Este domingo 7 de noviembre, a las 21:00, el canal GEN estrenará el especial “Chaco. El rally más difícil del mundo”, un documental por los 50 años del Rally. Los fanáticos del automovilismo tendrán la oportunidad de conocer aún más la emocionante historia de este deporte que tanto apasiona al público paraguayo.
Cristian Tindel, productor del audiovisual y periodista de Versus, contó que el 26 setiembre se cumplieron 50 años de la primera edición del Transchaco Rally y que, por segundo año consecutivo, por la pandemia, no se realizará la competencia. Comentó también que este será el cierre del documental que empezó hace un año.
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“Se trata de un material de dos horas de duración que contará la esencia del Transchaco Rally, con las más increíbles experiencias de sus protagonistas”, sostuvo el productor. El documental “Chaco” será un repaso de sus orígenes y sus principales figuras. Tendrán 21 entrevistados, entre ellos Juan Carlos Calvo, Lucho Ortega, Carlos Zarca, Martín María Masi, Diego Domínguez, el Negro Risso y muchas más personalidades del deporte motor.
Los pilotos contarán sus experiencias, los campamentos montados durante días, la partida y llegada de los autos entre otros temas. Cristian adelantó que va ser un cierre muy emotivo, se contará la vida y obra del fallecido Francisco “Pancho” Gorostiaga, uno de los referentes más importes del automovilismo paraguayo.
Para poder sumarse a esta transmisión, se puede sintonizar el canal GEN en las señales 12 y 612 HD de Tigo TV; 8 de Copaco; 15 de Claro IPTV; 12 de Personal TV y Flow. Cabe mencionar que el domingo, con el diario La Nación saldrá un suplemento especial del Chaco, de 12 páginas con toda la historia, infografías, fotos y anécdotas de aquellas intensas jornadas de la máxima competencia automovilística del país.
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Luis Szarán: “La música tiene el poder de humanizar a los humanos”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez / Gentileza
El material audiovisual “Mborayhu porã: Luis Szarán” propone un recorrido íntimo por la historia de un hombre que convirtió la música en una herramienta de transformación social. El documental reconstruye el camino de quien, tras formarse en el exterior, eligió regresar al Paraguay para demostrar que el arte puede sembrar oportunidades, fortalecer comunidades y, sobre todo, humanizar a las personas.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” es el nombre del documental producido por Maneglia-Schembori, dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano. Se trata de un trabajo que presenta la vida de superación del reconocido músico, intelectual y gestor social Luis Szarán. El audiovisual cuenta con coproducción de la Presidencia de la República, la Oficina de la Primera Dama, la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), Itaipú Binacional y el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic).
“Cuando me plantearon hacer el documental, yo pensé en principio que iba a ser algo muy sencillo, buscar fotos de archivo, recortes de periódicos, fotos, relatos en general y había sido era más complicado. Primero hacer el guion en tres meses de trabajo, para luego filmar con los directores, eso nos llevó 9 meses”, comenta el maestro respecto a la producción en conversación con La Nación/Nación Media.
La pieza audiovisual aborda distintas facetas de su vida: la dirección orquestal, su momento de creación musical, la investigación histórica y los últimos 25 años como “emprendedor social”. “El objetivo no era mostrar medallas de condecoración y todas las vanidades del mundo del espectáculo, sino un ejemplo de lucha, de vida, de alguien, de una persona que de la nada surgió, se fue armando herramientas, que tuvo que emigrar de un lugar a otro para capacitarse, para lograr sus objetivos y en el momento culminante de una carrera decide devolver a la vida lo que la vida le dio, un poco la síntesis de mi trabajo”, explica Szarán.
UNA HISTORIA
Hijo menor de inmigrantes polacos, nació en Itapúa en 1953. Empezó con apenas 8 años sus estudios musicales maravillado por el sonido de la guitarra. Se trasladó a Asunción para estudiar con el maestro José Luis Miranda y con un poco más de 20 años ya obtuvo becas internacionales para perfeccionarse, primero en Argentina, después pasó por Brasil y luego dio el gran salto a Italia. No obstante, ese no fue un camino recto y sin obstáculos, aunque siempre contó con cómplices para lograr su sueño.
