El cuarteto de jazz paraguayo Joaju presenta su tercer álbum discográfico, titulado “Avy’a jave”, inspirado en la figura emblemática del músico nacional Jorge “Lobito” Martínez (1952-2003). El lanzamiento será el viernes 31 de mayo y estará disponible en todas las plataformas digitales.
Este material representa un viaje musical que celebra las identidades culturales propias, en un diálogo armonioso entre tradición y modernidad. Se trata de una colección exclusiva de composiciones icónicas del legendario Lobito Martínez, que fusiona los ritmos característicos de Paraguay, como las polcas y guaranias, con la improvisación y estética del jazz.
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“Avy’a jave” fue grabado en los estudios Camaleón de Madrid, bajo la dirección de Shayan Fathi. Posteriormente, se llevó a Nueva York para ser mezclado y masterizado por David Darlington. Giovanni Primerano en el piano, Bruno Muñoz en el saxofón, Víctor Morel en la batería y Paula Rodríguez en el contrabajo, integran el cuarteto conocido por su fusión del jazz con la música tradicional paraguaya.
Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo del Programa Ibermúsicas, a través de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), en cooperación con la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (Dinapi) y las sociedades de gestión colectiva: Autores Paraguayos Asociados (APA), la Entidad Paraguaya de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes (AIE) y la Sociedad de Gestión de Productores Fonográficos del Paraguay (SGP).
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La voz de “Y.M.C.A.”: muere Victor Willis, líder de Village People
Victor Willis, líder del grupo disco Village People, cuyo éxito “Y.M.C.A.” se convirtió en un clásico en los mitines del presidente estadounidense Donald Trump, ha muerto a los 74 años, anunció el miércoles su esposa. El músico nacido en Texas cofundó Village People y coescribió éxitos como “Y.M.C.A.”, “In the Navy” y “Macho Man”, que arrasaron en las pistas de baile de todo el mundo a finales de los años 1970.
“Con profunda tristeza debo anunciar el fallecimiento de mi esposo, VICTOR WILLIS. Victor murió el martes 30 de junio de 2026 como consecuencia de una enfermedad breve, pero agresiva”, informó su esposa en Facebook. Trump no tardó en reaccionar: “Era un tipo fantástico y alegre que adoraba que yo usara la canción de su grupo”, dijo en Truth Social.
“Pensaremos en Victor cada vez que se ponga Y.M.C.A, como hoy, y durante toda esta semana de aniversario del Cuatro de Julio”, añadió Trump, en referencia a los 250 años de la independencia de Estados Unidos, que se celebra este fin de semana. Village People comenzó en 1977 cuando Willis aceptó una invitación de los productores franceses Jacques Morali y Henri Belolo.
Con sus extravagantes vestuarios y coreografías, se volvió un fenómeno de la cultura pop con sus integrantes vestidos de obreros de la construcción, motociclistas, vaqueros y soldados. Willis solía aparecer en el escenario vestido con un uniforme de policía. Durante mucho tiempo se asumió que el nombre Village People hacía referencia al Greenwich Village, en Nueva York, el centro de la escena gay de la ciudad en la década de 1970.
Willis dejó temporalmente el grupo en 1980 mientras enfrentaba problemas de drogadicción. En 2006 se declaró culpable de posesión de cocaína ante un tribunal de San Francisco. En 2017 se reincorporó a Village People tras ganar una demanda de derechos de autor, que le permitió recuperar la copropiedad de algunos de los mayores éxitos de la banda.
Himno adoptado por Trump
“Y.M.C.A.”, abreviatura de “Young Men’s Christian Association” (Asociación Cristiana de Jóvenes) fue incorporada en 2020 al Registro Nacional de Grabaciones por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, así como al Salón de la Fama de los Grammy. Lanzada en 1978, la canción tuvo una inesperada segunda vida al ser adoptada por Trump, con la aprobación del grupo, en una decisión que, para muchos, desvirtuó su significado original.
“Y.M.C.A.” terminó asociándose a la victoria del candidato republicano para su segundo mandato. Trump incluso desarrolló su propio baile característico para acompañar la canción: un rígido balanceo de caderas y golpes de puño a la altura de la cintura. Compuesta por Willis junto con Morali y Belolo, “YMCA” fue concebida originalmente como un himno de la comunidad homosexual masculina, un mensaje que contrasta con las posiciones conservadoras de Trump.
