El músico paraguayo Juan Vera Esquivel será parte del prestigioso festival Guitarras del Mundo, que celebrará su 30.ª edición en la ciudad de Formosa (Argentina), el viernes 27 de setiembre a las 21:00 horas, incluyendo a destacados guitarristas como Juan Falú y Carolina Barenbaum. El evento tendrá lugar en el Galpón C del Paseo Costanero Vuelta Formosa, con entrada libre y gratuita. El concierto es organizado por el gremio argentino Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) con el apoyo de la seccional Formosa.
El maestro Juan Falú, director artístico del festival, encabeza la cartelera. Falú es un músico autodidacta y referente fundamental de la música argentina, tanto como compositor e intérprete. Ha recibido numerosos premios y distinciones, entre ellos el Premio Nacional de Música (2000), el Premio Gardel (2007), y la distinción como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de Buenos Aires (2014). Ha ofrecido conciertos en prestigiosas salas de más de treinta países, y es docente en la Universidad Nacional de San Martín, donde impulsó la creación de la Licenciatura de Música Argentina.
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También actuará Carolina Barenbaum, guitarrista, charanguista, compositora y docente nacida en Buenos Aires. Barenbaum comenzó su formación musical a los 12 años y se graduó como Instrumentista y Profesora con orientación en Folklore en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA). A lo largo de su carrera, ha integrado diversos conjuntos musicales y ha presentado varios trabajos discográficos, incluyendo su primer álbum solista de guitarra, “Inimaginari”o (2020), que mezcla ritmos tradicionales con nuevas sonoridades y estilos. En 2023, realizó una gira internacional en Italia, destacándose su participación en el festival rEstate in ascolto de la Accademia Filarmónica Romana en representación de la Embajada Argentina. Actualmente, Barenbaum está finalizando la grabación de su nuevo disco, compuesto íntegramente por obras propias para guitarra de siete cuerdas y dúos con músicos invitados.
Nacido en San Roque González de Santa Cruz (Paraguarí) y radicado en Ypacaraí (Central) desde los cuatro años, Juan Vera Esquivel es reconocido por su dominio del “estilo transportado”, técnica desarrollada por el maestro Efrén Echeverría (1932-2018). Su carrera lo ha llevado a presentarse en importantes festivales internacionales y a trabajar como productor musical y gestor cultural, destacándose como director artístico del “Festival Internacional Guitarras del Lago”. Es autor de varios álbumes y del libro “10 obras de Efrén ‘Kamba’i’ Echeverría” (2024).
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Annecy 2026: “La violinista” ganó el premio Cristal al Mejor largometraje
- Por David Sánchez, desde Annecy (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
El Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy 2026, en Francia, ha dado a conocer su palmarés el 27 de junio durante la ceremonia de clausura. La edición ha estado marcada por una de las decisiones más comentadas en el Cristal del largometraje y una distribución muy concentrada de premios entre Europa, Asia y Norteamérica, con presencia muy limitada de países iberoamericanos.
Cristales – Premios principales
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“La Violoniste” (The Violinist) – Ervin Han, Raúl García – Singapur / España / Italia
Cristal del largometraje
“La Grande Rêvasion” (The Great Dreamscape) – Rémi Durin – Bélgica / Francia
Cristal de producción televisiva
“Mal aimé” (Unloved) – Illogic Studios, Victor Caire, Lucas Navarro, Théophile Dufresne – Francia
Cristal de film por encargo
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“A Long Goodbye” – Kate Voet, Victor Maes – Bélgica / Luxemburgo / Países Bajos
Mejor obra inmersiva
Premios del Jurado – TV y Encargos
“Takopi’s Original Sin” – Shinya Iino – Japón
Premio del jurado serie TV
“Song of the Storms” – Caroline Attia – Francia / Bélgica
Premio del jurado especial TV
“Eco Beat” – Eva Bienert, Max Mörtl – Austria / Alemania
Premio del Jurado film de encargo
Contrechamp – Largometrajes
“Blaise” – Dimitri Planchon, Jean-Paul Guigue – Francia
Grand Prix Contrechamp
“A New Dawn” (Une aube nouvelle) – Yoshitoshi Shinomiya – Japón / Francia
Premio del Jurado Contrechamp
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Premio del Jurado largometraje
“Decorado” – Alberto Vázquez – España
Premio Paul Grimault
Uno de los dos únicos premios principales para un país iberoamericano en esta edición.
