El jefe de la estación de tren de Holmes Chapel, Graham Blake, sostiene un muñeco de Harry Styles, rodeado de imágenes del cantante. Foto: Oli Scarff/AFP
Holmes Chapel, el pueblo natal de Harry Styles atrae a fans ante nuevo disco
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Con su secular iglesia, sus pubs y sus pintorescos comercios, Holmes Chapel se parece a muchos pueblos ingleses. Pero desde que uno de los suyos, Harry Styles, se convirtió en estrella de la música, tras pasar por el grupo “One Direction”, nada es como antes. Fans de todo el mundo —apodados los “Harries”— acuden en masa a esta pequeña localidad del noroeste de Inglaterra, cerca de Mánchester.
Vienen durante todo el año para recorrer los pasos del excantante de “One Direction”, que ha seguido teniendo éxito como solista con temas como “Watermelon Sugar” o “As It Was”. Las últimas semanas han sido especialmente animadas, ya que el cantante, de 32 años, lanza este viernes un nuevo álbum y ofrecerá un único concierto en Mánchester.
“¡He esperado este día durante tanto tiempo!”, exclama Elena García, una española de 21 años, que vino con dos amigas, también estudiantes en Liverpool. El trío se dirigió a la estación del pueblo, donde la taquilla se ha convertido en una especie de santuario, y luego a la panadería donde Harry Styles trabajó durante un tiempo.
También fueron al viaducto donde, desde hace años, los fans dejan constancia de su visita. El propio cantante escribió su nombre allí en el documental sobre “One Direction”, This Is Us, estrenado en 2013. También existen rumores de que la estrella del pop habría dado su primer beso junto junto a las paredes de ese viaducto de 23 arcos y 180 años de antigüedad, conocido como el “Muro de Harry”. “Tener tu nombre en el muro es algo importante”, asegura Katharina, una alemana de 22 años.
Guías expertos
Holmes Chapel, que cuenta con unos 7.000 habitantes, ha recibido a miles de fans en los últimos años. Debido a la atracción generada, la asociación Holmes Chapel Partnership comenzó a ofrecer visitas casi diarias en 2024, con once guías, deteniéndose en diferentes lugares relacionados con la estrella del pop. La campaña de reclutamiento de guías atrajo a más de 100 candidatos, incluidos 30 del extranjero.
“Fue simplemente fenomenal”, cuenta Peter Whiers, que dirige la asociación. “La gente llegaba todo el día” para unirse a las visitas, añade. “Nos costaba satisfacer las demandas”, puntualiza. La camarera Chloe Thomason, de 24 años y fan de Styles, formó parte de los guías contratados tras aprobar un examen de 80 preguntas sobre la estrella y Holmes Chapel.
La joven, de la ciudad vecina de Congleton, recuerda a visitantes llegados de todo el mundo. “Me encantaba escuchar la historia de cada uno. Cómo habían descubierto a Harry, si eran fans nuevos o antiguos”, relata. Ahora las visitas se realizan sin guía, con un mapa especialmente diseñado. También existe un recorrido en línea.
“Bastante aburrido”
Styles, que nació en Redditch, a unos 150 km, se instaló en Holmes Chapel con su familia cuando era un niño. Cuando tenía 16 años, tomó un tren hacia Londres, para participar en las audiciones de The X Factor en 2010. Durante el programa, describió a su pueblo como “bastante aburrido” pero también “pintoresco”.
Su vida cambió ese año, cuando fue elegido para formar parte de “One Direction”. El grupo anunció su separación a finales de 2015. Sus miembros emprendieron carreras en solitario, pero ninguno alcanzó tanto éxito como Styles. Liam Payne, otra de las estrellas del grupo, murió en 2024 en Buenos Aires, a los 31 años de edad.
En Holmes Chapel, la estación del pueblo luce ahora un mural de Styles, realizado por dos artistas locales. No lejos de allí, un restaurante chino, donde Styles habría llevado a la también cantante estadounidense Taylor Swift, cuando fueron pareja brevemente hace más de diez años, también atrae a muchos visitantes. Graham Blake, jefe de la estación durante 28 años, recuerda al joven camino a la capital británica. “Sabía que tenía talento. Cantaba en el andén”, cuenta a la AFP. Pero deja claro que “nunca habría imaginado que alcanzaría las cimas donde está hoy”.
