Crítica: “Alucina (Fishgirl)” de Javier Cutrona en PÖFF
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Por David Sánchez, desde Tallin (Estonia), X: @tegustamuchoelc (*).
El debut cinematográfico de Javier Cutrona, “Fishgirl”, o “Alucina” en español, participando en la sección Critics’ Picks del festival PÖFF de Tallin, es una obra sorprendente que coloca a Ecuador en el mapa del cine experimental y filosófico. La película, que mezcla una narrativa surrealista con elementos profundamente realistas, presenta a Camila, una joven que vive entre la amnesia y un mundo fantástico lleno de peces gigantes y ejércitos de hormigas. Esta premisa, que podría parecer caótica o demasiado abstracta, encuentra en su ejecución un equilibrio entre la complejidad filosófica y la cotidianidad.
Desde su estructura hasta su estética, “Alucina” explora la dualidad del ser humano. Camila, interpretada con pasmosa naturalidad por Jessica Barahona, encarna esa división entre lo real y lo imaginario, entre lo consciente y lo subconsciente. La película plantea preguntas profundas: ¿qué es real cuando la memoria falla? ¿Cómo se construye una identidad cuando el pasado es un vacío?
En este sentido, el uso de elementos aparentemente banales como las cajas de pizza o los grafitis en las calles ecuatorianas contrasta con reflexiones más densas, inspiradas en filósofos como Michel Foucault. Este contraste permite a Cutrona construir una narrativa accesible pero cargada de significado, donde los detalles cotidianos se convierten en símbolos de conflictos internos y colectivos.
Visualmente, la película es un deleite. La cámara, lejos de buscar la perfección técnica, adopta movimientos inestables que imitan el caos emocional de Camila. Esta decisión estilística, que podría haber resultado molesta, añade una capa de autenticidad, convirtiendo al espectador en un testigo íntimo de su búsqueda. Las calles pintadas de grafitis y las tomas del mar como si hubiera un fallo en la matrix, hacen que el paisaje ecuatoriano no sea solo un escenario, sino extensiones del estado mental de la protagonista.
La visión de un argentino que dejó su país por las oportunidades que daba Ecuador. Foto: Gentileza
El color desempeña un papel crucial en la narrativa. El rojo, recurrente en escenas clave, actúa como un símbolo multifacético: sangre, vida, muerte, peligro y pasión. Desde la menstruación de Camila hasta los momentos de violencia, este color guía al espectador a través de los momentos más intensos de la película, recordando que la vida y la muerte son caras de una misma moneda.
Uno de los mayores aciertos del film es su capacidad de integrar filosofía en un contexto surrealista. La interacción entre Camila y su pez gigante, así como sus diálogos con el director del hotel o con la hormiga filósofa, no solo son peculiares, sino también profundamente introspectivas. Estas escenas invitan al espectador a cuestionar la importancia de las pequeñas cosas, de las personas pasajeras y a reflexionar sobre temas como el amor, la memoria y la libertad.
A pesar de esta densidad conceptual, la película nunca se siente pretenciosa. Cutrona logra balancear lo profundo con lo absurdo, haciendo que momentos como comer pizza o buscar a un repartidor desaparecido tengan un peso narrativo y emocional inesperado.
La visión de un argentino que dejó su país por las oportunidades que daba Ecuador. Foto: Gentileza
El hecho de que Javier Cutrona haya dirigido, escrito, producido y editado esta película es impresionante. Aunque algunos aspectos, como la inestabilidad de la cámara, podrían interpretarse como fallas técnicas, es evidente que cada decisión responde a una visión artística clara. Este nivel de control creativo se refleja en una cohesión estética y narrativa que es rara en óperas primas.
