Una producción audiovisual de los norteamericanos Henry Maillet y Jeff Wong, que mostrará al río Paraguay desde Bahía Negra hasta Paso de Patria bajo el eslogan “Reĝuahẽsérõ mombyry, mbegue rehovaʼerã”, tiene como protagonistas a las diferentes comunidades indígenas ribereñas.
En el marco de una conferencia de prensa realizada en Sacramento Brewing Co. se llevó a cabo el lanzamiento oficial del documental titulado “Rostros del río”, una realización de Henry Maillet y Jeff Wong. Se trata de una producción audiovisual de 60 minutos en la que se mostrará al río Paraguay desde Bahía Negra hasta Paso de Patria.
Para ello, sus propios realizadores viajaron a lo largo del río Paraguay, es decir unos 1.300 km, en una canoa de madera durante seis meses. La expedición se inició en octubre del 2019 y finalizó en abril del 2020.
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Además de realizar estudios e investigaciones sobre el impacto del cambio climático en la zona, recaudaron datos, así como también videos, fotografías de los majestuosos paisajes, las riquezas naturales y culturales, y entrevistas a los habitantes de las distintas localidades que fueron recopiladas y documentadas, que verán la luz a través de este material.
“Creamos este proyecto para explorar el significado del río para la gente que vive a la orilla a lo largo. Viajamos con el objetivo de conocer a la gente y saber su perspectiva de la importancia del río y su conservación y los protagonistas que presentamos son las distintas comunidades ribereñas, por eso se llama ‘Rostros del río’”, reveló Maillet.
Durante la aventura, los realizadores lograron conectar con directores de escuelas y jóvenes, y trabajaron con estudiantes y profesores, donde abarcaron una gran variedad de temas como la administración ambiental, desarrollo sostenible, compromiso civil y cultura tradicional.
Al mismo tiempo, descubrieron que las comunidades ribereñas en todas partes del mundo están sintiendo los impactos del cambio climático, con acceso reducido al agua, producción alimentaria en disminución, degradación de la pesca, y costos extras de las operaciones empresariales.
Henry Maillet es profesional con título en Políticas Públicas y Emprendedurismo Social de la University of Virginia. Sirvió como voluntario del Cuerpo de Paz para el desarrollo comunitario económico en Paraguay, donde trabajó con varios miembros comunitarios en desarrollo juvenil, liderazgo y emprendedurismo.
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Jeff Wong se recibió de contador y finanzas en la Georgetown University y también estuvo como voluntario de Cuerpo de Paz para el desarrollo comunitario económico en Paraguay. Trabajó con los jóvenes en el desarrollo de liderazgo a través de los deportes en equipo, por lo que hay que destacar que su entendimiento sobre el idioma guaraní y la cultura paraguaya facilitaron su conexión con los paraguayos y crear narraciones que representan la cultura de manera auténtica.
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Fenob impulsa investigación sobre salud sexual en comunidades indígenas
La Facultad de Enfermería y Obstetricia de la Universidad Nacional de Asunción (Fenob-UNA) presentó los resultados del proyecto de investigación “Abordaje intercultural de la promoción de la salud sexual y reproductiva en mujeres indígenas aisladas por barreras lingüísticas en Paraguay”, una iniciativa que permitió desarrollar estrategias de comunicación intercultural para mejorar el acceso a la información y a los servicios de salud sexual y reproductiva (SSR) en comunidades indígenas del país.
El estudio evidenció importantes avances en el acceso a la información y en el fortalecimiento de la autonomía de las mujeres indígenas participantes. Tras la implementación de las estrategias diseñadas durante el proyecto, el 70 % de las mujeres asocia actualmente la salud sexual y reproductiva con la autonomía personal y el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, mientras que el 95 % manifestó saber con claridad dónde acudir para recibir atención en los servicios de salud. En algunas comunidades, se registró un aumento del 30 % en las consultas relacionadas con planificación familiar, reflejando un mayor acercamiento al sistema de salud.
