Una película distópica sobre seres humanos que se transforman en animales, “El reino animal”, obtuvo este miércoles doce nominaciones para los premios César del cine francés, una más que la gran sensación del año, “Anatomía de una caída”.
“El reino animal” está dirigida por Thomas Cailley, y está nominada a la mejor película, así como “Anatomía de una caída”, de Justine Triet, ganadora de la Palma de Oro de Cannes y nominada esta semana para cinco categorías a los Óscar.
La película de Justine Triet, un drama judicial sobre una mujer acusada de asesinar a su esposo, ganó dos Globos de Oro este mes. Las cineastas francesas se llevaron tres de las cinco nominaciones al César en la categoría de mejor director.
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El premio solo ha sido otorgado a una mujer en una ocasión: Tonie Marshall por “Instituto de Belleza Venus” en 2000. Triet está nominado junto a la veterana Catherine Breillat por “El Último Verano” y Jeanne Herry por “Todos Tus Rostros”.
La ceremonia de premiación se llevará a cabo el 23 de febrero, y Christopher Nolan, quien lidera la carrera de los Oscar con “Oppenheimer”, recibirá un César honorario. También nominada a mejor película está “El Caso Goldman”, un drama judicial sobre un ladrón que se convirtió en celebridad mediática en la década de los años 70.
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Fuente: AFP.
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Venecia 2026: crítica de “Diane in the Loop”, incómoda y sorprendente
- Por David Sánchez, desde Venecia (Italia), X: @tegustamuchoelc (*).
Hay películas que parecen pequeñas hasta que uno empieza a tirar de los hilos y descubre que debajo de una historia aparentemente sencilla hay una cantidad de temas considerable. “Diane in the Loop”, de Ann Sirot y Raphaël Balboni, pertenece a esa categoría. Una película incómoda, divertida, extraña y, sobre todo, sorprendentemente inteligente, que utiliza el humor y el absurdo para hablar de feminismo, trauma, maternidad, deseo, memoria y de una generación que parece haberse especializado en encontrar motivos para sentirse ofendida.
Entre recordar y olvidar
Diane desprecia a los hombres tanto como los desea. Su madre fue violada tres años antes de que ella naciera y, cuando Diane descubre esta circunstancia, convierte su vida en una especie de misión vengadora. Su madre, sin embargo, tiene otras preocupaciones: quiere recuperar el tiempo perdido y convertirse, por fin, en la mujer que siempre quiso ser. Entre una hija obsesionada con recordar y una madre que necesita olvidar, la película construye una relación familiar llena de contradicciones. Y ahí está precisamente una de sus mayores virtudes: nunca parece tener una única lectura.
Las muchas capas de Diane
Uno de los grandes aciertos de la película es la construcción de su protagonista. Diane parece tener, en principio, una personalidad perfectamente definida: sabemos qué piensa, qué detesta, qué le indigna y cuál es su posición frente a los hombres. Pero cuanto más avanza la película, más evidente resulta que debajo de esa aparente seguridad hay muchas capas.
No es la misma Diane cuando está frente a su madre que cuando se relaciona con su padre, ni cuando habla de los hombres, ni cuando se enfrenta a sus propios deseos. Hay una Diane hija, una Diane mujer, una Diane marcada por la historia de su madre y otra que intenta construir su propia identidad a partir de ella. Y todas conviven en el mismo personaje, a veces de manera armónica y otras en abierta contradicción.
Lo interesante es que los directores no necesitan explicarlo constantemente. Lo hacen aparecer en las situaciones, en las conversaciones, en los silencios y, sobre todo, en la evolución del personaje. Diane comienza aferrada a unas certezas que parecen inamovibles y termina descubriendo que quizá no todo pueda organizarse según el esquema de buenos y malos con el que había construido su visión del mundo.