Sílvia Pérez Cruz, la voz española solicitada por Rosalía y Residente
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De Rosalía a Residente, muchos son los que la quieren de invitada en sus canciones. Pero la española Sílvia Pérez Cruz hace años que brilla con luz propia y lleva su música melódica por los escenarios de medio mundo. La artista catalana, que hace apenas unos días recibió el Goya del cine español a la mejor canción original en el documental “Flores para Antonio”, se prepara para su concierto este domingo en el Olympia, el templo de la “chanson” francesa en París.
“Es mi sueño”, dice Pérez Cruz, de 43 años, sobre este concierto con el que quiere celebrar tres décadas dedicadas a la música. “Digo tres décadas porque una vez hablaba con Joan Manuel Serrat y le pregunté: ‘¿cómo se cuenta una carrera?’ Y me dice: ‘la primera vez que te pagan’. Y la primera vez que me contrataron tenía 13 años”, recuerda la artista entre risas en una entrevista a AFP pocos días antes del concierto.
Desde su primer álbum en solitario, “11 de novembre” (2012), ha sacado una decena de discos, entre trabajos de versiones y temas propios, en los que abraza desde el flamenco a la canción latinoamericana, pasando por el jazz, el fado o la música más experimental.
Sus conciertos surcan varios continentes, y el público viaja de un lado al otro del Atlántico con temas como “Alfonsina y el mar”, la habanera “Vestida de nit” o “Pequeño vals vienés”, la versión de Enrique Morente del clásico de Leonard Cohen sobre un poema de Federico García Lorca.
“Una señal”
El azar ha hecho que este concierto en el Olympia tenga lugar una semana antes que el inicio de la gira, también en Francia, de otra gran cantante catalana... Rosalía. Amigas desde hace tiempo, con similitudes en el inicio de sus carreras, las dos artistas comparten el gusto por cantar en varios idiomas y descubrir otros estilos. Pérez Cruz, 10 años mayor que Rosalía, es en cierta manera uno de los muchos referentes en la carrera de la autora de “Lux”.
En el último trabajo de Rosalía, plagado de invitados, como la islandesa Björk, Pérez Cruz participa en “La rumba del perdón”. Hablando del origen de la colaboración, Pérez Cruz cuenta que hace un año soñó que Rosalía “estaba grabando un disco con una orquesta sinfónica, con aires de [Enrique] Morente y algún bajo eléctrico”. Le escribió esto a su amiga y ésta le contestó: “¡Guau, Silvia, es que es lo que estoy haciendo!”, en alusión a su nuevo álbum en preparación. Unos meses después, Rosalía la volvió a llamar para decirle que había sido como “una señal” y que quería que estuviera en una canción que iba a hacer con la cantaora Estrella Morente.
“Un paso nuevo”
Con René Pérez, conocido como Residente, trabajó en el tema “313”, del álbum que sacó en 2024 el puertorriqueño, una persona “muy generosa, hermosa”. El video del tema, donde también participó la actriz Penélope Cruz, ganó un Grammy Latino. La lista de los dúos que ha formado la cantautora catalana incluye a Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Natalia Lafourcade, Jorge Drexler... y un largo etcétera.
“Es como si cada artista te saca a bailar y te enseña un paso nuevo de ti”, explica de todas estas colaboraciones. “Aprender la energía del otro en el escenario es un aprendizaje muy directo”. Pérez Cruz comenta siempre orgullosa el origen artístico de su familia, con un padre, ya fallecido, músico de habaneras, y una madre que tenía una escuela de arte donde se mezclaban todas las disciplinas.
De ahí le viene, asegura, su interés por todas las artes, ya sea la danza, el teatro o el cine, donde ha ganado varios premios por sus temas musicales. Todo son “herramientas para contar las emociones que tú sientes”, dice. “Tú vas siendo un resumen de pedazos de cosas que conoces personalmente y musicalmente”, remata.
La compositora Diane Warren nominada por 17.ª vez al Óscar
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Con diecisiete nominaciones al Óscar a mejor canción, nueve de ellas consecutivas, la compositora estadounidense Diane Warren se ha vuelto una presencia constante en la mayor gala de Hollywood. Pero la número 17 este año, confesó Warren a la AFP, se siente “muy diferente”. “Este año es extra especial, porque la película para la cual escribí una canción es sobre mí”, dijo la prolífica artista de 68 años.
Warren entró en la competencia con “Dear Me”, una carta de amor propio y empoderamiento a la joven hostigada que fue. Interpretada por la cantante Kesha, “Dear Me” es la pieza principal de la banda sonora de “Diane Warren: Relentless”, un documental sobre la vida y la carrera de una de las compositoras más influyentes de la música en Estados Unidos, cuyas letras han sido entonadas por astros como Beyoncé, Celine Dion, Cher y la banda de rock Aerosmith.
