Este pasado 9 de octubre se inauguró la muestra “Paisajes Interiores” de Carl Jonckheere en Espacio K (Santa Rosa 586 casi España), con la curaduría de Rosa Grimaldi. Carl Jonckheere es un pintor belga nacido en Bruselas en 1975. Realizó sus estudios de bellas artes en La Cambre, donde estudiaron pintores de la talla de Pierre Alechinsky o Jean Michel Folon.

Ha expuesto en diversas ciudades del mundo como Bruselas, Nueva York, Neuchâtel (Suiza) y Asunción. Sus obras se encuentran en colecciones privadas de Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Paraguay y España, entre otros. Jonckheere eligió la abstracción como modo de expresión para tener más libertad creativa.

El arriesgado trabajo cromático que realiza sobre el lienzo con brochas, cepillos y otras herramientas punzantes termina siempre bien en manos de este pintor belga. El rigor en su trabajo abre, literalmente, un nuevo espacio físico sobre el muro, además de uno emocional.

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Las obras de Carl Jonckheere son paisajes, no en el sentido clásico del término por su fisionomía, sino porque al posar la mirada sobre ellos, un nuevo universo se abre ante los ojos. Tal es el diálogo entre los colores, los ritmos, prominencias y caminos, que el espectador nunca deja de circular dentro del cuadro, ni siquiera al revisitar la obra.

Jonckheere sólo aplica el brochazo final a una obra cuando el espacio que esta ocupa se extiende más allá de la tela y el bastidor. Cuando consigue que esta tenga una especie de aura alrededor…Como en la obra de Giacometti, en la que la intensidad de su expresión trasciende más allá del frío bronce. Así pues, los colores vibran unidos y los pone a su merced para dicha del espectador.

En esta exposición, Carl Jonckheere nos quiere alejar de la ruidosa realidad y, para ello, se ha centrado en los tres aspectos más importantes para él: la forma, la materia y el color. A través del último elemento, el color, el pintor nos traslada hacia su mundo interior. Un mundo que propone un viaje de un elemento a otro, pasando de un valle a una elevación, de su rugoso verde a su radiante azul y así, a medida que uno lo recorre, dejarnos transportar a un universo de desconexión, de serenidad y plenitud.

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