Cuando las palabras cambian de sentido
Hay momentos particularmente brillantes en los que los diálogos adquieren un significado completamente distinto dependiendo de cómo se presenten. Por ejemplo, ese encuentro con el ciclista que tiene problemas con la bicicleta o las conversaciones mientras toman algo que ni siquiera parece realmente una copa, sino más bien un zumo. De repente, un gesto cotidiano se vuelve extraño. Lo que escuchamos parece tener un sentido y, cuando las imágenes aportan el contexto, descubrimos otro. Es como si los directores estuvieran jugando constantemente con nuestra percepción.
Ese mecanismo resulta especialmente interesante porque obliga al espectador a pensar. Los comentarios, sacados de contexto, pueden parecer ofensivos, absurdos o incluso terribles; colocados después junto a las imágenes, adquieren otra dimensión. La película juega con esa distancia entre lo que se dice y lo que realmente está ocurriendo, y lo hace con una ligereza que evita que todo se convierta en una tesis doctoral sobre la sociedad contemporánea.
El foco también cuenta
También hay una utilización del lenguaje cinematográfico especialmente elegante. En la escena de la playa, cuando el chico y la chica están hablando, el juego de enfoque y desenfoque resulta casi hipnótico: cuando habla él, el plano dirige nuestra atención hacia él; cuando habla ella, cambia el foco y pasa a ser ella quien domina visualmente la escena. Es un recurso sencillo, pero muy inteligente, porque convierte una conversación aparentemente normal en una pequeña coreografía visual.
La generación de cristal entra en escena
Y entonces aparece uno de los aspectos más divertidos —y también más incómodos— de la película: su retrato de determinadas sensibilidades contemporáneas.
“Diane in the Loop” parece disfrutar provocando a esa parte de la sociedad que analiza cada comentario, cada palabra y cada gesto como si estuviera ante un tribunal permanente. Las protagonistas pueden convertir prácticamente cualquier situación en un motivo de indignación. Y la película se permite una ironía bastante evidente sobre ese progresismo llevado al extremo, sobre esa necesidad de encontrar siempre algo que señalar, corregir o denunciar.
La gracia está en que los directores no parecen interesados en decirnos simplemente quién tiene razón. Más bien colocan a sus personajes en situaciones incómodas y dejan que sean ellos mismos quienes se contradigan. Es una generación con mandíbula de cristal y, paradójicamente, puño de hierro: extremadamente sensible cuando recibe una ofensa, pero perfectamente capaz de ser brutal cuando considera que la razón está de su lado. La película encuentra ahí un filón cómico considerable.
El trauma de una generación a otra
Pero sería quedarse en la superficie reducir “Diane in the Loop” a una sátira sobre feminismo o sobre la llamada “generación de cristal”. Lo realmente interesante es cómo conecta esa actitud de la hija con la experiencia de la madre. Cuando Diane se queja por cuestiones que su madre considera pequeñas, aparece ese contraste demoledor entre dos generaciones de mujeres. La madre parece pensar: “Lo que yo viví sí fue grave”. Y ahí la película introduce una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando una generación hereda un trauma, pero vive en un mundo completamente diferente al de quien lo sufrió originalmente?
Nunca es demasiado tarde
La madre, además, no quiere quedarse atrapada en el pasado. Que vuelva a estudiar es un detalle precioso porque introduce una idea muy sencilla y muy poderosa: nunca es demasiado tarde para recuperar la propia vida. Después de todo lo ocurrido, todavía existe la posibilidad de empezar de nuevo. Frente a la obsesión de Diane por lo que sucedió, su madre mira hacia lo que todavía puede suceder.
Caen las caretas
Y es precisamente en la evolución de Diane donde la película adquiere una dimensión todavía más interesante. Porque su transformación no consiste simplemente en cambiar de opinión: consiste en descubrir que sus propias certezas también pueden ser una prisión.
