El manga “Dragon Ball”, de Akira Toriyama, aclamado por su estilo gráfico, sus personajes apátridas y su encanto universal, asentó un modelo para esta industria japonesa y conquistó a millones de lectores en todo el mundo. El repentino anuncio de la muerte de su creador a los 68 años suscitó el viernes pasado en las redes sociales una oleada de emoción entre sus admiradores, que rindieron homenaje al prolífico “mangaka”, como se conoce a estos autores, en todos los idiomas.
Al menos 2,5 millones de mensajes relacionados con su fallecimiento se publicaron en X en tan solo seis horas, es decir 267 mensajes por segundo, según la plataforma de seguimiento Visibrain. Publicada por primera vez en 1984, “Dragon Ball” es una de las franquicias de cómic más vendidas de todos los tiempos y dio lugar a numerosas series de anime, películas y videojuegos.
Narra las aventuras de Son Goku, un joven prodigio de las artes marciales que recorre el mundo en busca de unas bolas mágicas que lo ayudaran, a él y a sus aliados, a proteger la Tierra de terribles enemigos. La serie, divertida y rocambolesca, mezcla los combates de artes marciales con una historia inspirada libremente en una novela china del siglo XVI, “Viaje al Oeste”.
A lo largo de los años, “Dragon Ball” se convirtió en el modelo de manga Shonen --para chicos adolescentes-- y definió la industria japonesa del manga y del anime, impulsándola al nivel mundial. Aunque otras superproducciones, como “One Piece” o “Naruto”, también ofrecen batallas y héroes de capa y espada, el manga de Toriyama se consolidó como referencia, según los expertos.
El famoso creador de manga falleció el 1 de marzo pasado debido a una acumulación de sangre en el cerebro. Foto: AFP
Riqueza gráfica
“‘Naruto’ y ‘One Piece’ también son populares en el extranjero, pero ‘Dragon Ball’ se diferencia por el número de países que emitió el anime”, explica a la AFP Kazuma Yoshimura, profesor de manga en la universidad Kyoto Seika. Se han vendido más de 260 millones de ejemplares de los cómics en todo el mundo, según la editorial Shueisha.
Otra cuestión que distingue a “Dragon Ball” es el universo extremadamente detallado de Toriyama, afirma Yoshimura, con personajes y paisajes tan precisos que permitieron una conversión excelente a soportes como figuras 3D. “Los lectores no pueden apartar la vista”, declara. “Pienso que tenía un talento poco común”.
La serie de anime, doblada a numerosos idiomas, se convirtió en un éxito mundial y captó el corazón de los niños con sus batallas dantescas ganadas por el pequeño héroe. Representa “el apogeo de lo que debería ser el entretenimiento”, estima el periodista Tadashi Sudo, especialista en dibujos animados. “Toriyama sabía exactamente lo que todo el mundo quiere leer: la aventura y la evolución de los personajes”, añade.
Además de su minuciosa producción, parte del atractivo para un público mundial proviene probablemente de los personajes “apátridas”, siendo así a la vez exóticos y accesibles. “No es como si la serie tuviera lugar en una región particular del planeta”, explica Sudo. Y el toque asiático no impide que resulte familiar al público internacional.
“De cierta manera, la serie era un punto de fusión de culturas, y pienso que es una de las razones por las que es tan apreciada en todo el mundo”, afirma. Los fans rindieron homenaje a Akira Toriyama publicando dibujos en redes sociales, entre ellos Son Goku subiendo al cielo con alas de ángel y un halo. “Gracias por hacer que mi infancia fuese genial”, escribió uno de ellos. Otras obras de Toriyama también “trascendieron las fronteras” de Japón, entre ellas “Dr. Slump” y “Sand Land”, indica la editorial Shueisha.
“Beef” vuelve más ambiciosa: capitalismo, deseo y el desgaste íntimo de las relaciones
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Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
La segunda temporada de “Beef” no quiere repetirse. Y quizá esa sea su decisión más inteligente. Después de convertir una pelea de tráfico en una parábola contemporánea sobre la rabia, la serie creada por Lee Sung Jin —“Sonny” para todos en la industria— abandona la furia individualista de su primera entrega para mirar algo todavía más incómodo: el matrimonio, el dinero y el modo en que el capitalismo termina modelando incluso nuestras formas de amar.