La lucha de Camila por encontrar sentido en un mundo fragmentado tiene su reflejo en la vida cotidiana de muchos. En un mundo donde la información no es tan constante (inicios años 2000) y las expectativas sociales nos bombardean, la búsqueda de identidad puede sentirse igual de caótica y surrealista que la historia de Alucina. Además, la forma en que la película combina la fantasía con una base lógica refleja cómo las personas encuentran escapes en sus propias narrativas, ya sea a través de sueños, imaginación, arte o violencia.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
El ministro Enrique Riera llamó a los colorados de Ciudad del Este a cambiar la estrategia electoral y abogó por un voto de confianza a Rigo Chamorro. Foto: Archivo
Riera aboga por voto de confianza para Rigo Chamorro en CDE y cuestiona a Prieto
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El ministro del Interior, Enrique Riera, lanzó una fuerte crítica contra el exintendente de Ciudad del Este, Miguel Prieto, y pidió a los colorados de la capital departamental dar un “voto de confianza” al candidato de la Lista 1 del Partido Colorado, Rigoberto “Rigo” Chamorro. Sostuvo que Prieto logró imponerse en anteriores elecciones con votos colorados y calificó a Chamorro como un “candidatazo”.
El secretario de Estado realizó una visita este jueves al departamento de Alto Paraná, donde tuvo una charla con varios medios de prensa locales, en la que lanzó una dura crítica a la oposición que en la capital del país llevan adelante manifestaciones con peluches porque así piensan que van a ganar más votos; en la que también sumó su crítica contra el exjefe comunal que tiene aspiraciones presidenciales con una larga lista de acusaciones en su contra por corrupción.
“Ellos no están leyendo la cancha, esto se llena con votos, con gente. Acá ustedes tienen a un candidato que salió de las calles de Ciudad del Este, que es Rigo, yo le conozco desde hace años cuando era un seco de solemnidad y vendía cosas por las calles, y hoy es un buen empresario”, señaló.
Voto de confianza para Rigo
Agregó, que lo lamentable es que Miguel Prieto logró ganar en Ciudad del Este con votos colorados, por lo que instó a los afiliados al partido, a darle un voto de confianza a Rigo Chamorro, y si siendo intendente se equivoca, o comete los mismos errores que Prieto, se lo vuelve a sacar del municipio como al exintendente.
“Denle la oportunidad a Rigo, hace cinco elecciones que perdemos acá. Esto no es nuevo, en Asunción, Mario Ferreiro ganó con voto colorado. Yd ganó en Encarnación con voto colorado. Filizzola, Martín Burt, ganaron con votos colorados. Este cuerpito le convenció a los colorados de que me dé una oportunidad y después de 10 años recuperamos Asunción. Porque nosotros somos tan democráticos que cuando la dirigencia elige mal o hace mal, se le castiga”, remarcó.
Un candidatazo
Asimismo, calificó de “fraile” al candidato de la Lista 1 en Ciudad del Este. “Rigoberto es un candidatazo. Búsquenle, no tiene techo de vidrio. No robó un mango. No tiene una denuncia en su contra, ni multa de tránsito tiene. Es un fraile, de lo bueno que es”, acotó.
Riera remarcó que le entra el “pánico” de solo pensar que Miguel Prieto se está postulando como candidato presidencial para el 2028. Teniendo en cuenta que actualmente está atravesando un juicio oral y público por lesión de confianza en el caso conocido como “Tía Chela”; pero además de esto existen otras casi medio centenar de denuncias en su contra.
“Si es que él va a ser futuro presidente de la República, voy a cruzar acá el puente a pie o de rodillas. Me voy. Pues realmente pregúntenle qué sabe de política de Estado. Le vamos a entregar un país que hoy está volando bajo a un tipo que hizo pelota esta municipalidad. Porque, eso a mí no es que me contaron. Nosotros hicimos la intervención, los documentos están a disposición”, expresó.
