La Embajada del Japón y la Asociación Paraguayo Japonesa presentan el evento denominado “Días de la Cultura Japonesa” en el Centro Paraguayo Japonés, ubicado en Julio Correa y Domingo Portillo, en Asunción, los días viernes 18 y sábado 19 de octubre, en el horario de 10:00 a 19:00, con acceso totalmente gratuito.
Este evento aspira a crear un espacio donde el público pueda apreciar variados aspectos de la cultura japonesa, a través de distintas actividades, algunas de ellas con acceso libre y otras con previo agendamiento. El agendamiento se realiza a través de la página en Facebook de la Embajada del Japón completando un formulario de inscripción electrónica.
En este evento cultural se podrá disfrutar de exposiciones, demostraciones, talleres, charlas, variedad de comidas japonesas y presentaciones artísticas de Shodo, Baile Yosakoi y Taiko al puro estilo de la cultura japonesa, con acceso totalmente gratuito.
Programa de actividades
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Viernes 18 y sábado 19 de octubre
10:00 a 19:00: Artesanías japonesas bonsái (árboles en miniatura), kokedama (planta sin maceta), origami (arte del plegado del papel). Promoción de programas de Becas del Gobierno del Japón; libros de autores japoneses; muñecas - kimono (atuendo tradicional); maquetas de templos y castillos japoneses.
Viernes 18 de octubre
10:00 a 12:00: Demostración de cocina japonesa (Cantina).
15:00 a 16:00: Demostración de Kokedama (Sala de Artesanía).
17:30 a 18:10: Demostración de Chanoyu (Sala Japonesa).
18:30 a 19:10: Demostración de Chanoyu (Sala Japonesa).
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Sábado 19 de octubre
10:30 a 19:00: Ikebana (arte japonés del arreglo floral). Proyecto Paraguay al Espacio Fase I y Fase II /Agencia Espacial del Paraguay.
10:30 a 11:10: Demostración de Ikebana (arte japonés del arreglo floral) - Acceso principal del CPJ.
10:30 a 12:00: Taller de Origami para niños (arte del plegado de papel) – Biblioteca.
11:00 a 11:30: Demostración de vestimenta de Yukata (Kimono de verano).
15:00 a 16:30: Taller de Origami para adultos (arte del plegado del papel) - Biblioteca.
15:00 a 15:40: Demostración de Chanoyu (ceremonia del té) - Sala Japonesa.
15:30 a 16:30: Demostración de Bonsái (árboles en miniatura) - Sala de Artesanía.
16:00 a 16:40: Proyecto Paraguay al Espacio Fase I y Fase II /Agencia Espacial del Paraguay. Sala de Reuniones.
16:00 a 16:40: Demostración de Chanoyu (ceremonia del té) - Sala Japonesa.
17:20 a 17:30: Presentación de Libros donados por la APJ - Sala de Reuniones.
17:35 a 18:10: Charla “Influencia del Manga en los dibujos de artistas emergentes del Paraguay” - Sala de Reuniones.
17:30 a 18:20: Shodo (caligrafía japonesa) - Artista Shindo Horikawa - Anfiteatro.
18:30 a 18:45: Baile Yosakoi - Grupo Kosel – Anfiteatro.
18:50 a 19:05: Taiko (Tambores japoneses) - Japan Bunka Taiko - Anfiteatro.
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Willy Suchar: “Aspiro a una renovación de repertorio”
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Archivo / Gentileza
El músico y productor Willy Suchar celebra el crecimiento de la industria musical del país, pero insiste en la necesidad de producir más música de calidad e incrementar los catálogos. Considera fundamental la integración con los vecinos cercanos de Argentina y Brasil. Entiende que las plataformas podrían pagar mejor a los músicos y autores. Trabaja en un disco conjunto con Carlo “Cana” Borghetti que llevará composiciones de ambos. La escena, la música y la producción en el análisis y la experiencia de un gran gestor.
“Sigo trabajando, produciendo eventos y haciendo música por suerte”, celebra Willy Suchar, que a los 65 años dice seguir movido por su “espíritu curioso” y las ganas de aportar: “Me levanto todos los días con ganas de que las cosas estén mejor. Y lo digo en el sentido amplio, que tengamos un país mejor, mayores alegrías”, define.
Cercano a Autores Paraguayos Asociados (APA), a la gestión de derechos de autor, este pianista y productor musical sigue tocando, componiendo y arreglando: “A lo mejor no tanto en el escenario, que me gustaría más. Mucho en el estudio, tratando siempre de hacer lo mejor posible”, apunta.