La nueva temporada cambia Los Ángeles suburbano por un ecosistema de élites entre Montecito y Corea del Sur. Hay nuevos personajes, nuevos conflictos y una estructura más coral. Pero el corazón de la serie sigue siendo el mismo: personas atrapadas en ciclos emocionales que apenas comprenden.
Durante una conferencia virtual organizada por Netflix, Lee Sung Jin explicó que la inspiración inicial fue “muy simple”: observar dos parejas en etapas distintas de sus relaciones. Sin embargo, al desarrollar la historia, apareció inevitablemente otra variable. “Si quieres explorar honestamente el matrimonio en 2026, inevitablemente tienes que enfrentarte al capitalismo”, afirmó.
La temporada, según el creador, está construida alrededor de “las cuatro estaciones de la vida”. Cada pareja representa un momento distinto del desgaste sentimental: juventud, estabilidad, resignación y vejez. El plano final —una imagen aérea inspirada en el samsara budista— resume la idea central: todos permanecen atrapados en un ciclo repetitivo de deseo, frustración y búsqueda de sentido.
Oscar Isaac y Carey Mulligan encabezan en elenco renovado para la segunda temporada de "Beef" (2023). Foto: Gentileza
La gran novedad de esta entrega no es solo temática. También lo es generacional. Lee Sung Jin reúne por primera vez en pantalla a dos leyendas absolutas del cine coreano: Youn Yuh-jung y Song Kang-ho. Dos intérpretes monumentales que, paradójicamente, pasaron buena parte del encuentro minimizando su propio talento.
Youn Yuh-jung interpreta a Chairwoman Park, una multimillonaria afilada, manipuladora y profundamente lúcida. Para el público estadounidense supone además un pequeño giro: la actriz, acostumbrada a encarnar figuras cálidas o excéntricas, asume aquí un rol más cercano al antagonismo. Ella misma bromeó con ello durante la conversación: “En realidad soy una mujer elegante. No hablo así en mi vida real”.
Parte de su ansiedad provenía del idioma. Aunque ha trabajado internacionalmente durante años, confesó sentirse insegura actuando en inglés. Lee Sung Jin respondió incorporando esa tensión al personaje: una mujer tan poderosa que puede decidir cuándo hablar inglés y cuándo no hacerlo. La lengua deja de ser una limitación para convertirse en una demostración de poder.
Más reveladora aún fue la historia detrás del fichaje de Song Kang-ho. El actor de Parasite rechazó inicialmente el proyecto. Según contó, le aterraba interpretar un personaje tan distinto a los que había hecho antes. Fue Youn Yuh-jung quien terminó convenciéndolo personalmente por teléfono. “Le dije: eres el mejor actor de Corea, puedes hacer cualquier papel”, recordó ella entre risas.
El resultado es una relación tan extraña como fascinante. Ella interpreta a una mujer inmensamente rica que ya no busca amor romántico ni utilidad práctica en el matrimonio. Busca entretenimiento. “El primer marido es por amor, el segundo por conveniencia y el tercero por diversión”, explicó la actriz.
Song Kang-ho, por su parte, definió a su personaje como alguien dominado por la carencia emocional. Un hombre movido por el dinero, sí, pero también por una necesidad infantil de afecto. “Creo que le falta amor, incluso amor maternal”, señaló.
La temporada también expande el universo identitario de la serie. Lee Sung Jin contó que decidió trasladar parte de la acción a Corea después de volver al país para dirigir un videoclip de RM, miembro de BTS. Allí volvió a conectar con una sociedad atravesada por el poder económico de los chaebol —los grandes conglomerados familiares coreanos— y vio en ello una dimensión poco explorada de la experiencia asiático-estadounidense.
Oscar Isaac y Carey Mulligan encabezan en elenco renovado para la segunda temporada de "Beef" (2023). Foto: Gentileza
Por eso “Beef” ya no habla únicamente de rabia. Habla del agotamiento moral de sobrevivir dentro de sistemas que transforman las relaciones humanas en transacciones permanentes. Incluso los personajes más jóvenes, explicó Lee Sung Jin, terminan descubriendo cómo el tiempo erosiona ideales que parecían sólidos a los veinte años.