“Iron Boy” (Le Corset) – KMBO – Francia / Bélgica
Gan Foundation Award for Distribution
Cortometrajes
“Trace écrite” (Paper Trail) – Don Hertzfeldt – Estados Unidos
Cristal del cortometraje
“God Is Shy” (Dieu est timide) – Jocelyn Charles – Francia
Premio del Jurado
“My Bellyaching Skin” (Les Pelures d’estomac) – Etienne Bonnet – Francia
Premio Alexeïeff–Parker
“Core Dump” – Alona Rodeh – Alemania
Premio Off-Limits
“Please” – Anna Mantzaris – Suecia / Francia / República Checa / Noruega / Finlandia
Premio Primera Obra Jean-Luc Xiberras
Films de Fin de Estudios
“Ball Face” – Laurence Thérier – Reino Unido
Cristal del film de fin de estudios
“Gently” (Křehce) – Jamaica Kindlová – República Checa
Premio Lotte Reiniger
Dying Embers (Les Dernières Braises) – Léa Pulini – Francia
Premio del Jurado
Premios del Público
“Les Groos” – Bobby Prod – Francia
TV Audience Award
“God Is Shy” – Jocelyn Charles – Francia
Short Film Audience Award
“Iron Boy” (Le Corset) – Louis Clichy – Francia / Bélgica
Feature Audience Award
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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El bus n.° 26 rumbo a Paraguay
- Paulo César López
- paulo.lopez@nacionmedia.com
- Fotos: Gentileza
El libro “The number 26 bus to Paraguay”, del guitarrista británico Richard Durrant, explora la extraordinaria capacidad de la música para derribar fronteras y convertir a Paraguay en una patria espiritual construida desde la imaginación, la memoria y las cuerdas de una guitarra.
Hay viajes que comienzan mucho antes de que el viajero haga las maletas. Empiezan en una melodía escuchada en la infancia, en una fotografía apenas entrevista, en una intuición que permanece dormida durante años hasta encontrar el momento de revelarse.
Para el guitarrista británico Richard Durrant, Paraguay fue durante décadas una geografía invisible construida a partir de las cuerdas de una guitarra.
Mucho antes de conocer Asunción, San Bernardino o Caazapá, el músico ya había recorrido el país en la imaginación, guiado por la música de Agustín Barrios y por aquellas viejas grabaciones de Los Paraguayos que sonaban en la estrecha casa familiar de Brighton.
El título “The number 26 bus to Paraguay” posee precisamente esa rara cualidad poética de las imágenes sencillas que contienen una vida entera. El autobús número 26 no conducía realmente a Sudamérica: llevaba a un niño inglés desde las afueras de Brighton hasta sus clases de guitarra en Waterloo Street.
Sin embargo, mientras observaba por la ventanilla el paso de las estaciones y escuchaba a Alirio Díaz interpretar a Barrios, el trayecto cotidiano comenzó a transformarse en una travesía espiritual. Cada viaje en aquel ómnibus acercaba al joven Durrant a un territorio remoto y casi mítico llamado Paraguay.
La historia resulta fascinante porque revela el extraño poder de la música para abolir distancias. Un compositor paraguayo nacido en San Juan Bautista, Misiones, a fines del siglo XIX lograba conmover a un muchacho inglés varias décadas después y al otro lado del océano.
En esa cadena invisible de resonancias culturales se encuentra quizás el verdadero milagro del arte: la posibilidad de que un sonido nacido en una pequeña nación mediterránea encuentre refugio en la sensibilidad de alguien que jamás había pisado esta tierra.
