El músico Fito Páez presentará en vivo su aclamado disco “El amor 30 años después del amor” este jueves 20 de abril en el Arena SND en Asunción, luego de sus presentaciones en el estadio Vélez en Buenos Aires, donde regresó a ese mismo escenario tres décadas después y protagonizó otra noche gigante para la historia del rock argentino.
Acompañado por una súper banda y con arreglos musicales para la ocasión, Páez desplegará no solo las canciones del emblemático disco, sino que además incluirá temas entrañables de su repertorio durante las más de dos horas de show, disparó con “El amor después del amor”, tema que abre el icónico álbum del mismo nombre.
En su presentación en Argentina, la lista de canciones tenía a “11 y 6″, “Brillante sobre el mic” o “Ciudad de pobres corazones”, y muchas más. Además, hubo un medley que fue un viaje por éxitos como “Solo los chicos”, “Gente sin swing” del disco ¨Ciudad de pobres corazones¨. Le siguieron “Dos días en la vida” y “La Verónica”, en esta última se sumó Nathy Peluso, mientras que otros invitados de la noche fueron Fabiana Cantilo, Hernán Coronel de Mala Fama, Alejo Llanes y David Lebón.
Las entradas siguen disponibles en todos los puntos de Ticketea y a través de la web www.ticketea.com.py. Actualmente, los sectores palco y platea ya se encuentran agotados, quedando las últimas en preventa 2 para anillo fans a Gs. 660.000 y preferencia a Gs. 363.000.
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“El amor después del amor” fue el séptimo disco de estudio del rosarino, salió a la venta el 1 de junio de 1992 y desde ese momento fue imparable. Las canciones de ese disco marcan toda una época en el rock nacional y fue un punto de inflexión para la carrera de Páez, tanto desde lo musical como desde lo compositivo.
El impacto de esas canciones se tradujo también en las ventas. Hasta la fecha, sigue siendo el disco más vendido en la historia de la música popular argentina. Cuando cumplió 20 años, llevaban vendidas 1.100.000 de copias en formato físico.
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José Villamayor: “Este es un disco que habla de la luz y de la esperanza”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El reconocido guitarrista José Villamayor vuelve a hurgar entre las sonoridades del jazz y el 6x8 nacional. En este diálogo con La Nación del Finde, habló sobre su último álbum y cómo los 10 temas que lo componen constituyen “un recorrido que avanza hacia la luz”.
La apuesta por la música producida en el país se encuentra muchas veces en medio de la tensión entre lo posible y lo proyectado, realidad y sueños. La tenacidad en el trabajo y el compromiso con los objetivos son los que, entre otros elementos que atañen al talento, permiten el surgimiento de cada nuevo nuevo proyecto.
En este sentido, José Villamayor es un guitarrista de la escena jazzística local con una carrera de más de dos décadas. Recientemente presentó “Aires nacionales II”, un nuevo registro personal grabado en formato de sexteto, en el que plasma su búsqueda sonora y sensibilidad entre los géneros que lo constituyen internamente: el jazz y la música paraguaya.
Villamayor, quien logra este disco con apoyo de Matías Insaurralde y la producción de Sergio Cuquejo en Spirit And Sound, contó en estudio con la participación de Vetner López, Juan Pablo Giménez, Giovanni Primerano, Bruno Muñoz, Ezequiel Takebe, Dani Pavetti y Nico Vera.
–¿Cómo definirías tu último álbum?
–Para mí, “Aires nacionales II” es un disco que habla de la luz y de la esperanza. Creo mucho en el poder emocional que tiene la música y en lo que puede generar en quien la escucha. Por eso pensé el álbum como un viaje, diseñado para escucharse en orden, con un recorrido simbólico. El disco comienza con “Gota de luz”, que representa ese pequeño destello de esperanza que todos necesitamos para sentir que vamos por el buen camino. Y termina con “La esperanza de un nuevo día”, que funciona como un recordatorio de que cada mañana ofrece una nueva oportunidad, una nueva esperanza. De alguna manera, el álbum va desde esa primera chispa de fe hasta una esperanza más plena: un recorrido que avanza hacia la luz.
HILO CONDUCTOR
–¿Qué hilo conductor une los dos discos de “Aires nacionales” o cómo se proyecta uno a través del otro?