Quizá ahí reside la evolución más interesante de la serie: entender que la violencia emocional no siempre explota en gritos o persecuciones. A veces aparece en cenas silenciosas, matrimonios funcionales o conversaciones donde nadie dice exactamente lo que siente.
La primera temporada de “Beef” era una historia sobre personas incapaces de controlar su ira. La segunda parece mucho más sombría: una historia sobre personas que ya ni siquiera saben si todavía son libres.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
Director de “Arco”: “Pixar o Disney, les encantaría hacer películas así”
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Por David Sánchez, desde Toulouse (Francia), X: @tegustamuchoelc (*).
Ugo Bienvenu habla despacio, como si todavía no terminara de entender todo lo que le ha ocurrido en el último año. El ilustrador, autor de cómic y director francés, convertido hoy en una de las grandes figuras emergentes de la animación europea, se mueve por Cannes con la sensación de estar cerrando un capítulo gigantesco de su vida. Uno que comenzó hace tiempo en circuitos alternativos, entre videoclips y novelas gráficas, y que terminó desembocando en Hollywood, en la carrera de los Oscar y en una nominación frente a gigantes de la industria mundial.
Antes de llegar ahí, Bienvenu ya era una referencia visual para toda una generación gracias a trabajos como Fog, el videoclip realizado para el dúo francés Jabberwocky. Aquella pieza, melancólica y futurista, terminó definiendo gran parte de su identidad artística: personajes vulnerables, atmósferas suaves y una ciencia ficción profundamente humana. Después llegarían sus cómics, sus ilustraciones y finalmente Arco, la película que lo cambió todo.
El filme se convirtió en una de las grandes revelaciones del cine de animación francés, ganó el Cristal al mejor largometraje en Annecy y acabó entrando en la carrera de los Oscar a mejor película de animación, donde compartió presencia con producciones multimillonarias estadounidenses. El contraste todavía le parece irreal. “Fue completamente una sorpresa”, reconoce. “Yo no soy realmente del mundo del cine. No es algo que me fascinara especialmente. Ni siquiera sabía que algo así fuera posible”.
La película llegó además en un momento personal extremadamente delicado. Mientras Hollywood lo absorbía entre proyecciones, campañas y eventos industriales, Bienvenu acababa de tener a su segundo hijo. “Mi hijo tenía seis meses cuando tuve que empezar la campaña de los Oscar”, explica. “Y fue muy duro dejar la casa. Sentía que no estaba en el lugar correcto”.
El cineasta francés Ugo Bienvenu es uno de los 10 to Watch de Unifrance en el Festival de Cannes 2026. Foto: Gentileza
Lejos de la imagen glamourosa de Hollywood, el director recuerda aquella experiencia como una mezcla extraña entre euforia profesional y agotamiento emocional. “Profesionalmente era increíble”, admite. “Pero personalmente fue muy duro”.
Durante la promoción estadounidense descubrió también algo que terminó marcándolo profundamente: la admiración que muchos profesionales de la industria sentían por la libertad creativa de su película. Según cuenta, varios cineastas de grandes estudios le confesaron cierta frustración respecto al sistema industrial americano. “Todos los comentarios que recibí, incluso de grandes estudios como Pixar o Disney, eran que les encantaría hacer películas así”, recuerda. “Pero que su sistema les impide hacer eso”.
La frase resume buena parte de la posición que ocupa hoy Bienvenu dentro de la animación contemporánea: un cineasta capaz de competir con las grandes producciones sin perder una identidad completamente artesanal y personal. “Ellos tienen muchos más medios que nosotros”, continúa. “Pero esos medios les impiden hacer películas libres. Nosotros tenemos menos medios, pero hacemos películas que ellos querrían hacer”.
Quizá precisamente por eso Unifrance lo ha incorporado al programa “10 to Watch”, la selección anual que identifica a diez talentos franceses llamados a marcar el futuro del audiovisual europeo. Un reconocimiento que llega en el momento exacto en que Bienvenu parece debatirse entre continuar creciendo o regresar a algo más íntimo.