Pero Willis insistió en reiteradas ocasiones que “YMCA” no es un himno gay y en 2024 anunció que demandaría a cualquiera que le atribuyera ese significado. La banda interpretó “Y.M.C.A.” en un mitin de Trump en enero de 2025, antes de que el republicano fuera investido para su segundo mandato, lo que le valió muchas críticas.
Willis dijo en esa ocasión: “Démosle una oportunidad al presidente Trump, independientemente de lo que hayan pensado de él en el pasado. Veamos qué hace en el futuro y, si toma medidas para restringir los derechos de las personas LGBTQ, Village People será el primero en alzar la voz”. “Village People actuará tanto para demócratas como para republicanos. No somos un grupo político”, aseguró.
Fuente: AFP.
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Presentación de “Ndaipóri Frontera Tour - Europa 2026”
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Luis Szarán: “La música tiene el poder de humanizar a los humanos”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez / Gentileza
El material audiovisual “Mborayhu porã: Luis Szarán” propone un recorrido íntimo por la historia de un hombre que convirtió la música en una herramienta de transformación social. El documental reconstruye el camino de quien, tras formarse en el exterior, eligió regresar al Paraguay para demostrar que el arte puede sembrar oportunidades, fortalecer comunidades y, sobre todo, humanizar a las personas.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” es el nombre del documental producido por Maneglia-Schembori, dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano. Se trata de un trabajo que presenta la vida de superación del reconocido músico, intelectual y gestor social Luis Szarán. El audiovisual cuenta con coproducción de la Presidencia de la República, la Oficina de la Primera Dama, la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), Itaipú Binacional y el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic).
“Cuando me plantearon hacer el documental, yo pensé en principio que iba a ser algo muy sencillo, buscar fotos de archivo, recortes de periódicos, fotos, relatos en general y había sido era más complicado. Primero hacer el guion en tres meses de trabajo, para luego filmar con los directores, eso nos llevó 9 meses”, comenta el maestro respecto a la producción en conversación con La Nación/Nación Media.
La pieza audiovisual aborda distintas facetas de su vida: la dirección orquestal, su momento de creación musical, la investigación histórica y los últimos 25 años como “emprendedor social”. “El objetivo no era mostrar medallas de condecoración y todas las vanidades del mundo del espectáculo, sino un ejemplo de lucha, de vida, de alguien, de una persona que de la nada surgió, se fue armando herramientas, que tuvo que emigrar de un lugar a otro para capacitarse, para lograr sus objetivos y en el momento culminante de una carrera decide devolver a la vida lo que la vida le dio, un poco la síntesis de mi trabajo”, explica Szarán.
UNA HISTORIA
Hijo menor de inmigrantes polacos, nació en Itapúa en 1953. Empezó con apenas 8 años sus estudios musicales maravillado por el sonido de la guitarra. Se trasladó a Asunción para estudiar con el maestro José Luis Miranda y con un poco más de 20 años ya obtuvo becas internacionales para perfeccionarse, primero en Argentina, después pasó por Brasil y luego dio el gran salto a Italia. No obstante, ese no fue un camino recto y sin obstáculos, aunque siempre contó con cómplices para lograr su sueño.
“Mi madre era ultrarracional. Nos impulsó a pisar tierra siempre, a cuidar los recursos, a trabajar desde chicos, hacerse un pequeño capital, hacerse un techo. Su preocupación era la solidez. Por eso un poco era la negativa de acompañar mis sueños de ser músico”, comenta.
“Mi hermana mayor fue la que fue cómplice, porque me veía con talento. Ella era educadora, una educadora muy importante y buscó la forma de que yo cumpliera mis sueños. Mis otras dos hermanas que siempre están son las del equipo de aplauso desde el comienzo y también mis asesoras para bajar los humos cuando hay que bajar y para no desanimarme en esta profesión, que es una lucha permanente contra la indiferencia, contra la falta de apoyo, son personas claves dentro de mi carrera”, agrega.