–Para mí, el hilo conductor entre ambos discos es la idea original que dio nacimiento al proyecto “Aires nacionales”: agrupar mis músicas con “aires nacionales”, valga la redundancia; pasar por el filtro del jazz y del folclore. No desde un lugar estrictamente tradicional, sino desde mi propia mirada, mi tiempo y mi bagaje. Lo que une a ambos discos es esa búsqueda de tocar nueva música con “aires nacionales”, aunque cada uno lo hace desde sonoridades distintas. El primer disco está grabado con una formación más reducida y completamente acústica, con instrumentos de madera como el contrabajo, el requinto, la guitarra y la percusión, lo que genera una estética más orgánica y cercana a lo folclórico. En cambio, “Aires nacionales II” amplía la paleta tímbrica: aparece una convivencia entre lo acústico y lo eléctrico. Esa mezcla mantiene la raíz del proyecto, pero explora nuevas texturas y colores sonoros.
–¿Qué búsquedas musicales y/o sensibles pensás que predominan en este material?
–Pienso que en este disco la búsqueda musical y sensible no están separadas, sino que funcionan como una misma cosa. La intención principal es generar sensaciones en el oyente: que la música pueda transmitir ideas desde lo emocional, casi en la piel, a medida que avanza el recorrido del álbum. Cada obra propone un clima particular.
–¿Podrías hablarnos de lo que plantea cada una de las propuestas?
–En “Gota de luz” me interesa que se perciba esa esperanza inicial, ese destello o chispa de fe. “Una hoja al viento” invita a una filosofía de dejarse llevar con serenidad, con cierta paz, como el viaje de una hoja al viento. “La raíz del alma” apunta a ese reconocimiento del mundo interior, de aquello profundo que define a cada persona. “Ñandutí” busca conectar con la belleza estética de nuestra cultura, mientras que “La fiesta de la vida” transmite celebración y energía colectiva, ese lado extraño y maravilloso de estar vivos. Hay también espacios más introspectivos o reflexivos: “Pya’e” sugiere esa sensación de rapidez permanente del mundo moderno, esa ansiedad constante de actualización donde parece que nunca terminamos de asentarnos. La idea misma de la obra es que incomode un poco, que nos acelere, que nos haga sentir corporalmente ese pulso vertiginoso en el que vivimos. “Paseo por el río” propone un viaje hacia lo vulnerable y lo interno. “Canción para los sobrevivientes” conecta con una memoria emocional compartida, marcada por experiencias globales como la pandemia. Finalmente, “Arasunu” se vincula con una idea de misterio y de conexión con el tiempo: el trueno como símbolo de algo ancestral que permanece inmutable, más allá de los cambios tecnológicos o culturales, y que nos une con quienes vivieron antes que nosotros.
RECURSOS
–Con los años fuiste aprendiendo y cambiando… ¿Qué cosas dan los años a la hora de escuchar o tocar música?
–Creo que una de las cosas más importantes que dan los años es la necesidad de no mostrar todo el tiempo todo lo que uno sabe. Cuando empezás a tocar, muchas veces querés demostrar constantemente los recursos, abrir el abanico técnico para que se vea todo lo que podés hacer. Con el tiempo esa mirada cambia: empezás a entender las herramientas musicales más como recursos y, sobre todo, como recursos emocionales que como elementos de exhibición. La técnica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a estar al servicio de la música, de lo que la música necesita decir. Al comienzo, cuando uno arranca, suele estar muy conectado con el lado emocional. Después aparece la academia o el estudio profundo, y uno queda fascinado con las posibilidades teóricas y técnicas, a veces alejándose un poco de esa esencia inicial. Pero con los años se vuelve al origen, a la idea primaria de la música como una experiencia de conexión y bienestar, tanto para quien la toca como para quien la escucha.
–¿Qué aporta a la mirada y el oficio del músico el ejercicio de la docencia?
–Para mí, ese contacto permanente con nuevas energías y miradas nutre mucho y renueva mi propio lenguaje musical. La docencia también me permite mirar la música desde otra perspectiva, volver a repensarla y redescubrirla constantemente a través de los procesos de otros. Algo muy interesante, además, es que con el tiempo voy conociendo el nacimiento de muchas promesas musicales. Varios alumnos míos, con los años, terminan convirtiéndose en colegas dentro de distintas agrupaciones, incluso en las mías, y eso es algo que me genera una enorme satisfacción, tanto humana como musical.
–¿Cómo surge para vos la necesidad o el oficio de componer?