“Mi madre era ultrarracional. Nos impulsó a pisar tierra siempre, a cuidar los recursos, a trabajar desde chicos, hacerse un pequeño capital, hacerse un techo. Su preocupación era la solidez. Por eso un poco era la negativa de acompañar mis sueños de ser músico”, comenta.
“Mi hermana mayor fue la que fue cómplice, porque me veía con talento. Ella era educadora, una educadora muy importante y buscó la forma de que yo cumpliera mis sueños. Mis otras dos hermanas que siempre están son las del equipo de aplauso desde el comienzo y también mis asesoras para bajar los humos cuando hay que bajar y para no desanimarme en esta profesión, que es una lucha permanente contra la indiferencia, contra la falta de apoyo, son personas claves dentro de mi carrera”, agrega.
El maestro Miranda fue su mentor, otorgándole una beca de por vida al hijo de dos agricultores que apenas conocía. El padre fue violinista aficionado que dejó esa práctica cuando subió al barco huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su madre se resistió a que su pequeño tome una carrera incierta como la de músico, aunque se haya inspirado en Luis Alberto del Paraná para darle el nombre.
“Mi padre fue un músico aficionado nomás en Polonia. No era músico, viene de una familia de agricultores y tenía sí su grupo musical, que los fines de semana tocaban entre ellos. Dentro del proceso de mi formación, como músico estudié un año violín y después estudié violonchelo. Recuerdo una vez que tenía el violín, le puse en sus manos y temblando pudo sacar una melodía sin problemas y no había tocado por más de 50 años”, recuerda.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” narra a través de sus palabras y de la voz de dos hermanas y sus hijos cómo es el maestro, qué relación tuvo con sus padres, qué legado y aprendizajes hereda a su descendencia.
COMPARTIR LA MAGIA
“Mi proceso con la música fue bastante natural. A mí me motivó de niño el sonido que salía de una guitarra, me parecía casi algo de magia, que algo que suena y que está en el aire, que es una belleza inaudita y que no podés tocar con las manos, no podés modificarla. Es un arte realmente mágico, porque en la literatura ves las palabras, en la pintura ves los cuadros, podés tocarlo físicamente”, explica.
Para el maestro Szarán, la música sigue siendo una magia extraordinaria que permite unir voluntades y talentos, eso vive regularmente como director de orquesta. Él celebra ese momento al que no podría llegarse tal vez a través de la palabra, sino solo a mediante el sonido, el instante de construir conexiones en las personas, algo propio de la música.
“La música tiene ese poder de apagar o encender las pasiones. Apagar digo en el sentido de hacer contención a momentos desagradables, a penurias. La gente que va a un concierto o a una sesión familiar de música en menos de 10 o 15 minutos experimenta ese milagro de que te limpia todo, es parte de la ceremonia de asistir a esos eventos. Y, por otro lado, en hacerte soñar y conectar con las personas”, sentencia.
EXPERIENCIA HUMANIZADORA
Ser no solo testigo, sino actor de esos momentos de magia lo llevaron a reflexionar sobre cómo podría compartir esa experiencia humanizadora con el resto de su pueblo. Y es así que luego de su formación en Europa regresa al país, primero comparte conocimiento musical, después documenta con registros la música popular, la música indígena, luego rescata archivos musicales de las comunidades jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, de las misiones en Paraguay, para finalmente arrancar con un proyecto que le permite compartir el don de la música y abonar el tejido social alrededor de ella, Sonidos de la Tierra.
“Esa conexión yo ya la sentía cuando era adolescente, cuando con mi guitarra recorría y cantaba canciones en eventos de familiares, de amigos, donde sale una canción buena y a la gente le brillan los ojos y parece que se vuelve más buena, más sensible, más comprensiva, más humana. Y hoy día, con el trabajo masivo de la música que llevamos a cabo en los programas de orquestas juveniles, que sí produce un efecto social muy grande, de humanizar a los humanos, no solo a los participantes, sino a quienes acompañan. Eso es muy necesario, es una herramienta educativa hoy día fundamental para ir buscando crear las sociedades equilibradas emocionalmente, como necesitamos aquí en el Paraguay y en todo el mundo”, comenta.
