El lanzamiento se realizó ante un auditorio repleto en el marco de las celebraciones por el mes de la Independencia del Paraguay y los 71 años de relaciones diplomáticas con Turquía. Foto: Gentileza
Paraguayos lanzaron libro en Turquía sobre las tres oleadas árabes - otomanos en suelo guaraní
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En la sala Muzaffer Göker Hall de la Facultad de Lenguajes, Historia y Geografía de la Universidad de Ankara, Turquía, se llevó a cabo el lanzamiento del libro “Las Tres Oleadas, Árabes – Otomanos en Paraguay”, escrito por los paraguayos Carla Ascarza y César Palacios. El lanzamiento se realizó en el marco de las celebraciones por el mes de la Independencia del Paraguay y los 71 años de relaciones diplomáticas con Turquía.
“El material realiza un recorrido histórico sobre la migración otomana y árabe en Paraguay, los desafíos que debieron enfrentar los migrantes en los procesos de adaptación cultural y el impacto y aportes significativos de los mismos en la sociedad guaraní”, explicó Palacios a La Nación/Nación Media.
El evento contó con la presencia del cuerpo diplomático acreditado en Turquía, así como de destacadas autoridades académicas. Por Paraguay, presidió la ceremonia el embajador Ceferino Valdez, quien presentó el libro de los compatriotas a los presentes en el auditorio. Palacios, por su parte, participó vía zoom.
El material realiza un recorrido histórico sobre la migración otomana y árabe en Paraguay. Foto: Gentileza
“Las Tres Oleadas, Árabes – Otomanos en Paraguay” es un libro celebración en turco y español, cuyo lanzamiento se realiza en el marco de los 100 años de la creación de la República de Turquía y los 80 años de relaciones diplomáticas entre Paraguay y Turquía.
“El material fue elaborado a partir de entrevistas realizadas a la historiadora Ana Barreto, a la diplomática Leila Rachid Lichi, al cineasta Ray Armele, y en base a documentaciones obtenidas de fuentes oficiales, así como del libro del recientemente fallecido historiador y excanciller, Alejandro Hamed Franco”, precisó Ascarza a La Nación/Nación Media.
Inicialmente, el objetivo era hacer un ensayo breve dentro de otro libro, pero conversando con el embajador paraguayo en Turquía, desde el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara, los autores Ascarza y Palacios decidieron escribir un libro completo. “La embajada de Turquía en Paraguay tuvo un gran aporte con la colaboración en la traducción al turco, lo que permitirá su publicación en 2 idiomas”, agregó.
Los autores relataron que en febrero del 2020 viajaron a Turquía para conocer el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara y durante esa visita se toparon con el busto de Manuel Ortiz Guerrero, ante lo cual el director del centro mencionó que no había ningún solo libro sobre las relaciones de Turquía con Paraguay o sobre las relaciones otomanas con Paraguay, marcando así el inicio de la obra.
César Palacios, autor del libro, participó del lanzamiento vía zoom. Foto: Gentileza
Carla Ascarza es licenciada en Artes Visuales con la máxima puntuación Summa Cum Laude; posee una maestría en Antropología Social por la Universidad Católica de Asunción y una especialización en Antropología de la Salud por Inesalud de Granada, España.
Ejerció el periodismo y realizó columnas de opinión para varios diarios de Asunción, fue jefa de Prensa de Radio Viva; editora y coordinadora de Jakueke Mujer y Revista Barrial, y recientemente directora de Comunicación de la Consultora Dos Puntos. Actualmente realiza consultorías en comunicación estratégica para figuras políticas, públicas y empresas; investigaciones sobre pueblos indígenas del Paraguay y se encuentra trabajando en artículos científicos relacionados a la Comunidad Sawhoyamaxa del pueblo Enxet.
Por su parte, César Palacios es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Filosofía UNA; posee masterados en Comunicación y Marketing por la Universidad Columbia del Paraguay y en Antropología Social por la UCA; además de un posgrado en Didáctica Universitaria por Facultad de Filosofía UNA y un diplomado en Comunicación de Gobierno por la Universidad Camilo José Cela de Madrid, España.