ENCUENTRO
Cuando finalmente Durrant llegó al Paraguay en 2011, descubrió que la realidad podía ser incluso más intensa que la fantasía acumulada durante años. El encuentro con músicos como Felipe Sosa, Juan Adolfo Duarte, Kike Pedersen y la redescubierta obra de Quirino Báez Allende amplió su universo musical y afectivo.
Ya no se trataba solamente de perseguir el fantasma de Barrios, sino de comprender que aquella tradición seguía viva, respirando en nuevos creadores capaces de dialogar con el legado mangoreano sin convertirse en simples imitadores.
Particularmente revelador resulta el episodio de su encuentro con Juan Adolfo Duarte en la casa de Felipe Sosa. La escena posee algo de aparición literaria: una habitación oscura, una figura misteriosa sosteniendo la guitarra y una música –“Panambi raity”– que altera para siempre la sensibilidad del oyente.
Durrant describe aquella experiencia como una transformación íntima, casi mística. Y acaso toda gran música opere de esa manera: no como un entretenimiento pasajero, sino como un acontecimiento capaz de modificar la percepción del mundo.
REIVINDICACIÓN EMOCIONAL
La trilogía paraguaya de Durrant –“The number 26 bus to Paraguay”, “Hijo de hombre” y “The girl at the airport”– constituye mucho más que un ejercicio de admiración extranjera hacia la música nacional. Es, en cierto modo, una reivindicación emocional del Paraguay profundo; un intento de demostrar que la obra de Barrios y de tantos otros compositores paraguayos posee una universalidad que trasciende idiomas, fronteras y contextos históricos.
Mientras gran parte del mundo cultural latinoamericano continúa mirando obsesivamente hacia los grandes centros de legitimación europea o norteamericana, resulta paradójico que sea precisamente un músico británico quien recuerde a los paraguayos el valor extraordinario de su propia tradición guitarrística.
Hay además una dimensión entrañablemente humana en la figura de Durrant. Sus relatos mezclan humor, melancolía y asombro con una naturalidad desprovista de solemnidad académica.
Puede pasar de hablar de armonías complejas a narrar cómo bajó en plena madrugada al bar del Hotel del Lago esperando encontrarse con el espíritu de Barrios.
La anécdota podría parecer extravagante si no estuviera atravesada por una emoción genuina: la necesidad de dialogar con aquel artista cuya música acompañó toda su vida.
Tal vez por eso sus interpretaciones producen una impresión tan intensa. Durrant no toca las obras paraguayas como piezas de museo ni como meros ejercicios técnicos. Las toca como quien vuelve a una patria afectiva.
En sus manos, las piezas de Barrios y otros compositores paraguayos dejan de ser partituras para convertirse en recuerdos vívidos, en paisajes interiores, en conversaciones íntimas sostenidas a través del tiempo.
Al final, el bus número 26 nunca dejó de avanzar. Sigue atravesando Brighton, las rutas del Reino Unido y los caminos del Paraguay imaginario que Richard Durrant construyó desde niño entre discos, sueños y guitarras.
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Luis Szarán: “La música tiene el poder de humanizar a los humanos”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez / Gentileza
El material audiovisual “Mborayhu porã: Luis Szarán” propone un recorrido íntimo por la historia de un hombre que convirtió la música en una herramienta de transformación social. El documental reconstruye el camino de quien, tras formarse en el exterior, eligió regresar al Paraguay para demostrar que el arte puede sembrar oportunidades, fortalecer comunidades y, sobre todo, humanizar a las personas.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” es el nombre del documental producido por Maneglia-Schembori, dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano. Se trata de un trabajo que presenta la vida de superación del reconocido músico, intelectual y gestor social Luis Szarán. El audiovisual cuenta con coproducción de la Presidencia de la República, la Oficina de la Primera Dama, la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), Itaipú Binacional y el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic).