La investigación se desarrolló en los departamentos de Boquerón, Presidente Hayes y Concepción, con la participación directa de 66 personas, entre ellas 52 mujeres indígenas (34 usuarias de servicios de salud y 18 lideresas comunitarias o parteras tradicionales) y 14 profesionales de la salud. Las participantes, con edades entre 15 y 45 años, pertenecen a ocho pueblos indígenas: pai tavyterã, guaraní, enxet, toba enenlhet, qom, manjui, nivaclé y ayoreo, lo que permitió abordar el trabajo desde una diversidad cultural y lingüística representativa de cinco familias lingüísticas presentes en Paraguay. En conjunto, la intervención benefició indirectamente a una población estimada de 3.450 personas.
Entre los principales aportes del proyecto se destaca la coconstrucción de materiales educativos en lenguas indígenas, elaborados a partir de procesos participativos con lideresas, parteras y mujeres de las comunidades. Como resultado, se produjeron afiches educativos, microprogramas radiales y audios para WhatsApp validados cultural y lingüísticamente en ayoreo, enlhet, nivaclé y guaraní, abordando temas como métodos anticonceptivos, prevención del embarazo adolescente, derechos sexuales y reproductivos y violencia de género.
El enfoque intercultural adoptado permitió superar barreras comunicacionales históricas en el sistema de salud. Durante el proceso de investigación, las participantes manifestaron que la falta de información en sus idiomas maternos constituye uno de los principales obstáculos para acceder a servicios de salud. Un testimonio recogido durante el estudio reflejó esta realidad: “Todo en castellano nomás… mejor sería en manjui”.
Además de mejorar el acceso a la información, el proyecto fortaleció los liderazgos comunitarios. El 75 % de las mujeres participantes manifestó sentirse capaz de compartir los conocimientos adquiridos con otras mujeres de sus comunidades, utilizando los materiales desarrollados durante la investigación.
Los resultados también destacan la importancia de fortalecer el rol de las promotoras y lideresas indígenas como mediadoras interculturales en el sistema de salud, con el fin de garantizar una atención más inclusiva, libre de discriminación y respetuosa de la cosmovisión de los pueblos originarios.
Acerca del proyecto
El proyecto se implementó con el apoyo de organizaciones asociadas como Gestión para el Desarrollo Social (GEDES), Mujeres Indígenas del Paraguay (MIPI) y la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (FUDEN), y también contribuyó a la formación de jóvenes investigadoras en el campo de la salud intercultural.
Esta investigación fue financiada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) a través del Programa PROCIENCIA, con apoyo del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI).
El equipo investigador del proyecto estuvo integrado por un grupo multidisciplinario de profesionales de enfermería y obstetricia liderada por María Isabel Rodríguez-Riveros, en calidad de investigadora principal, y Gloria Orrego, directora del proyecto. El equipo contó además con la participación de las investigadoras e investigador asociados Ana Denis, Faustina Alvarenga, Mirka Hraste, Aida Maidana de Zarza, Amelia Amezcua, Santiago Toledo, Nélida Otazu y Claudia Centurión, quienes aportaron experiencia académica y científica en las distintas etapas del estudio. Asimismo, el proyecto aporto a la formación de nuevas investigadoras a través de la participación de Johanna Bittar y Karen Retamozo, quienes se integraron al proceso investigativo como investigadoras en formación.
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Un bache demoró un avión con destino a Europa en el aeropuerto Silvio Pettirossi
Una aeronave que tenía como destino Madrid (España) no pudo despegar del aeropuerto Silvio Pettirossi porque se detectó un levantamiento del asfalto o un bache en la pista. El bache fue cerrado y, varias horas más tarde, los 330 pasajeros pudieron viajar rumbo al Viejo Continente.
El hecho se registró ayer sábado, cuando el avión que tenía a bordo 334 pasajeros se incorporó a la pista y se constató el bache en plena pista, lo que impidió que despegue. Finalmente, se tuvo que retrasar el vuelo por al menos tres horas, lo que generó caos en varios aeropuertos donde debía hacer escala.
Luego de que personal del aeropuerto detectó este bache, el avión tuvo que volver a la manga telescópica, es decir a la zona de embarque, para que los pasajeros pueda esperar que todo sea solucionado. El aeropuerto no cuenta con otra pista y la única alternativa fue el bacheo para subsanar el problema.