En Cannes, de hecho, no ha vuelto únicamente como director de Arco. Este año participa también como productor de una nueva película presentada en la Semaine de la Critique. Y es precisamente ahí donde siente que el ciclo de Arco empieza a cerrarse. “Siento que ahora sí quedó detrás de mí”, explica. “Cierra un capítulo y abre otro nuevo”.
Ese nuevo capítulo es Adieu monde cruel, dirigida por Félix de Givry, amigo cercano y colaborador creativo habitual de Bienvenu. Ambos desarrollaron sus películas prácticamente al mismo tiempo, produciendo mutuamente sus proyectos. “Mientras él producía la mía, yo producía la suya”, cuenta.
El proceso fue arriesgado desde el principio. Según recuerda, mucha gente les decía que estaban haciendo las cosas de manera equivocada. “Nos decían que no era así como se hacían las películas”, afirma. “Que no era así como se contaban historias. Que no estaba bien”.
Sin embargo, la apuesta terminó funcionando. Dos años consecutivos en Cannes para una productora que apenas había realizado dos largometrajes. “Estamos felices de haber tomado riesgos”, dice. “Tomamos muchísimos riesgos con las dos películas”.
Y añade una frase que parece resumir perfectamente la mezcla de incredulidad y alivio que atraviesa toda su carrera reciente: “Ver que creer en nosotros mismos valía la pena… que no éramos simplemente idiotas o locos”.
Bienvenu habla constantemente de amistad cuando habla de cine. Mucho más que de industria o de estrategia. Esa dimensión humana atraviesa también Adieu monde cruel, película que define como una especie de hermana de Arco. “Es la historia de un personaje que pasa de la sombra a la luz”, explica. “Es como el hermano pequeño de Arco, o el hermano mayor, no lo sé. Pero son películas de la misma familia”. Y remata con otra frase profundamente reveladora sobre su visión artística: “Son películas de reconciliación con lo real”.
En paralelo al reconocimiento cinematográfico, Bienvenu ha desarrollado también una intensa actividad como artista visual. Durante la campaña de premios comenzó a llenar cuadernos con dibujos realizados entre aeropuertos, hoteles y viajes constantes. Aquellos bocetos terminaron convirtiéndose en Futur Intérieur, la exposición que presentó recientemente en la Galerie Martel de París.
“Durante la campaña empecé a hacer dibujos”, cuenta. “Llevaba siempre conmigo un gran cuaderno de bocetos y hacía dibujos que tenía ganas de hacer”. La exposición nació casi accidentalmente. La galería llevaba años proponiéndole realizar una muestra, pero nunca encontraba el momento adecuado. “No tenía nada que proponerles”, explica. “Y entonces empecé esta serie de dibujos y me preguntaron si quería continuarla para exponerla”.
Lo que más le interesaba de ese proceso era precisamente su carácter espontáneo y personal, alejado de cualquier presión industrial. “Era simplemente felicidad y placer”, dice sobre aquellos dibujos.
La necesidad de regresar a ese espacio íntimo aparece constantemente en la conversación. Después de la dimensión gigantesca que alcanzó Arco, Bienvenu parece necesitar distancia respecto a las grandes producciones. “Tengo una idea para el futuro”, reconoce. “Pero ahora mismo todo esto es demasiado grande”.
“Las películas son algo muy grande, y creo que ahora necesito hacer cosas un poco más pequeñas. Necesito hacer cosas más íntimas”. Su reflexión termina alejándose completamente del discurso habitual sobre el éxito cinematográfico. “Hacer películas significa trabajar con muchísima gente”, explica. “Y lo que me gusta de este trabajo es tener amistades, vivir una aventura con personas que quiero”.
Por eso insiste en que antes de volver a dirigir necesita recuperar energía emocional. “Necesito tener la suficiente fuerza para llevar a un equipo conmigo y darles energía”, dice. “Y ahora mismo todavía no tengo esa fuerza”.