–En mi caso, la composición no siempre parte de una búsqueda planificada, sino más bien de apariciones espontáneas de ideas. Muchas veces surgen en medio de la vida cotidiana: caminando, manejando en silencio, en medio de la práctica o también en determinados estados emocionales donde siento la necesidad de plasmar algo. Cuando eso sucede, intento registrarlo de inmediato, generalmente grabándolo en el celular. Cuando no tengo la posibilidad, trato de retener la idea en la cabeza lo más posible para después grabarlas, aunque a veces no lo logro. La gran mayoría de las veces quedan como ideas registradas que luego retomo y desarrollo con mayor profundidad. Es un proceso muy ligado a la inspiración, pero también al trabajo posterior: volver sobre esa idea, darle forma y transformarla en obras que puedan ser compartidas.
EL JAZZ Y LA MÚSICA PARAGUAYA
–¿Por qué elegiste explorar desde el jazz la música paraguaya?
–Explorar la música paraguaya tiene que ver directamente con mi propia vivencia musical. Por un lado, el folclore paraguayo y, por otro, el jazz, después de tantos años de estudiarlo, tocarlo y vivirlo. De manera natural, entonces, esos dos mundos empiezan a convivir dentro de mi lenguaje y aparecen a la hora de componer. Si bien escribo música en otros estilos, en este proyecto decidí agrupar aquellas obras que comparten esos “aires nacionales”: una sonoridad, una estética y una raíz vinculada a lo paraguayo, vistas a través del filtro de mi propio bagaje. Por eso el repertorio responde a ese concepto más que a una limitación estilística de mi producción en general.
–¿Editar se debe a un impulso personal?
–En mi caso, grabar un disco no tiene tanto que ver con una decisión individual. Porque si dependiera solo de mí, probablemente estaría produciendo y grabando constantemente, además de tocar. La realidad es que para que un proyecto discográfico se concrete tienen que darse muchas condiciones. Por un lado, la disponibilidad de los músicos: poder coordinar ensayos, que todos tengan el tiempo para estudiar el repertorio y trabajar el material, y que además estén disponibles justamente aquellos músicos que uno considera idóneos para el proyecto. Muchas veces eso es complejo, porque la mayoría vive la música también como sustento diario o tiene otras prioridades laborales que dificultan sostener un proceso largo de ensayos y grabación. Por otro lado, están las condiciones económicas propias de producir un material. Grabar un disco implica costos y una estructura que necesita cierta viabilidad para poder realizarse. Entonces, más que un impulso personal, la grabación termina siendo el resultado de que coincidan las condiciones humanas, de tiempo y económicas necesarias para que el proyecto sea posible.
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Rock San Ber: primer destello de libertad cumple 38 años
- Emiliano Cáceres
- Foto: Gentileza
Considerado como el Woodstock paraguayo, su legado permitió que hoy el rock en nuestro país se desarrolle y pueda ser una expresión genuina de sentimientos y opiniones.
Este 17 de enero se cumplen 38 años de uno de los eventos musicales más significativos e históricos de nuestro país. Fue uno de los primeros atisbos de libertad de expresión cultural en plena decadencia del régimen dictatorial de Alfredo Stroessner.
El Rock San Ber es considerado como el Woodstock Paraguayo y su legado permitió que hoy el rock en nuestro país se desarrolle y pueda ser una expresión genuina de sentimientos y opiniones.
Aunque Paraguay no es un país masivamente rockero, este género musical ha sabido ganarse un lugar en la cultura musical de nuestro país, teniendo exponentes y eventos que se destacaron a lo largo de la historia, marcando épocas y dejando un gran legado. De entre todos esos eventos, hay uno que sobresale ya que es considerado algo más que un festival de música rock.
CONTEXTO POLÍTICO Y SOCIAL
Corría el año 1988. Alfredo Stroessner, dictador del Paraguay, llevaba casi 34 años en el poder. El militar iba por su séptima reelección consecutiva, esto tras una reforma constitucional que le permitía ser reelecto de manera indefinida.
Stroessner había gobernado el país con mano de hierro desde su ascenso al poder en 1954. Su gobierno se caracterizó por la represión, violaciones a los derechos humanos y a la libertad de expresión. Medios de comunicación críticos al dictador fueron clausurados. Periodistas, escritores, activistas y artistas que alzaban la voz en contra del régimen fueron censurados, perseguidos, encarcelados, etc.