Como periodista trabajó en Canal 13 RPC, fue el primer corresponsal de la cadena Telesur con sede en Caracas desde el año 2005. Desde el año 2012 hasta la fecha conduce el programa Tribuna en Paraguay TV, fue director General de Medios del Estado y director General de Comunicación Estratégica del Mitic. Actualmente es docente en la Universidad Católica de Asunción y se desempeña como director General de Comunicación Estratégica del Ministerio de Comunicaciones.
IA, poder y verdad: el desafío de no perder el alma en la era de los algoritmos
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Columnista invitado: César Palacios, @cespala comunicador, docente y estudiante de Antropología Social.
Vivimos en una época en la que la velocidad supera a la reflexión, donde la información circula más rápido que nunca, pero la verdad, paradójicamente, se vuelve cada vez más frágil. En este nuevo escenario, la inteligencia artificial no es solo una herramienta: es un espejo y lo que refleja no siempre es lo mejor de nosotros.
La reciente encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV plantea una advertencia que trasciende el ámbito religioso y se instala con fuerza en el corazón del debate contemporáneo: la tecnología no es neutral, lleva la huella de quienes la diseñan, la financian y la utilizan y en ese proceso, puede convertirse en un instrumento de progreso o en un vehículo de distorsión.
Hoy, uno de los riesgos más preocupantes no es la inteligencia artificial en sí misma, sino su convergencia con una cultura de la inmediatez que ha debilitado los filtros del pensamiento crítico. Vivimos en la era de la sobreinformación, pero también en la de la desinformación y en ese terreno, la verdad compite en desigualdad de condiciones con la emoción, el prejuicio y el interés.
La encíclica advierte sobre una “arquitectura de la visibilidad” en la que lo viral desplaza a lo veraz y lo impactante pesa más que lo comprobado. En ese ecosistema, las fake news no son un accidente: a menudo son el resultado lógico de un sistema que premia la velocidad por encima de la certeza.
Y aquí emerge una responsabilidad ineludible: la de los medios de comunicación. Porque cuando un medio publica sin verificar, acusa sin pruebas y amplifica versiones sin contrastar, no solo comete un error profesional, contribuye, consciente o inconscientemente a erosionar uno de los pilares fundamentales de la democracia: la confianza.
La inteligencia artificial, en este contexto, puede agravar el problema. La capacidad de generar contenidos, automatizar narrativas o manipular imágenes y sonidos introduce un nuevo nivel de complejidad. No estamos solo ante noticias falsas: estamos ante la posibilidad de construir realidades alternativas con apariencia de verdad.
Por eso, la advertencia del Papa es profundamente vigente: no basta con una tecnología más avanzada; necesitamos una ética más sólida. La cuestión de fondo no es si la IA es buena o mala. La verdadera pregunta es: ¿Al servicio de quién está? ¿De la persona y el bien común o de las lógicas de poder, del lucro y de la manipulación?
En esta era digital, la verdad se convierte en un bien común que debe protegerse activamente. No alcanza con denunciar la desinformación, es necesario construir una cultura que valore la veracidad, fomente el contraste de fuentes que premie el rigor y no el escándalo.
Aquí, el desafío también es educativo, formar ciudadanos capaces de dudar, de preguntar, de no aceptar como cierto todo lo que aparece en una pantalla. Como señala la encíclica, incluso es necesario “educarnos en el ayuno de la IA”, es decir, recuperar espacios en los que el pensamiento humano no sea reemplazado, sino fortalecido.
Pero el desafío no es solo individual, es institucional. Los medios, las plataformas digitales, los sistemas educativos y los Estados deben asumir una corresponsabilidad ética. La libertad de expresión no puede ser excusa para la irresponsabilidad informativa. Y la innovación tecnológica no puede convertirse en coartada para eludir la verdad.