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“Se trató de un levantamiento que podía poner en riesgo la seguridad del vuelo y alertamos al piloto, le avisamos que no iba a poder salir en esas condiciones, pese a que estamos haciendo mantenimiento periódico. La distancia para el despegue para ese tipo de aeronave es de casi 3.000 metros”, detalló Rubén Aguilar, director de aeropuertos, en entrevista con Telefuturo.
Afirmó que el levantamiento se detectó a 1.300 metros de la cabecera. “Acá la prioridad siempre es la seguridad y como institución aseguramos que la aeronave esté segura. El personal se dio cuenta de que había una especie de piel de cocodrilo y en esas condiciones es mejor abortar el despegue”, puntualizó.
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Juliette Binoche reflexiona en Tesalónica sobre su debut como directora
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
La actriz francesa Juliette Binoche participó en una conversación abierta con el público el 12 de marzo de 2026 en el marco del 28.º Thessaloniki International Documentary Festival (TiDF), celebrado en la ciudad de Thessaloniki. El encuentro tuvo lugar en el John Cassavetes Theater, con motivo del estreno griego de su primer trabajo como directora, “In‑I in Motion”.
La charla, titulada “In front of and behind the camera. My directorial debut in documentary filmmaking”, fue moderada por el responsable de programación del festival, Yorgos Krassakopoulos. Ante una sala llena, Krassakopoulos dio la bienvenida a la actriz destacando la sinceridad que atraviesa su primera incursión en el documental: una obra que, según señaló, transmite “una verdad y una autenticidad que reflejan plenamente su temperamento artístico”.
El arte como camino hacia el autoconocimiento
Durante la conversación, Binoche habló del proceso interior que acompaña a la actuación y de cómo el arte se convierte para ella en una forma de exploración personal.
“Como actor estás llamado cada día a ser honesto, no solo contigo mismo sino con toda la humanidad”, explicó. Para la intérprete, el trabajo actoral implica enfrentarse a los propios miedos y a las zonas más oscuras del subconsciente, un proceso que considera profundamente transformador.
La actriz también reflexionó sobre la dimensión emocional del trabajo creativo. Según afirmó, conectar con las emociones es el origen de toda forma de arte, aunque eso implique renunciar al control. “En un mundo que a menudo parece aterrador, lo que necesitamos es creatividad”, subrayó.
Un paso natural hacia la dirección
Binoche reveló que llevaba años imaginando la posibilidad de dirigir. El proyecto se concretó cuando productores la animaron a llevar a cabo la idea.
“Siempre soñé con dirigir algún día, impulsada por la necesidad de seguir creciendo”, afirmó. Aunque reconoció que el proceso era en gran parte desconocido para ella, decidió aceptar el reto y explorar nuevas formas de creación.
In-I in Motion documenta precisamente ese viaje creativo, en el que la actriz se enfrenta a la incertidumbre, al miedo y a sus propias limitaciones. Para Binoche, aceptar esas emociones forma parte esencial del proceso: “Nunca puedes librarte completamente del miedo, pero puedes aceptarlo, y cuando lo haces, te transforma”.
El reto del montaje y la búsqueda de autenticidad
Uno de los aspectos más complejos de la realización del documental fue el montaje. La actriz explicó que el proceso implicó tomar decisiones difíciles, incluso eliminar escenas que le gustaban, para mantener la coherencia narrativa de la película.
En el documental, Binoche aparece tanto delante como detrás de la cámara. Gran parte del material fue filmado por su hermana, cuya experiencia permitió capturar momentos íntimos del proceso creativo. Sin embargo, fue en la sala de montaje donde la directora tomó las decisiones finales para preservar la autenticidad del relato.
“Hubo una escena que mi montador había construido de forma muy hermosa, pero no reflejaba la realidad. Por eso insistí en no incluirla”, explicó, subrayando que la búsqueda de la verdad es central en su forma de entender el arte.
La fuerza del cine europeo
Durante el encuentro también participó el director artístico del festival, Orestis Andreadakis, junto con la directora general del certamen, Elise Jalladeau.