Esto significó que muchas formas de expresión artística fueran prohibidas, entre ellas, ciertos géneros musicales que eran vistos como “subversivos”.
No obstante, para finales de la década de los 80, el régimen estronista ya estaba desgastado. Dado el contexto tanto a nivel nacional como internacional, la dictadura ya no podrá sostenerse por más tiempo. Dentro del Partido Colorado reinaba la división: por un lado estaba el sector “tradicionalista”, los colorados que no apoyaban a Stroessner y quería renovación y por el otro estaban los “militantes combatientes y estronistas”, los que querían perpetuar al dictador en el poder y preparar el terreno para que su hijo mayor, el Cnel. Gustavo Stroessner, sea su sucesor.
Mientras que, a nivel internacional, Paraguay iba quedando de contramano: Argentina, Brasil, Uruguay y demás países de la región fueron regresando a la democracia tras soportar sanguinarias dictaduras militares, esto debido principalmente a que Estados Unidos dejó de sostener regímenes dictatoriales en Latinoamérica.
Por otro lado, el descontento social iba en aumento. La clausura de medios de comunicación y la censura a expresiones artísticas solo contribuyeron a aumentar la presión hacia el régimen.
LOS ARTISTAS
En su libro “Tengo un tema: Una historia sobre el rock en Paraguay” (2022), Sergio Ferreira cuenta que la idea del Rock San Ber surgió como una especie de “mini Rock In Rio”, festival que en 1985 había reunido a bandas legendarias como Queen, Iron Maiden, AC/DC, B-52’s, etc. Pero, la propuesta paraguaya se reduciría a artistas nacionales, argentinos y brasileños.
De acuerdo a la citada fuente, entre los artistas y bandas argentinas estaban Soda Stereo, Miguel Mateos y su grupo ZAS y Fito Páez. En tanto, los representantes brasileños serían Os Paralamas Do Sucesso y Roupa Nova.
En cuanto a artistas nacionales, los grupos previstos eran RH Positivo, Los Hobbies y Onda Corta. Las fechas y lugar previstos eran el 16 y 17 de enero de 1988 en el Club Nacional de la ciudad de San Bernardino.
La organización del Rock San Ber requirió una inversión y nivel de logística nunca antes visto en Paraguay hasta esa fecha.
CENSURA DE LA DICTADURA
La organización del evento no estuvo exenta de la vigilancia del gobierno dictatorial. Siguiendo con la misma fuente, medios de comunicación favorables al régimen, como el extinto diario Noticias y el diario Patria (vocero oficial de la dictadura) se empeñaron en difundir informaciones contrarias al festival.
En la misma línea se puso Canal 13 (Red Privada de Comunicaciones). Atacaban al evento con el gastado argumento de que los rockeros eran “drogadictos” y “maricones”.
Al ser la primera vez que nuestro país albergaba un evento de tal magnitud, los organizadores invitaron a medios de Argentina y Brasil para cubrir el festival. Por Argentina vinieron los diarios Clarín y La Nación (Argentina). Mientras que por Brasil vino el diario O Globo de Río de Janeiro. El Departamento de Investigaciones fichó la entrada y salida de los periodistas encargados de la cobertura, según consta en informes encontrados en los Archivos del Terror.
El día 16 de enero corrió el rumor de que Stroessner iba a clausurar el festival debido a que se podaron dos árboles que nacían en su propiedad, colindante al lugar del concierto. Afortunadamente, los emisarios de los productores lograron tranquilizar al dictador, quien, dicho sea de paso, ya estaba en una edad muy avanzada.
LA LLUVIA...
Sí, las lluvias que justo caen el día de los grandes conciertos no son cosa de ahora. Ya desde esa época, el clima ponía en jaque la realización del megaconcierto. Al caer la noche del 16 de enero, la lluvia cayó sobre San Bernardino y convirtió el campo del Club Nacional en un lodazal. Esto obligó a suspender la primera jornada del festival y a postergar todas las presentaciones previstas para esa fecha.
Todos los artistas pudieron quedarse para el día siguiente, a excepción de Miguel Mateos, quien ya tenía prevista otra presentación en una ciudad argentina. Si bien esa noche no hubo festival en San Bernardino, según el libro “Tengo un tema”, sí hubo rock. La ciudad se llenó de jóvenes que coparon los bares y el entusiasmo reinaba en el municipio.