VALORES Y BUENAS PRÁCTICAS CIUDADANAS
Sonidos de la Tierra nace en 2002 de la mano de Szarán para promover valores y buenas prácticas ciudadanas mediante escuelas comunitarias de música, algunas en zonas muy vulnerables, poniendo lo social y lo humano como norte y la música como medio. Con ese mismo marco creó la Orquesta H2O Sonidos del Agua, promoviendo un mensaje ambiental y comunitario.
“Mborayhu porã: Luis Szarán” habla de la vida de un profesional de la música, pero lo presenta en un tono profundamente humanista y esperanzador. Szarán, quien decidió en un momento volver a Paraguay a pesar del contexto cuesta arriba que supone encarar una carrera artística de manera profesional en el país, cuenta aquí su historia poniendo lo social en el centro y reivindicando la mágica de la música como catalizador de un cambio estructural en la sociedad.
Lejos de limitarse a una biografía de logros y reconocimientos, el filme retrata una convicción que ha guiado toda una vida: la música no es un fin en sí mismo, sino un puente hacia una sociedad más sensible, solidaria y esperanzada. En tiempos marcados por la fragmentación y la indiferencia, el documental invita a redescubrir el inmenso poder del arte para transformar vidas y recuerda que las melodías más perdurables son aquellas que logran resonar en la condición humana.
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GEN estrena este sábado la película “El renacer albirrojo”
Este sábado 6 de junio, a las 22:00, el canal GEN de Nación Media estrena “El renacer albirrojo”, una película documental que no solo trata de fútbol, sino de un pueblo que vuelve a confiar. A través de los relatos de jugadores, hinchas y cuerpo técnico, unidos por la pasión y la garra de la Albirroja, el film dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano revive las emociones y el camino de quienes se atrevieron a creer en el regreso de Paraguay a una Copa Mundial de la FIFA, después de 16 años de ausencia y desencanto social.
La Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) presenta esta película, con el sello de la productora de documentales 1922 Historias Vivas, de Maneglia-Schémbori Realizadores (“7 cajas”, “Los buscadores”) y la producción de 23 Sports. Estrenado en cines el pasado 30 de abril, “El renacer albirrojo” recibió la certificación de Marca País por parte del Viceministerio de la Red de Inversiones y Exportaciones (Rediex) del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) por valorizar la identidad paraguaya.
¿De qué se trata? Paraguay, sumido en la desesperanza tras quedar fuera de los últimos tres mundiales, se ilusiona con la llegada de un nuevo técnico y una racha de victorias. El Renacer Albirrojo: una película sobre la pasión de un pueblo sigue el impacto de este despertar deportivo en la sociedad a través de historias reales de los hinchas: Claudio, un repositor que encuentra alegría en los triunfos; Valezka, una madre que equilibra estudio y deporte para su hijo Renato; Pichi, un realizador que documenta las emociones del vestuario; y Claudinha, una joven futbolista que rompe barreras.
Las historias, inmersas dentro de testimonios de futbolistas y equipo técnico, convergen en el crucial partido contra Ecuador, que culmina con la ansiada clasificación al Mundial 2026. La victoria representa para el pueblo paraguayo mucho más que un pase al Mundial: la recuperación de la fe en sí mismo. El canal GEN ofrecerá una repetición este domingo 7 de junio, a las 21:00.
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David Attenborough cumple 100 años con nueva serie sobre vida salvaje
David Attenborough, un famoso presentador británico, conocido por su labor de divulgación sobre el cambio climático y cuyos documentales transformaron la forma en que el público percibe la naturaleza, cumple el viernes 100 años. Según encuestas, Attenborough es la personalidad favorita de los británicos, por encima de músicos como Paul McCartney y Elton John o el exfutbolista David Beckham.
