Arte paraguayo en São Paulo: Jorge Enciso expone “Vigilia”
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La exposición individual “Vigilia” del artista paraguayo Jorge Enciso (1972, Asunción) podrá visitarse en la prestigiosa Galería Leme de São Paulo (Brasil) hasta el 18 de diciembre. Esta presencia internacional con la curaduría de Tiago Sant’ana, artista visual y doctor en Cultura y Sociedad, significa una validación institucional y un enfoque profundo en su singular propuesta artística.
La llegada de Enciso al Brasil se produce inmediatamente después de su participación en la Ceramic Art Fair de París, presentado por la galería Tekoharte, en la emblemática Maison de l’Amérique Latine en París, donde su obra fue destacada por su capacidad de fusionar la herencia latinoamericana con una sensibilidad moderna y abstracta.
El título de la exposición, “Vigilia”, es una declaración de intenciones. Como adelanta el texto curatorial, el término es polisémico y profundo: alude al acto de velar, de permanecer despierto y atento, pero también a una organización colectiva en torno a la reflexión o la protesta. “La propuesta de Enciso, por tanto, trasciende la exhibición de objetos cerámicos; se erige como una toma de postura filosófica y política materializada en el barro, una invitación a mantenernos vigilantes ante los procesos de borrado cultural y las asimetrías históricas que aún resuenan en nuestro continente”, manifiesta el texto.
La tesis central del curador es contundente: “La vigilia de Enciso apunta para un estado de mantenerse despierto para los ejercicios de la memoria y, sobre todo, para los procesos culturales que promueven asimetrías y apagamientos culturales”. La exposición se posiciona así dentro de un llamado a la resistencia contra el olvido, apunta Sant’ana, quien actualmente es curador adjunto de la 14.ª Bienal del Mercosur.
Desde la demandante profesión de abogado, incursiona en 2014 en la cerámica, transitando de formas más representativas hacia una abstracción cada vez más depurada y conceptual. En la búsqueda de una actividad para “moderar su agitado sistema de vida”, encontró en la arcilla un “método de conectar con el interior, tanto del país como del mío”, comentaba el artista.
Su primer contacto formal con el arte fue en la bioescuela El Cántaro, en Areguá. Fue allí donde conoció a la ceramista Julia Isidrez, un encuentro que redireccionó su producción hacia la cerámica. Ella le abrió las puertas de su propio hogar y taller en Itá donde continuó su formación. Un aprendizaje que se extendió a lo largo de años, donde pudo modelar a mano utilizando el método del “colombín”, una milenaria práctica pre-hispánica desde donde parte hacia su técnica insignia: el esgrafiado y las formas abstractas que prevalecen en su obra.
Fundada en noviembre de 2004, la Galería Leme es el proyecto de su fundador y propietario, Eduardo Leme, quien decidió transformar su pasión por el arte en una plataforma profesional. En este tiempo, este espacio cultural se ha consolidado por su programa innovador, representando a artistas nacionales e internacionales de diversas generaciones y perspectivas.
Su misión se centra en promover la diversidad en el arte y fomentar un intenso intercambio cultural, siendo a menudo la plataforma para las primeras exposiciones individuales de artistas extranjeros en América Latina. En sus 600 metros cuadrados de espacios expositivos independientes, en un edificio construido enteramente en hormigón armado, el espacio se ha convertido en un ícono, donde la materialidad brutalista dialoga con las obras que alberga.
Es una obra del arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha, ganador del Premio Pritzker, quien lo diseñó en colaboración con Metro Arquitetos. Además de referente arquitectónico, es una plataforma que valora la multiplicidad de lenguajes artísticos, desde la pintura y la escultura, a la instalación y el videoarte.
Aníbal Ortiz: del Coronel Oviedo sin cine a Biarritz
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Por David Sánchez, desde Biarritz (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El actor paraguayo llega al Festival de Biarritz con Narciso, de Marcelo Martinessi, después de una trayectoria que comenzó en Coronel Oviedo, una ciudad que durante años no tuvo una sala de cine. Antes de llegar a Berlín, San Sebastián o Biarritz, Ortiz fue parte de un movimiento audiovisual nacido en el interior del Paraguay y protagonizó Latas vacías, una película que terminó ayudando a reabrir una sala de cine en su propia ciudad.
Hay una parte de la historia de Aníbal Ortiz que empieza mucho antes de los grandes festivales internacionales. Empieza en Coronel Oviedo, donde durante años hacer cine parecía una posibilidad lejana. Allí, Ortiz se fue formando entre el teatro y las primeras experiencias audiovisuales de un grupo de jóvenes que buscaban contar historias desde el interior del país.