Ninon Borsei (izquierda) protagoniza "Un détour par Diane" de la belga Ann Sirot y el francés Raphael Balboni, en estreno en Orizzonti. Foto: Gentileza
Venecia 2026: crítica de “Diane in the Loop”, incómoda y sorprendente
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Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que parecen pequeñas hasta que uno empieza a tirar de los hilos y descubre que debajo de una historia aparentemente sencilla hay una cantidad de temas considerable. “Diane in the Loop”, de Ann Sirot y Raphaël Balboni, pertenece a esa categoría. Una película incómoda, divertida, extraña y, sobre todo, sorprendentemente inteligente, que utiliza el humor y el absurdo para hablar de feminismo, trauma, maternidad, deseo, memoria y de una generación que parece haberse especializado en encontrar motivos para sentirse ofendida.
Entre recordar y olvidar
Diane desprecia a los hombres tanto como los desea. Su madre fue violada tres años antes de que ella naciera y, cuando Diane descubre esta circunstancia, convierte su vida en una especie de misión vengadora. Su madre, sin embargo, tiene otras preocupaciones: quiere recuperar el tiempo perdido y convertirse, por fin, en la mujer que siempre quiso ser. Entre una hija obsesionada con recordar y una madre que necesita olvidar, la película construye una relación familiar llena de contradicciones. Y ahí está precisamente una de sus mayores virtudes: nunca parece tener una única lectura.
Las muchas capas de Diane
Uno de los grandes aciertos de la película es la construcción de su protagonista. Diane parece tener, en principio, una personalidad perfectamente definida: sabemos qué piensa, qué detesta, qué le indigna y cuál es su posición frente a los hombres. Pero cuanto más avanza la película, más evidente resulta que debajo de esa aparente seguridad hay muchas capas.
No es la misma Diane cuando está frente a su madre que cuando se relaciona con su padre, ni cuando habla de los hombres, ni cuando se enfrenta a sus propios deseos. Hay una Diane hija, una Diane mujer, una Diane marcada por la historia de su madre y otra que intenta construir su propia identidad a partir de ella. Y todas conviven en el mismo personaje, a veces de manera armónica y otras en abierta contradicción.
Lo interesante es que los directores no necesitan explicarlo constantemente. Lo hacen aparecer en las situaciones, en las conversaciones, en los silencios y, sobre todo, en la evolución del personaje. Diane comienza aferrada a unas certezas que parecen inamovibles y termina descubriendo que quizá no todo pueda organizarse según el esquema de buenos y malos con el que había construido su visión del mundo.
Sandrine Blancke y Ninon Borsei en "Un détour par Diane" de la belga Ann Sirot y el francés Raphael Balboni, en estreno en Orizzonti. Foto: Gentileza
Cuando las palabras cambian de sentido
Hay momentos particularmente brillantes en los que los diálogos adquieren un significado completamente distinto dependiendo de cómo se presenten. Por ejemplo, ese encuentro con el ciclista que tiene problemas con la bicicleta o las conversaciones mientras toman algo que ni siquiera parece realmente una copa, sino más bien un zumo. De repente, un gesto cotidiano se vuelve extraño. Lo que escuchamos parece tener un sentido y, cuando las imágenes aportan el contexto, descubrimos otro. Es como si los directores estuvieran jugando constantemente con nuestra percepción.
Ese mecanismo resulta especialmente interesante porque obliga al espectador a pensar. Los comentarios, sacados de contexto, pueden parecer ofensivos, absurdos o incluso terribles; colocados después junto a las imágenes, adquieren otra dimensión. La película juega con esa distancia entre lo que se dice y lo que realmente está ocurriendo, y lo hace con una ligereza que evita que todo se convierta en una tesis doctoral sobre la sociedad contemporánea.
El foco también cuenta
También hay una utilización del lenguaje cinematográfico especialmente elegante. En la escena de la playa, cuando el chico y la chica están hablando, el juego de enfoque y desenfoque resulta casi hipnótico: cuando habla él, el plano dirige nuestra atención hacia él; cuando habla ella, cambia el foco y pasa a ser ella quien domina visualmente la escena. Es un recurso sencillo, pero muy inteligente, porque convierte una conversación aparentemente normal en una pequeña coreografía visual.