“Cuando me plantearon hacer el documental, yo pensé en principio que iba a ser algo muy sencillo, buscar fotos de archivo, recortes de periódicos, fotos, relatos en general y había sido era más complicado. Primero hacer el guion en tres meses de trabajo, para luego filmar con los directores, eso nos llevó 9 meses”, comenta el maestro respecto a la producción en conversación con La Nación/Nación Media.
La pieza audiovisual aborda distintas facetas de su vida: la dirección orquestal, su momento de creación musical, la investigación histórica y los últimos 25 años como “emprendedor social”. “El objetivo no era mostrar medallas de condecoración y todas las vanidades del mundo del espectáculo, sino un ejemplo de lucha, de vida, de alguien, de una persona que de la nada surgió, se fue armando herramientas, que tuvo que emigrar de un lugar a otro para capacitarse, para lograr sus objetivos y en el momento culminante de una carrera decide devolver a la vida lo que la vida le dio, un poco la síntesis de mi trabajo”, explica Szarán.
UNA HISTORIA
Hijo menor de inmigrantes polacos, nació en Itapúa en 1953. Empezó con apenas 8 años sus estudios musicales maravillado por el sonido de la guitarra. Se trasladó a Asunción para estudiar con el maestro José Luis Miranda y con un poco más de 20 años ya obtuvo becas internacionales para perfeccionarse, primero en Argentina, después pasó por Brasil y luego dio el gran salto a Italia. No obstante, ese no fue un camino recto y sin obstáculos, aunque siempre contó con cómplices para lograr su sueño.
“Mi madre era ultrarracional. Nos impulsó a pisar tierra siempre, a cuidar los recursos, a trabajar desde chicos, hacerse un pequeño capital, hacerse un techo. Su preocupación era la solidez. Por eso un poco era la negativa de acompañar mis sueños de ser músico”, comenta.
“Mi hermana mayor fue la que fue cómplice, porque me veía con talento. Ella era educadora, una educadora muy importante y buscó la forma de que yo cumpliera mis sueños. Mis otras dos hermanas que siempre están son las del equipo de aplauso desde el comienzo y también mis asesoras para bajar los humos cuando hay que bajar y para no desanimarme en esta profesión, que es una lucha permanente contra la indiferencia, contra la falta de apoyo, son personas claves dentro de mi carrera”, agrega.
El maestro Miranda fue su mentor, otorgándole una beca de por vida al hijo de dos agricultores que apenas conocía. El padre fue violinista aficionado que dejó esa práctica cuando subió al barco huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su madre se resistió a que su pequeño tome una carrera incierta como la de músico, aunque se haya inspirado en Luis Alberto del Paraná para darle el nombre.
“Mi padre fue un músico aficionado nomás en Polonia. No era músico, viene de una familia de agricultores y tenía sí su grupo musical, que los fines de semana tocaban entre ellos. Dentro del proceso de mi formación, como músico estudié un año violín y después estudié violonchelo. Recuerdo una vez que tenía el violín, le puse en sus manos y temblando pudo sacar una melodía sin problemas y no había tocado por más de 50 años”, recuerda.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” narra a través de sus palabras y de la voz de dos hermanas y sus hijos cómo es el maestro, qué relación tuvo con sus padres, qué legado y aprendizajes hereda a su descendencia.
COMPARTIR LA MAGIA
“Mi proceso con la música fue bastante natural. A mí me motivó de niño el sonido que salía de una guitarra, me parecía casi algo de magia, que algo que suena y que está en el aire, que es una belleza inaudita y que no podés tocar con las manos, no podés modificarla. Es un arte realmente mágico, porque en la literatura ves las palabras, en la pintura ves los cuadros, podés tocarlo físicamente”, explica.
Para el maestro Szarán, la música sigue siendo una magia extraordinaria que permite unir voluntades y talentos, eso vive regularmente como director de orquesta. Él celebra ese momento al que no podría llegarse tal vez a través de la palabra, sino solo a mediante el sonido, el instante de construir conexiones en las personas, algo propio de la música.