Aquí su diálogo con El Gran Domingo de La Nación:
–Desde tu experiencia, ¿cómo definirías este momento de la industria musical paraguaya?
–Creo que hay claras muestras de una evolución, nuestra industria va ganando “musculatura”, por llamarlo de alguna manera. Recordemos que hace unos años todavía los asuntos de derechos de autor y conexos era todavía una lucha. Creo que se ha formalizado el reconocimiento y allí es destacable la labor que han hecho tanto la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi) como las entidades de gestión colectiva como Autores Paraguayos Asociados (APA), Sociedad de Gestión de Productores Fonográficos (SGP), Artistas Intérpretes o Ejecutantes (AIE). Tenemos un premio interesante a la producción discográfica como son los Propya Awards de la SGP, está la Asociación de Músicos Independientes haciendo regularmente foros de discusión, talleres, seminarios donde se puede conversar y visualizar soluciones o algunas ideas para ir incrementando el volumen de nuestra industria…
RENOVACIÓN
–Hubo también premios y otros hitos que ayudaron…
–Claro, los Grammy de Berta Rojas, o la nominación de Tierra Adentro consolidan un poco lo que podríamos denominar la industria musical. De todas maneras, creo que estamos en un punto donde necesitamos un poco más de fuerza. Aspiro a una renovación de repertorio porque si uno mira los rankings, todavía el folclore de hace muchos años atrás es el que predomina. Ojo, es maravilloso y un rasgo cultural importante para nosotros, pero tendríamos que ampliar el catálogo. Creo que hace falta producir más música de calidad. Pienso que estamos en el camino, pero que todavía nos falta mucho, somos un mercado relativamente pequeño. Uruguay, que tiene menos habitantes, tiene una industria más consolidada y una música más “exportable”.
–¿Cuál sería la tarea principal en ese sentido?
–Sería bueno que nuestros artistas encuentren con más frecuencia un mercado de desarrollo. Al principio un poco más regional, a lo mejor, pero pienso que pasa por ahí. Tener más producción, más repertorio, más canciones, una rotación más seguida. Soy optimista en el sentido de que hay mucha musicalidad en el país, artistas, compositores y que cada uno por su lado está procurando, pero necesitamos como un empujón más. Así que esa es mi mirada. Pensando en los años atrás, estamos mejor, pero no me conformo con eso, me gustaría que las cosas vayan mucho más adelante.
–Siempre en actividad te escuchamos con Ciudad Mansa. ¿Qué otros grupos destacás de la escena nacional?
–Sí, fue una alegría porque es una banda que me gusta y en su último disco participé en un par de canciones invitado por ellos y por su productor Diego Serafini. Hay varias cosas, no tuve mucho tiempo de escuchar propuestas nuevas, pero sí me gustó mucho Sari Carri, que la escuché la otra vez en vivo. Me hablaron también de Passiflorx, una banda que tengo muchas ganas de ver. Del mainstream “hay bandas que me siguen gustando mucho, como el caso de Flou; La Secreta se va a juntar para tocar ahora en un concierto grande en San Bernardino. Los chicos de Paiko se aprestan a producir temas nuevos y son buenas noticias porque veo que la escena se mueve. Hay un lugar como Voudevil Venue, donde están yendo a tocar bandas consagradas y emergentes. Así que voy a ir más seguido por ahí a escuchar buena música y a compartir con los amigos que siempre aparecen por esos lugares como una especie de murciélagos que aparecemos todos buscándonos (risas).
EL APORTE DE LOS MEDIOS
–¿Cómo ves la relación de los medios con los artistas nacionales? ¿Se pasa más música nacional que antes o sigue siendo todo muy cuesta arriba?
–Por supuesto que hay mucha difusión, más que antes, de nuestra música y siempre son importantes los medios de comunicación masivos, porque es una manera de consolidar un poco la presencia del artista en el mercado. Muchos agoreros dicen que los medios tradicionales van a ir desapareciendo, pero yo creo que no, que van a encontrar su espacio, entre tanto van apareciendo los streaming y podcasts. Igual el rock, que dentro del paquete de las rotaciones en los medios sigue ocupando el último lugar. Me gustaría que esté más presente porque sigue siendo un género muy ligado a lo que nos sucede en la sociedad. Los escritores de música, los poetas, están trabajando en eso que me parece piola, que es reflejar una carga un poco más social o más comprometida. El folclore tradicional sigue estando muy presente. Las nuevas propuestas también han encontrado su lugar. Caso Tierra Adentro, Néstor Ló, Purahéi Soul, Jazmín del Paraguay. El pop con los Kchiporros, que están con merecimiento porque es un grupo que nos tiene acostumbrados a editar hits.
