- Por David Sánchez, desde Karlovy Vary (República Checa), X: @tegustamuchoelc (*).
La directora del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) forma parte del jurado de la competencia Proxima de la 60.ª edición del certamen checo. Entre la magia de una ciudad volcada al cine y la sombra del Mundial, Araiza analiza la urgente necesidad de profesionalizar la promoción del cine iberoamericano y los desafíos de su festival tras el fenómeno futbolístico.
Karlovy Vary, la joya termal de la República Checa, transita estos días por su 60.ª edición del Festival Internacional de Cine (KVIFF), que se extiende del 3 al 11 de julio. Entre los prestigiosos jurados que deciden los destinos de las nuevas voces del cine global, destaca la presencia de Estrella Araiza, directora general del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG). Araiza integra el jurado de la competencia Proxima, la sección dedicada a las óperas primas y segundas películas, donde evalúa el pulso de las nuevas generaciones de cineastas.
La ciudad como protagonista del festival
Sentada a orillas del río Teplá en la terraza Pupp-up del famoso hotel Pupp de la ciudad, Araiza confiesa su fascinación por la simbiosis entre la ciudad y el certamen. “Me impresionó muchísimo ver a tanta gente alrededor del río, siguiendo los conciertos gratuitos en las pantallas. Eso habla de una experiencia de organización en beneficio de la ciudad, que al final es lo que deberían tener todos los festivales”, reflexiona. Esta integración masiva la lleva a soñar con replicar el fenómeno en México. “En Guadalajara, a partir del Mundial, hemos tenido conciertos al aire libre con 300.000 personas en la zona de la Minerva. Si la música funciona así, ¿por qué no el cine?”, se pregunta, recordando el éxito de figuras como C. Tangana en su festival.
La sombra del Mundial y la lucha por los recursos
Sin embargo, el Mundial de Fútbol de 2026, que comenzó en junio en Norteamérica, dejó una marca indeleble en la reciente edición del FICG. “Fue un año muy complicado”, admite. La sombra de la FIFA obligó a mover las fechas del festival a abril, ya que los hoteles estaban copados y los patrocinadores retiraron sus fondos. “Todos los sponsors nos decían: ‘Nos encanta el festival, pero este año no vamos a poder por el Mundial’. Es una locura”, relata.
Futbolera confesa y seguidora de las Chivas de Guadalajara —equipo con el que mantienen una excelente relación—, Araiza no deja de cuestionar la disparidad económica. “Se calcula que la FIFA tuvo miles de millones de dólares de ganancia. Es una barbaridad. Ojalá se pudiera dedicar al menos un 2% del Producto Interno Bruto a la cultura. Sería una diferencia enorme”, sentencia, abogando por una convivencia donde ambas pasiones se nutran y no se excluyan.
La invisibilidad de Latinoamérica en Europa
Más allá de la logística, la preocupación de Araiza es estructural. Al caminar por las calles de Karlovy Vary, nota una ausencia: la del cine latinoamericano. “No lo veo tan presente como en otros lugares. En Cannes no había nada, y acá apenas hay un par de representantes en la sección Proxima”, lamenta.
Para la directora, esta invisibilidad en los grandes escenarios europeos es un síntoma de políticas públicas fallidas. “En México no tenemos una agencia de promoción cinematográfica flexible y no burocrática, como sí lo es Cinema Chile o Proimágenes Colombia”, explica. Araiza señala que los cambios constantes de gobierno en las entidades estatales, como el Imcine, generan vacíos que tardan años en subsanarse. “La promoción cinematográfica requiere estar presente, crear relaciones, ir a todos los mercados. Si cambia la cabeza y caen todas las piezas, el vacío sigue quedando”, advierte, aunque resalta los esfuerzos recientes de entidades regionales como Filma Jalisco para mantener la presencia internacional.
El regreso a los orígenes
De cara al futuro, el FICG busca reencontrarse con sus raíces. Tras años de bailar con las fechas por la pandemia y ahora por el Mundial, el festival de Guadalajara volverá a su tradicional mes de marzo en 2027. “Eso nos abre muchas posibilidades, específicamente con el público europeo, que podrá escapar del frío para venir a nuestro calor”, bromea.
Con un equipo de programación que se renueva para traer “sangre nueva” y un país invitado que aún mantienen en secreto —“ojalá lo podamos anunciar pronto”—, Araiza se prepara para cerrar su experiencia en Karlovy Vary. Una experiencia que, entre el brillo de los cristales de Bohemia y la urgencia de las industrias latinoamericanas, reafirma su convicción: el cine de la región tiene la fuerza para brillar, siempre y cuando se le den las herramientas para competir en igualdad de condiciones.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.