La gran contradicción que plantea la parte final es especialmente estimulante. Algo que, en principio, debería caernos mal termina cayéndonos bien. Un personaje, una situación o una relación que habíamos aprendido a mirar desde un determinado prejuicio empieza a adquirir otra dimensión. Y entonces la película hace algo que parece sencillo, pero que no lo es: nos obliga a revisar nuestro propio juicio.
Aquí empiezan a caer los mitos, las caretas y, sobre todo, los prejuicios. Lo que parecía blanco o negro adquiere una gama de grises mucho más humana. Y Diane, que durante buena parte del metraje parece querer imponer al mundo una determinada manera de entender las cosas, acaba aprendiendo algo bastante más difícil: que buscar el bienestar y la felicidad personal también puede significar apartar determinadas ideas preconcebidas.
No se trata de traicionar sus convicciones, sino de aceptar que la vida es mucho más contradictoria que cualquier discurso. Que podemos desear aquello que creíamos que no debíamos desear. Que podemos sentir simpatía por quien pensábamos que debíamos rechazar. Y que quizá madurar consiste precisamente en aprender a convivir con esas contradicciones.
Humor para hablar de cosas serias
Y entre todo esto, el humor está siempre presente. Incluso cuando la película se acerca a asuntos dolorosos, nunca pierde esa capacidad para introducir una situación absurda, una conversación incómoda o una pequeña ironía que rompe la solemnidad. Los directores parecen tener muy claro que hablar de temas importantes no obliga necesariamente a ponerse trascendentales.
Poesía en imágenes
Visualmente, además, vuelven a demostrar una sensibilidad extraordinaria. Hay imágenes que parecen salidas directamente de un sueño, como ese momento en que las dos mujeres están en la cama mientras caen plumas desde el cielo. Es poesía cinematográfica, pero sin necesidad de subrayarla. La imagen es bella, extraña y ligeramente absurda, exactamente como buena parte de la película.
Una película que podría con todo
Lo más sorprendente es precisamente el equilibrio. Hay muchísimos temas: maternidad, deseo, violencia, memoria, feminismo, generaciones, identidad, trauma, humor, segundas oportunidades… En manos de otros directores, semejante cantidad de ingredientes podría convertirse fácilmente en un batiburrillo. Aquí, en cambio, todo está razonablemente bien entrelazado. La película sabe cuándo profundizar y cuándo quitar hierro a lo que está contando.
Dos directores a seguir
Ann Sirot y Raphaël Balboni ya habían demostrado su talento con “Le Syndrome des amours passées”, otra película maravillosa que pasó por Cannes. Con “Diane in the Loop” confirman que aquello no era casualidad.
Y también vuelve a poner en valor algo que el cine belga francófono lleva años haciendo especialmente bien: encontrar pequeñas historias, aparentemente modestas, y convertirlas en auténticas pepitas de oro. Películas que quizá no llegan con el ruido de las grandes producciones, pero que consiguen algo mucho más difícil: sorprenderte, incomodarte y hacerte pensar mientras te estás riendo.
Una pepita de oro en Venecia
Presentada en la sección Orizzonti de Venecia, “Diane in the Loop” podría haber encajado perfectamente en la competición oficial. Porque tiene personalidad, ideas, humor y una mirada cinematográfica propia. Es una película maravillosa, de esas que recuerdan por qué los festivales siguen teniendo sentido: para descubrir pequeñas obras capaces de dejarte sentado en la butaca preguntándote qué demonios acabas de ver… y, sobre todo, por qué no puedes dejar de pensar en ello.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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La Semana Súper 8: el cine analógico llega con un laboratorio y charlas
El Laboratorio de Experimentaciones Analógicas (L.E.XA.) presenta la residencia de creación “Yvyra” y el ciclo de charlas virtuales “La Semana Súper 8”. Dos formaciones gratuitas para aprender y crear cine en formato analógico. Las convocatorias para ambos programas se encuentran abiertas.