La generación de cristal entra en escena
Y entonces aparece uno de los aspectos más divertidos —y también más incómodos— de la película: su retrato de determinadas sensibilidades contemporáneas.
“Diane in the Loop” parece disfrutar provocando a esa parte de la sociedad que analiza cada comentario, cada palabra y cada gesto como si estuviera ante un tribunal permanente. Las protagonistas pueden convertir prácticamente cualquier situación en un motivo de indignación. Y la película se permite una ironía bastante evidente sobre ese progresismo llevado al extremo, sobre esa necesidad de encontrar siempre algo que señalar, corregir o denunciar.
La gracia está en que los directores no parecen interesados en decirnos simplemente quién tiene razón. Más bien colocan a sus personajes en situaciones incómodas y dejan que sean ellos mismos quienes se contradigan. Es una generación con mandíbula de cristal y, paradójicamente, puño de hierro: extremadamente sensible cuando recibe una ofensa, pero perfectamente capaz de ser brutal cuando considera que la razón está de su lado. La película encuentra ahí un filón cómico considerable.
El trauma de una generación a otra
Pero sería quedarse en la superficie reducir “Diane in the Loop” a una sátira sobre feminismo o sobre la llamada “generación de cristal”. Lo realmente interesante es cómo conecta esa actitud de la hija con la experiencia de la madre. Cuando Diane se queja por cuestiones que su madre considera pequeñas, aparece ese contraste demoledor entre dos generaciones de mujeres. La madre parece pensar: “Lo que yo viví sí fue grave”. Y ahí la película introduce una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando una generación hereda un trauma, pero vive en un mundo completamente diferente al de quien lo sufrió originalmente?
Nunca es demasiado tarde
La madre, además, no quiere quedarse atrapada en el pasado. Que vuelva a estudiar es un detalle precioso porque introduce una idea muy sencilla y muy poderosa: nunca es demasiado tarde para recuperar la propia vida. Después de todo lo ocurrido, todavía existe la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a la obsesión de Diane por lo que sucedió, su madre mira hacia lo que todavía puede suceder.
Caen las caretas
Y es precisamente en la evolución de Diane donde la película adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque su transformación no consiste simplemente en cambiar de opinión: consiste en descubrir que sus propias certezas también pueden ser una prisión.
La gran contradicción que plantea la parte final es especialmente estimulante. Algo que, en principio, debería caernos mal termina cayéndonos bien. Un personaje, una situación o una relación que habíamos aprendido a mirar desde un determinado prejuicio empieza a adquirir otra dimensión. Y entonces la película hace algo que parece sencillo, pero que no lo es: nos obliga a revisar nuestro propio juicio.
Aquí empiezan a caer los mitos, las caretas y, sobre todo, los prejuicios. Lo que parecía blanco o negro adquiere una gama de grises mucho más humana. Y Diane, que durante buena parte del metraje parece querer imponer al mundo una determinada manera de entender las cosas, acaba aprendiendo algo bastante más difícil: que buscar el bienestar y la felicidad personal también puede significar apartar determinadas ideas preconcebidas.
No se trata de traicionar sus convicciones, sino de aceptar que la vida es mucho más contradictoria que cualquier discurso. Que podemos desear aquello que creíamos que no debíamos desear. Que podemos sentir simpatía por quien pensábamos que debíamos rechazar. Y que quizá madurar consiste precisamente en aprender a convivir con esas contradicciones.
Humor para hablar de cosas serias
Y entre todo esto, el humor está siempre presente. Incluso cuando la película se acerca a asuntos dolorosos, nunca pierde esa capacidad para introducir una situación absurda, una conversación incómoda o una pequeña ironía que rompe la solemnidad. Los directores parecen tener muy claro que hablar de temas importantes no obliga necesariamente a ponerse trascendentales.