Quizá ahí resida precisamente la singularidad de Ugo Bienvenu. Mientras buena parte de la industria audiovisual contemporánea persigue velocidad, expansión y franquicias infinitas, él sigue hablando de cine como algo profundamente humano: una mezcla de amistad, fragilidad, intuición y riesgo. Y precisamente por eso se ha convertido en una de las voces más importantes del nuevo cine de animación europeo.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
La cadena británica BBC anunció que Sir David aparecerá en un nuevo programa, “Secret Gardens”, como parte de las celebraciones de su centenario. Foto: BBC
David Attenborough cumple 100 años con nueva serie sobre vida salvaje
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David Attenborough, un famoso presentador británico, conocido por su labor de divulgación sobre el cambio climático y cuyos documentales transformaron la forma en que el público percibe la naturaleza, cumple el viernes 100 años. Según encuestas, Attenborough es la personalidad favorita de los británicos, por encima de músicos como Paul McCartney y Elton John o el exfutbolista David Beckham.
La estima por este hombre ha hecho que animales y especies vegetales hereden su nombre, como una diminuta araña australiana (Prethopalpus attenboroughi) y una planta carnívora gigante de Palawan, en Filipinas (Nepenthes attenboroughii). “Ha hecho de la historia natural un tema de gran público, algo que puede ser tan popular como el deporte o el fútbol”, explica Jean-Baptiste Gouyon, profesor de Comunicación Científica en la University College of London (UCL).
La carrera de David Attenborough, ligada a la BBC, comenzó a principios de los años 1950. Su don natural para contar historias, y su voz cálida, conquistaron rápidamente a los espectadores. Desde entonces, no ha dejado de trabajar y su entusiasmo casi infantil nunca lo ha abandonado, como cuando jugó con unos gorilas de montaña en Ruanda en 1978.
Dibujo realizado en arena por la organización artística Sand In Your Eye, en la playa de Morecambe, al norte de Inglaterra, para celebrar su centenario. Foto: Annabel Lee-Ellis/AFP
Crear vocaciones
Attenborough ha recorrido el planeta, trayendo imágenes a menudo inéditas de selvas, desiertos y océanos. Se estima que 500 millones de personas en todo el mundo vieron la primera gran serie sobre la naturaleza que realizó en 1979, “Life on Earth” (La vida en la Tierra). “Ojalá el mundo fuera el doble de grande y que la mitad quedara aún por explorar”, decía entonces.
“Ha llevado la naturaleza a nuestros salones. Nos ha llevado a lugares a los que nunca habríamos ido de otro modo. Es un regalo inmenso”, señala Sandra Knapp, botánica y directora de investigación en el Museo de Historia Natural de Londres. Sandra Knapp afirma que, como científica, Attenborough representa “una verdadera inspiración”.
“Logra hacer muy simples conceptos científicos bastante complejos”, afirma. Attenborough también ha despertado vocaciones. “Muchos biólogos están donde están porque vieron sus programas cuando eran niños”, asegura Jean-Baptiste Gouyon. Aunque tiene un título en ciencias naturales por la Universidad de Cambridge, siempre se ha presentado como un hombre de televisión y no como un científico.
“Colonialismo moderno”
Nombrado caballero en 1985 por la reina Isabel II, con quien mantenía una relación de amistad, ha advertido sobre los daños causados por la humanidad. En 2025, en el documental “Ocean” (Océano), condenaba los métodos de pesca industrial de los países ricos, calificándolos como “colonialismo moderno del mar”. Muchos de los lugares filmados por David Attenborough han sido después destruidos por el ser humano. Attenborough siempre ha rechazado ser visto como una celebridad.
“Es alguien que se echa a un lado, que siempre guía la mirada de los espectadores hacia aquello que quiere mostrar”, subraya Jean-Baptiste Gouyon. En ese sentido, es diferente del francés Jacques Cousteau (1910-1997), que era “el aventurero con su boina roja, el que se cuenta a sí mismo”. Attenborough ya no recorre la selva ni el desierto, pero sigue contando la historia de nuestro planeta.
En “Wild London” (La vida salvaje de Londres), documental emitido a principios de 2026 en la BBC, se interesa por la extraordinaria fauna la capital británica, su ciudad natal. Tras todos sus viajes, Attenborough ha confesado que su lugar favorito sigue siendo Richmond, un suburbio acomodado y frondoso del suroeste de Londres donde vivió la mayor parte de su vida, con su esposa Jane, madre de sus dos hijos, fallecida en 1997.