Su recorrido no nació dentro de una industria cinematográfica consolidada. Ortiz se vinculó al teatro y a proyectos audiovisuales locales, participó en cortometrajes y fue construyendo su experiencia dentro de aquella pequeña comunidad cinematográfica ovetense. La actividad fue creciendo con concursos, talleres y producciones realizadas con recursos limitados. Latas vacías terminaría siendo el resultado más visible de aquel proceso.
La película, dirigida por Hérib Godoy, fue rodada y producida en Coronel Oviedo con muy pocos recursos. Ortiz interpretó a Alfonso, un joven que busca tesoros enterrados —el conocido “plata yvyguy”— y cuya historia transcurre entre la tragedia, la superstición y la vida cotidiana del interior paraguayo. La película fue realizada con gente de la propia comunidad y en buena medida de manera autodidacta.
Equipo de "Narciso" en Biarritz. Foto: David Sánchez
El éxito de Latas vacías superó las expectativas de quienes la habían hecho. La película recibió el premio del público en el Festival Internacional de Cine de Asunción y comenzó después un recorrido por distintas ciudades. Más de 500 habitantes de Coronel Oviedo viajaron hasta Asunción para acompañar su estreno, una movilización que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más recordados de aquella experiencia.
Pero el impacto no terminó en la pantalla. La repercusión de la película contribuyó a despertar nuevamente el interés por el cine en Coronel Oviedo y a la reapertura del antiguo Cine Guaraní, que llevaba años sin funcionar como sala cinematográfica. El propio Hérib Godoy explicó entonces que lo importante había sido recuperar entre los ovetenses la experiencia de sentarse frente a una pantalla grande, con buen sonido y compartir una película con otras personas.
Aquello tenía un significado especial para una ciudad que había crecido prácticamente sin salas de cine. El movimiento audiovisual local había comenzado años antes, con un grupo de amigos que realizaba cortometrajes y organizaba concursos para estimular a estudiantes y aficionados. Latas vacías fue, en ese sentido, la culminación de un proceso que había comenzado mucho antes de que la película llegara a los festivales.
Para Ortiz, además, aquella película fue un punto de partida profesional. Después llegarían otros trabajos, entre ellos La redención, también dirigida por Godoy, y Matar a un muerto. Su trayectoria se fue ampliando hasta desembocar en Narciso, la película de Marcelo Martinessi que pasó por la Berlinale y que ahora llega al Festival de Biarritz.
Entre todos esos trabajos hay también una constante: el vínculo con el guaraní y con una forma de contar Paraguay desde sus propios códigos culturales. Latas vacías, por ejemplo, fue rodada en guaraní y utilizó la lengua como parte esencial de la identidad de sus personajes y de la historia.
Ese vínculo vuelve a aparecer en Narciso. Para Ortiz, trabajar con Martinessi supone también formar parte de un cine paraguayo que busca contar sus propias historias y llevarlas a espacios internacionales sin desprenderse de su identidad.
El recorrido resulta significativo: un actor que comenzó haciendo cine desde una ciudad del interior, en un contexto sin una infraestructura cinematográfica estable, termina presentando una película paraguaya en uno de los festivales internacionales dedicados al cine latinoamericano.
Entre Coronel Oviedo y Biarritz hay miles de kilómetros y más de una década de trabajo. Pero la historia tiene un hilo conductor: la posibilidad de hacer cine desde el interior, incluso cuando las condiciones parecen no estar dadas. Latas vacías ayudó a demostrarlo en una ciudad que había vuelto a tener una pantalla; Narciso lleva ahora esa misma experiencia mucho más lejos, hasta el circuito internacional de festivales.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
“Narciso” lleva el nuevo cine paraguayo a Biarritz
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Por David Sánchez, desde Biarritz (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El estreno de la película de Marcelo Martinessi en el Festival Biarritz Amérique Latine, que se celebra del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2026 en Biarritz, Francia, reúne al director, a la nueva directora del INAP, Natalia Fuster, y a la embajadora paraguaya en Francia, Cynthia Filártiga. Los tres hablan de memoria, autoritarismo, guaraní, coproducción y del reto de conseguir que el cine paraguayo tenga una presencia cada vez mayor fuera del país.
Hay algo que va más allá del estreno de una película cuando Narciso llega a Biarritz. La presencia de la cinta de Marcelo Martinessi en este festival francés reúne alrededor de una misma pantalla a un cineasta, a la nueva responsable del organismo encargado de impulsar el audiovisual paraguayo y a la embajadora de Paraguay en Francia. La película llega después de su paso por otros grandes festivales internacionales y se convierte así en una nueva oportunidad para mostrar una cinematografía todavía pequeña, pero cada vez más visible fuera de sus fronteras.