Porque cuando la verdad se debilita, lo que se erosiona no es solo el debate público, se erosiona la convivencia, la confianza y en última instancia, la democracia misma. En este contexto, la inteligencia artificial se convierte en un campo de disputa moral. Puede utilizarse para ampliar el conocimiento, mejorar la vida de las personas y fortalecer la transparencia. O bien puede usarse para confundir, manipular y concentrar el poder.
La elección no es tecnológica, es profundamente humana. Como lo plantea León XIV, estamos ante una bifurcación histórica: construir una nueva Babel, donde el ruido y la fragmentación dominen o edificar una “ciudad” en la que la verdad, la dignidad y el bien común orienten el desarrollo.
La pregunta, entonces, no es qué puede hacer la inteligencia artificial, la pregunta es qué estamos dispuestos a hacer nosotros para que no nos quite lo más importante: la capacidad de discernir, de dialogar y de decir la verdad.
En el contexto de la Noche de Galerías 2026 y bajo el título “Ñande sy y la poética del campo”, la artista visual Carla Ascarza exhibe desde este sábado sus nuevas creaciones pictóricas, en Galería del Rey (avda. Sta. Teresa 3145).
La muestra que reúne óleos en diferentes formatos, estudios en grafito y relicarios, construye un universo visual donde la vida doméstica, la memoria femenina y los afectos rurales se transforman en una experiencia poética y contemporánea.
“Hay memorias que sobreviven en una taza esmaltada, en una silla vacía, en una pañoleta anudada o en las manos de una abuela que todavía sostiene los rituales cotidianos del campo paraguayo”, refiere Ascarza al hablar sobre el hilo conductor de su obra. Cuenta que “Ñande sy y la poética del campo” nace a partir de una profunda reflexión sobre las mujeres de la tercera edad y su lugar dentro de la sociedad paraguaya.
Carla Ascarza, artista visual.
CARGA SIMBÓLICA
La serie pone en el centro a la abuela campesina como figura simbólica de transmisión cultural, memoria afectiva y permanencia de ciertos rituales cotidianos que sobreviven al paso del tiempo. Las escenas retratan momentos aparentemente simples: una mujer preparando alimentos, lavando ropa, sosteniendo objetos domésticos, descansando en su silla o habitando silenciosamente el espacio de la casa.
Sin embargo, las imágenes no buscan solamente representar una realidad reconocible, sino construir una atmósfera emocional donde los objetos y los cuerpos contienen una carga simbólica más profunda. La exhibición estará habilitada desde las 17:00.
Sinergia: mujeres artistas homenajearán a Asunción
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Norma Annicchiarico, Osvaldina Servián, Gloria Valle y Carla Ascarza inauguran su exposición el próximo viernes 15, en el 488 aniversario de la Madre de Ciudades.
El próximo viernes 15 de agosto, a las 19:00, el colectivo de mujeres artistas Sinergia habilitará una exposición en el marco de las celebraciones por el aniversario de la fundación de Asunción. La muestra tendrá lugar en el hall central del Espacio Cultural Staudt (Iturbe 333 c/ Mcal. Estigarribia), donde se exhibirán las creaciones pictóricas de Norma Annicchiarico, Osvaldina Servián, Gloria Valle y Carla Ascarza bajo el título “Arte femenino en diálogo con la memoria urbana”.
A través de pinturas originales en grandes y pequeños formatos e impresiones firmadas, estas reconocidas artistas propondrán distintas formas de habitar, recordar y resignificar Asunción desde una mirada profundamente femenina. La ciudad, en la conmemoración de sus 488 años de fundación, se convierte en escenario de una propuesta artística única que invita a repensar los vínculos entre arte, ciudad, género y memoria.
Norma Annicchiarico, Osvaldina Servián, Gloria Valle y Carla Ascarza reunirán sus obras en la propuesta artística “Arte femenino en diálogo con la memoria urbana”
La exposición estará abierta hasta el sábado 30 del corriente, con entrada libre y gratuita. Se ofrecerán paralelamente varias actividades abiertas al público como visitas guiadas y charlas, con el objetivo de generar diálogo entre artistas, estudiantes, ilustradoras, gestores culturales y ciudadanía en general.
