Natalia Lafourcade comparte la magia de la música en vivo en nuevo disco
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El nuevo álbum en directo de la cantante mexicana Natalia Lafourcade ofrece una mirada íntima de su proceso musical, capturando un momento singular que, según ella, tiende un puente hacia su próximo capítulo creativo. “Live at Carnegie Hall”, que salió a la venta el 5 de diciembre, es la grabación de una actuación de Lafourcade en octubre de 2022 en el legendario recinto musical neoyorquino.
Allí presentó hace dos años su álbum de estudio más reciente, “De Todas Las Flores”, que cuenta con cameos de estrellas como David Byrne, Omara Portuondo y Jorge Drexler. El trabajo, profundamente personal, le valió un Grammy y un Grammy Latino a la artista de 40 años aclamada internacionalmente.
Cantar en directo forma parte de la entrega de una canción a su público, declaró a la AFP en una entrevista reciente, un momento en el que la obra deja de ser sólo suya. “Siento que estaba allí para dar la oportunidad a esta canción de existir por sí misma”, explica Lafourcade, refiriéndose en particular a “Hasta la raíz”, un éxito sobre sus orígenes mexicanos incluido en su álbum de estudio homónimo.
Al ofrecerla al público, Lafourcade dice que se convierte en una obra de arte para “recordarnos algo importante: que todos estamos conectados”. En lo personal, “Hasta la raíz” le sirve de recordatorio de su tierra: “Y que puedo volar a cualquier parte, a cualquier lugar que pueda soñar, y puedo irme lejos de ese lugar. Pero tengo eso, esa raíz”, dice.
Saber que su música cobrará vida propia no forma parte de su proceso de composición, afirma. “Intento no pensar, porque eso se interpondría en el camino de la canción y la letra”. “A veces siento que la música es como si dijera: ‘quítate de en medio, déjame entrar’”, sostiene. Lo mejor es quitarse de en medio, “porque entonces la música te sorprende”, dice.
“Nuestra música”
Lafourcade es una de las estrellas contemporáneas más laureadas de América Latina, con 18 Grammy Latinos en su haber -la mayor cantidad de cualquier artista femenina- y es también una habitual de los Grammy de la Academia de la Grabación. Hija de músicos, creció en el estado de Veracruz y se inició hace más de dos décadas en la escena musical alternativa de México, antes de inclinarse por la música tradicional y convertirse en intérprete de canciones folclóricas y estándares mexicanos.
Desde entonces, su trabajo desafía los géneros con influencias del pop, el rock, el jazz y el folclore regional mexicano, incluido el jarocho, y también se ha inspirado en el mundo clásico. En los últimos años, Lafourcade ha unido fuerzas con la Filarmónica de Los Ángeles y el que fuera su director, el venezolano Gustavo Dudamel, actuando en el Hollywood Bowl y, por supuesto, en el Carnegie Hall.
Este otoño se presentó con Dudamel en un concierto en el recinto neoyorquino. Asegura que tocar con él y la orquesta “es como volar”. “No hay tanto ensayo para los espectáculos con Gustavo”, dice. El énfasis está en ver “cómo reaccionamos a esa energía y la gente, y el lugar y la orquesta, y luego está mi banda”, añade.
Entonces, “podremos construir algo que sea único”. “Es toda una colaboración entre universos”. Lafourcade no ha dado detalles sobre el futuro de su carrera, pero dice que su nuevo álbum en directo en el Carnegie Hall representa “un momento que marcó” su trayectoria musical y “es también un puente hacia una nueva etapa”. Entre sus inspiraciones actuales, cuenta a la AFP, está el flamenco, aunque nunca se aleja de los sonidos de su país, como el jarocho y el género de baladas bolero.
“Estoy feliz de ver cómo los latinos nos sentimos orgullosos de nuestras raíces y no nos da vergüenza mostrarlo”, dice, refiriéndose a la explosión en los últimos años de la música latina en las plataformas de “streaming”. “Esta es nuestra música”, sostiene, y “hay gente de diferentes lugares del mundo prestando atención”.
GuaraníSat-2 recibe autorización para llevar “India” al espacio
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La Agencia Espacial del Paraguay (AEP) recibió la autorización de uso de la obra musical “India”, del maestro José Asunción Flores, creador de la guarania, en el marco del desarrollo de GuaraníSat-2. Esta autorización permite la incorporación simbólica de la pieza al satélite paraguayo, incluso en formato accesible como sistema braille, reafirmando el carácter cultural, científico e inclusivo de la misión.