Para Martinessi, la cuestión no es únicamente conseguir que una película paraguaya viaje, sino construir una cinematografía capaz de hacerlo de manera sostenida. “Paraguay tiene eventualmente, cada cierto tiempo, películas que pueden salir y representar al cine paraguayo con su música, su cultura, con su talento, con su historia, con su memoria”, explica. El director considera que el país está todavía “en el comienzo de algo” y que formar parte de ese proceso resulta especialmente emocionante. “Se conoce mucho más de Argentina, de Brasil, de México, de Colombia, de Chile incluso, porque son cinematografías más consolidadas”, señala. “Pero pienso que estamos en el comienzo de algo.”
El cineasta paraguayo Marcelo Martinessi en Biarritz. Foto: David Sánchez
Una película para pensar
Narciso no busca, según su director, ser simplemente una película de entretenimiento. “Las películas que nosotros hacemos no son películas para entretener. Son películas para pensar, son películas para dialogar”, explica Martinessi. La película se adentra en uno de los períodos más oscuros de la historia paraguaya, pero el director no pretende que el pasado quede convertido en una pieza de museo. “Somos herederos de una historia de autoritarismo y eso no se va del todo”, afirma. Para Martinessi, el cine puede servir precisamente para revisar esa herencia: “Nosotros como sociedad estamos obligados a aprovechar herramientas como el cine para poder repensarnos y para poder construir futuros.”
En Narciso, además, el guaraní ocupa un lugar deliberado. No es únicamente una cuestión lingüística, sino una manera de reflejar la realidad social del país. “Eso fue intencionado porque usualmente en la realidad sería así”, explica el director. “El guaraní sigue siendo muy presente en nuestra cultura.”
El reto de construir una industria
La llegada de Narciso a Biarritz coincide con una nueva etapa en el Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP). Natalia Fuster Cascio acaba de asumir la Dirección Ejecutiva del organismo y ha aprovechado su presencia en Francia para mantener reuniones con instituciones como el CNC y La Fémis. Su objetivo es dar continuidad a los procesos iniciados en los últimos años por su antecesor, Christian Gayoso, y, al mismo tiempo, ampliar las posibilidades de internacionalización del audiovisual paraguayo. La gestión de Gayoso dejó, entre otros resultados, el desarrollo de acuerdos internacionales y la firma del acuerdo de coproducción cinematográfica entre Paraguay y Francia.
“El gran desafío” es conseguir mecanismos que permitan que las producciones puedan salir del país y encontrar nuevos socios y nuevos públicos, explica Fuster. La directora del INAP considera especialmente importante la cooperación con Francia: “Lo ideal es que realmente los acuerdos se puedan ejecutar y que podamos tener esa salida tanto de productores paraguayos como franceses”, señala.
La directora del INAP, Natalia Fuster Cascio en Biarritz. Foto: David Sánchez
España, una tarea que busca continuar
Pero Francia no es la única vía que Paraguay quiere explorar. Fuster explica que esta semana mantendrá conversaciones con representantes del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) de España para retomar el trabajo que se había iniciado durante la gestión de Gayoso y estudiar la continuidad de un eventual acuerdo de cooperación y coproducción entre ambos países. El proceso quedó en suspenso tras el fallecimiento de Ignasi Camós, entonces director general del ICAA, el pasado 23 de abril.
“Me voy a conversar justamente con los representantes del ICAA para ver las posibilidades de dar continuidad”, explica Fuster. “Yo creo que lo vamos a lograr, pero todo lleva su tiempo: su tiempo de estudio, de ver cuáles son las mejores salidas.” La posibilidad de ese acuerdo había sido planteada como un nuevo paso en la estrategia de internacionalización del audiovisual paraguayo. La intención, según Fuster, es recuperar las conversaciones y analizar ahora con las nuevas autoridades españolas cómo continuar el proceso.
Más allá de Asunción
Para Fuster, internacionalizar el cine paraguayo no significa únicamente conseguir que algunas películas lleguen a festivales extranjeros. También implica ampliar quién puede hacer cine dentro del propio país. Entre sus prioridades está aumentar el acceso al audiovisual en el interior de Paraguay y generar nuevos públicos. El INAP trabaja, explica, en proyectos de exhibición mediante salas alternativas, incluso con estructuras inflables que permiten organizar proyecciones en lugares donde no existen salas convencionales.
“La idea es no solamente trabajar en Asunción, sino difundir a través del interior del país, donde hay poco acceso al audiovisual, y crear una política que permita crear público que quiera ir al cine.” La institución también estudia cómo incorporar de manera más específica la animación y el videojuego a sus convocatorias y fondos concursables. Para Fuster, hay talento suficiente para que el cine paraguayo dé un salto durante los próximos años. Su horizonte es una mayor presencia de directores paraguayos en los grandes festivales internacionales y una presencia sostenida del país fuera de sus fronteras. “Yo creo que hay mucho talento en Paraguay”, afirma.