LAS PRESENTACIONES
Finalmente, el 17 de enero de 1988 hubo doble jornada. Los grupos nacionales tuvieron que acortar el tiempo de sus actuaciones de una hora a media hora para que todos pudieran presentarse. El calor húmedo, ese tan característico del verano paraguayo, imperaba en el festival. Onda Corta fue el primer grupo.
Le siguió RH Positivo, que impresionó desde el primer acorde con su potencia, según crónicas de la época. Este grupo tuvo como invitado al guitarrista argentino Gabriel Jesiot quien hizo un dúo con el legendario Roberto Thompson, considerado uno de los padres del rock paraguayo. Luego subieron Los Hobbies, con un repertorio más pop.
Después vinieron los números internacionales. El primero fue Fito Páez, que dijo: “Con que este es el país del punto rojo”. Le siguió Roupa Nova. A medianoche subieron Os Paralamas do Sucesso y, finalmente, el festival cerró con la presentación de Soda Stereo, cuya actuación culminó alrededor de las 3:00 am del lunes 18 con Gustavo Cerati rompiendo su guitarra.
Años después, cuando Soda presentó su álbum Canción Animal en Asunción, Cerati confesó que eso último no era parte del show, sino que su guitarra no estaba funcionando bien, lo cual le dio bronca y acabó rompiendo su instrumento.
LEGADO
El Rock San Ber marcó un antes y un después en la realización de grandes conciertos en Paraguay. Se demostró que en nuestro país había público de rock y que sí era posible montar espectáculos de alto nivel. Pero, como mencionábamos más arriba, fue el primer destello de libertad en pleno ocaso de la dictadura estronista.
Prácticamente 1 año después de aquel histórico concierto, Alfredo Stroessner era derrocado en un golpe militar que puso fin a 35 años de gobierno autocrático.
Tiempo después del Rock San Ber vinieron grandes festivales que contaron con la presencia de artistas de talla internacional. Por mencionar algunos, está el Pilsen Rock, el ReciclArte, el Cosquin Rock Paraguay, el Asunciónico, entre otros. Del mismo modo, leyendas del rock y el metal como Paul McCartney, Kiss, Guns N’ Roses, Aerosmith, Metallica, Megadeth, Iron Maiden, entre otros, ofrecieron históricas presentaciones en nuestro país.
También sirvió como impulso para un mayor desarrollo del rock nacional paraguayo, experimentando un boom de bandas que hoy gozan de un buen nivel de popularidad en la escena musical de nuestro país, entre las que se encuentran Salamandra, Flou, Paiko, Área 69, Rebolver, entre otras.
El Rock San Ber “es una leyenda que rompió el miedo, abrió una ventana paraguaya al mundo” afirma el periodista de rock Juan Pastoriza.
Para conocer más sobre este capítulo de nuestra historia, y del rock paraguayo en general, es recomendable el libro “Tengo un tema: Una historia sobre el rock en Paraguay”.
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Cristina Bitiusca lanzó su disco “Navidad de Flor de Coco”
“Navidad de Flor de Coco” es un proyecto íntimo y vanguardista de la cantante Cristina Bitiusca, que reimagina los clásicos de Navidad desde una mirada paraguaya, en donde reinterpreta clásicos navideños con sonoridad paraguaya y toques de improvisación jazzística.
El álbum reúne arreglos originales de German Lema y Josías Montani que reinventan temas navideños clásicos, mezclando la riqueza rítmica de la música paraguaya con la libertad expresiva del jazz, resultando una propuesta cálida, contemporánea y diversa en timbres, que invita a vivir la Navidad desde una óptica musical innovadora.
“Este álbum es un puente entre mi corazón y mis raíces”, comenta Cristina Bitiusca. “Quise invitar a la audiencia a escuchar a través de arreglos que honran la tradición, pero permiten que el jazz y la improvisación respiran en cada tema”, comenta Cristina Bitiusca en un comunicado de prensa. Cada tema es reinterpretado con un enfoque respetuoso hacia las raíces, al tiempo que se abren puertas a la improvisación y a texturas sonoras modernas.
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“Navidad de Flor de Coco” propone un diálogo entre guaraní, español e inglés, con arreglos que destacan la participación en vientos como las de Bruno Muñoz, Gonzalo Núñez y Gustavo Pedersen, entrelazadas con armonías y grooves propios del jazz, a través de una base rítmica integrada por Víctor Scura en piano, Josías Montanía en bajo y Víctor Morel en batería y producción artística.