El cine en fílmico se encuentra más vivo que nunca, también en Paraguay. Por eso, L.E.X.A., coordinado por Joaquín Pedretti y Dave Walls, presenta estas dos propuestas de formación gratuitas para todo Paraguay y la región, con apoyo del Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP), el Instituto Cultural Paraguayo-Alemán - Goethe-Zentrum (ICPA-GZ) y Piscucha Film Lab.
La Semana del Súper 8 Online incluye charlas con exponentes internacionales, del 15 al 24 de septiembre. Los facilitadores son los cineastas: Pablo Marín (Argentina-España), Paulo Pécora (Argentina), Duo Strangloscope (Brasil) y Daniela Cugliandolo (Argentina-España). Este espacio está dirigido a cualquier persona que tenga interés en este formato.
Residencia Yvyra - Laboratorio de creación fílmica: Para los árboles propone un espacio de formación y producción audiovisual de 5 cortometrajes en formato súper 8 mm. Duración total de 8 semanas en formato híbrido en Altos, Cordillera y Asunción. Los facilitadores de este espacio son los cineastas Joaquín Pedretti y Dave Walls y el sonidista Martín De Lemos.
Está dirigido para estudiantes avanzados y/o profesionales del audiovisual, cine, sonido, artes interdisciplinarias, escénicas. También es prerrequisito participar de la Semana Súper 8. Las postulaciones se reciben hasta el 21 de septiembre para ambas formaciones, ingresando al enlace: linktr.ee/lexalabpy. Para conocer más, en el instagram @lexalabpy.
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El estudio de “Wallace y Gromit”: donde el arte de la animación hecha a mano sigue vivo
El animador Ed Jackson levanta delicadamente con la ayuda de un gancho el párpado de una oveja de plastilina. El estudio británico Aardman, creador de “Wallace & Gromit”, es conocido por sus películas realizadas con una técnica cinematográfica artesanal. Desde hace más de medio siglo, Aardman confecciona producciones con “stop motion” (o animación fotograma a fotograma), repletas de humor británico y con estética retro como “Chicken Run”.
La tercera entrega de las aventuras de “La oveja Shaun”, que se estrenará en Reino Unido el 18 de septiembre, llevó tres años y medio de trabajo al estudio. La AFP descubrió los secretos de fabricación de la película, que cuenta en unas 106.688 tomas las aventuras de la oveja traviesa. La magia ocurre en el sótano de un edificio industrial de Bristol, en el suroeste de Inglaterra, donde el estudio con cuatro premios Óscar se fundó en 1976.
En una semipenumbra se vislumbran los decorados de la película a escala de marioneta: la granja de Shaun con colores otoñales, un laboratorio científico o un imponente barco pesquero. “Hoy en día, no hay muchos lugares en el mundo que hagan ‘stop motion’ a esta escala”, subraya Claire Rolls, directora de animación.
“Marionetas vivas”
En medio del sótano, Claire Rolls y Ed Jackson, preparan la escena que este último está a punto de rodar. En ella, las ovejas, vestidas con impermeables amarillos, intentan llamar la atención de una tripulación de marineros.
La técnica del “stop motion”, tan antigua como el cine, debe “dar la impresión que las marionetas están vivas”, explica Jackson quien se incorporó a Aardman en 1998, en la época de las películas en celuloide y los fondos pintados a mano.
El animador se pone manos a la obra, inclina la cabeza de una oveja o baja el sombrero de otra antes de hacer una foto, cambios ínfimos que darán la ilusión de movimiento en la pantalla.
Le harán falta unos dos días de este trabajo de infinita paciencia para capturar 48 imágenes, es decir, dos segundos de película.
“Los animadores son, en cierto modo, nuestros actores: ofrecen una interpretación en directo y hacen todo lo posible por lograr la toma buena a la primera”, explica Steve Cox, codirector de la película, ya que el “stop motion” difícilmente permite volver atrás.