“Esta es la canción más personal que he escrito para una película”, dijo Warren. Y es a la vez, la pieza que le ha dado mayor respuesta de parte de la audiencia que se identifica con la problemática infancia de la estrella. “Cuando era niña, me hostigaban mucho, ya sabes, los niños. No la tuve fácil creciendo. Y me sentía sola, y que el mundo estaba en mi contra”, contó a la AFP. “La música me salvó”, agregó la afable liricista.
Fue por eso que, desde su éxito como artista, pensó en una canción inspiradora para musicalizar su historia de superación: “Quería escribirle ‘vas a estar bien’”. “Te va a dar miedo ir a la escuela porque los niños te van a querer golpear o algo, pero, sabes, vas a estar bien”. “Y cuando vayas a tu reunión de exalumnos, ellos van a estar muy viejos, y tú todavía te vas a ver bien, encima”, bromeó la cantante de pelo azabache, conocida por su estilo irreverente.
“Los mejores”
A pesar de la cantidad récord de nominaciones que atraviesan cinco décadas, Warren nunca ha ganado un Óscar competitivo. Pero la compositora, que en 2022 recibió un galardón honorario de la Academia, sostiene que ser uno de los cinco candidatos a mejor canción en la más prestigiosa premiación de la industria del cine ya los convierte en ganadores.
“Nos elige lo mejor de lo mejor del planeta en música para cine del planeta: compositores, liricistas, editores musicales. ¡Los mejores!”, dijo “Así que si ellos te eligieron a ti de entre cientos de canciones o piezas, ganaste”.
Warren competirá con “Golden”, el pegajoso himno de “Las guerreras k-pop”; “Train Dreams”, de “Sueños de Trenes”; “I Lied to You”, de “Pecadores”, y “Sweet Dreams of Joy”, compuesta por Nicholas Pike para el documental “Viva Verdi!”, que se adentra en una residencia para cantantes de ópera retirados en Italia.
Pike, que a diferencia de Warren nunca había sido nominado a un premio de la Academia, saboreó el momento: “Es muy agradable estar con todas estas personas”, dijo refiriéndose a sus colegas nominados. “Todos son ganadores”. La 98ª edición de los Premios de la Academia se celebrará el 15 de marzo en Hollywood.
GuaraníSat-2 recibe autorización para llevar “India” al espacio
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La Agencia Espacial del Paraguay (AEP) recibió la autorización de uso de la obra musical “India”, del maestro José Asunción Flores, creador de la guarania, en el marco del desarrollo de GuaraníSat-2. Esta autorización permite la incorporación simbólica de la pieza al satélite paraguayo, incluso en formato accesible como sistema braille, reafirmando el carácter cultural, científico e inclusivo de la misión.
El documento fue suscrito por su nieto, Francisco Alberto Flores Leiva, titular de los derechos, quien estuvo acompañado por el ingeniero José Asunción Flores, bisnieto homónimo del maestro. Con esta acción, el GuaraníSat-2 no solo representa desarrollo tecnológico, sino también identidad nacional, llevando al espacio el legado cultural del Paraguay como expresión de interés nacional y proyección internacional.
Por otra parte, la AEP reportó que, el 17 de febrero, se publicó la API (Advance Publication Information) del proyecto en el Buró de Radiocomunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), como parte del proceso de coordinación de frecuencias de comunicaciones para la futura operación del satélite GuaraniSat-2.
Este acontecimiento constituye un hito significativo para el desarrollo de las capacidades espaciales del país, al tratarse de la primera gestión nacional orientada al cumplimiento de los procedimientos establecidos en el marco regulatorio internacional aplicable a misiones satelitales.
El avance logrado es resultado del trabajo articulado entre los equipos conformados por los profesionales del SpaceLab de la Agencia Espacial del Paraguay y de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), institución que integra igualmente la Junta Directiva de la Agencia Espacial del Paraguay. Enlace a la API: https://www.itu.int/ITU-R/space/asreceived/Publication/DisplayPublication/67700.
José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
Villamayor trabajó en estudio junto con Giovanni Primerano, Juan Pablo Giménez, Ezequiel Takebe, Vetner López y Bruno Muñoz
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
“Aires nacionales II” está concebido como un viaje con un recorrido simbólico
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
El disco contó con la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Soundy
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.