LAS EXPOSITORAS
En esta muestra, Norma Annicchiarico invita a caminar entre colores vivos, paisajes serenos y memorias del territorio. Su obra es un homenaje a la tierra, a sus ritmos y a la belleza cotidiana que muchas veces pasa desapercibida. Por su parte, Gloria Valle, artista plástica uruguaya residente en Paraguay, parte de la observación aguda de la vida suburbana, deteniéndose en escenas domésticas protagonizadas por mujeres mayores.
Con una paleta vibrante y composiciones dinámicas, Osvaldina Servián construye una poética del color, donde la geometría se funde con la tradición. La danza, la música popular y los objetos cotidianos se convierten en símbolos de identidad y pertenencia. Entre tanto, Carla Ascarza representa escenas cargadas de fuerza simbólica y sensibilidad social donde las mujeres cobran protagonismo con una presencia firme y conmovedora.
Emoción y color en la atmósfera onírica de la pintora Carla Ascarza
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Jorge Zárate
jorge.zarate@nacionmedia.com
Fotos: Gentileza
La artista llama realismo lírico a su búsqueda, la transmisión con imágenes de sentimientos profundos e incluso valores. “Quiero transmitir la esperanza, la vitalidad, el misterio, la gratitud”, cuenta de sus bellas artes.
“Defino muchas de mis obras dentro del realismo lírico porque habitan una frontera entre lo real y lo simbólico”, cuenta Carla Ascarza. “Me interesa representar escenas, personas y objetos que existen, pero llevarlos a otro plano a través de la atmósfera, la paleta y la composición”, define.
Plástica de importante trayectoria, sus cuadros de la serie “Mensajeros” abordan lo mítico y lo tangible de los mainumby, colibríes que llevan y traen luces, colores, reflexiones.
“En esa transformación se produce el lirismo: lo que está cargado de emoción, de memoria, de misterio. La pintura me permite decir lo que no cabe en la literalidad. Puedo usar una figura humana o un objeto cotidiano, pero los rodeo de elementos poéticos para que emerjan como visión, como huella sensorial”, apunta.
Entiende al color como un comunicador eficaz. “Es una herramienta de intuición y también de resistencia: en un contexto como el nuestro, donde tantas veces se impone la opacidad, defender el color es también defender la vida”.
–¿Cuál fue el disparador de la colección “Mensajeros”?
–El disparador fue una vivencia íntima y una necesidad interior de nombrar lo intangible. Los colibríes llegaron a mí como metáfora de aquello que no permanece, pero deja huellas. En “Mensajeros” no los represento solo como aves, sino como símbolos de lo etéreo, de lo que se posa apenas en la conciencia. Ellos son portadores de mensajes del alma: la fugacidad del instante, la ligereza de lo esencial, la belleza que no se impone, pero transforma. La serie nace del deseo de capturar esa sutileza y convertirla en color, en forma, en presencia.
“Colibrí”. De la serie “Mensajeros”“Colibrí”. De la serie “Mensajeros”
NARRANDO LO INVISIBLE
–En tus series anteriores se ve una búsqueda por retratar la escena cotidiana, los rostros cercanos. ¿Cómo vas volcando a los lienzos tus inquietudes? ¿Seguís un plan?, ¿pintás lo que te es urgente?
–Trabajo a partir de una urgencia interior. Hay veces en que una imagen se instala en mi cabeza y no me suelta hasta que le doy cuerpo en el lienzo. A veces es un rostro anónimo que encuentro en una fotografía o una escena callejera que me golpea. No siempre tengo un plan estructurado, pero sí una búsqueda constante: la de narrar aquello que suele pasar desapercibido. Lo invisible, lo que no está en los titulares. Pinto para dar visibilidad a lo común, pero con una carga simbólica profunda. En ese sentido, la serie “Contramundos” fue muy significativa: cada obra fue una pequeña crónica visual del Paraguay contemporáneo.