En su intervención final, Binoche —actual presidenta de la European Film Academy— destacó la riqueza del cine europeo y la importancia de su diversidad cultural.
“Nuestras diferencias son nuestra fuerza. Son lo que nos une”, afirmó.
La actriz aprovechó además la ocasión para rendir homenaje al recientemente fallecido documentalista Frederick Wiseman, a quien describió como uno de los grandes referentes del género. “Los documentalistas son verdaderos guerreros. Luchan por sobrevivir y por mostrar la verdad del mundo”, concluyó.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.
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Crítica: “Escarcha sin nieve ni hielo” en festival de Tesalónica
- Por David Sánchez, desde Tesalónica (Grecia), X: @tegustamuchoelc (*).
En la programación del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica (TiDF) se ha colado este año una de esas películas que recuerdan por qué el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de mirar el mundo. “Frost uten snø og is” (2026), dirigida por el fotógrafo y cineasta noruego Asgeir Helgestad, es un trabajo que habla de maternidad, naturaleza y pérdida sin caer en el sentimentalismo fácil. Y lo hace con algo cada vez más raro en el cine contemporáneo: paciencia.
Una década esperando el plano
Durante más de una década, Helgestad filmó en el archipiélago ártico de Svalbard, uno de los lugares del planeta donde el calentamiento global avanza con mayor velocidad. Allí conoció a Frost, una osa polar que intenta sacar adelante a sus crías en un ecosistema cada vez más frágil. Lo que en otros documentales sería una narración didáctica sobre el deshielo se convierte aquí en algo más íntimo: la historia de una madre que lucha contra un mundo que cambia demasiado rápido.
La película abre con una decisión narrativa sorprendente. Desde el principio sabemos que los hijos de Frost murieron. No hay suspense artificial ni manipulación emocional. Esa revelación temprana elimina cualquier tentación de convertir la historia en un melodrama animalista. Lo que queda es otra cosa: un retrato sereno, casi elegíaco, de la maternidad en un paisaje que se desmorona.
La maternidad sin sentimentalismo
Helgestad no intenta humanizar en exceso a su protagonista. Frost no habla, no tiene voz en off imaginaria, no se convierte en un personaje de ficción. Y, sin embargo, pocas veces el cine ha transmitido con tanta claridad la idea de cuidado, esfuerzo y vulnerabilidad.
La maternidad aparece aquí como un acto físico: caminar kilómetros sobre hielo cada vez más inestable, proteger a las crías de otros osos, buscar alimento en un entorno que ya no funciona como antes.
El tiempo como herramienta cinematográfica
Uno de los mayores logros del documental es el tiempo que hay detrás de cada plano. En una época dominada por la inmediatez y por la estética del algoritmo, Helgestad trabaja con la lógica contraria: esperar.
Esperar horas para que un oso levante la cabeza. Esperar días para un encuentro improbable. Esperar semanas para unos segundos de comportamiento que nadie había filmado antes.
Ese tiempo acumulado se percibe en cada imagen. No hay sensación de artificio, truco visual o naturaleza convertida en espectáculo digital. De hecho, uno de los pequeños milagros de la película es recordar algo obvio: ni siquiera la inteligencia artificial podría fabricar la belleza que aparece aquí.
La belleza del Ártico
Hay un momento especialmente revelador. Los osos polares caminan al amanecer y el aire helado se vuelve visible en su respiración. El vapor sale de sus bocas mientras el sol bajo del Ártico ilumina sus cuerpos blancos. La luz parece atravesarlos.
No es una imagen espectacular en el sentido grandilocuente; es algo más simple y, por eso mismo, más poderoso. Durante unos segundos el cine vuelve a ser lo que siempre fue: mirar.
Una carta a Frost
El film también se permite momentos inesperados de intimidad. En un gesto que podría haber resultado cursi, Helgestad escribe una carta a Frost. En otro contexto sería un recurso demasiado sentimental, pero aquí funciona porque el propio director establece límites desde el principio.
Él sabe que está proyectando emociones humanas sobre un animal. Y lo reconoce.
