo se reduce a la verdad de lo que ocurre frente a la cámara”, reflexiona.
El estreno llega además en una época dorada para el cine danés, impulsado internacionalmente por creadores como Thomas Vinterberg o Anders Thomas Jensen gracias a obras como Otra ronda, Riders of Justice o La tierra prometida. Lejos de verlo como una carga, Mengel lo asume con gratitud: “No lo siento como una presión, sino como un honor. Nací en un país que ya tenía el camino pavimentado. Somos un país muy pequeño, pero en la escena cinematográfica hemos tenido picos históricos que han empujado los límites de lo que el cine puede ser. Solo tengo que dar las gracias a los gigantes sobre cuyos hombros me apoyo”. Según el director, el éxito de sus compatriotas se debe a una artesanía depurada y al hecho de seguir filmando con pasión y corazón.
La coreografía de la tensión
Esa influencia del entorno se percibe en cómo The Guest aborda las relaciones humanas en espacios cerrados, teniendo como punto álgido una tensa e incómoda escena en un comedor. “El cine nórdico siempre ha sido muy bueno retratando a personas obligadas a pasar tiempo juntas, en todo tipo de situaciones. Y nuestra tradición no tiene miedo a ser incómoda. Me gusta mucho eso”, detalla Mengel.
Para capturar esa incomodidad de la manera más orgánica posible, el director trabajó codo con codo con su director de fotografía, David Bauer, diseñando un sistema de filmación en 360 grados que priorizaba la interpretación:
- Distancia: Utilizaron dos cámaras con objetivos de larga distancia para observar a los actores desde lejos, recreando la perspectiva de una obra de teatro.
- Libertad: Grabaron planos secuencia de casi media hora en los que el elenco a menudo no sabía la ubicación exacta de la cámara.
- Naturalidad: El método propició que surgieran reacciones completamente genuinas entre los intérpretes, sin interferencias técnicas que estorbaran la escena.
Aunque el guion fue escrito desde cero junto a Kerstin Bengtsson, el largometraje se nutre inevitablemente de la realidad del director. “Es una mezcla de pensamientos personales sobre temas como el perdón y la familia. Al final, las observaciones y fascinaciones de tu vida se amontonan en esa gran pila de creatividad que es una película”.
El cine como puente
Más allá de los debates estéticos, el objetivo final de Mengel con este drama sobre las heridas familiares y los silencios dañinos es apelar directamente a la fibra íntima del espectador. “En el mejor de los mundos, espero que piensen en sus propias vidas”, confiesa de manera directa. “Que se den cuenta de que nunca es demasiado tarde para cambiar las cosas. Que quizás no sea demasiado tarde para llamar a alguien a quien aman y con quien no han hablado en mucho tiempo. Ese sería el mayor regalo”.
Mientras defiende The Guest ante el público del festival, Mengel ya escribe su próximo largometraje, repitiendo autoría junto a Bengtsson. Se tratará de un drama de personajes ambientado en el entorno periodístico y la sociedad de Dinamarca, con un marcado trasfondo político. Un nuevo paso para un cineasta que, con paso firme y sin estridencias, continúa la rica tradición del cine humano y necesario de su país.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.