En medio de importantes logros internacionales para el cine paraguayo; “Hospital de pobres” se convirtió en la primera película nacional en llegar este año a la cartelera local. El matrimonio de comunicadores Rafael y Lily Gunsett dirige esta producción estrenada el pasado 1 de marzo, y que acumula 3.518 espectadores en su duodécima jornada, con distribución de Filmagic.

Con 102 minutos de duración, Nelson Amarilla, Leila Giménez, Humberto Gulino (padre del baterista de Paiko), Diego Cheblis, Edgar Mora, Antonella Zaldívar, Mario Toñanez, entre otros, protagonizan este drama sobre un grupo de pacientes y personal de un hospital público, donde suceden situaciones misteriosas. Sus creadores anticipan más en esta entrevista.

Rafael y Lily Gunsett dirigieron su primer largometraje. Foto: Gentileza
Rafael y Lily Gunsett dirigieron su primer largometraje. Foto: Gentileza

¿Cómo y cuándo surgió la idea para hacer “Hospital de pobres”?

Nuestra idea, desde que nos iniciamos en el mundo de los audiovisuales, siempre fue hacer en algún momento un largometraje, pero las condiciones no se daban, no solo en lo que respecta a nuestras propias posibilidades, sino a que la coyuntura era muy complicada para hacer películas en Paraguay. No había un mercado para ello, no había elementos técnicos accesibles como ahora. Hablamos de unos 15 a 20 años atrás. En ese entonces ideamos un proyecto de película cómica, que hasta ahora está pendiente.

Lo de “Hospital de pobres” surgió más bien en forma espontánea, hace unos seis años, cuando se dieron varias circunstancias que hicieron posible soñar con un cine paraguayo que se desarrollara de manera sistemática y constante.

La inspiración para el tema surgió de la observación de una realidad cotidiana, como es la de la salud pública, y nos pareció interesante abordarla en una película de ficción. Como vimos que era también financieramente viable, decidimos salir adelante con el proyecto.

¿Realizaron previamente materiales audiovisuales, cortometrajes, documentales?

Hicimos varios cortometrajes de ficción, principalmente en los ’90s. Paralelamente producíamos documentales, sobre todo educativos, algunos relacionados a temas de salud, quizás anticipándonos a lo que sería este primer largometraje. Y adquiríamos experiencia participando de películas como “Miss Ameriguá” (1994) y “El toque del oboe” (1998), que fue el primero en el que trabajamos juntos, Rafael en la asistencia de dirección y Lily en la dirección de arte. Entonces todavía no estábamos casados.

¿Cómo fue el proceso de investigación, escritura y reescritura del guión? ¿Visitaron hospitales, hablaron con médicos y pacientes, de dónde?

Es importante partir de la base que esta es una película de ficción, por lo tanto su contenido depende fundamentalmente de la imaginación del guionista (Rafael Gunsett), por lo tanto es libre de incluir en él lo que su creatividad le permita.

En este caso se creó una trama con elementos policiacos y de misterio, pero en un contexto real como es el de un hospital público. La cuestión es que aunque la historia no sea real, la manera de contarla sea creíble, coherente, y para ello se debe manejar el lenguaje propio de la profesión médica y las prácticas habituales de los hospitales.

Aquí ayuda mucho que Lily haya trabajado 10 años en un hospital, y su mamá, durante 25 años, por lo tanto saben bien qué puede pasar y de qué manera en un lugar así. A ello se suma el recoger y transmitir durante años cientos de testimonios de personas que acuden a los hospitales públicos a través de nuestra labor como periodistas.

Además obviamente visitamos varios centros asistenciales para ver cómo se manejan, eso sin contar las veces que uno va a consultar o a recibir un tratamiento y vive en carne propia la complicada realidad de la salud pública. También consultamos con profesionales que nos asesoraron por ejemplo, en el manejo de urgencias como un atragantamiento con un caramelo o la atención a un accidentado en motocicleta. Y los diagnósticos que se mencionan en el guión también corresponden a enfermedades reales. Nada de eso es inventado.

Este proceso llevó varios meses, durante el año 2012, sumando y restando elementos que dieran a la trama la forma deseada, pero, muy importante, siempre pensando en qué sería viable desde el punto de vista de la producción.

Tenemos que ser realistas y no dejar volar demasiado la imaginación con cosas que pueden requerir un presupuesto de 10 millones de dólares, que no existen en Paraguay. Esto nos obliga a ser mucho más creativos desde la propia escritura del guión.