–Como productor histórico, ¿qué pensás de las plataformas digitales para los discos?, ¿te parece posible que puedan pagar un poco mejor?
–No me parece justo el pago que reciben los compositores, los artistas. Me parece que está un poco desbalanceado el tema de la remuneración. Igual es una batalla que se está librando hace tiempo y esperemos se encuentre una compensación económica más justa. En su momento las plataformas salvaron a la industria de la piratería. Los grandes sellos discográficos, las multinacionales, los sellos independientes se beneficiaron inclusive con la distribución y la difusión de su catálogo. Pero hay miles de millones de dólares que se mueven y los autores son los que menos cobran.
INTEGRACIÓN FRONTERIZA
-En “Sobre el río” se dio una verdadera confluencia con la gente de Matto Grosso do Sul. ¿Cómo ves la integración cultural de nuestra zona con sus vecinos cercanos del Brasil y del NEA?
–Sí, es un disco muy participativo, te diría casi cooperativista. El anhelo era que funcione como un integrador entre los artistas de Paraguay, Mato Grosso do Sul y del nordeste argentino (NEA), un disco donde podamos participar todos y ponernos contentos disfrutando de nuestra música regional. Considero fundamental la integración para nosotros como país mediterráneo, rodeado de Brasil y Argentina, y en menor medida el Uruguay. Necesitamos tener una vía rápida de comunicación con esos países para nuestra música, para poder agrandar nuestro mercado en el estricto sentido comercial, necesitamos ser vendedores de nuestra cultura.
–¿Cómo se podría avanzar en esto?
–En nuestra agenda de actuaciones y de difusión tendrían que estar incorporadas desde ya hace mucho tiempo por lo menos las regiones fronterizas. Ahí triplicaríamos nuestros clientes promoviendo el intercambio de bienes y servicios que todo país necesita, el intercambio cultural tendría que ser más parejo. Creo que absorbemos mucho de Argentina y Brasil y ellos poco. Y acá vuelvo al principio, necesitamos tener más catálogo, más propuestas, que les sea lindo contar con nosotros.
PRÓXIMO DISCO
–¿Pensás en algún disco que reúna tus composiciones?
–Sí, tengo en mente grabar algunas composiciones viejas y nuevas. Estamos pensando en hacer algo con Carlo “Cana” Borghetti, bajista de Paiko, en un disco en conjunto que se va a llamar “Folka”. Son canciones de él y me pidió que incorpore algunas canciones mías. Ya tenemos 6 canciones para un disco de 10 y esperamos llegar para diciembre con un disco en el que van a participar muchos artistas y músicos nacionales. Así que, bueno, ganas nunca faltan.
–Viniste desde Argentina en el 88. ¿Qué sentís que cambió para bien y qué cosas faltarían por hacer en el Paraguay?
–Mejoraron muchísimas cosas desde que yo estoy acá y hay cosas que siguen igual. Agradezco mucho el cariño, el afecto de la gente, la hospitalidad, la solidaridad. Somos un pueblo muy compinche, muy solidario, muy amigable, muy musical. Las circunstancias políticas de la dictadura de Alfredo Stroessner hacían que exista cierta complicidad de encuentros, no te digo clandestinos, pero gente que soñaba con un mundo mejor y ponía sobre la mesa lo que nos parecía injusto. Eso ya lo hemos perdido, esos encuentros, tertulias hasta altas horas de la madrugada con gente hermosa, que no quiero mencionar porque me voy a olvidar de alguno y voy a quedar como ingrato, pero gente de la bohemia, del arte, de la cultura, de la música, de la literatura…
–El bullir de las ideas para vencer la opresión…
–Eso, que por suerte ya no existe más. Hoy gozamos de una libertad plena para expresar nuestras ideas, nuestras cosas. Tenemos un importante desarrollo cultural del país, cosas que antes ni las soñamos, grandes eventos, el reconocimiento a nuestra música, nuestros artistas en conciertos multitudinarios donde la gente tararea “13 Tuyuti” o una canción de Tierra Adentro o Paiko o escucharlo al Ricardo Flecha cantar guaranias. En fin, hay cosas en las que hemos mejorado y muchísimo. La gente ha acompañado y eso me impulsa a seguir pidiendo más y a tener anhelos y sueños. Creo que vamos para mejor.