“La música tiene ese poder de apagar o encender las pasiones. Apagar digo en el sentido de hacer contención a momentos desagradables, a penurias. La gente que va a un concierto o a una sesión familiar de música en menos de 10 o 15 minutos experimenta ese milagro de que te limpia todo, es parte de la ceremonia de asistir a esos eventos. Y, por otro lado, en hacerte soñar y conectar con las personas”, sentencia.
EXPERIENCIA HUMANIZADORA
Ser no solo testigo, sino actor de esos momentos de magia lo llevaron a reflexionar sobre cómo podría compartir esa experiencia humanizadora con el resto de su pueblo. Y es así que luego de su formación en Europa regresa al país, primero comparte conocimiento musical, después documenta con registros la música popular, la música indígena, luego rescata archivos musicales de las comunidades jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, de las misiones en Paraguay, para finalmente arrancar con un proyecto que le permite compartir el don de la música y abonar el tejido social alrededor de ella, Sonidos de la Tierra.
“Esa conexión yo ya la sentía cuando era adolescente, cuando con mi guitarra recorría y cantaba canciones en eventos de familiares, de amigos, donde sale una canción buena y a la gente le brillan los ojos y parece que se vuelve más buena, más sensible, más comprensiva, más humana. Y hoy día, con el trabajo masivo de la música que llevamos a cabo en los programas de orquestas juveniles, que sí produce un efecto social muy grande, de humanizar a los humanos, no solo a los participantes, sino a quienes acompañan. Eso es muy necesario, es una herramienta educativa hoy día fundamental para ir buscando crear las sociedades equilibradas emocionalmente, como necesitamos aquí en el Paraguay y en todo el mundo”, comenta.
VALORES Y BUENAS PRÁCTICAS CIUDADANAS
Sonidos de la Tierra nace en 2002 de la mano de Szarán para promover valores y buenas prácticas ciudadanas mediante escuelas comunitarias de música, algunas en zonas muy vulnerables, poniendo lo social y lo humano como norte y la música como medio. Con ese mismo marco creó la Orquesta H2O Sonidos del Agua, promoviendo un mensaje ambiental y comunitario.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” habla de la vida de un profesional de la música, pero lo presenta en un tono profundamente humanista y esperanzador. Szarán, quien decidió en un momento volver a Paraguay a pesar del contexto cuesta arriba que supone encarar una carrera artística de manera profesional en el país, cuenta aquí su historia poniendo lo social en el centro y reivindicando la mágica de la música como catalizador de un cambio estructural en la sociedad.
Lejos de limitarse a una biografía de logros y reconocimientos, el filme retrata una convicción que ha guiado toda una vida: la música no es un fin en sí mismo, sino un puente hacia una sociedad más sensible, solidaria y esperanzada. En tiempos marcados por la fragmentación y la indiferencia, el documental invita a redescubrir el inmenso poder del arte para transformar vidas y recuerda que las melodías más perdurables son aquellas que logran resonar en la condición humana.
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“Nobody”: el fenómeno chino que rompe el 2D en Annecy
- Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La animación china llega este año al Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy con uno de los títulos más importantes de su historia reciente. “Nobody”, dirigida por Yu Shui, no solo competirá en la sección oficial del certamen francés, sino que lo hace respaldada por un logro excepcional: convertirse en la película de animación china en 2D más taquillera de todos los tiempos.
El éxito de “Nobody” marca un punto de inflexión para la industria de animación del país. Durante años, las producciones en 2D parecían haber alcanzado un límite comercial difícil de superar frente al auge de la animación digital. Sin embargo, la película rompió esa barrera. «Esta vez duplicamos aproximadamente el récord anterior», explica su director. Para él, el fenómeno no se explica por la técnica empleada, sino por la identificación del público con la historia: «No creo que el éxito se deba a que sea animación 2D; se debe a que conectó con la audiencia. Es una historia que habla de ellos».
