Por David Sánchez, desde Yeda (Arabia Saudita), X: @tegustamuchoelc (*).

En Jeddah ha comenzado la edición 2025 del Red Sea International Film Festival (4–13 de diciembre), uno de los encuentros cinematográficos más influyentes de Medio Oriente. Con más de cien películas de más de setenta países, el festival se ha convertido en una plataforma crucial para impulsar a los nuevos talentos árabes —especialmente saudíes— en un momento en el que el país vive un auténtico renacimiento cultural.

Este resurgir no es poca cosa: durante más de 35 años, los cines estuvieron prohibidos en Arabia Saudita, y la industria local era prácticamente inexistente. Desde que las salas reabrieran oficialmente en 2018, el crecimiento ha sido asombroso. Hoy el país cuenta con 66 cines y más de 618 pantallas, distribuidas en más de veinte ciudades. Los ingresos generados desde esa reapertura superan los 840 millones de dólares, y entre 2018 y 2024 se han proyectado cerca de 1.971 películas, incluidas 45 producciones saudíes.

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Una década atrás estas cifras eran impensables. Aquí no hay que olvidar la importancia del Red Sea Fund, impulsado por la Red Sea Film Foundation de Arabia Saudita, ha financiado más de 280 proyectos cinematográficos desde 2021, muchos de los cuales han alcanzado proyección en festivales internacionales de primer nivel como Cannes, Berlín, Venecia, Toronto y Sundance. Entre las películas destacadas respaldadas por el fondo se encuentran “The Mother of All Lies” de Asmae El Moudir, que ganó el premio a la mejor dirección en la sección Un Certain Regard de Cannes 2023; “Goodbye Julia” de Mohamed Kordofani, seleccionada en Un Certain Regard de Cannes; “Four Daughters” de Kaouther Ben Hania, nominada al Oscar y galardonada con el L’Oeil d’Or en Cannes o “Hounds” de Kamal Lazraq, premiada en Un Certain Regard.

Tala Alharbi presenta el cortometraje árabe “Jareesh Salam” en el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo. Foto: Gentileza

El festival, por tanto, no solo celebra cine: impulsa un ecosistema emergente y ofrece a los jóvenes realizadores un escaparate internacional. En este contexto destaca Jareesh Salam, cortometraje de diez minutos dirigido por Tala Alharbi junto a la guionista y co-directora Zahra Mohammed, financiado por el Arab Fund for Arts and Culture (AFAC) con apoyo de Netflix.

El film compite en la sección destinada a nuevos talentos dentro del programa de apoyo a mujeres cineastas.

De la universidad a Cannes y de Cannes al Red Sea IFF

Tala Alharbi forma parte de esta nueva ola de creadoras saudíes. Actualmente cursa la carrera de Cinematic Arts en Effat University, en Jeddah, la única universidad del país que cuenta con un departamento formal de cine, donde se enseñan todas las áreas fundamentales del medio: guion, dirección, fotografía, edición y producción.

Recordando su recorrido, la directora explica que en 2023 decidió pausar temporalmente sus estudios para viajar al extranjero y ampliar su experiencia práctica. “Me uní a la MBC Academy in Cannes, un programa internacional realizado en colaboración con la ESRA University, donde había quince cineastas y quince actores procedentes de distintos países árabes”, relató. Añadió que esa experiencia le permitió trabajar en varios cortometrajes creados junto a estudiantes de interpretación y dirección, y mencionó que uno de ellos —titulado Adore— ya ha sido seleccionado por festivales y continúa participando en circuitos internacionales.

Tras su paso por Francia, regresó a Arabia Saudita para finalizar sus estudios y comenzar a preparar su proyecto de graduación, cuyo rodaje está previsto para marzo. Sin embargo, antes de concluir la carrera, ya ha logrado posicionarse dentro del panorama festivalero gracias a la selección de Jareesh Salam en el Red Sea IFF.

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Tala Alharbi presenta el cortometraje árabe “Jareesh Salam” en el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo. Foto: Gentileza

Jareesh Salam: una mirada al pasado para entender el presente

La película presenta a Salma, una niña de once años que vive en el año 2005 y que desea jugar al fútbol con los chicos de su barrio. No obstante, todos la rechazan únicamente por ser niña. La directora explicó que eligieron ese periodo porque “era una etapa marcada por limitaciones muy visibles para las mujeres”, y porque volver a ese pasado permite entender mejor la magnitud de los avances actuales.