SOBRE EL MÚSICO
Nacido el 18 de noviembre de 1961 en Córdoba, Argentina, como Guillermo Claudio Sucharkiewicz, más conocido como Willy Suchar, es músico, compositor, pianista, arreglador y productor. Fundador del sello Kamikaze Récords, con el cual produjo más de 60 discos de consagrados artistas paraguayos como Paiko, Gaia, La Secreta, Deliverans, Lizza Bogado, Purahéi Soul, Revolber, Flou.
Su contribución al desarrollo de la música paraguaya se extiende a la defensa de los derechos de autor, presidiendo la Sociedad de Gestión de Productores Fonográficos del Paraguay (SGP) hasta 2019. Funda Suchar Música & Medios, un sello discográfico y empresa de servicios integrales en la industria musical, en 2019.
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El CEMIT promueve la microbiología a través del arte
En el marco del Proyecto Estratégico “Creación de un sistema nacional integrado para la detección y monitoreo de micotoxinas en alimentos y forrajes”, y en conmemoración del Día Internacional del Microorganismo, el Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Nacional de Asunción (CEMIT-UNA) invita a participar del Concurso de Arte Microbiológico 2026 “Microbe ART Competition PY: Expresando la vida microbiológica a través del arte”.
La iniciativa busca acercar la microbiología a la sociedad a través del arte, promoviendo una mirada creativa sobre el mundo microscópico y destacando la importancia de los microorganismos en distintos ámbitos de la vida cotidiana, la ciencia y el ambiente.
A TODAS LAS EDADES
El concurso está dirigido a personas de todas las edades, con o sin formación científica o artística, y contempla tanto la participación individual como grupal. Las categorías son: Infantil, para participantes de hasta 12 años; Juvenil, participantes de 13 a 17 años; General para personas de 18 años en adelante; y Grupal para obras realizadas colectivamente.
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“No Paradise If You Are Killed by a Woman”: una realidad demasiado parecida a Rambo
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que se desinflan poco a poco, casi sin que uno se dé cuenta. “No Paradise If You Are Killed by a Woman”, de Halkawt Mustafa, presentada en la sección Orizzonti del Festival de Venecia, pertenece a esa categoría: comienza con una energía extraordinaria, con una premisa poderosa y un escenario que parece pedir a gritos una película de acción, pero termina atrapada en sus propias convenciones. Lo que al principio parece un globo a punto de elevarse termina descendiendo lentamente hasta quedarse demasiado cerca del suelo.
La idea de partida es estupenda. Vyan, una francotiradora kurda endurecida por la guerra, regresa a Mosul cuando descubre que su hermana, desaparecida durante el ataque del Estado Islámico de 2014, podría seguir viva. La búsqueda se convierte en misión de rescate y, al mismo tiempo, en viaje hacia un trauma que la protagonista lleva años intentando mantener enterrado. Mustafa conoce bien ese territorio: nació en el Kurdistán iraquí, huyó con su familia a Noruega y antes de dedicarse plenamente al cine trabajó como periodista en zonas de conflicto. La película, además, fue rodada en Mosul, utilizando espacios reales de la ciudad. No estamos, por tanto, ante un director que mira la guerra desde un despacho. Hay experiencia, memoria y una relación personal con aquello que está contando.
Y eso se nota especialmente al principio.
Mustafa entra en materia con una contundencia que engancha. Hay tensión, movimiento, peligro y una protagonista que parece capaz de sobrevivir a cualquier cosa. La película encuentra durante sus primeros compases una combinación muy eficaz entre thriller bélico, drama de supervivencia y relato de búsqueda. Vyan tiene algo de heroína clásica del cine de acción, pero también de mujer marcada por una guerra real que ha dejado cicatrices demasiado profundas.
El problema es que la película no termina de decidir qué quiere hacer con ella.
En otras películas recientes ambientadas en el conflicto contra el Estado Islámico, como Rebel, de Adil El Arbi y Bilall Fallah, o Sisters in Arms, de Caroline Fourest, la mezcla entre acción, aventura y realidad encontraba un equilibrio más hipnótico. Aquí la voluntad de contar una historia sobre personas reales y heridas reales choca continuamente con la necesidad de fabricar espectáculo. Y cuando ambas cosas no encajan, aparece una extraña sensación de impostura.