Sin IA
En medio de un popurrí de dibujos y materiales, Kate Anderson, la jefa del departamento de marionetas, abre una caja llena de bocas intercambiables -cerrada, con la mandíbula caída o en “o” de sorpresa-, que “permiten articular los distintos sonidos o expresiones” del perro Bitzer.
“Nos mantenemos fieles a la plastilina para las zonas expresivas como la cara”, aunque el resto de las marionetas a veces se realiza en silicona, más resistente, sobre un esqueleto móvil de metal, explica.
Los efectos digitales, cuyos avances han dado un salto espectacular desde los años 2000, solo sirven para embellecer lo “hecho a mano”, subraya Richard Beek, productor de la película.
El estudio asegura, además, no haber utilizado ninguna inteligencia artificial en la producción de la película.
Cuando se estrenó en 1995 “Toy Story”, el primer largometraje de animación por computadora, muchos temían, como ocurre hoy con la IA, que ya “no hubiera lugar para el stop motion”, recordó Richard Beek.
“Pero hemos seguido haciendo películas. El mundo cambia a nuestro alrededor, pero muchas cosas siguen igual en Aardman. Y probablemente sea ese lado tradicional lo que le gusta a la gente”, añadió.
Fuente: AFP.
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Por qué hay tan pocas directoras en Venecia, pregunta presidenta del jurado
El Festival de Cine de Venecia se rindió el miércoles al encanto del carismático George Clooney, en el inicio de una edición marcada por la reducida presencia de directoras en la principal competición. Clooney, que brilló en la alfombra roja del Lido con su esposa, la abogada Amal Alamuddin, recibió un León de Oro honorífico a su prolífica carrera. El intérprete de 65 años, conocido por alzar la voz sobre cuestiones políticas y humanitarias, defendió la importancia del cine. “Las historias siempre son peligrosas para la gente que trafica con el miedo”, dijo al recibir el galardón.
Y aunque “las películas no detienen guerras, no bajan la inflación, no arreglan las elecciones... sí hacen algo extraordinario. Nos recuerdan que un desconocido nunca es realmente un desconocido, y que puede ser el héroe en la historia de otra persona”, añadió el actor de mirada seductora y pelo canoso. Al elogiar su carrera minutos antes, la también actriz estadounidense Laura Dern no dudó en recordar que Clooney fue designado dos veces “el hombre más sexy” del mundo.
“Kakistocracia”
Horas antes, Clooney lamentó la situación de su país, bajo la administración de Donald Trump. Preguntado en rueda de prensa sobre cómo ve Estados Unidos actualmente, el actor afirmó que el país atraviesa “tiempos difíciles”.
“Existe una gran palabra, kakistocracia, que es un país gobernado por las personas menos capacitadas. Creo que quizá tengamos una kakistocracia ahora mismo”, declaró. “Pero saldremos adelante”.
El intérprete de “Oceans’s eleven” es una de las estrellas más esperadas de esta 83ª edición, en la que los estudios de Hollywood son los grandes ausentes.
Otros conocidos nombres del séptimo arte que llenarán de glamur la alfombra roja son Robert Pattinson, que encarna a un periodista sin escrúpulos en “Primetime”, John Malkovich que protagoniza “Wild horse nine”, una historia ambientada en la isla de Pascua, o Rooney y Kate Mara, que dan vida a dos hermanas que hablan al unísono en “Bucking fastard”. También en liza por el León de Oro, “Búnker” traerá a Venecia la explosiva pareja formada por los españoles Javier Bardem y Penélope Cruz.
Mucha política
En total, 21 películas competirán por el máximo galardón, que el jurado, presidido por la actriz Maggie Gyllenhaal, entregará el 12 de septiembre.
La actualidad geopolítica volverá a ser muy probablemente un tema candente en la Mostra, el festival de cine más antiguo del mundo.