Continuó señalando que “la actualidad es completamente distinta”, ya que Arabia Saudita ha abierto nuevos espacios para la participación femenina en ámbitos antes inaccesibles, como el deporte, las artes o la industria audiovisual. Para ella, el objetivo del cortometraje no es solo contar una historia íntima, sino también subrayar que la transformación social del país se aprecia mejor cuando se recuerda que, hace apenas veinte años, muchas oportunidades no estaban disponibles para niñas como Salma.

El equipo del cortometraje está compuesto mayoritariamente por mujeres, una característica que encaja con la visión del programa de AFAC y Netflix. Alharbi dirige, Zahra Mohammed escribe y co-dirige, Shahad Alnafisi se encarga de la fotografía, Lujain Alkubara produce, y Renad Bedawi edita. La directora explicó que este enfoque “no solo refuerza la temática del proyecto, sino que encarna la evolución que la industria vive hoy en Arabia Saudita”.

Una industria joven, pequeña, pero en construcción acelerada

Cuando se le pregunta por el estado de la industria, Alharbi describe un entorno todavía pequeño pero vibrante. Señaló que “todo el mundo se conoce”, lo cual genera cercanía y facilita colaboraciones, pero también puede dificultar la entrada cuando los espacios ya parecen ocupados. Aun así, insistió en que este es precisamente el mejor momento para estar involucrada en el cine saudí, porque “es una industria que se está construyendo ahora”, y los jóvenes realizadores tienen la oportunidad de formar parte de sus cimientos.

Añadió que uno de los grandes retos es atraer al público saudí hacia las producciones locales. Explicó que, aunque Hollywood sigue teniendo un peso predominante, cada vez más espectadores buscan contenidos nacionales que reflejen su identidad cultural. De hecho, comentó que “tres de las cinco películas más vistas en Arabia Saudita durante el último año fueron saudíes”, un dato que considera significativo del interés creciente por historias creadas dentro del país.

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Tala Alharbi presenta el cortometraje árabe “Jareesh Salam” en el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo. Foto: Gentileza

Iniciativas y fondos: del DO a los apoyos institucionales

Al hablar del respaldo institucional que está recibiendo el cine saudí, Tala Alharbi destacó especialmente la existencia de iniciativas como DO (Luz), que financian proyectos locales creados por talento nacional. Explicó que estos programas aportan una base concreta para que los realizadores saudíes puedan desarrollar cortometrajes e incluso sus primeras obras largas, algo que hace unos años era complicado porque “la industria era todavía demasiado pequeña y no había suficientes oportunidades”.

Añadió que el propio Red Sea International Film Festival ha desempeñado un papel fundamental en este proceso, ya que ha ofrecido apoyo directo a proyectos universitarios —incluidos los de Effat University— y ha impulsado de forma muy visible el trabajo de mujeres cineastas, permitiendo que muchas estudiantes den sus primeros pasos profesionales. Continuó señalando que este tipo de iniciativas “están haciendo que los jóvenes cineastas se sientan con la confianza de planear proyectos más grandes”, y que gracias a ese respaldo se ha creado un entorno donde cada vez más directores y directoras se atreven a dar el salto a producciones más ambiciosas. Según Alharbi, este movimiento de apoyo y financiamiento es uno de los factores que más está contribuyendo a definir el futuro de la industria en el país.

Una nueva generación que transforma el panorama

El auge del cine saudí no solo es cuestión de cifras: también es un fenómeno cultural. Historias como la de Tala Alharbi —una estudiante que pasa de un aula en Jeddah a un set en Cannes y luego a la alfombra roja del Red Sea IFF— ilustran un cambio profundo. Lo que antes era un sueño lejano, hoy es una carrera posible.

Jareesh Salam es una muestra del talento emergente que está redefiniendo el cine saudí. Un cortometraje que no solo compite en un festival de primer nivel, sino que también recuerda a su país el camino recorrido y el que está por delante.

* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.

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