La estima por este hombre ha hecho que animales y especies vegetales hereden su nombre, como una diminuta araña australiana (Prethopalpus attenboroughi) y una planta carnívora gigante de Palawan, en Filipinas (Nepenthes attenboroughii). “Ha hecho de la historia natural un tema de gran público, algo que puede ser tan popular como el deporte o el fútbol”, explica Jean-Baptiste Gouyon, profesor de Comunicación Científica en la University College of London (UCL).
La carrera de David Attenborough, ligada a la BBC, comenzó a principios de los años 1950. Su don natural para contar historias, y su voz cálida, conquistaron rápidamente a los espectadores. Desde entonces, no ha dejado de trabajar y su entusiasmo casi infantil nunca lo ha abandonado, como cuando jugó con unos gorilas de montaña en Ruanda en 1978.
Crear vocaciones
Attenborough ha recorrido el planeta, trayendo imágenes a menudo inéditas de selvas, desiertos y océanos. Se estima que 500 millones de personas en todo el mundo vieron la primera gran serie sobre la naturaleza que realizó en 1979, “Life on Earth” (La vida en la Tierra). “Ojalá el mundo fuera el doble de grande y que la mitad quedara aún por explorar”, decía entonces.
“Ha llevado la naturaleza a nuestros salones. Nos ha llevado a lugares a los que nunca habríamos ido de otro modo. Es un regalo inmenso”, señala Sandra Knapp, botánica y directora de investigación en el Museo de Historia Natural de Londres. Sandra Knapp afirma que, como científica, Attenborough representa “una verdadera inspiración”.
“Logra hacer muy simples conceptos científicos bastante complejos”, afirma. Attenborough también ha despertado vocaciones. “Muchos biólogos están donde están porque vieron sus programas cuando eran niños”, asegura Jean-Baptiste Gouyon. Aunque tiene un título en ciencias naturales por la Universidad de Cambridge, siempre se ha presentado como un hombre de televisión y no como un científico.
“Colonialismo moderno”
Nombrado caballero en 1985 por la reina Isabel II, con quien mantenía una relación de amistad, ha advertido sobre los daños causados por la humanidad. En 2025, en el documental “Ocean” (Océano), condenaba los métodos de pesca industrial de los países ricos, calificándolos como “colonialismo moderno del mar”. Muchos de los lugares filmados por David Attenborough han sido después destruidos por el ser humano. Attenborough siempre ha rechazado ser visto como una celebridad.
“Es alguien que se echa a un lado, que siempre guía la mirada de los espectadores hacia aquello que quiere mostrar”, subraya Jean-Baptiste Gouyon. En ese sentido, es diferente del francés Jacques Cousteau (1910-1997), que era “el aventurero con su boina roja, el que se cuenta a sí mismo”. Attenborough ya no recorre la selva ni el desierto, pero sigue contando la historia de nuestro planeta.
En “Wild London” (La vida salvaje de Londres), documental emitido a principios de 2026 en la BBC, se interesa por la extraordinaria fauna la capital británica, su ciudad natal. Tras todos sus viajes, Attenborough ha confesado que su lugar favorito sigue siendo Richmond, un suburbio acomodado y frondoso del suroeste de Londres donde vivió la mayor parte de su vida, con su esposa Jane, madre de sus dos hijos, fallecida en 1997.
Fuente: AFP.
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“El Renacer Albirrojo”, el lado más emotivo de la campaña mundialista
Estrenado el 30 de abril en cines del país, “El Renacer Albirrojo” reúne conmovedores relatos que revelan el costado más humano del fútbol: ese sentimiento colectivo que une a los hinchas, aún en medio de las dificultades diarias, alrededor de la pasión futbolera. La hazaña deportiva de la Albirroja no solo permitió clasificar al Mundial, sino que sirvió para visibilizar reacciones, genuinas, intensas y profundamente humanas de muchos compatriotas, que quedan inmortalizadas en este documental.