El maestro Miranda fue su mentor, otorgándole una beca de por vida al hijo de dos agricultores que apenas conocía. El padre fue violinista aficionado que dejó esa práctica cuando subió al barco huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su madre se resistió a que su pequeño tome una carrera incierta como la de músico, aunque se haya inspirado en Luis Alberto del Paraná para darle el nombre.
“Mi padre fue un músico aficionado nomás en Polonia. No era músico, viene de una familia de agricultores y tenía sí su grupo musical, que los fines de semana tocaban entre ellos. Dentro del proceso de mi formación, como músico estudié un año violín y después estudié violonchelo. Recuerdo una vez que tenía el violín, le puse en sus manos y temblando pudo sacar una melodía sin problemas y no había tocado por más de 50 años”, recuerda.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” narra a través de sus palabras y de la voz de dos hermanas y sus hijos cómo es el maestro, qué relación tuvo con sus padres, qué legado y aprendizajes hereda a su descendencia.
COMPARTIR LA MAGIA
“Mi proceso con la música fue bastante natural. A mí me motivó de niño el sonido que salía de una guitarra, me parecía casi algo de magia, que algo que suena y que está en el aire, que es una belleza inaudita y que no podés tocar con las manos, no podés modificarla. Es un arte realmente mágico, porque en la literatura ves las palabras, en la pintura ves los cuadros, podés tocarlo físicamente”, explica.
Para el maestro Szarán, la música sigue siendo una magia extraordinaria que permite unir voluntades y talentos, eso vive regularmente como director de orquesta. Él celebra ese momento al que no podría llegarse tal vez a través de la palabra, sino solo a mediante el sonido, el instante de construir conexiones en las personas, algo propio de la música.
“La música tiene ese poder de apagar o encender las pasiones. Apagar digo en el sentido de hacer contención a momentos desagradables, a penurias. La gente que va a un concierto o a una sesión familiar de música en menos de 10 o 15 minutos experimenta ese milagro de que te limpia todo, es parte de la ceremonia de asistir a esos eventos. Y, por otro lado, en hacerte soñar y conectar con las personas”, sentencia.
EXPERIENCIA HUMANIZADORA
Ser no solo testigo, sino actor de esos momentos de magia lo llevaron a reflexionar sobre cómo podría compartir esa experiencia humanizadora con el resto de su pueblo. Y es así que luego de su formación en Europa regresa al país, primero comparte conocimiento musical, después documenta con registros la música popular, la música indígena, luego rescata archivos musicales de las comunidades jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, de las misiones en Paraguay, para finalmente arrancar con un proyecto que le permite compartir el don de la música y abonar el tejido social alrededor de ella, Sonidos de la Tierra.
“Esa conexión yo ya la sentía cuando era adolescente, cuando con mi guitarra recorría y cantaba canciones en eventos de familiares, de amigos, donde sale una canción buena y a la gente le brillan los ojos y parece que se vuelve más buena, más sensible, más comprensiva, más humana. Y hoy día, con el trabajo masivo de la música que llevamos a cabo en los programas de orquestas juveniles, que sí produce un efecto social muy grande, de humanizar a los humanos, no solo a los participantes, sino a quienes acompañan. Eso es muy necesario, es una herramienta educativa hoy día fundamental para ir buscando crear las sociedades equilibradas emocionalmente, como necesitamos aquí en el Paraguay y en todo el mundo”, comenta.
VALORES Y BUENAS PRÁCTICAS CIUDADANAS
Sonidos de la Tierra nace en 2002 de la mano de Szarán para promover valores y buenas prácticas ciudadanas mediante escuelas comunitarias de música, algunas en zonas muy vulnerables, poniendo lo social y lo humano como norte y la música como medio. Con ese mismo marco creó la Orquesta H2O Sonidos del Agua, promoviendo un mensaje ambiental y comunitario.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” habla de la vida de un profesional de la música, pero lo presenta en un tono profundamente humanista y esperanzador. Szarán, quien decidió en un momento volver a Paraguay a pesar del contexto cuesta arriba que supone encarar una carrera artística de manera profesional en el país, cuenta aquí su historia poniendo lo social en el centro y reivindicando la mágica de la música como catalizador de un cambio estructural en la sociedad.