–Contanos un poco más de tu relación con el color. ¿Cómo decidís ese universo personal?
–El color para mí es emoción. Es lenguaje puro. Muchas veces dibujo con el color. Nunca lo uso de manera literal. Mi paleta se construye a partir de lo que siento, de lo que quiero provocar. La realidad ya tiene sus propios tonos, pero el arte me permite alterarlos, amplificarlos, volverlos signos. A veces un verde ácido, un fucsia estridente o un naranja encendido no tienen lógica si uno los mira desde lo mimético, pero sí si los entiende como pulsaciones anímicas. Pinto desde el color porque él habla más rápido que las palabras.
–También abordaste lo abstracto. ¿Cómo fue ese recorrido?
–Lo abstracto fue, en mi caso, un espacio de liberación. Al principio, mi obra estaba más centrada en el retrato y la escena figurativa, pero la abstracción me permitió explorar otros caminos: el gesto, la mancha, el ritmo. Fue como quitarme las palabras de encima y quedarme solo con la voz. Me interesa lo abstracto cuando nace de una pulsión verdadera, cuando no es solo una estética, sino una necesidad de expansión. Algunas obras de transición en mis series combinan ambos lenguajes: hay figura, pero también hay fuga hacia lo simbólico, hacia lo que no puede decirse con formas reconocibles.
CREAR CON HONESTIDAD
–Fuiste premiada y tu obra se exhibió en el exterior. ¿Cómo sigue ese camino?
–El reconocimiento que recibí en Moscú con “La dulcera”, obra de la serie “Contramundos”, fue muy importante para mí. No solo por el premio en sí, sino porque visibilizó una escena local que muchas veces queda relegada. Esa obra nació de una historia real, de una mujer que vendía dulces de mamón en Garibaldi. Yo la fotografié, hablé con ella, le comenté sobre mi trabajo, compré sus dulces, le solicité permiso para fotografiarla y luego la convertí en símbolo. Fue mi forma de hablar sobre la desigualdad, sobre la cultura del consumo, sobre lo invisible. A partir de esa experiencia se abrieron otras puertas, pero más allá de lo institucional, lo que me mueve es seguir creando con honestidad. Hoy me interesa explorar más a fondo las narrativas indígenas, la memoria colectiva, los ritos del presente. El camino sigue desde ahí.
“La dulcera”. De la serie “Contramundos”
–¿Cómo ves la plástica nacional?, ¿qué cosas destacás de este presente?
–La plástica nacional es profundamente valiente. Está llena de artistas que, a pesar de contextos hostiles, producen con una potencia conmovedora. Pero no puedo dejar de señalar la precariedad estructural en la que trabajamos muchos de nosotros. Los materiales son carísimos: un solo tubo de óleo, un pincel profesional, un lienzo, representan una inversión enorme. Muchos colegas pintan en condiciones mínimas, con recursos limitados y aun así construyen discursos estéticos de gran profundidad. Falta apoyo sostenido, políticas públicas reales, espacios de visibilidad. Aun así, el arte persiste. Se renueva, se reinventa. Destaco sobre todo el trabajo de mujeres artistas, de jóvenes que se animan a experimentar, de quienes cruzan el arte con la militancia, con lo social, con lo comunitario. Es un momento duro, pero fértil. Y estoy convencida de que el arte seguirá abriendo caminos, aunque tenga que hacerlo con las uñas. La plástica paraguaya está viva. Y lo está no por el mercado, sino por la urgencia expresiva de sus creadores.
–¿Cuál es tu materia pendiente en la plástica?