Poesía en imágenes
Visualmente, además, vuelven a demostrar una sensibilidad extraordinaria. Hay imágenes que parecen salidas directamente de un sueño, como ese momento en que las dos mujeres están en la cama mientras caen plumas desde el cielo. Es poesía cinematográfica, pero sin necesidad de subrayarla. La imagen es bella, extraña y ligeramente absurda, exactamente como buena parte de la película.
Una película que podría con todo
Lo más sorprendente es precisamente el equilibrio. Hay muchísimos temas: maternidad, deseo, violencia, memoria, feminismo, generaciones, identidad, trauma, humor, segundas oportunidades… En manos de otros directores, semejante cantidad de ingredientes podría convertirse fácilmente en un batiburrillo. Aquí, en cambio, todo está razonablemente bien entrelazado. La película sabe cuándo profundizar y cuándo quitar hierro a lo que está contando.
Dos directores a seguir
Ann Sirot y Raphaël Balboni ya habían demostrado su talento con “Le Syndrome des amours passées”, otra película maravillosa que pasó por Cannes. Con “Diane in the Loop” confirman que aquello no era casualidad.
Y también vuelve a poner en valor algo que el cine belga francófono lleva años haciendo especialmente bien: encontrar pequeñas historias, aparentemente modestas, y convertirlas en auténticas pepitas de oro. Películas que quizá no llegan con el ruido de las grandes producciones, pero que consiguen algo mucho más difícil: sorprenderte, incomodarte y hacerte pensar mientras te estás riendo.
Una pepita de oro en Venecia
Presentada en la sección Orizzonti de Venecia, “Diane in the Loop” podría haber encajado perfectamente en la competición oficial. Porque tiene personalidad, ideas, humor y una mirada cinematográfica propia. Es una película maravillosa, de esas que recuerdan por qué los festivales siguen teniendo sentido: para descubrir pequeñas obras capaces de dejarte sentado en la butaca preguntándote qué demonios acabas de ver… y, sobre todo, por qué no puedes dejar de pensar en ello.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
La Semana Súper 8: el cine analógico llega con un laboratorio y charlas
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El Laboratorio de Experimentaciones Analógicas (L.E.XA.) presenta la residencia de creación “Yvyra” y el ciclo de charlas virtuales “La Semana Súper 8”. Dos formaciones gratuitas para aprender y crear cine en formato analógico. Las convocatorias para ambos programas se encuentran abiertas.
El cine en fílmico se encuentra más vivo que nunca, también en Paraguay. Por eso, L.E.X.A., coordinado por Joaquín Pedretti y Dave Walls, presenta estas dos propuestas de formación gratuitas para todo Paraguay y la región, con apoyo del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), el Instituto Cultural Paraguayo-Alemán - Goethe-Zentrum (ICPA-GZ) y Piscucha Film Lab.
La Semana del Súper 8 Online incluye charlas con exponentes internacionales, del 15 al 24 de septiembre. Los facilitadores son los cineastas: Pablo Marín (Argentina-España), Paulo Pécora (Argentina), Duo Strangloscope (Brasil) y Daniela Cugliandolo (Argentina-España). Este espacio está dirigido a cualquier persona que tenga interés en este formato.
Residencia Yvyra - Laboratorio de creación fílmica: Para los árboles propone un espacio de formación y producción audiovisual de 5 cortometrajes en formato súper 8 mm. Duración total de 8 semanas en formato híbrido en Altos, Cordillera y Asunción. Los facilitadores de este espacio son los cineastas Joaquín Pedretti y Dave Walls y el sonidista Martín De Lemos.
Está dirigido para estudiantes avanzados y/o profesionales del audiovisual, cine, sonido, artes interdisciplinarias, escénicas. También es prerrequisito participar de la Semana Súper 8. Las postulaciones se reciben hasta el 21 de septiembre para ambas formaciones, ingresando al enlace: linktr.ee/lexalabpy. Para conocer más, en el instagram @lexalabpy.