Ese equilibrio entre cercanía y distancia es lo que mantiene la película lejos del “cheesy” que suele contaminar el cine ambiental. Helgestad ama a su protagonista, pero no intenta convertirla en símbolo perfecto ni metáfora universal. Frost sigue siendo una osa polar, un animal salvaje que vive en un entorno brutal.
Humanos y osos: un choque inevitable
La película tampoco evita mostrar el conflicto entre humanos y osos polares. Hay encuentros tensos, momentos en los que la presencia humana altera el comportamiento de los animales. El Ártico aparece así como un espacio donde dos mundos chocan constantemente: el de la vida salvaje y el de la expansión humana.
Ese choque está, inevitablemente, ligado al cambio climático. Pero el documental es inteligente al no convertir el mensaje en un discurso didáctico permanente. El calentamiento global no aparece como una lección de geografía, sino como una transformación visible en el paisaje: hielo que desaparece, rutas de caza que ya no funcionan, estaciones que cambian.
En lugar de subrayar cada dato, Helgestad deja que el espectador vea las consecuencias. El resultado es mucho más efectivo que cualquier gráfico o narración explicativa.
Un documental que recuerda qué es el cine
Si hay algo que distingue a Frost uten snø og is de muchos documentales contemporáneos es su confianza en la imagen. En los últimos años los festivales se han llenado de películas que dependen excesivamente de archivos personales, recuerdos familiares o material doméstico para sostener narrativas de noventa minutos.
A menudo son trabajos que funcionan mejor como ensayo íntimo que como experiencia cinematográfica. Aquí sucede lo contrario. Este es un documental que entiende que el cine de naturaleza puede —y debe— ser espectacular. No en el sentido superficial de lo espectacular, sino en el sentido literal: algo que merece ser visto.
Una película que hay que ver en cine
Por eso mismo, ver esta película en una pantalla grande no es una opción secundaria. Es prácticamente obligatorio. La escala del paisaje, la textura del hielo, la luz ártica sobre los cuerpos de los osos… todo adquiere otra dimensión en una sala de cine.
El camino de Asgeir Helgestad
El propio recorrido de Asgeir Helgestad ayuda a entender esta aproximación visual. Antes de dedicarse al largometraje documental, trabajó durante años como fotógrafo de naturaleza y realizador de series para televisión, incluyendo proyectos vinculados a la radiotelevisión noruega.
En trabajos anteriores ya exploraba la relación entre animales salvajes y cambios ambientales, pero nunca con la intimidad ni la duración temporal que alcanza aquí.
Su experiencia como fotógrafo se nota en la composición de cada plano. Hay una atención obsesiva a la luz, la textura de la nieve y la distancia entre cámara y animal. Pero lo realmente impresionante no es la estética, sino la perseverancia que la hace posible.
Diez años filmando a un mismo animal no es una decisión técnica; es casi una forma de vida.
Empatía antes de que sea tarde
Esa dedicación se siente en la película como una acumulación silenciosa de tiempo, frío y espera. Y quizá por eso el documental termina funcionando también como un retrato indirecto del propio director: alguien que decidió quedarse lo suficiente para mirar de verdad.
Al final, Frost uten snø og is no intenta ofrecer soluciones ni discursos tranquilizadores. Lo que propone es algo más simple y, en cierto modo, más incómodo: empatía.
Empatía con un animal que vive en un mundo que se derrite. Empatía con un ecosistema que cambia demasiado rápido. Y, sobre todo, empatía con la idea de que la naturaleza no es un decorado remoto, sino un sistema del que seguimos formando parte.
Entre la belleza de sus imágenes, la honestidad de su mirada y la paciencia que sostiene cada plano, la película consigue algo que muchos documentales olvidan: recordarnos que el cine de naturaleza puede ser, cuando se hace con verdadera dedicación, una experiencia casi física. Una de esas que justifican sentarse en una sala oscura y mirar.
* David Sánchez es un periodista franco español afincado en Toulouse, centrado especialmente en cine iberoamericano, miembro de la crítica internacional Fipresci. Sitio: https://www.tegustamuchoelcine.com.