La película pone en primer plano a las voces que encarnan el sacrificio, la esperanza y la identidad de todo un país, desde el barrio hasta el vestuario. En cada historia late una misma convicción: todo un país vuelve a creer. Así, uno de los protagonistas, Claudio Rejala, representa a una generación marcada por la lucha cotidiana. Desde chico, encontró en la Albirroja contención, pertenencia y validación. Su testimonio, profundamente honesto, conecta con miles de paraguayos que ven en el fútbol un refugio colectivo en medio de las dificultades diarias.
“En nuestro día a día todo cuesta, el sueldo no alcanza, y muchas veces lo único que nos da felicidad es el fútbol. Por eso, ser parte de este documental significa muchísimo para mí; es algo que va a quedar para siempre. Me llena de orgullo pensar que tantos paraguayos que viven con sueldo mínimo puedan sentirse identificados con mi historia. Ojalá el profesor Alfaro sea eterno para nosotros, porque nos cambió la mentalidad. Siempre decimos lo mismo: en la vida, a todos nos hace falta un Alfaro”, expresó Rejala.
Por su parte, Claudia “Claudinha” Martínez encarna el talento silencioso y la proyección del fútbol femenino paraguayo. Líder dentro de la cancha, su objetivo va más allá de lo personal: busca abrir camino y visibilidad para otras mujeres en el deporte. Para ella, el resurgir de la Selección es también una oportunidad para que el fútbol femenino gane el lugar que se merece.
Otra historia que tocará el corazón de los espectadores es la de Renato, un niño que sueña con vestir la camiseta nacional, simboliza la ilusión construida con disciplina y sacrificio. A su lado, su madre Valeska Giménez acompaña cada paso sin descuidar la educación como base fundamental. Juntos representan la tensión necesaria entre el sueño y la estructura.
“Para nosotros, ser parte del documental fue una experiencia increíble, especialmente por lo que significó para nuestro hijo que vive el fútbol con una pasión única. Haber entrado a la cancha con los jugadores fue un momento que nos marcó para siempre, imposible de explicar con palabras. Y hay algo que lo resume todo, en una parte del documental se escucha su voz, chiquita pero llena de emoción, diciéndole a Gustavo: “vos sos mi ídolo”, describió la madre. Desde el corazón, Ibes Barreto de Ávila, cocinera del Mercado 4, muestra cómo los días de partido transforman la rutina en celebración colectiva, donde el fútbol se vive como un ritual compartido.
Fabrizio Peralta, reconocido como uno de los mejores estudiantes del mundo, aporta la mirada de una nueva generación comprometida. Desde su barrio, La Chacarita, relata cómo la Albirroja funciona como un espejo de identidad y orgullo. “Honestamente, sentí una gran responsabilidad, pero también una profunda felicidad al saber que estaba dando testimonio de la increíble emoción que vivimos todos los paraguayos al ver a la Selección clasificar, y más aún al formar parte de un proyecto tan importante como este documental. Es una oportunidad enorme, por la que solo puedo agradecer a Dios y esperar que todo el país vibre con este trabajo que se viene gestando desde hace tanto tiempo. Ojalá también sirva como motivación para seguir apoyando a la Albirroja y para mostrar cómo se vive esta pasión en mi barrio, La Chacarita”.
Finalmente, Luis Villanueva, encargado audiovisual de la Selección, ofrece una perspectiva íntima desde adentro. Tras años documentando la historia, esta vez le toca ser parte de ella. Su relato recorre los momentos de frustración y esperanza, hasta llegar a un presente donde la ilusión vuelve a estar viva.
“Por primera vez estuve del otro lado de un documental: normalmente soy quien registra las historias. Desde el 2010 formo parte de la Albirroja, una familia que se entrega por completo a los colores que representan nuestro país, nuestra gente y nuestras raíces. Vivimos momentos de mucha impotencia, donde los partidos y la ilusión de un Mundial se nos escapaban, pero hoy volvemos a estar presentes, con fuerza, esperanza y un sueño más vivo que nunca. El día del pitazo final fue una explosión de sensaciones, ver a los jugadores llorar de felicidad, los abrazos interminables, la energía de la gente. Ser parte de este proceso es algo imposible de explicar”, reveló emocionado.