El documental “NAZA”, en competición, codirigido por el periodista de investigación Yuval Abraham y la cineasta Rachel Szor --dos de los cuatro autores del oscarizado “No other land” (2024)-- aborda “los sistemas que están detrás de las masacres calculadas de los civiles palestinos en Gaza por parte de Israel”, según se lee en la web del certamen.
Otras cintas que tratan sobre el conflicto israelopalestino son “The road to Jericho”, de Amos Gitai, y “Citizen Osama”.
El año pasado, “La voz de Hind”, sobre una niña palestina asesinada por las fuerzas israelíes mientras huía de Ciudad de Gaza, conmocionó a todo el festival.
Pocas directoras
Justamente la cineasta israelí Rachel Szor es una de las dos únicas mujeres realizadoras incluidas en la competición este año. La otra directora es la danesa Kvinde Ukendt, que participa con el drama histórico “Woman unknown”.
Muy criticado por esta mínima presencia de realizadoras, Alberto Barbera, director artístico de la Mostra, argumentó hace unos días que menos de una cuarta parte de las películas presentadas al comité de selección habían sido hechas por mujeres y que “la calidad de las que vimos no era para que pudiéramos incluirlas en competición”.
La propia Gyllenhaal se preguntó el miércoles en la rueda de prensa del jurado por qué había tan pocas directoras.
“Es posible que los temas sobre los que las mujeres --que experimentan de otra forma el hecho de vivir en este mundo--, quieren hacer películas no se consideren siempre como gran arte. ¿Quién decide qué es bueno? ¿Quién decide qué tiene valor?”, dijo, sentada junto a Barbera.
Documental sobre Borges
El cine de América Latina tendrá una buena representación en Venecia.
El italochileno Marco Bechis (“Garage Olimpo”) compite con “Regreso a Buenos Aires”, sobre un superviviente de la dictadura argentina que vuelve para testificar en un juicio. Y en la sección Spotlight, Gael García Bernal presenta su nuevo filme como director, “Hombre al agua”, donde también actúa y comparte cartel con... Ricky Martin. El cineasta argentino Mariano Llinás propone un ambicioso proyecto: “Biografía de Jorge Luis Borges”, un documental de más de cinco horas sobre el legendario escritor.
Murdoch, “muy contento”
El magnate de los medios Rupert Murdoch está “muy contento” de ver al actor Guy Pearce, australiano como él, darle vida en una película sobre sus inicios en la prensa, dijo el intérprete el miércoles durante el estreno del filme en Venecia.
El oscarizado director Danny Boyle escogió a Pearce para interpretar a Murdoch en “Ink”, una película sobre los primeros años del multimillonario en el negocio de los medios, cuando adquirió el tabloide británico The Sun para transformarlo.
“Estuve intercambiando mensajes con Elisabeth, su hija [de Murdoch], y ella me dijo: ‘Papá está muy contento de que lo interpretes’”, dijo Pearce en rueda de prensa en la Mostra de Venecia, donde “Ink” compite por el León de Oro.
“Pero él no había visto la película en ese momento, así que ya veremos”, añadió Pearce, conocido por “L.A. Confidential” y más recientemente por “The brutalist”
Boyle (“Slumdog millionaire”) dijo que no se había propuesto hacer una película negativa sobre Murdoch, que ahora tiene 95 años.
En “Ink”, Boyle se centra en la llegada de Murdoch al Reino Unido a finales de la década de 1960.
Se trata de una adaptación de una obra del dramaturgo británico James Graham, que se representó en el West End y en Broadway entre 2017 y 2019.
“La obra de teatro [...] no hace de Rupert Murdoch un monstruo, cosa que, por supuesto, mucha gente hace ahora”, dijo el cineasta.
“Creo que es porque en aquel momento él representaba [...] un soplo de aire fresco en lo que era una sociedad británica muy rígida. Y se enfrenta a muchos prejuicios contra él por ser australiano”, añadió.
Fuente: AFP.