La voz de Cristina y su banda, se transforman en paisajes sonoros que van del folklore al swing, pasando por baladas íntimas y grooves gospels, capturando una navidad de serenidad, celebración y descubrimiento. Entre los clásicos que cobran nueva vida figuran piezas emblemáticas como “Dos trocitos de madera”, “Navidad del Paraguay”, “Have Yourself a Merry Little Christmas” a ritmo de guarania y traducido al guaraní, así como un tema propio de Cristina, entre otros.
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La destacada cantante de origen rumano, con notable trayectoria en la escena nacional se ha destacado por su voz cálida, su sensibilidad interpretativa y su interés por cruzar tradiciones musicales. Con este proyecto solista, se consolida como una voz que conectan culturas y generaciones, explorando el repertorio navideño desde una óptica personal y contemporánea.
“Navidad de Flor de Coco” se encuentra disponible en plataformas digitales desde el 16 de diciembre, grabado en Lobo Recording studios, se publica bajo el sello Polka Blue. El álbum es posible gracias al Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec), un respaldo el cual valida el carácter cultural y de fomento a la música paraguaya, permitiendo una producción de alto nivel y difusión.
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Publicarán obra de Daniel Luzko dedicada a José Luis Miranda
La obra del compositor paraguayo Daniel Luzko, “Concierto para violín y orquesta en tres movimientos”, dedicada al maestro José Luis Miranda (1940-2023), estará disponible en plataformas digitales a partir del 4 de enero de 2026, junto con su edición en CD doble, que reúne creaciones de compositores latinoamericanos de estética contemporánea.
El concierto despertó un especial interés en el violinista Alejandro Drago, quien lo estudió directamente con el compositor y lo grabó junto a la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua (OFECH), en México, bajo la dirección del maestro cubano Iván del Prado. La obra de Luzko fue presentada previamente en julio de 2015 con la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción, ocasión en la que el propio compositor dirigió la interpretación.
El CD doble cuenta con el auspicio de diversas instituciones, entre ellas la Sociedad Filarmónica OFECH, la Secretaría de Cultura de Chihuahua, Irvine Valley College, la Universidad de North Dakota, entre otras organizaciones culturales y académicas.
Junto al compositor paraguayo Daniel Luzko y su “Concierto para violín y orquesta”, el álbum incluye obras de destacados compositores latinoamericanos: “Concierto para violín y orquesta” de Arturo Barbosa (Brasil), “El Cacuy, música para una leyenda, para violín y orquesta de cuerdas” de Fernando Severo Altube, y “Misterio de Buenos Aires, concierto para violín y orquesta” de Alejandro Drago (Argentina). El violinista Alejandro Drago es el intérprete solista de las cuatro obras contenidas en esta grabación.
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La obra de Luzko
El “Concierto para violín y orquesta” de Daniel Luzko fue compuesto a lo largo de varios años. El primer movimiento, inicialmente concebido como una obra independiente, responde a un estilo académico y fue creado como parte de los requisitos para el doctorado en composición musical del compositor en la Universidad Católica de Washington D.C., bajo la supervisión del profesor Helmut Braunlich, compositor y violinista.
Este movimiento presenta claras influencias de la escuela polaca, resultado de los estudios previos de Luzko con el profesor Marian Borkowski en la Academia de Música Federico Chopin de Varsovia, Polonia. Posteriormente, al inicio de su carrera como profesor de teoría musical y composición en el Irvine Valley College, California, Luzko recibió una invitación para presentar la obra y decidió completarla incorporando dos movimientos adicionales.
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El segundo movimiento posee un carácter marcadamente lírico, mientras que el tercero desarrolla un lenguaje más personal, con especial énfasis técnico en el uso de ostinatos. La obra fue estrenada en el Irvine Valley College y más tarde presentada en Asunción en 2015, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción, con el violinista Iman Khosrowpour como solista y el compositor en la dirección.
El concierto está dedicado al Dr. José Luis Miranda, maestro de teoría y composición de Luzko y una de las figuras pedagógicas más relevantes de la música en Paraguay. Esta primera grabación del concierto, realizada con la presencia del compositor durante todo el proceso, refleja el meticuloso trabajo y el profundo compromiso artístico del violinista Alejandro Drago y del director Iván del Prado, cuya interpretación pone de manifiesto una comprensión detallada y sensible de la obra.