Vyan acaba pareciendo una especie de Rambo kurda. La comparación no es necesariamente un reproche: Rambo funciona precisamente porque sabemos que estamos ante una fantasía. Es un héroe imposible, una figura casi mitológica que atraviesa guerras, ejércitos y explosiones como si Superman hubiera aterrizado en Vietnam. El espectador acepta las reglas del juego porque la película tampoco pretende vender esa invulnerabilidad como realismo.
Aquí, en cambio, el planteamiento pide otra cosa.
No Paradise If You Are Killed by a Woman quiere hablar de una guerra concreta, de una población concreta y de un trauma histórico reconocible. Por eso, cuando la protagonista parece sobrevivir a situaciones que exigirían una dosis considerable de milagro cinematográfico, la película entra en un territorio cercano al de la fantasmada. Hay momentos que quieren transmitir crudeza y autenticidad y otros que parecen sacados de una película de acción de domingo por la tarde. El contraste resulta desconcertante.
Incluso algunas escenas de combate parecen diseñadas para demostrar que la película sabe hacer acción antes que para hacer avanzar el relato. Mustafa busca constantemente la intensidad: disparos, persecuciones, emboscadas, carreras, cuerpos que caen, desplazamientos por ruinas. Pero la acumulación termina produciendo el efecto contrario. La acción deja de aumentar la tensión y empieza a repetirse.
Y ahí aparece el principal problema de la película: el cansancio.
El espectador entiende demasiado pronto cuál es la dinámica. Vyan avanza, encuentra un obstáculo, combate, sobrevive y continúa buscando. La estructura se convierte en una sucesión de episodios que tienen una función parecida y una intensidad cada vez menos eficaz. El director quiere que cada secuencia sea más trepidante que la anterior, pero el exceso termina anestesiando. Es como escuchar una canción que mantiene el estribillo demasiado tiempo: aquello que inicialmente emocionaba termina perdiendo fuerza.
Lo más paradójico es que la película tiene elementos de sobra para haber sido mucho más interesante. Está la relación entre memoria y violencia, la experiencia de las mujeres kurdas que combatieron al ISIS, la destrucción de Mosul, el trauma de quienes regresan a los lugares donde perdieron a sus seres queridos y la tensión entre supervivencia y venganza. Hay una película mucho más compleja escondida dentro de esta película de acción.
Mustafa parece querer hacerla visible, pero demasiadas veces vuelve a confiar en el espectáculo.
Y es una pena, porque hay autenticidad detrás de las imágenes. El director sabe de qué habla y su experiencia personal y periodística le proporciona una mirada que no es impostada. Pero conocer la realidad no garantiza que una película sepa siempre cómo transformarla en cine. No Paradise If You Are Killed by a Woman tiene momentos en los que esa realidad respira, y otros en los que parece disfrazarse de Top Gun sin poseer su descaro, su ligereza ni su encanto.
Quizá la película necesitaba menos balas y más silencio. Menos demostraciones de que Vyan es capaz de sobrevivir a todo y más interés por saber qué significa para ella haber sobrevivido.
Porque ahí estaba la gran película.
La que comienza con fuerza, promete muchísimo y por momentos incluso consigue atrapar al espectador, pero que poco a poco pierde altura hasta convertirse en un thriller bélico convencional. Mustafa demuestra oficio, conocimiento del terreno y voluntad de hacer una película accesible y contundente. Lo que le falta es encontrar el equilibrio entre la mujer real que inspira a Vyan y la superheroína de acción en la que, progresivamente, acaba convirtiéndola.
El resultado no es un desastre, ni mucho menos. Es algo más frustrante: una película con una gran historia detrás y una buena película dentro que no termina de encontrar la manera de salir.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Venecia 2026: crítica de “Salón de belleza”, una experiencia conceptual
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
En “Salón de belleza”, Nathalia Acevedo se acerca al universo de Mario Bellatín desde un lugar poco complaciente y todavía menos comercial. La película, presentada en Venice Giornate degli Autori, propone una experiencia antes que una narración convencional: un salón de belleza convertido en espacio de tránsito, un protagonista que habla desde una voz en off de acento peculiar y una sucesión de imágenes que buscan establecer una relación entre la belleza, la muerte y la marginalidad.
La premisa tiene posibilidades. El protagonista tuvo en otro tiempo un salón de belleza y ahora ese espacio parece transformarse en una suerte de hospital para hombres rechazados por la sociedad, incluidos sicarios y personas vinculadas a la violencia. Entre los recuerdos del antiguo negocio y el presente se cuelan los peces de colores, la enfermedad, la muerte y una sensación constante de que todo está a punto de desaparecer. La película intenta que esos elementos dialoguen entre sí: la belleza de los peces, su fragilidad, la muerte de los animales y la de los hombres.