Siento que una de las búsquedas más importantes que tengo como artista –y también como ser humano– es profundizar en el compromiso del arte con las causas humanitarias. Vivimos en un mundo profundamente desigual, herido, con pueblos que luchan por su derecho a existir, a hablar, a vivir. Mi materia pendiente no es una técnica, ni siquiera una exposición; es usar cada vez con más claridad mi voz visual a favor de la vida. Me interesa cada vez más vincular mi obra a causas sociales, a los pueblos indígenas, a la defensa del planeta, a la memoria colectiva. Para mí, el arte no debe ser indiferente. Tiene que incomodar, abrazar, iluminar, conmover. Y ahí está mi tarea pendiente: seguir encontrando lenguajes que acompañen y denuncien. Que no se queden en lo estético, sino que toquen lo ético.
NARRAR DESDE OTRO LUGAR
Carla Ascarza estará exponiendo en la muestra colectiva “Sinergia, arte femenino en diálogo con la memoria urbana”, que abre el próximo 15 de agosto a las 19:00 en el Espacio Cultural Staudt, sito en Iturbe 333 casi Mariscal Estigarribia. Expondrá allí en conjunto con Norma Annicchiarico; Gloria Valle y Osvaldina Servián.
Vale recordar que Carla, además de artista plástica, es también comunicadora.
–¿Qué facetas de la expresión potencia la pintura?, ¿qué cosas permite expresar más allá de las palabras?
–La pintura es, para mí, el lenguaje donde lo no dicho se vuelve posible. Como comunicadora, valoro el poder de la palabra, pero sé que tiene límites. Hay experiencias que no se traducen fácilmente: el dolor ancestral, la belleza inexplicable, la rabia callada. La pintura me permite explorar dimensiones expresivas que la palabra, por momentos, no alcanza. Pero, como comunicadora, siempre he sentido un fuerte compromiso con la narrativa: contar historias, dar sentido, transmitir lo profundo de lo humano. En mi obra, esa narrativa se vuelve visual, simbólica, sensorial.
–Se sigue contando, descubriendo…
–Pinto no solo para emocionar, sino también para contar. Cada personaje, cada escena, cada fragmento de color tiene una historia detrás. La pintura potencia esa posibilidad de narrar desde otro lugar, de dar cuerpo a relatos que a veces no encuentran espacio en los medios tradicionales. Y me permite también generar otra temporalidad: la del silencio, la contemplación, el tiempo detenido que exige una imagen. La narrativa visual que construyo desde el arte es una extensión de mi voz como comunicadora, pero una voz que a veces se vuelve más poderosa, más ambigua, lo que es fundamental para interpelar al otro. La pintur a abre un campo de significación que no pretende cerrarse . Y en eso me siento profundamente libre.
Carla Ascarza, artista
BREVE BIO
Carla Ascarza es licenciada en Artes Visuales por el Instituto Superior de Artes Verónica Koop con la puntuación summa cum laude. Cuenta con un masterado en Antropología Social por la Universidad Católica de Asunción y especializaciones en antropología de la salud y derechos humanos. Dentro de su formación artística estudió en programas y talleres en la Escuela de Bellas Artes, talleres libres de Olga Blínder, Edith Jiménez, Lisandro Cardozo, Vicente Duré, Luis A. Boh y Jo Oliveira. Fue becada por el maestro Livio Abramo como asistente en sus talleres de línea y color.
Cuenta con numerosas exposiciones colectivas nacionales e internacionales. Entre las más recientes se mencionan Muestra Kuña Mbarete Rembiapo, Sala Jacinto Rivero, Centro Paraguayo Japonés (2025); Muestra Ñepyrumby, Apart Hotel Maison Suisse (2024); Muestra Apertura de ciclo. Casa Hassler, San Bernardino (2024); Muestra Incondición Interior, Centro Cultural Manzana de la Rivera (2023).
Obtuvo el Primer Premio de Pintura en el XII Festival Mundial de Bellas Artes VERA, Moscú, Rusia. Año 2017. Representó a Paraguay en la muestra internacional Passion Art Barcelona. Sus cuadros también representaron al país en muestras en Nueva York (EE. UU.), Canberra (Australia) y Seúl (Corea).