Por Oscar Torrents (comunicador, crítico).

Quiero compartir algunas impresiones del filme prácticamente artesanal de Agustín Núñez, “Santificar lo profano”, que lo vi en enero último en un ciclo de cine nacional, en el Teatro de las Américas.

“Santificar lo profano“ es una historia ambientada en el barrio comúnmente conocido como La Chacarita (Ricardo Brugada), que denuncia la discriminación que sufren sus pobladores de parte de los habitantes de la zona “alta” de la ciudad de Asunción.

Agustín, autor de la historia, guionista y director, consigue un producto que no tiene la estética cuidada de otros filmes nacionales del ciclo que apreciamos en esa sala pero la producción, con resultado técnico dispar, hizo lo imposible por cubrir todos los flancos, pero sin conspirar en ningún momento contra el relato y el objetivo de involucrar a la platea.

“Santificar lo profano“ tiene aires de cine militante pues su epílogo es una arenga de los de abajo, fruto de la redención llegada de la mano de unos jóvenes que rompen con la disciplina eclesiástica reaccionaria y pacata al comprometerse con los discriminados de La Chaca, como la denominan los mismos pobladores organizados a ese barrio ribereño, que hoy luchan contra la elitización llegada desde la política oficial.

El protagonismo del filme con verdaderos pobladores chacariteños redobla el valor de esta producción pues resulta refrescante que la gente común inunde pantallas en la lucha por sus valores, como hace mucho nos legara el Neorrealismo Italiano en “Roma, ciudad abierta” (Rosellini) y ”Ladrón de bicicletas” (De Sica), entre muchas memorables producciones de mediados del siglo pasado que se distanciaron del cine con marca glamorosa y fascista.

Las angustias de presupuesto no impidieron que “Santificar lo profano“ se deje ver con interés y, por sobre todo, de sumergirnos en una historia policial que es tan cotidiana para todo habitante de la periferia, quien solo sale en las noticias como delincuente o víctima, pero, invariablemente, sin sueños ni alma. Pues él o ella, solo son una caricatura humana.

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