¿Por qué se tardó en terminarse la película? Pese a la demora, ¿el tema no dejó de ser vigente?

La idea, por supuesto, era terminarla antes, dentro de los dos años que, como mínimo, dura todo el proceso habitual para un largometraje, pero para hacerlo posible esperábamos contar con más recursos aportados por instituciones públicas y privadas que tuvieron buena receptividad hacia el proyecto, pero que a la larga no concretaron ese apoyo financieramente, o bien lo que aportaron fue menos de lo que esperábamos. Sobre todo si lo comparamos con el respaldo que tuvieron otras producciones. Por eso el proceso –sobre todo de posproducción- se extendió más de la cuenta, porque dependía exclusivamente de una financiación propia. Así llegamos a 5 años desde el inicio del rodaje hasta hoy. Pero aún así está dentro de lo que puede durar ese proceso. Algunas producciones tardan 10 años, incluso con más medios que nosotros. Y el tema de la película, si es vigente o no, basta con ir a pedir turno en cualquier hospital.

¿Cómo fueron las etapas del rodaje, cuántas jornadas abarcaron, en qué fechas se realizaron?

El rodaje se inició el 11 de enero de 2012, y se extendió de manera continua hasta principios de febrero de ese mismo año. Para ello utilizamos nuestro periodo de vacaciones, ya que no dejamos de trabajar en nuestras respectivas profesiones para hacer la película. Si no, ¿con qué pagaríamos las deudas que contrajimos para producirla? A partir de febrero seguimos rodando prácticamente todos los fines de semana, con algunas pausas, hasta finales del mes de junio de 2012. Es decir que la etapa de rodaje abarcó unos seis meses. Perdimos la cuenta de las jornadas, algunas de noche y madrugada, pero sumando todas son algo más de 40.

¿Al utilizar el antiguo Clínicas, la ambientación fue mínima?

El antiguo Hospital de Clínicas (en el barrio Sajonia de Asunción) se adecuó perfectamente a lo que el guión pedía en cuando a infraestructura, disposición de los distintos ambientes, el acceso limitado a la luz natural, y al estado de conservación en que se encontraba. Hubo coincidencias increíbles, como por ejemplo, que en el guión aparece una rampa que termina en una reja y comunica con un sótano oscuro y húmedo. Eso mismo fuimos a encontrar después en el Hospital de Clínicas.

Además, como se acababa de concretar la mudanza al nuevo local de la ciudad de San Lorenzo, quedaron en el sitio todos los elementos de trabajo, antiguos, oxidados y que todavía se seguían utilizando unas pocas semanas antes, tal como ocurre en el hospital de la historia. Pese a estas grandes similitudes, siempre aclaramos que la película “no cuenta la historia del Hospital de Clínicas”, no está ambientado en él, sino que es una ficción que puede situarse en cualquier país. Y además, “cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”.

¿Cómo se conformó el elenco? ¿Participaron médicos reales? ¿Hay una participación póstuma de Humberto Gulino?

Para la selección de los actores y actrices realizamos un cásting, en el IPAC (Instituto Profesional de Artes y Ciencias de la Comunicación), en el mes de diciembre de 2011. De ahí surgieron los que encarnarían a la mayoría de los personajes, incluyendo gente con larga experiencia en actuación y otros que hicieron su debut, algunos que incluso no estudiaron actuación ni nada parecido. En la película solo aparece brevemente un personaje encarnado por una médica real. Lo interesante en cuando a Humberto Gulino (1944-2015), a quien extrañamos mucho y lamentamos que ya no esté entre nosotros para ver el estreno de su última película, es que su padre fue médico. Por eso le interesó tanto hacer este papel, el del director del hospital. La bata que él utiliza en la película, era justamente de su padre. El era el actor de más experiencia del elenco. Y por el otro lado teníamos a la más joven, la niña Iara Sequeira, que contaba con 11 años en ese entonces, y cumplió un papel muy importante.

¿Cuál es el monto estimado del costo de la película? ¿Qué apoyo han recibido?

El presupuesto calculado para la película fue inicialmente de 100 mil dólares (unos G. 500 millones), pero al extenderse el proceso de terminación hay sobrecostos difíciles de cuantificar, como la sumatoria de horas-hombre de trabajo que si tuviésemos que cubrir en 5 años puede llegar a cifras astronómicas. También están los elementos que se obtuvieron en calidad de préstamo, o el propio ahorro en escenografía que tuvimos con el Hospital de Clínicas. En este sentido, uno de los apoyos más importantes es el de la Facultad de Medicina de la UNA (Universidad Nacional de Asunción), al permitirnos usar su hospital escuela. El grueso de la financiación es propia, mientras que cubrimos un porcentaje del presupuesto con aportes de Itaipú y el Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes). Otras entidades nos brindan apoyo en materia logística y elementos en canje, como se hacen muchas producciones en nuestro país. Todavía estamos abiertos a empresas e instituciones que puedan apoyarnos porque hay muchos gastos por cubrir, a pesar de que ya estemos por estrenar.