Francia como puerta cultural
En ese proceso, Francia ocupa un lugar particular. Cynthia María Filártiga Lacroix, embajadora de Paraguay en Francia, considera que el cine y la cultura pueden desempeñar un papel que va mucho más allá de la promoción artística. “La cultura es la que nos acerca y la que genera empatía y aprendizaje entre las sociedades”, explica. Para la embajadora, la cultura permite abrir espacios de diálogo que en ocasiones resultan más difíciles en ámbitos políticos o económicos: “A través de la cultura podemos aprender unos de otros y enriquecernos mutuamente.”
Filártiga destaca precisamente el convenio de coproducción cinematográfica entre Francia y Paraguay como uno de los hitos de esa relación. El acuerdo, firmado en Cannes en mayo de 2025, establece un marco para que las coproducciones puedan ser reconocidas como nacionales en ambos países y acceder a los beneficios, fondos e incentivos correspondientes. La diplomacia cultural se convierte así en una herramienta para acompañar a los artistas y las producciones paraguayas y para impulsar las industrias culturales del país.
La embajadora considera que el cine paraguayo todavía debería verse mucho más en Francia. “Tenemos, sin duda, un cine que está creciendo”, afirma, y destaca especialmente la trayectoria de Martinessi, a quien considera “uno de los referentes más importantes que tenemos a nivel internacional”. Sobre Narciso, su valoración tiene también una dimensión histórica: “Muestra con poesía y con magia, con belleza, uno de los capítulos más negros de nuestra historia”. Para Filártiga, esa es precisamente una de las funciones del cine: “El cine cura heridas. El cine hace que podamos reflexionar y tratar de evitar repetir errores del pasado”.
Una industria que quiere salir al mundo
Las tres perspectivas terminan encontrándose en un mismo punto. Martinessi habla de la necesidad de que las historias paraguayas puedan viajar; Fuster busca crear las condiciones institucionales para que esas películas puedan producirse y circular; y Filártiga trabaja desde la diplomacia para abrir espacios internacionales. Biarritz es, en ese sentido, algo más que una parada en el recorrido de Narciso: es también un escenario donde Paraguay intenta mostrar que su cine puede formar parte de una conversación internacional.
El desafío ahora es que no se trate de una aparición aislada, sino del principio de una presencia continuada. Como resume Martinessi: “Pienso que estamos en el comienzo de algo, y es muy emocionante ser parte de ese comienzo.”
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
En Brasilia el ánimo ya no es el de 2022. El presidente que volvió al poder prometiendo paz social y prosperidad para los sectores populares llega a las urnas con una popularidad que dejó de crecer. La gestión desgasta, la comida sigue cara y buena parte del electorado siente que el gobierno no resuelve lo que le pesa en el bolsillo. Ese es el problema de fondo, y ningún anuncio de último momento lo borra.
Lo que sí hay son anuncios, y muchos. A pocos días de la primera vuelta, el Ejecutivo pasó de regular las apuestas en línea a prohibirlas por decreto. El giro no es casual. El endeudamiento de familias humildes por el juego digital se volvió un drama silencioso que, según se cuenta, se comió una parte de lo que el Estado reparte a través de Bolsa Familia. Prohibir es, además, un mensaje directo a evangélicos y a hogares de bajos ingresos, dos públicos que Lula necesita recuperar.
El segundo movimiento apunta hacia afuera. Con un tono más duro hacia Washington y la consigna de que Brasil no es el patio trasero de nadie, el mandatario recurre al viejo nacionalismo latinoamericano, que suele rendir bien en campaña. La jugada sirve para presentarse como un estadista de peso global y para retratar a la oposición como subordinada a la derecha estadounidense.
El problema es que enfrente no hay una derecha dividida. Flávio Bolsonaro logró reunir el malestar urbano, el poder del agronegocio y a una clase media que perdió capacidad de compra. Con un discurso de seguridad y críticas al manejo fiscal del PT, fue acortando la ventaja mes tras mes. Las encuestas dan a Lula entre 3 a 5 puntos de ventaja sobre su rival, un empate técnico en la práctica si el desenlace se define en el balotaje del 25 de octubre.
Pero la presidencia no es lo único en juego. Se renuevan también el Congreso y las gobernaciones, y ahí se decidirá cuánto podrá gobernar quien gane. Un Legislativo hostil, con el Centrão como fiel de la balanza, puede dejar a cualquier presidente atado de manos.
La campaña brasileña entra así en su tramo final como una carrera contra el reloj. Lula corrige el rumbo sobre la marcha para defender su lugar, mientras la oposición avanza con la convicción de que el PT ya no tiene el terreno asegurado.