El documento fue suscrito por su nieto, Francisco Alberto Flores Leiva, titular de los derechos, quien estuvo acompañado por el ingeniero José Asunción Flores, bisnieto homónimo del maestro. Con esta acción, el GuaraníSat-2 no solo representa desarrollo tecnológico, sino también identidad nacional, llevando al espacio el legado cultural del Paraguay como expresión de interés nacional y proyección internacional.
Por otra parte, la AEP reportó que, el 17 de febrero, se publicó la API (Advance Publication Information) del proyecto en el Buró de Radiocomunicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), como parte del proceso de coordinación de frecuencias de comunicaciones para la futura operación del satélite GuaraniSat-2.
Este acontecimiento constituye un hito significativo para el desarrollo de las capacidades espaciales del país, al tratarse de la primera gestión nacional orientada al cumplimiento de los procedimientos establecidos en el marco regulatorio internacional aplicable a misiones satelitales.
El avance logrado es resultado del trabajo articulado entre los equipos conformados por los profesionales del SpaceLab de la Agencia Espacial del Paraguay y de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), institución que integra igualmente la Junta Directiva de la Agencia Espacial del Paraguay. Enlace a la API: https://www.itu.int/ITU-R/space/asreceived/Publication/DisplayPublication/67700.
José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
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Jimmi Peralta
Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
Villamayor trabajó en estudio junto con Giovanni Primerano, Juan Pablo Giménez, Ezequiel Takebe, Vetner López y Bruno Muñoz
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
“Aires nacionales II” está concebido como un viaje con un recorrido simbólico
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
El disco contó con la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Soundy
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
Con un concierto abierto a todo público, tendrá lugar hoy a partir de las 19:00, en el Centro Cultural del Puerto, el lanzamiento de libro “Coplas y jazmines, luchas y azahares”, con el que el cantante, compositor y militante social y cultural Ricardo Flecha presenta un acercamiento a su vida y trayectoria, como referente del canto paraguayo contemporáneo.
El material aborda un recorrido por 45 años de trayectoria en la música, desde sus inicios más cercanos al goce y la recreación, hasta el desarrollo de una carrera que lo puso como un referente internacional de la voz del cancionero paraguayo.
El título “Coplas y jazmines, luchas y azahares” es una cita que corresponde a un fragmento de la canción “Despertar”, de Maneco Galeano, creador del Movimiento Nuevo Cancionero, del que Flecha es uno de los referentes más importantes y de vigencia ininterrumpida.
“El libro cuenta la historia de mi trayectoria, habla de dónde nací, de mis inicios, también es un relato del tiempo que me tocó vivir. El texto habla sobre el trabajo que nos tocó hacer durante el tiempo de la dictadura, la censura, las veces que estuve preso, habla sobre los grupos que integré, puede llamarse una autobiografía”, comenta Ricardo.
La trayectoria de Flecha está marcada por referentes como Atahualpa Yupanqui, así como en el permanente estímulo de Mercedes Sosa y Óscar Cardozo Ocampo.
En su formación artística, destaca también la influencia de Carlos Noguera, Emilio Bobadilla Cáceres y Agustín Barboza, pilares fundamentales para una interpretación profunda y renovada de la música paraguaya.
Orquesta de Cámara Juvenil del CCPA realiza una audición
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Están abiertas las inscripciones para la audición de la Orquesta de Cámara Juvenil del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), con miras a su Ciclo 2026 - Temporada XXIII. La audición será el lunes 23 de febrero a partir de las 9:30, en el Teatro de las Américas (José Berges entre Brasil y Estados Unidos), con la presencia de los directores Miguel A. Gilardi y Gabriel Graziani.
Se seleccionarán instrumentistas de violín, viola y violoncello. Los interesados deberán: completar la solicitud de inscripción, preparar una obra a ejecutar, tener mínimo de 2 años ejecutando el instrumento, tener como máximo 25 años de edad, y se impondrá una obra para lectura a primera vista. Los postulantes pueden solicitar o retirar el formulario en el Departamento Cultural o al correo electrónico: orquesta@ccpa.edu.py o al teléfono: 0981 546082, en el horario de 9:00 a 16:00.
La Orquesta de Cámara Juvenil, nace de la mano del Centro Cultural Paraguayo Americano (CCPA), bajo la dirección del maestro Miguel Ángel Gilardi, y el invalorable apoyo del maestro Luis Szarán en el año 2003, el maestro Gabriel Graziani es el director estable de la agrupación.
El objetivo de este proyecto, es posibilitar el desarrollo musical durante dos años de los jóvenes, convirtiéndose en una orquesta escuela para la práctica instrumental en conjunto con repertorio avanzado y el contacto con grandes maestros de la música, de un grupo de jóvenes virtuosos instrumentistas seleccionados por riguroso concurso. Varios de ellos, hoy día, son integrantes de reconocidas agrupaciones musicales juveniles de la capital y el interior del país.