¿Qué esperan que la película le deje al público?

Nuestra meta es y será siempre hacer algo que deje un mensaje perdurable al que vea nuestro trabajo. Si bien el cine es para muchos un entretenimiento, para algunos una manera de escapar de las complicaciones de la vida cotidiana, también es un poderoso medio de comunicación. Y lo que queremos es comunicarles algo en lo cual puedan reflexionar, y que les ayude a ser mejores, tanto individual como socialmente. Por supuesto, que se diviertan y disfruten de la película, pero que después de salir del cine, puedan llegar a su casa y sigan hablando y debatiendo sobre lo que les mostramos. Sea que estén de acuerdo o discrepen totalmente. Lo que importa es que la experiencia cinematográfica del espectador no termine en la puerta de salida de la sala,

¿Cómo tomarán las críticas?

Nosotros somos los primeros críticos de todo lo que hacemos. No somos perfectos y no hay película perfecta. Somos conscientes de que tal vez algunas cosas no salieron como planeábamos, de las cuáles somos responsables, y de las cuáles fuimos víctimas de las circunstancias. Probablemente lo que digan sea ya lo mismo que pensamos nosotros. Alguien puede que nos señale algo que no vimos, pero lo aceptaremos sin molestarnos. Todos tienen derecho a expresar su opinión libremente. Solo esperamos opiniones maduras y respetuosas, como se merece cualquier persona. No hacen falta críticas ofensivas o que suenen a ataque personal, porque a veces esto se suele hacer. Y que señalen no solo los defectos, sino también las virtudes que creemos que tiene la película. Y que reconozcan que toda crítica es subjetiva y por lo tanto, relativa. Lo que gusta a uno puede disgustar a otro y viceversa.

¿Qué se puede anticipar sobre la función de avant premiere?

Queremos hacer un estreno que resalte el valor del cine como una expresión artística. Que se lo dignifique como lo que es: “el séptimo arte”, y no solo un producto de consumo masivo. Que se sientan homenajeados todos los que participaron de su producción, ya que el aporte de cada uno, aunque haya sido pequeño, fue de un valor inmenso para poder completar este doble proceso: artístico e industrial, que es producir una película. Después de 5 años, queremos que sientan que valieron la pena el esfuerzo y la espera.

¿Cómo planean el ciclo de “Hospital de pobres” tras su estreno en Paraguay?

Lo primero es que podamos estar en la mayor cantidad posible de salas comerciales, que si las sumamos veremos que son muchas, pero están concentrada en pocas ciudades. Hay millones de compatriotas que no tienen acceso a una sala, o que nunca fueron a una. Por eso después queremos llevar la película a otras localidades, la mayor cantidad posible. También tendremos funciones de carácter social para gente a la cual el cine es prohibitivo. Y por supuesto, buscar difundirla fuera del país. Hay muchas opciones en éste sentido.

¿Cuáles fueron los principales aprendizajes con este proyecto, considerando continuar haciendo cine?

Cada proyecto nuevo es como cumplir un semestre en una institución de enseñanza. Solo que es una carrera de la que no nos graduaremos nunca, ya que pretendemos seguir haciendo cine hasta que nuestras fuerzas decaigan o Dios diga basta. En este proceso vitalicio, cada película será una fuente de aprendizaje, de nuevas experiencias que irán nutriendo a la siguiente. Lo interesante de esto es que todos los proyectos son diferentes y tienen sus propios desafíos, con sus propias oportunidades para equivocarse y para corregir las equivocaciones. Si no fuera así, nuestra profesión sería muy aburrida.

¿Ya existe un siguiente proyecto? ¿Qué se puede comentar?

Desde ese primer proyecto de comedia que mencionamos al principio, hasta otros que se fueron sumando con el paso de los años, son cerca de una decena. Cada cual está en distintas etapas. Unos son ideas generales, otros argumentos ya completos, otros guiones incipientes. Y no nos encasillamos en ningún género. Pero ahora estamos 100 por ciento enfocados en cerrar el ciclo que se llama “Hospital de pobres”, antes de lanzarnos a la siguiente aventura.