El Premio Princesa de Asturias reconoce a Studio Ghibli, icono de la animación
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La célebre factoría de animación japonesa Studio Ghibli, cofundada en 1985 por Hayao Miyazaki, fue recompensada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026, que ensalzó la imaginación y los valores humanistas de unas obras que “trascienden generaciones y fronteras”.
El icónico estudio —creador de éxitos como las películas “Mi vecino Totoro”, “La princesa Mononoke” y “El viaje de Chihiro”— fue reconocido “por haber transformado excepcionalmente la creatividad en conocimiento y comunicación”, según el acta del jurado del premio convocado por la Fundación Princesa de Asturias, la heredera al trono español.
Los especialistas destacaron en su decisión el “proceso artesanal de gran imaginación” con el que el estudio “ha creado historias universales llenas de sensibilidad y de valores humanistas: la empatía, la tolerancia y la amistad, así como el respeto por las personas y la naturaleza”.
El Studio Ghibli, uno de los centros de producción de animación más famosos del mundo, nació hace más de cuatro décadas de la mano de Hayao Miyazaki, Isao Takahata y el productor Toshio Suzuki, tras la exitosa colaboración de los dos primeros en la película “Kaze no Tani no Naushika” (Nausicaä del Valle del Viento). La factoría se caracterizó por su gusto por la animación artesana, con dibujos hechos a mano, pinturas acrílicas y acuarelas, sus personajes femeninos fuertes.
El animador japonés Hayao Miyazaki, ganador del Óscar, habla con la prensa en Tokio el 13 de julio de 2015. Foto: Yoshikazu Tsuno/AFP
Profundidad
Pese a su tendencia a explorar temas como el amor por la naturaleza, la tolerancia o el respeto, las obras del Studio Ghibli suelen esconder múltiples capas que aparecen a cada visionado. Provenientes de la generación que conoció la guerra, Takahata, fallecido en 2018, y Miyazaki también integraron elementos oscuros en su narrativa, según explicaba Goro Miyazaki, el hijo de Hayao, en una entrevista con la AFP el año pasado.
“No hay sólo dulzura, sino también amargura y otras cosas que se entrelazan magníficamente en la obra”, añadía, evocando un “olor a muerte” que impregna las películas. Convertidos en referentes internacionales de la animación, el Studio Ghibli y sus miembros más reconocidos cuentan con múltiples reconocimientos, como una Palma de Oro honorífica o los dos premios Óscar a la Mejor película de animación por “El Viaje de Chihiro” (2001) y “El niño y la garza” (2023), dirigidas por Hayao Miyazaki.
El genio de la animación, de 85 años, anunció su retiro artístico en varias ocasiones, aunque regresó para dirigir la que, hasta ahora su última película, “El niño y la garza”. Sus apariciones públicas son extremadamente raras. Ghibli es desde finales de 2023 una filial de la cadena de televisión japonesa Nippon TV, la cual se comprometió a respetar su autonomía.
Tras Patti Smith
El de Comunicación y Humanidades ha sido el segundo de los ocho galardones de esta edición de los premios, considerados los más prestigiosos del mundo iberoamericano, que anualmente, y a ritmo de uno por semana, otorga la Fundación Princesa de Asturias. El año pasado, en esta categoría, el reconocimiento fue para el filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, gran analista de la “sociedad del cansancio” contemporánea.
En otras ediciones también fueron premiados la artista francoiraní Marjane Satrapi, el profesor, escritor y filósofo italiano Nuccio Ordine, el periodista polaco y antiguo opositor al régimen comunista Adam Michnik, la Feria del Libro de Guadalajara (México) y el Hay Festival de literatura (Gales), así como el grupo de humor argentino Les Luthiers.
La serie de galardones de este año arrancó la semana pasada con el anuncio del Premio Princesa de Asturias de las Artes, que recayó en la cantante estadounidense Patti Smith. Estas distinciones, instituidas en 1981, están dotadas con 50.000 euros (unos 58.800 dólares) y una escultura creada por el fallecido artista catalán Joan Miró. Los galardones, que toman su nombre del título de la heredera al trono de la Corona española, la princesa Leonor, son entregados por ella y los reyes Felipe VI y Letizia en octubre en una ceremonia en Oviedo, capital de Asturias.