Lejos de limitarse a una biografía de logros y reconocimientos, el filme retrata una convicción que ha guiado toda una vida: la música no es un fin en sí mismo, sino un puente hacia una sociedad más sensible, solidaria y esperanzada. En tiempos marcados por la fragmentación y la indiferencia, el documental invita a redescubrir el inmenso poder del arte para transformar vidas y recuerda que las melodías más perdurables son aquellas que logran resonar en la condición humana.
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Marcos Kasanetz: “Siento que volví a encontrar la motivación y la gente”
El cantante le aporta su identidad sonora e interpretativa a canciones que fueron himnos décadas atrás.
“El concepto es darle más potencia a canciones que de por ahí quedaron con un sonido, a lo mejor, un poco de tiempos anteriores, consiguiendo nuevas versiones. Las llevo hacia un sonido identificando lo que me gusta y con lo que soy”, explica Marcos Kasanetz sobre la idea del proyecto que viene encarando, en la semana en la que dio a conocer su nuevo trabajo musical, una versión rockera de la canción “Un vestido y un amor”, del cantante argentino Fito Páez.
“La idea surge a raíz de que en mis shows yo reciclo muchas canciones de los 90 y 2000 que fueron o son himnos, pero que quedaron un poco olvidadas, así es que cuando las toco la gente las canta y las corea, como si yo fuese el mismo artista que las hizo. Mis versiones son muy peculiares, primero porque me encanta darle potencia a todo, soy muy rockero”, señala el cantante.
Marcos, con dos décadas de trayectoria en la escena musical, viene desarrollando un proyecto que tiene como base el abordaje de versiones de clásicos, y que pretende que crezcan hacia la grabación de canciones de su autoría. “Detrás de todo esto quiero meter canciones mías que dejé postergadas desde hace mucho tiempo. Siento que ahora, después de años, volví a encontrar la motivación y la gente que me acompaña en este trecho del viaje”, agregó.
TRAYECTORIA
Se trata de un artista que tiene una fuerte influencia del rock rioplatense, con un padre que siempre tocaba la guitarra en su casa, la música y el canto siempre estuvieron presentes en su formación.
“Inicié mi carrera desde jovencito cantando en certámenes, intercolegiales de la canción. Fui vocalista de una banda que se llamaba La Fruta Prohibida, con la que tuvimos una época dorada, giramos por todo el país prácticamente. También formé parte de un reality de televisión de cantantes y bailarines. Durante diez años canté con Los Farranderos, con presentaciones en festivales, eventos privados, con ellos aprendí muchísimo”, narra Marcos.
En 2018 decidió tomar vuelo independiente junto a sus amigos Eduardo Benítez y Lorenzo Recalde, con quienes dieron vida al proyecto Los Calaveras. La pandemia se encargó de enfriar aquella ilusión.
“Pero hace un mes nos volvimos a juntar y nos volvimos a enamorar. Siento que estoy en un momento pleno, justo, perfecto, maduro, con experiencia, definido, con energía, con cariño, rodeado de gente hermosa que me quiere y me acompaña, lindo momento para retomar y darle a mi público lo que tanto me pide: canciones. Entonces eso es lo que se viene este año de mi parte, canciones y más canciones”, sentenció.
VERSIONES
“Son canciones de los 90 que a un tipo de mi edad lo marcaron, y siguen siendo himnos para nosotros, con el plus de que en una versión nueva también les gusta. Ni te hacés idea cómo cantan temas como ‘Canción de despedida’”, comenta.
Marcos, quien forma parte de la cartelera musical de la capital, viene trabajando en la producción en estudio junto a César da Costa, un reconocido de la escena, con quien construyó una afinidad personal y musical. La versión de “Un vestido y un amor” apuesta a una mayor solidez y estabilidad, en el acompañamiento, con el color propio de la voz de Marcos. El tema fue lanzado con un video clip, grabado en el centro histórico de la ciudad.
“La producción con César la trabajamos de forma extremadamente amena. Es un tipo de mucha experiencia y trayectoria también, y por suerte coincidimos en mucho, tenemos química musical, eso facilita el trabajo y cuidamos todos los detalles dentro de lo legal, porque como se sabe, hay cosas que se pueden modificar, otras que no, en eso César es muy entendido, entonces trabajo bajo su asesoramiento sumamente calificado”, concluyó.