Ed Jackson, animador de "Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom", trabajando en un plató de los estudios de Aardman Animations en Bristol, al oeste de Inglaterra. Foto: Ben Stansall/AFP
El estudio de “Wallace y Gromit”: donde el arte de la animación hecha a mano sigue vivo
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El animador Ed Jackson levanta delicadamente con la ayuda de un gancho el párpado de una oveja de plastilina. El estudio británico Aardman, creador de “Wallace & Gromit”, es conocido por sus películas realizadas con una técnica cinematográfica artesanal. Desde hace más de medio siglo, Aardman confecciona producciones con “stop motion” (o animación fotograma a fotograma), repletas de humor británico y con estética retro como “Chicken Run”.
La tercera entrega de las aventuras de “La oveja Shaun”, que se estrenará en Reino Unido el 18 de septiembre, llevó tres años y medio de trabajo al estudio. La AFP descubrió los secretos de fabricación de la película, que cuenta en unas 106.688 tomas las aventuras de la oveja traviesa. La magia ocurre en el sótano de un edificio industrial de Bristol, en el suroeste de Inglaterra, donde el estudio con cuatro premios Óscar se fundó en 1976.
En una semipenumbra se vislumbran los decorados de la película a escala de marioneta: la granja de Shaun con colores otoñales, un laboratorio científico o un imponente barco pesquero. “Hoy en día, no hay muchos lugares en el mundo que hagan ‘stop motion’ a esta escala”, subraya Claire Rolls, directora de animación.
“Marionetas vivas”
En medio del sótano, Claire Rolls y Ed Jackson, preparan la escena que este último está a punto de rodar. En ella, las ovejas, vestidas con impermeables amarillos, intentan llamar la atención de una tripulación de marineros.
La técnica del “stop motion”, tan antigua como el cine, debe “dar la impresión que las marionetas están vivas”, explica Jackson quien se incorporó a Aardman en 1998, en la época de las películas en celuloide y los fondos pintados a mano.
El animador se pone manos a la obra, inclina la cabeza de una oveja o baja el sombrero de otra antes de hacer una foto, cambios ínfimos que darán la ilusión de movimiento en la pantalla.
Le harán falta unos dos días de este trabajo de infinita paciencia para capturar 48 imágenes, es decir, dos segundos de película.
“Los animadores son, en cierto modo, nuestros actores: ofrecen una interpretación en directo y hacen todo lo posible por lograr la toma buena a la primera”, explica Steve Cox, codirector de la película, ya que el “stop motion” difícilmente permite volver atrás.
Sin IA
En medio de un popurrí de dibujos y materiales, Kate Anderson, la jefa del departamento de marionetas, abre una caja llena de bocas intercambiables -cerrada, con la mandíbula caída o en “o” de sorpresa-, que “permiten articular los distintos sonidos o expresiones” del perro Bitzer.
“Nos mantenemos fieles a la plastilina para las zonas expresivas como la cara”, aunque el resto de las marionetas a veces se realiza en silicona, más resistente, sobre un esqueleto móvil de metal, explica.
Los efectos digitales, cuyos avances han dado un salto espectacular desde los años 2000, solo sirven para embellecer lo “hecho a mano”, subraya Richard Beek, productor de la película.
El estudio asegura, además, no haber utilizado ninguna inteligencia artificial en la producción de la película.
Cuando se estrenó en 1995 “Toy Story”, el primer largometraje de animación por computadora, muchos temían, como ocurre hoy con la IA, que ya “no hubiera lugar para el stop motion”, recordó Richard Beek.
“Pero hemos seguido haciendo películas. El mundo cambia a nuestro alrededor, pero muchas cosas siguen igual en Aardman. Y probablemente sea ese lado tradicional lo que le gusta a la gente”, añadió.