La película tiene sus raíces en uno de los episodios más celebrados de la antología Yao-Chinese Folktales, aunque el equipo creativo optó por una solución poco habitual cuando decidió convertirla en largometraje. En lugar de ampliar el relato original, reescribió completamente la historia para construir una nueva aventura.
Uno de los aspectos más originales de “Nobody” es su mirada sobre el universo clásico de Journey to the West. Mientras la mayoría de las adaptaciones se concentran en figuras heroicas como Sun Wukong, Yu Shui decidió observar ese mundo desde la perspectiva de personajes secundarios y anónimos.
«La inmensa mayoría de las personas son corrientes, incluyéndome a mí mismo», afirma el director. «Contar la historia de Journey to the West desde el punto de vista de un pequeño yao sin nombre era algo nuevo». Esa elección convierte la película en una reivindicación de los personajes invisibles y de las experiencias cotidianas, un enfoque que ha conectado especialmente con las nuevas generaciones de espectadores chinos.
Visualmente, “Nobody” también representa una declaración de intenciones. Frente a la espectacularidad digital dominante, apuesta por una estética artesanal donde los personajes presentan diseños extremadamente simples, mientras que los fondos despliegan una riqueza visual extraordinaria inspirada en la pintura tradicional china.
El equipo artístico desarrolló herramientas digitales específicas para trasladar técnicas de tinta y pincel al entorno informático, combinando la tradición pictórica china con influencias occidentales. El resultado es un universo visual donde montañas, nubes, árboles y lluvias adquieren una presencia casi protagonista.
La película dialoga además con referencias culturales muy diversas. Aunque está profundamente arraigada en la mitología china, incorpora influencias reconocibles para espectadores de todo el mundo. Yu Shui reconoce la importancia que tuvieron en su formación obras internacionales como Dragon Ball, pero considera que ambas tradiciones son perfectamente compatibles.
«No creo que las dos cosas entren en conflicto», señala. «A medida que creces, el poder de la cultura tradicional china se va revelando poco a poco».
Bajo su apariencia fantástica, “Nobody” es también una reflexión sobre las dificultades de la vida contemporánea. El director define su propuesta con una expresión propia: «Yo mismo acuñé un término: realismo mitológico». En la película, criaturas fantásticas enfrentan preocupaciones muy humanas: ansiedad, incertidumbre laboral, frustraciones cotidianas y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.
Esa combinación de fantasía y realidad constituye una de las razones por las que la obra ha sido interpretada como un reflejo del momento que atraviesa la sociedad china actual. La película demuestra que las historias inspiradas en la tradición pueden seguir siendo relevantes cuando hablan de problemas contemporáneos.
El éxito de “Nobody” también confirma la madurez que está alcanzando la animación china. Según Yu Shui, ha comenzado a emerger una generación de autores capaz de desarrollar una identidad propia, alejada tanto de los modelos estadounidenses como de los japoneses.
«Han encontrado un camino creativo diferente al de la animación estadounidense y japonesa», asegura. «Y ha surgido un grupo de directores con características muy distintivas».
Ahora, tras conquistar al público chino, la película afronta su prueba internacional más importante. La selección en Annecy supone para el director la realización de una aspiración largamente perseguida.
«Siempre soñé con que algún día una de mis obras fuera seleccionada en Annecy, y ahora ese sueño se ha hecho realidad», afirma. Más allá del reconocimiento profesional, considera que la presencia de “Nobody” en el festival demuestra que la película puede trascender fronteras culturales: «No es solo una obra para espectadores chinos, sino una película que puede ser vista y apreciada por personas de otros contextos culturales».
La pregunta que Annecy ayudará a responder es si las emociones que convirtieron a “Nobody” en un fenómeno nacional pueden encontrar eco también en el resto del mundo. Yu Shui está convencido de que sí. «Creo que la humanidad enfrenta los mismos dilemas y que nuestra búsqueda de la justicia, la bondad, la verdad y la paz es universal».
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.