Es una idea potente, y probablemente la novela Salón de belleza, de Mario Bellatín, encuentra ahí una de sus claves. El problema es que Acevedo parece confiar tanto en la capacidad de sus imágenes para transmitir esa relación que acaba dejando al espectador prácticamente solo ante ellas.
Hay momentos en los que la película encuentra imágenes realmente sugerentes. El agujero de una pared por el que la cámara descubre la playa, por ejemplo, tiene algo extraño y hermoso. También hay otras escenas cotidianas, como el protagonista comprando por la calle, que consiguen crear una atmósfera particular. Acevedo demuestra que sabe mirar y que tiene una sensibilidad visual muy definida. El problema es que una buena imagen no siempre conduce a otra buena imagen, y aquí la película parece avanzar a base de acumulación.
Porque Salón de belleza es, sobre todo, una película de imágenes. Imágenes que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer sin que siempre exista una conexión suficientemente clara entre ellas. Los recuerdos del protagonista, su antiguo salón de belleza, su relación con otros hombres, el presente del hospital improvisado y esa constante presencia de la muerte construyen un universo deliberadamente ambiguo. Pero una cosa es ser ambiguo y otra no ofrecer al espectador ningún punto de apoyo.
La película tampoco busca demasiado la interacción entre personajes.El belga Sam Louwyck sostiene prácticamente todo el peso de la función y se defiende bien en un papel deliberadamente contenido, solitario y enigmático. Hay flashbacks en los que lo vemos en una época aparentemente más feliz, relacionada con su antiguo salón, y también algunos momentos que permiten intuir su homosexualidad y su vida afectiva. Sin embargo, esa dimensión queda más sugerida que desarrollada. El protagonista parece vivir permanentemente aislado, incluso cuando está rodeado de otras personas.
Y ahí aparece otra de las peculiaridades de la película: su condición de objeto cinematográfico difícil de clasificar. No es exactamente un drama, tampoco un relato fantástico en sentido estricto y mucho menos una película narrativa tradicional. Es más bien una pieza conceptual que utiliza los códigos del cine para hablar de la belleza y la muerte sin querer explicar demasiado qué significa cada cosa. Eso puede resultar estimulante para algunos espectadores y tremendamente frustrante para otros.
La película exige, por tanto, cierta predisposición. Conviene saber antes de entrar que no vamos a encontrarnos con una historia que avance de manera clara, con conflictos perfectamente definidos y personajes que expliquen sus motivaciones. Aquí el tiempo se diluye, los recuerdos se mezclan con el presente y las situaciones parecen funcionar como pequeñas piezas de un rompecabezas que nunca termina de completarse.
El problema es que, cuando llegan los créditos, queda la sensación de que el rompecabezas quizá ni siquiera tenía intención de completarse. Salón de belleza plantea muchas ideas, pero pocas terminan de convertirse en algo que el espectador pueda llevarse consigo. Uno entiende lo que la película quiere poner en relación —la belleza y la muerte, la vida y la exclusión, el cuerpo y su desaparición—, pero cuesta encontrar una conclusión, una emoción o incluso una revelación que justifique todo el recorrido.
También es una película que puede resultar aburrida. Y decirlo no tiene por qué ser necesariamente negativo: existen películas que utilizan deliberadamente el aburrimiento, la repetición y la quietud como herramientas. Aquí, sin embargo, la lentitud no siempre parece producir una experiencia especialmente reveladora. Más que hipnotizar, en algunos momentos simplemente deja al espectador esperando a que ocurra algo que quizá nunca llegará.
Acevedo tiene, eso sí, una mirada propia. Hay una voluntad estética evidente y algunas imágenes permanecen en la memoria. Sam Louwyck consigue mantener la película a flote con una presencia contenida y extraña. Pero la película parece más interesada en construir un estado de ánimo que en conseguir que ese estado de ánimo nos diga algo.
Salón de belleza es, en definitiva, una propuesta radicalmente alejada del cine comercial y probablemente funciona mejor si se acepta desde el principio como una experiencia conceptual. Quien busque una historia encontrará poco; quien entre dispuesto a dejarse llevar por las imágenes quizá encuentre algo más. En mi caso, entre peces, salones de belleza, recuerdos y muerte, la película acaba dejando una impresión tan difusa como sus propias imágenes: interesante en sus intenciones, irregular en su ejecución y, sobre todo, difícil de recordar más allá de algunas escenas concretas.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.